1 Una semana después de que Yehshua
se había presentado ante sus once discípulos escogidos, ellos se marcharon a
Galilea, confiados en la promesa que Yehshua les hiciera de rencuentro en
Galilea.
La
gran pesca
2 Kefa, Tau’ma, Netan’el Barptolomé, Ya’acov y Yojanán habían echado
su barca al lago de Kinéret, pero en toda la noche no habían podido pescar
nada. Cuando ya amanecía, vieron en la playa a un hombre que les preguntó:
“¿Tienen ustedes algo de comer?” Ellos le dijeron que nada habían podido pescar
en toda la noche. 3 No sabían que estaban
hablando con Yehshua porque él se les manifestaba en su cuerpo astral.
4 Entonces Yehshua les dice:
“Si tienen paciencia podrán hacer una gran pesca. ¿Por qué no lo intentan de
nuevo? Si en un inicio no logran una buena pesca quizá lo logren en un intento
posterior”.
5 Volvieron ellos a echar las
redes y fue enorme la pesca que obtuvieron. En ese mismo momento, Yojanán, el
hijo de Zebebdi, reconoció a Yehshua y le dijo a Kefa: “Es el Rabbi”. 6 Como Kefa estaba desnudo se
echó al agua y dentro del agua se vistió sus ropas. Y todos fueron a donde les
aguardaba Yehshua, asando un pescado en una fogata. 7 Entonces Yehshua les dijo:
“Vengan amigos compartamos este pez que he asado y el pan que he traído”.
No
hay vergüenza en la desnudez
8 Cuando estaban comiendo,
Yehshua le dijo a Shimón Kefa: “Shimón, ¿por qué te avergonzaste de que yo
viera tu desnudez?” Kefa le contestó: “Porque tú eres el rabbi y el hijo del
Dios de la vida”. Le dijo entonces Yehshua: 9 “Es bueno que haya pudor y no se muestre la desnudez
ante desconocidos; pero, ¿acaso no conozco las desnudeces de todos ustedes? 10 ¿Acaso el Padre no conoce
las desnudeces de sus hijos?, pues desnudos todos han nacido. Y cuando oran, el
Padre no se irrita si estando desnudos le elevan sus oraciones. 11 El Padre de la Vida no mira
al cuerpo sino al alma que habita en él. Un cuerpo puede ser deforme y albergar
un alma hermosa, como un hermoso cuerpo puede tener un alma manchada con todas
las impurezas. 12 Así pues, es bueno que
muestres pudor, pero no sientas vergüenza por tu desnudez. Avergüénzate si tu
alma esta ensombrecida por los vicios y el pecado”.
Potestad
dada a los discípulos de sanar enfermedades
13 Luego Yehshua le habló a
los discípulos: “Les he dado potestad a ustedes para que sanen a los enfermos
en mi nombre, en el nombre del Padre y en el nombre del Paráclito; 14 pero dejen a los médicos la
cura de las enfermedades del cuerpo; porque el Padre les ha entregado la
ciencia para que hagan maravillas; pero sean ustedes médicos del alma para
sanarlas del pecado. 15 Curen ahora los cuerpos, de modo que gracias
a la potencia curativa que hay en ustedes para dar cura a cuerpos enfermos sin
medicinas, sean sus obras las que hablen por ustedes, pero dejen que los
médicos sanen con medicinas, así, pues, ustedes cuiden de las almas.
16 Mientras estén ocupados en
este ministerio que les impongo, con los ricos que no consideran digno el
seguir mis enseñanzas, sino que se regocijan en su riqueza y en su orgullo, con
ésos, pues, 17 no coman en sus casas, ni hagan
intimidad con ellos, no sea que les hagan partícipes de su parcialidad. 18 Pues muchos tomaran partido
por los ricos en las congregaciones, porque son pecadores también y proporcionaran
la ocasión a otros hombres de hacer lo mismo.
19 Júzguenlos ustedes con
sabiduría, de modo que el ministerio que les he encomendad sea glorificado, y
para que Yo y mi nombre seamos glorificados también en todas las
congregaciones”.
La
vieja Ley como piedra de tropiezo
20 Y les dijo además: “La Ley
que se les ha entregado en las escrituras y que los escribas han adulterado,
será piedra de tropiezo para muchos y justificación para otros. 21 Así que los que tropezaron
bajo la Ley, por la Ley serán juzgados. Miren que hay pueblos que no conocen la
Ley transmitida, aquellos de esos pueblos que por propia inclinación hacen lo
que dicta la Ley, ellos serán juzgados con bondad y reconocidos por los ángeles
del Padre. 22 A ellos instruyan.
