sábado, 4 de octubre de 2014

Los Libertadores Shophetim 10


La banda de Ahdomá

1 Tras la muerte de Abimelech, hijo de Yerubbaal, hubo paz en todas las tribus de Yisraeil y no temían la invasión de los pueblos vecinos. 2 Pero en las montañas de Efrayim apareció un grupo de hombres que no tenían ni guardaban ley. Eran feroces y agresivos y procedían de Efrayim, de Menasheh, de Benjamín y de Isacar.

3 Ellos formaban una banda de trescientos hombres de armas bajo el comando de uno llamado Ahdomá. De sorpresa caían sobre los poblados y robaban, violaban y asesinaban. 4 Sus senderos estaban manchados de sangre. En los pasos ponían emboscadas y asaltaban a los que se atrevieran a pasar por aquellos caminos. Ante nada se detenían.

5 En todo Efrayim la gente vivía atemorizada y clamaban a Dios pidiéndole amparo.

6 En Shamir de Efrayim vivía un hombre de la tierra de Isacar, de nombre Tola. 7 Tola era un hombre de buen sentido y respetuoso de Yahvahé y a él todos acudían para recibir su consejo y su mediación en las disputas.

8 Sucedió que cerca de Shamir la banda de Ahdomá asaltó a unos campesinos. Llegaron a ellos con amenazas y violencias, bebieron en la tienda y violaron a las hijas vírgenes de aquellos campesinos. 9 Luego de abusar de las muchachas las asesinaron y colgaron a sus padres.

Los vecinos de Shamir piden a Tola que interceda ante Yahvahé

10 Grande fue el temor que prendió en todos los vecinos de Shamir cuando conocieron lo sucedido. Fueron ante Tola y le dijeron: “Sabemos que eres varón prudente y temeroso de Yahvahé, tu Dios, así que ruégale para que nos ampare y nos libre de esos bandidos homicidas, pues ya amenazan entrar en Shamir”. 

11 Entonces Tola les dijo: “Yo pediré a Yahvahé que venga en nuestra ayuda y ponga valor en los pechos de ustedes para enfrentar a esa banda de criminales”. 12 Pero los hombres de Shamir dudaron y temieron y le dijeron a Tola: “Somos hombres de paz, alejados de las armas y ellos son bandidos endurecidos en los combates, por tanto pide solo que se alejen de nosotros y pasen de largo dejándonos en paz”.

13 Habló Tola diciendo: “No solo ustedes son hombres de piernas flojas sino flojos también en la confianza en Dios. Así, yo iré solo a enfrentarme a esos bandidos y juro por mi alma que regresaré con la cabeza de Ahdomá”.

Mija’el promete su ayuda a Tola

14 En la noche Tola oró a Dios diciendo: “Elevo a ti mi plegaria Dios de Luz. ¿Permitirás que esos bandoleros que no respetan tu santo nombre, e imponen el temor sobre los hijos de su propio pueblo, continúen con ambición homicida derramando la sangre de los humildes? 15 Te pido que me des fuerza y pongas valor en mi pecho para hacer lo que este pueblo cobarde no se atreve. Entrégame a esos desalmados en mis manos, aunque para ello tenga que entregar mi propia vida”.

16 Una luz poderosa alumbró el aposento donde en sombras oraba Tola. En medio de la luz apareció uno con aspecto de humano, cubierto de radiante armadura y sosteniendo en sus manos una ígnea espada. 17 Y habló aquel con apariencia humana a Tola: “¡Levántate, Tola y escucha mis palabras! El Santo de los Santos ha escuchado tu plegaria y me ha enviado a ti para restaurar la justicia. 18 Soy Mija’el, la mano armada del Padre de la Vida y he venido a ti para acompañarte contra Ahdomá, el homicida y ladrón. 19 No habrá piedad ni para él ni para sus secuaces y todos pagarán con su sangre la sangre inocente que derramaron. Parte temprano en la mañana y enfréntate a Ahdomá porque una legión de ángeles irán contigo”.

20 En la mañana salió Tola en busca de la banda de Ahdomá y tomó por el camino que bordeaba la montaña. Cuando llevaba cerca de la mitad de un día de camino se presentaron frente a él tres hombres de aspecto imponente, y aquellos hombres estaban armados con espadas y lanzas para traspasar. 21 Entonces dijeron: “¿Quién es este hombre tan osado que se atreve acercarse al campamento de los hombres de Ahdomá? Veamos si trae bolsa y luego cortémosle en pedazos”.

Tola se enfrenta a Ahdomá

22 Tolá entonces les dijo: “Bolsa no traigo sino un mensaje para el jefe de ustedes. Un mensaje de Dios para él”. Rieron burlones los tres bandoleros y empujaron a Tolá camino abajo. 23 Cuando llegaron a donde acampaban los bandidos fueron y dijeron a Ahdomá: “Este hombre dice que trae un mensaje de Dios para ti”.

24 Ahdomá dijo a Tola: “¡Habla entonces y veamos si el mensaje que me traes no signifique tu propia muerte!”

25 Tola contestó: “No, no te daré el mensaje sino hasta que estén contigo todos tus hombres”.

26 Ahdomá, entonces, convocó a todos sus hombres, y cuando ya estaban todos reunidos detrás de él le dice a Tola: “Ya todos mis hombres están presentes; por tanto revélame cuál es el mensaje que tu Dios tiene para mí”.

27 Y dijo Tola: “Escucha Ahdomá de la tribu de Benjamín. Dios te ha pesado y te ha encontrado sobrepasado en tus homicidios. No has respetado las leyes de la tierra y has derramado homicida sangre inocente; 28 por tanto el Dios del Universo ha decretado que hoy mismo tu cabeza sea clavada en una pica y llevada como botín a Shamir”.

Muerte de Ahdomá

29 Tomó Ahdomá su lanza con intención de traspasar a Tola, pero se detuvo cuando vio bajando desde las nubes una legión de ángeles todos armados con picas y al frente estaba Mija’el en todo su esplendor. 29 Y cayeron los ángeles sobre la banda de Ahdomá y todos fueron atravesados por las picas y el primero en caer fue Ahdomá que rodó ante los pies de Tola.

30 Y habló Mija’el y dijo: “Dejemos que sus cadáveres sean devorados por las bestias de los montes. Y tú, Tola, toma la cabeza de Ahdomá y llévala a los indecisos de Shamir, para satisfacción y vergüenza de ellos”.


31 Entró Tola en Shamir y clavó la cabeza de Ahdomá sobre las puertas de la ciudad. Luego de esto, Tola juzgó a Yisraeil durante veintitrés años y cuando entregó su espíritu fue sepultado en Shamir.

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