1
“Escribe, Hijo de la Tierra, y narra la historia de Abimelech, hijo de
Yerubbaal. Cuenta sus crímenes y su traición, porque fue ambicioso y sediento
de poder. 2 Sus manos se
mancharon de sangre fratricida, la sangre de sus hermanos, los hijos de Gedeón;
3 porque a Abimelech le
recomía su condición de bastardo, hijo de una concubina de su padre Gedeón, y
disminuido ante los setenta hijos mayores de su padre. 4 Y
pudo Abimelech levantarse sobre sus hermanos porque no hay unión entre los
hijos de madres diferentes, los de las muchas mujeres que tuvo Gedeón.
5
Nadie conocía a Abimelech. No había tomado parte en los combates de Gedeón, ni
conoció el cansancio y la tenacidad de los guerreros en campaña, porque aún era
niño cuando Yerubbaal combatió a Madián.
La coronación de Abimelech
6 De
Siquem era la madre de Abimelech y a Siquem marchó Abimelech. Y se presentó
ante los hermanos de su madre para hablarles a ellos y al clan de la casa
paterna de su madre. 7 Les
habló con vehemencia, y con desprecio se refirió al consejo que formaban los
setenta hijos de Gedeón. 8 Y
dijo: “Padres míos vayan y díganle a los señores de Siquem: ¡Hasta cuándo
soportarán ser regidos desde Ofrá y no gobernarse en la orgullosa Siquem? Pregúntenle
entonces: ¿Qué es mejor para ustedes, que los gobiernen setenta hombres, todos
hijos de Yerubbaal, ninguno hijo de ustedes, o que los gobierne uno solo? 9 Recuérdenle
además a los señores de Siquem que yo soy sangre de la misma sangre de ellos y
de ustedes”.
10 Los
hermanos de su madre comunicaron estas palabras de Abimelech a los señores de
Siquem, y estos le escucharon con simpatías porque en Siquem se adoraba al dios
El, padre de setenta dioses, y los hijos de Gedeón condenaban su culto. 11 Entonces
acordaron entre ellos y dijeron: “Abimelech, ciertamente es de nuestra sangre y
hermano nuestro, hagamos que reine sobre nosotros”.
12 Luego
le dieron setenta siclos de plata del templo de El- Berit, esto es “Señor de la
alianza”. Y buscó Abimelech con aquella ofrenda hombres fuertes, aventureros y
amantes de los placeres, que le sirvieran de guardia personal.
13 A
Ofrá se fue Abimelech con sus hombres, hombres de espadas y lanzas y entró a la
casa de su padre. Tomó a sus setenta hermanos, los hijos de Yerubbaal, y sobre
una misma piedra a todos mató a espada. Pero el menor de los hijos de Gedeón,
Jotam, tuvo tiempo para esconderse y librarse de la muerte.
14 Entonces
se reunieron todos los señores de Siquem y todo Bet Meló, y fueron a proclamar
rey a Abimelech, junto a la encina de la piedra conmemorativa que está en
Siquem.
La fábula de Jotam
15 A
Jotam, amigos le dijeron que Abimelech, su hermano, había sido proclamado como
rey, y al conocerlo fue y se paró en la cima del monte Gerezim, y gritó con voz
potente: “Escúchenme ustedes, señores de Siquem, y que Dios los escuche a
ustedes:
16 Los
árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernara.
Entonces
dijeron al olivo: Sé tú nuestro rey.
17
Pero el olivo les respondió:
‘¿Voy
a renunciar a mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres,
para
ir a mecerme por encima de los árboles?’
18 Los
árboles dijeron a la higuera: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.
19 Pero
la higuera les respondió:
‘¿Voy
a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto,
para
ir a mecerme por encima de los árboles?
20 Los
árboles le dijeron a la vid: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.
21
Pero la vid les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi mosto que alegra a los dioses
y a los hombres,
para
ir a mecerme por encima de los árboles?’
22
Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: ‘Ven tú a reinar sobre
nosotros’.
23
Pero la zarza respondió a los árboles: ‘Si de veras quieren ungirme para que
reine sobre ustedes,
vengan
a cobijarse bajo mi sombra;
de
lo contrario, saldrá fuego de la zarza
y consumirá los cedros del Líbano’.