La
nueva Ley
23 Una nueva Ley les dejo: la
que nace del Paráclito. Vivan bajo el nuevo orden del Espíritu y no bajo los
dictados de la vieja Ley.
24 No se juzguen ustedes
mismos como sabios. La Sabiduría viene de los ignorantes. No juzgues sin antes
conocerte a ti mismo. 25 En la meditación te encontrarás y se
iluminará tu mente; por tanto, hazte ignorante para ser sabio. 26 Ante la Suprema
Inteligencia la sabiduría de este mundo es solo insensatez.
27 Por mi palabra ustedes
serán difamados y vistos como escoria y desechos humanos; mas si se mantienen
firmes en mi palabra serán confortados por el Paráclito y no temerán ni a la
muerte física, porque ya ustedes han muerto y resucitado a una nueva vida como
yo primero hice.
Yehshua
es el holocausto concedido al Padre
28 Escúchenme y sigan mi
ejemplo: Nunca sacrifiqué holocausto en el templo ni en ningún otro sitio; por
tanto, como se dijo por boca del profeta, no aceptaré sacrificios ni
holocaustos de animales. 29 Yo soy el holocausto
concedido al Padre para rescate de muchos, de los que creen y obedecen mis
palabras.
30 Ofrézcanme, en cambio, como
sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y al que venga a mí
con humildad y bondad en su corazón lo bautizaré con fuego y con el Espíritu
Santo.
31 No he establecido
jerarquías entre ustedes, pues el mayor ha de servir al menor. 32 Que nadie se declare sabio;
pues la Sabiduría solo viene del fuego del Paráclito. 33 Así, vayan al mundo a
predicar la Buena Noticia del Reino de Dios, pero humildemente, sin jerarquías
ni potestades.
34 No se afanen en levantar
templos al Padre, pues Dios no necesita casa hecha por mano de hombre, ni casa
de piedra, ni de madera. 35 El Templo debe ser
levantado dentro del espíritu de ustedes y las alabanzas cantadas sobre la
extensión, en lo natural de la tierra, en el desierto, sobre los montes, junto
al mar.
36 Ahora comuniquen esto que
les he dicho al resto de los hermanos; y les llamo hermanos porque ahora
ustedes se han convertidos en hijos de Dios como yo soy el hijo de la Luz.
El
reclamo de Yehshua a Kefa
37 Luego de esto, Yehshua
llamó aparte a Kefa y le dijo: “Shimón Kefa, hijo de Ioná, ¿me amas más que
estos?” Kefa le dijo: “Sí, Rabbi, Señor mío; tú sabes bien que te amo”. Yehshua
le dijo entonces: “Si es así, apacienta a mi rebaño”.
38 Volvió Yehshua a
preguntarle: “Shimón Kefa, hijo de Ioná… ¿me amas?” Kefa le respondió: “Sí,
Señor. Te amo como Dios mío que eres”. Le dijo Yehshua: “Entonces pastorea con
amor a mi rebaño”.
39 Por tercera vez, Yehshua
volvió a preguntarle: “Shimón Kefa, hijo de Ioná, ¿en verdad me amas?” Kefa se
entristeció, porque Yehshua le preguntara de nuevo lo mismo. Entonces le
respondió: “Sí, Rabbi; sí, te amo. Tú puedes leer dentro de mi alma y verás que
ciertamente yo te amo”. Yehshua le dijo: “Defiende a mi rebaño, condúcelo por
pastos de verdes hierbas y abrévalo en las corrientes de aguas limpias que es
la Sabiduría”.
40 Luego volviéndose a Tau’ma,
Netan’el Barptolomé, Ya’acov, Yojanán y a
Kefa les indicó que el día cuarenta de su resurrección fueran a un monte que se
encuentra en las cercanías de B'thanía donde él se les presentaría: “Vengan los
once que permanecieron fieles a mi palabra y que les acompañe Mariam de
Magdala, Mariam la que me tuvo en su vientre, Verónica y las demás mujeres que
me han servido durante mi predicación, así como aquellos de mis discípulos que
puedan ustedes avisar”.
41 Dicho esto, Yehshua dejó de
ser visto por sus discípulos que quedaron maravillados y temerosos.



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