jueves, 2 de octubre de 2014

Los Libertadores Shophetim 9


1 “Escribe, Hijo de la Tierra, y narra la historia de Abimelech, hijo de Yerubbaal. Cuenta sus crímenes y su traición, porque fue ambicioso y sediento de poder. 2 Sus manos se mancharon de sangre fratricida, la sangre de sus hermanos, los hijos de Gedeón; 3 porque a Abimelech le recomía su condición de bastardo, hijo de una concubina de su padre Gedeón, y disminuido ante los setenta hijos mayores de su padre. 4 Y pudo Abimelech levantarse sobre sus hermanos porque no hay unión entre los hijos de madres diferentes, los de las muchas mujeres que tuvo Gedeón.

5 Nadie conocía a Abimelech. No había tomado parte en los combates de Gedeón, ni conoció el cansancio y la tenacidad de los guerreros en campaña, porque aún era niño cuando Yerubbaal combatió a Madián.

La coronación de Abimelech

6 De Siquem era la madre de Abimelech y a Siquem marchó Abimelech. Y se presentó ante los hermanos de su madre para hablarles a ellos y al clan de la casa paterna de su madre. 7 Les habló con vehemencia, y con desprecio se refirió al consejo que formaban los setenta hijos de Gedeón. 8 Y dijo: “Padres míos vayan y díganle a los señores de Siquem: ¡Hasta cuándo soportarán ser regidos desde Ofrá y no gobernarse en la orgullosa Siquem? Pregúntenle entonces: ¿Qué es mejor para ustedes, que los gobiernen setenta hombres, todos hijos de Yerubbaal, ninguno hijo de ustedes, o que los gobierne uno solo? 9 Recuérdenle además a los señores de Siquem que yo soy sangre de la misma sangre de ellos y de ustedes”.

10 Los hermanos de su madre comunicaron estas palabras de Abimelech a los señores de Siquem, y estos le escucharon con simpatías porque en Siquem se adoraba al dios El, padre de setenta dioses, y los hijos de Gedeón condenaban su culto. 11 Entonces acordaron entre ellos y dijeron: “Abimelech, ciertamente es de nuestra sangre y hermano nuestro, hagamos que reine sobre nosotros”.

12 Luego le dieron setenta siclos de plata del templo de El- Berit, esto es “Señor de la alianza”. Y buscó Abimelech con aquella ofrenda hombres fuertes, aventureros y amantes de los placeres, que le sirvieran de guardia personal.

13 A Ofrá se fue Abimelech con sus hombres, hombres de espadas y lanzas y entró a la casa de su padre. Tomó a sus setenta hermanos, los hijos de Yerubbaal, y sobre una misma piedra a todos mató a espada. Pero el menor de los hijos de Gedeón, Jotam, tuvo tiempo para esconderse y librarse de la muerte.

14 Entonces se reunieron todos los señores de Siquem y todo Bet Meló, y fueron a proclamar rey a Abimelech, junto a la encina de la piedra conmemorativa que está en Siquem.

La fábula de Jotam

15 A Jotam, amigos le dijeron que Abimelech, su hermano, había sido proclamado como rey, y al conocerlo fue y se paró en la cima del monte Gerezim, y gritó con voz potente: “Escúchenme ustedes, señores de Siquem, y que Dios los escuche a ustedes:

16 Los árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernara.
Entonces dijeron al olivo: Sé tú nuestro rey.
17 Pero el olivo les respondió:
‘¿Voy a renunciar a mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres,
para ir a mecerme por encima de los árboles?’
18 Los árboles dijeron a la higuera: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.
19 Pero la higuera les respondió:
‘¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto,
para ir a mecerme por encima de los árboles?
20 Los árboles le dijeron a la vid: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.
21 Pero la vid les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi mosto que alegra a los dioses y a los hombres,
para ir a mecerme por encima de los árboles?’
22 Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.
23 Pero la zarza respondió a los árboles: ‘Si de veras quieren ungirme para que reine sobre ustedes,
vengan a cobijarse bajo mi sombra;
de lo contrario, saldrá fuego de la zarza
 y consumirá los cedros del Líbano’.