24 Y
ahora, díganme: ¿Han obrado ustedes con sinceridad y lealtad al proclamar rey a
Abimelech? ¿Se han portado bien con Yerubbaal y con su familia, y lo han
tratado como se merecía? 25 Mi padre combatió por ustedes, arriesgó su vida y
los libró del poder de Madián, 26 y
ahora ustedes se han levantado contra la familia de mi padre, han matado sobre
una misma piedra a sus setenta hijos, y han proclamado rey de los señores de
Siquem a Abimelech, el hijo de su esclava, aduciendo que es hermano de
ustedes. 27 Si
hoy han sido sinceros y leales con Yerubbaal y con su familia, que Abimelech
sea para ustedes un motivo de alegría, y ustedes para él. 28 De
lo contrario, que salga fuego de Abimelech para devorar a los señores de Siquem
y de Bet Meló, y que salga fuego de los señores de Siquem y de Bet Meló, para
devorar a Abimelech”.
29
Después Jotam huyó para ponerse a salvo, y se estableció en Beer, lejos de su
hermano Abimelech.
Rebelión de los siquemitas contra Abimelech
30 Por
tres años gobernó Abimelech sobre las tierras de Yisraeil. Desde Arumá
gobernaba Abimelech y gobernaba con mano dura exigiendo fuertes tributos; por
eso los señores de Siquem se confabularon contra Abimelech. 31 Por
eso, los señores de Siquem preparaban emboscadas contra él en las cimas de los
montes, y saqueaban a todos los que pasaban por allí. Abimelech fue informado
de todo esto y buscaba una oportunidad para echarse sobre los señores de
Siquem. Pero el gobernador de Siquem,
Zebul, se mantenía fiel al despiadado Abimelech.
32
Siempre los cobardes buscarán aliados que hagan cara a lo que no se atreven a
enfrentar y sí hicieron los poderosos de Siquem.
33 A
Siquem llegó Gaal, hijo de Ebed; llegó junto con sus hermanos, cada uno con sus
servidores y todos tenían fama de salteadores. Los señores de Siquem colocaron
su confianza en Gaal. 34
Cuando salieron al campo a vendimiar, invitaron a Gaal, pisaron las uvas,
hicieron festejos y entraron en el templo de su dios El; a su templo hecho de
piedra y de cedros. 35 En
medio de los festejos después de haber comido y en abundancia bebido,
maldijeron a Abimelech.
36 Y
se puso de pie Gaal, hijo de Ebed y dijo a los señores de Siquem: “Maldigo yo
también a Abimelech. ¿Quién es Abimelech; cuál es su autoridad sobre Siquem
para que le estemos sometidos? ¿El hijo de Yerubbaal, y Zebul, su
lugarteniente, no han estado sometidos a la gente de Jamor, el padre de Siquem?
¿Por qué tenemos que inclinarnos ante ellos? 37
¡Pongan a este pueblo en mis manos y yo desafiaré a Abimelech a que refuerce su
ejército y salga a combatir! Yo expulsaré a Abimelech de Siquem”.
38
Cuando Zebul se enteró de las palabras de Gaal, se enfureció 39 y
envió ocultamente mensajeros a Arumá donde estaba Abimelech advirtiéndole: “El
hijo de Ebed, Gaal, está en la ciudad con sus hermanos y todos sus servidores y
está sublevando a toda la ciudad contra ti. 40 Por
eso, ven durante la noche con toda la gente que tienes contigo y quédate al
acecho en campo abierto. 41 Por
la mañana temprano, apenas brille el sol, irrumpirás contra la ciudad. Y cuando
Gaal con su gente salga a enfrentarse contigo, lo tratarás como más convenga”.
42 En
medio de la noche, Abimelech movilizó a todos sus hombres para colocarse al
acecho cerca de Siquem con su tropa organizada en cuatro grupos. 43
Cuando Gaal con toda su gente salió para colocarse ante las puertas de la
ciudad, Abimelech y la tropa que lo acompañaba salieron de los lugares donde
estaban al acecho.
43
Cuando Gaal contempló la muchedumbre armada que venía hacia la ciudad, le dijo
a Zebul: “Mira cuantos hombres descienden de la cima de los montes”. Zebul miró
hacia donde señalaba Gaal y le dijo: “Tu vista te engaña. Es la sombra de los
árboles del monte, que a ti te parecen hombres”.
44
Pero Gaal insistió: “No, es gente que baja por la ladera del Ombligo del Mundo,
y hay otro grupo numeroso que viene por el camino de la Encina de los
Adivinos”.
45 Entonces
Zebul le dijo: “¿No eras tú el que te envalentonabas, diciendo, que no le
reconocías autoridad a Abimelech y que le ibas a retar? ¡Pues bien, ahí tienes
la gente que tú despreciabas! ¡Ve ahora a combatir contra ellos!”
46
Salió Gaal con sus hombres y con los señores de Siquem a enfrentar a Abimelech,
pero la tropa de Abimelech se lanzó enardecida contra ellos, y huyó Gaal
perseguido por Abimelech y muchos cayeron muertos antes de llegar a la puerta
de la ciudad.
47
Dejó Abimelech a la ciudad en manos de Zebul y se retiró a Arumá, entonces
Zebul expulsó de Siquem a Gaal y a sus hermanos, impidiéndoles habitar allí; y
los señores de Siquem fueron a refugiarse en Migdal Siquem, el Siquem de las
dos torres.
48
Pero la gente de Siquem y los de Tebes se rebelaron contra Abimelech porque ya
no soportaban su dominio. Entonces en Siquem el pueblo expulsó a Zebul y se
puso en campaña.
Destrucción de Siquem
49 Cuando
Abimelech recibió la noticia, reunió sus tropas, las dividió en tres grupos y
se puso al acecho en el campo. Al ver que la gente salía de la ciudad, irrumpió
contra ellos y los derrotó. 50 Después,
Abimelech y el grupo que lo acompañaba volvieron a atacar, y tomaron posiciones
frente a la puerta de la ciudad. Mientras tanto, los otros dos grupos se
lanzaron contra los que estaban en el campo y los derrotaron.
51 Abimelech
atacó la ciudad durante todo el día. Cuando la tomó, mató a la población,
arrasó la ciudad y esparció sal sobre ella.
Destrucción de Migdal Siquem
52 Los
señores de Migdal Siquem al enterarse de
lo que hiciera Abimelech en Siquem, llenos de temor fueron a refugiarse en el
templo de El-Berit, pensando que tal vez Abimelech no osara atacar el templo.
¿Acaso desconocían que los tiranos no sienten respeto por dios alguno?
53 Por
eso cuando Abimelech recibió la noticia de que todos los señores de Migdal
Siquem estaban en un solo lugar, 54
subió al monte Salmón con todas sus tropas; y tomando un hacha, cortó una rama
de árbol, se la puso al hombro, y dijo a las tropas que lo acompañaban: “¡Dense
prisa! Hagan lo mismo que yo”.
55 Cada
uno de sus hombres cortó una rama y todos fueron detrás de Abimelech. Después
cubrieron la cripta del templo con las ramas y les prendieron fuego. Así
murieron también los habitantes de Migdal Siquem, unos mil hombres y mujeres y
se cumplía la maldición de Jotam, hijo menor de Gedeón cuando dijo: “salga fuego
de Abimelech para devorar a los señores de Siquem y de Bet Meló”.
Asedio de Tebes y muerte de Abimelech
56 Abimelech
ardía en deseos de venganza por la rebelión de siquemitas y tebesitas y se fue
contra Tebes para sitiarla y luego conquistar. 57 En
medio de la ciudad se alzaba una torre fortificada, y todos los habitantes de
la ciudad, hombres y mujeres, se refugiaron en ella. La cerraron por dentro y
se subieron a la parte más alta de la torre.
58 Abimelech
se adelantó para atacar la torre y llegó hasta la puerta con la intención de
prenderle fuego. 59
Pero una mujer le arrojó una rueda de molino sobre la cabeza y le partió el
cráneo. 60 Él llamó en seguida a su
escudero y le dijo: “Desenvaina tu espada y mátame, para que no se pueda decir
que me mató una mujer”. Entonces el escudero lo atravesó con su espada y él
murió. 61 La mano de una mujer liberó
a Yisraeil de la mano de un tirano y aquella mujer, con toda su delicadeza fue
más fuerte que todos los hombres de Tebes y sin mayores pretensiones, Shophetim
fue por un día.
62 Al
ver que Abimelech estaba muerto, los hombres de Yisraeil regresaron cada uno a
su lugar.
63 Todos
los ángeles de la Luz condenaron el alma de Abimelech por el crimen que había
cometido contra su padre, cuando mató a sus setenta hermanos y la opresión
sobre su pueblo, los hijos de Yisra’el. 64 Y
su alma fue encerrada en el She’ol, en la esfera del dolor que guarda el ángel
Adakala, el ángel del cautiverio, hasta la llegada del Tiempo de los Tiempos.


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