24 Y ahora, díganme: ¿Han obrado ustedes con sinceridad y lealtad al proclamar rey a Abimelech? ¿Se han portado bien con Yerubbaal y con su familia, y lo han tratado como se merecía? 25 Mi padre combatió por ustedes, arriesgó su vida y los libró del poder de Madián, 26 y ahora ustedes se han levantado contra la familia de mi padre, han matado sobre una misma piedra a sus setenta hijos, y han proclamado rey de los señores de Siquem a Abimelech, el hijo de su esclava, aduciendo que es hermano de ustedes.  27 Si hoy han sido sinceros y leales con Yerubbaal y con su familia, que Abimelech sea para ustedes un motivo de alegría, y ustedes para él. 28 De lo contrario, que salga fuego de Abimelech para devorar a los señores de Siquem y de Bet Meló, y que salga fuego de los señores de Siquem y de Bet Meló, para devorar a Abimelech”.

29 Después Jotam huyó para ponerse a salvo, y se estableció en Beer, lejos de su hermano Abimelech.

Rebelión de los siquemitas contra Abimelech

30 Por tres años gobernó Abimelech sobre las tierras de Yisraeil. Desde Arumá gobernaba Abimelech y gobernaba con mano dura exigiendo fuertes tributos; por eso los señores de Siquem se confabularon contra Abimelech. 31 Por eso, los señores de Siquem preparaban emboscadas contra él en las cimas de los montes, y saqueaban a todos los que pasaban por allí. Abimelech fue informado de todo esto y buscaba una oportunidad para echarse sobre los señores de Siquem.  Pero el gobernador de Siquem, Zebul, se mantenía fiel al despiadado Abimelech.

32 Siempre los cobardes buscarán aliados que hagan cara a lo que no se atreven a enfrentar y sí hicieron los poderosos de Siquem.

33 A Siquem llegó Gaal, hijo de Ebed; llegó junto con sus hermanos, cada uno con sus servidores y todos tenían fama de salteadores. Los señores de Siquem colocaron su confianza en Gaal. 34 Cuando salieron al campo a vendimiar, invitaron a Gaal, pisaron las uvas, hicieron festejos y entraron en el templo de su dios El; a su templo hecho de piedra y de cedros. 35 En medio de los festejos después de haber comido y en abundancia bebido, maldijeron a Abimelech.

36 Y se puso de pie Gaal, hijo de Ebed y dijo a los señores de Siquem: “Maldigo yo también a Abimelech. ¿Quién es Abimelech; cuál es su autoridad sobre Siquem para que le estemos sometidos? ¿El hijo de Yerubbaal, y Zebul, su lugarteniente, no han estado sometidos a la gente de Jamor, el padre de Siquem? ¿Por qué tenemos que inclinarnos ante ellos? 37 ¡Pongan a este pueblo en mis manos y yo desafiaré a Abimelech a que refuerce su ejército y salga a combatir! Yo expulsaré a Abimelech de Siquem”.

38 Cuando Zebul se enteró de las palabras de Gaal, se enfureció 39 y envió ocultamente mensajeros a Arumá donde estaba Abimelech advirtiéndole: “El hijo de Ebed, Gaal, está en la ciudad con sus hermanos y todos sus servidores y está sublevando a toda la ciudad contra ti. 40 Por eso, ven durante la noche con toda la gente que tienes contigo y quédate al acecho en campo abierto. 41 Por la mañana temprano, apenas brille el sol, irrumpirás contra la ciudad. Y cuando Gaal con su gente salga a enfrentarse contigo, lo tratarás como más convenga”.

42 En medio de la noche, Abimelech movilizó a todos sus hombres para colocarse al acecho cerca de Siquem con su tropa organizada en cuatro grupos. 43 Cuando Gaal con toda su gente salió para colocarse ante las puertas de la ciudad, Abimelech y la tropa que lo acompañaba salieron de los lugares donde estaban al acecho.

43 Cuando Gaal contempló la muchedumbre armada que venía hacia la ciudad, le dijo a Zebul: “Mira cuantos hombres descienden de la cima de los montes”. Zebul miró hacia donde señalaba Gaal y le dijo: “Tu vista te engaña. Es la sombra de los árboles del monte, que a ti te parecen hombres”.

44 Pero Gaal insistió: “No, es gente que baja por la ladera del Ombligo del Mundo, y hay otro grupo numeroso que viene por el camino de la Encina de los Adivinos”.

45 Entonces Zebul le dijo: “¿No eras tú el que te envalentonabas, diciendo, que no le reconocías autoridad a Abimelech y que le ibas a retar? ¡Pues bien, ahí tienes la gente que tú despreciabas! ¡Ve ahora a combatir contra ellos!”

46 Salió Gaal con sus hombres y con los señores de Siquem a enfrentar a Abimelech, pero la tropa de Abimelech se lanzó enardecida contra ellos, y huyó Gaal perseguido por Abimelech y muchos cayeron muertos antes de llegar a la puerta de la ciudad.

47 Dejó Abimelech a la ciudad en manos de Zebul y se retiró a Arumá, entonces Zebul expulsó de Siquem a Gaal y a sus hermanos, impidiéndoles habitar allí; y los señores de Siquem fueron a refugiarse en Migdal Siquem, el Siquem de las dos torres.

48 Pero la gente de Siquem y los de Tebes se rebelaron contra Abimelech porque ya no soportaban su dominio. Entonces en Siquem el pueblo expulsó a Zebul y se puso en campaña.

Destrucción de Siquem

49 Cuando Abimelech recibió la noticia, reunió sus tropas, las dividió en tres grupos y se puso al acecho en el campo. Al ver que la gente salía de la ciudad, irrumpió contra ellos y los derrotó. 50 Después, Abimelech y el grupo que lo acompañaba volvieron a atacar, y tomaron posiciones frente a la puerta de la ciudad. Mientras tanto, los otros dos grupos se lanzaron contra los que estaban en el campo y los derrotaron.

51 Abimelech atacó la ciudad durante todo el día. Cuando la tomó, mató a la población, arrasó la ciudad y esparció sal sobre ella.

Destrucción de Migdal Siquem

52 Los señores de Migdal Siquem  al enterarse de lo que hiciera Abimelech en Siquem, llenos de temor fueron a refugiarse en el templo de El-Berit, pensando que tal vez Abimelech no osara atacar el templo. ¿Acaso desconocían que los tiranos no sienten respeto por dios alguno?

53 Por eso cuando Abimelech recibió la noticia de que todos los señores de Migdal Siquem estaban en un solo lugar, 54 subió al monte Salmón con todas sus tropas; y tomando un hacha, cortó una rama de árbol, se la puso al hombro, y dijo a las tropas que lo acompañaban: “¡Dense prisa! Hagan lo mismo que yo”.

55 Cada uno de sus hombres cortó una rama y todos fueron detrás de Abimelech. Después cubrieron la cripta del templo con las ramas y les prendieron fuego. Así murieron también los habitantes de Migdal Siquem, unos mil hombres y mujeres y se cumplía la maldición de Jotam, hijo menor de Gedeón cuando dijo: “salga fuego de Abimelech para devorar a los señores de Siquem y de Bet Meló”.

Asedio de Tebes y muerte de Abimelech


56 Abimelech ardía en deseos de venganza por la rebelión de siquemitas y tebesitas y se fue contra Tebes para sitiarla y luego conquistar. 57 En medio de la ciudad se alzaba una torre fortificada, y todos los habitantes de la ciudad, hombres y mujeres, se refugiaron en ella. La cerraron por dentro y se subieron a la parte más alta de la torre.

58 Abimelech se adelantó para atacar la torre y llegó hasta la puerta con la intención de prenderle fuego. 59 Pero una mujer le arrojó una rueda de molino sobre la cabeza y le partió el cráneo. 60 Él llamó en seguida a su escudero y le dijo: “Desenvaina tu espada y mátame, para que no se pueda decir que me mató una mujer”. Entonces el escudero lo atravesó con su espada y él murió. 61 La mano de una mujer liberó a Yisraeil de la mano de un tirano y aquella mujer, con toda su delicadeza fue más fuerte que todos los hombres de Tebes y sin mayores pretensiones, Shophetim fue por un día.

 62 Al ver que Abimelech estaba muerto, los hombres de Yisraeil regresaron cada uno a su lugar.


63 Todos los ángeles de la Luz condenaron el alma de Abimelech por el crimen que había cometido contra su padre, cuando mató a sus setenta hermanos y la opresión sobre su pueblo, los hijos de Yisra’el. 64 Y su alma fue encerrada en el She’ol, en la esfera del dolor que guarda el ángel Adakala, el ángel del cautiverio, hasta la llegada del Tiempo de los Tiempos.

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