Yehshua
es sepultado
1 Había un hombre rico
llamado Joseph, de Armathajim, una población de Judea, el cual era miembro del
concilio y discípulo en secreto de Yehshua, que cuando llegó la noche fue
osadamente ante Pilato en compañía de Nicodemo para reclamar el cuerpo de
Yehshua. 2 Pilato se sorprendió de que
ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba
muerto. Cuando el centurión le informó que Yehshua había muerto ya sin
necesidad de quebrarle los huesos, ordenó que le entregaran el cuerpo de
Yehshua. Joseph de Armathajim fue el que prestó el aposento donde Yehshua y sus
discípulos preferidos celebraron el Pesaj.
3 Ante la cruz se mantenían
velando las mujeres que acompañaron a Yehshua y Mariam, su madre. 4 Joseph compró una sábana y Nicodemo trajo un compuesto
de mirra y de áloes, como cien libras. Fueron y bajaron el cuerpo de Yehshua de
la cruz envolviéndole en la sábana y le depositaron entre los brazos de su
madre.
5 Y cercano al lugar donde
había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo
labrado en la peña, que era propiedad de Joseph, en el cual aún no había sido
puesto ninguno. 6 Allí, pues, por causa de la
preparación de la festividad de los judíos del Pesaj, y porque aquel sepulcro
estaba cerca, pusieron a Yehshua. 7 Luego de hacer rodar una gran piedra ante el sepulcro
para cubrirlo se marcharon. Mariam de Magdala y otra de las mujeres observaron
donde colocaban el cuerpo.
8 Al amanecer, los
principales sacerdotes y los fariseos acudieron ante Pilato para pedirle que
asegurara el sepulcro por tres días, diciendo que así se evitaría que sus
discípulos robasen el cuerpo para luego decir que había resucitado, y le
dijeron: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después
de tres días resucitaré. Evitemos que se roben el cuerpo; porque entonces el
error que cometamos será peor que el primero”.
9 Pilato les dijo: “Ahí les
presto una guardia; vayan y aseguren al sepulcro como ustedes crean”. 10 Fueron al sepulcro y
comprobaron que la tumba estaba asegurada por una gran piedra a su entrada;
colocaron sellos sobre la piedra y situaron la guardia ante la tumba.
Resurrección
de Yehshua
11 Cuando ya era tarde en la
noche los guardias que velaban ante el sepulcro cayeron en un sueño profundo; al
amanecer del primer día de la semana todavía oscuro los guardias romanos
despertaron y se llenaron de alarma, porque la piedra que cubría la entrada del
sepulcro había sido removida. 12 El jefe de la guardia se
asomó a la entrada de la cueva y comprobó que faltaba el cuerpo de Yehshua, y
donde había sido depositado solo quedaba el lienzo con el que le hubo cubierto
Joseph de Armathajim.
13 Llenos de temor fueron ante
los sumos sacerdotes para informarles lo que había ocurrido y Cayafás dijo:
“Algo le dieron a beber a los guardias para que se durmieran y poder robarse el
cuerpo. Ahora proclamarán que el impostor había resucitado”. 14 Entonces Cayafás le dijo a
los guardias: “No digan nada de este asunto, más bien vuelvan al sepulcro y
coloquen de nuevo la piedra y póngale el sello, así no podrán decir que
resucitó aunque se robaran el cuerpo”.
15 Cuando los guardias
abandonaron el sepulcro, Mariam de Magdala, discípula del Señor, tomando
consigo a varias de sus amigas, fue con ellas al sepulcro en que aquél había
sido depositado. Y eligió esa hora, por temor a los fariseos, los cuales
estaban inflamados de cólera, y ella no había hecho, sobre el sepulcro de
Yehshua, lo que acostumbran las mujeres de ungir a los muertos con especias
aromáticas. 16 Y se preguntaban diciéndose:
“¿Quién nos removerá la piedra de la puerta del sepulcro, a fin de que
entremos, nos sentemos junto a él, y lo unjamos?” Y dijo Mariam: “Si no podemos
remover la piedra, al menos depositaremos a la entrada lo que traemos en
memoria suya. Y lloraremos, y nos lamentaremos, hasta que volvamos a nuestras
casas”.
17 Pero al llegar a donde
estaba el sepulcro quedaron sorprendidas al ver removida la piedra. Alarmadas
se asomaron a la entrada de la gruta y vieron que en su interior había un joven
sentado justamente donde se había colocado el cuerpo de Yehshua. Mariam
entonces le reclamó al joven: “Dinos, señor, ¿dónde han llevado el cuerpo de
nuestro Rabbi? Así podremos ungirle como se debe hacer con los muertos”.
18 Las mujeres no podían saber
que el joven era el divino Uri’el. Entonces Uri’el les dijo: “No teman; porque
sé que ustedes buscan a Yehshua el que fue crucificado. Nadie se ha llevado su
cuerpo. El resucitó, vean el lugar donde su cuerpo fue depositado. Él se ha
levantado de entre los muertos, y va a la mansión de donde fue enviado”. 19 Las mujeres que habían
acompañado a Mariam se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado
temblor y espanto; ni osaban hablar con alguno, porque estaban llenas de miedo.
Mariam
se encuentra con Yehshua resucitado
20 Pero Mariam decidió ir a
darles la noticia a los discípulos que estaban ocultos en Jerusalén. Cuando iba
pasando por el huerto de los Olivos en Getsemaní, le salió al paso Yehshua; 21 pero ella no le reconoció
porque Yehshua estaba en su cuerpo astral. Y él le preguntó: “Mujer, ¿dónde vas
con tanta angustia?” 22 Ella tomándolo por un
hortelano le dijo: “Señor, vengo de la tumba de mi rabbi Yehshua de Natzeret,
quien fuera crucificado por orden de Pilato, y su tumba está vacía, aunque un
joven que allí estaba nos dijo que se había levantado de entre los muertos,
pero no sé si los hombres de Cayafás han robado su cuerpo”.
23 Entonces Yehshua le dice:
“Mujer, ¿por qué dudas? ¿Acaso no les dijo este Yehshua, aun en Galilea, que
moriría, pero que volvería a levantarse?” En ese momento la vista de Mariam se
aclaró y al reconocer a Yehshua exclamó: “¡Rabbi!” Se inclinó ante él Mariam y
trató de abrazarse a sus pies.
24 Yehshua le dijo: “No me adores
ahora echándote a mis pies, porque aún no he ido a mi Padre para ser
glorificado; pero ve a donde aguardan
mis hermanos, y diles que voy a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y
Dios de ustedes. Diles que iré a verles”.
25 Fue entonces Mariam para
dar a los discípulos, que estaban ocultos ayunando con tristeza y lloraban, las
nuevas de que había visto a Yehshua, y que él le había dicho estas cosas; pero
ellos no le creyeron. 26 Kefa al escuchar lo que
relataba Mariam salió corriendo hacia Gulgaltá donde estaba la tumba y Yojanán
salió tras de él. Yojanán que era el más joven llegó primero a la entrada de la
tumba. 27 Kefa se apresuró a entrar y
vio que la tumba estaba vacía y en el lugar donde estuvo el cuerpo de Yehshua
solo estaba el lienzo doblado cuidadosamente. 28 Yojanán entró en el sepulcro y vio que no estaba el
cuerpo del Rabbi. Muy tristes se volvieron al encuentro de los discípulos.
Yehshua
se presenta ante su madre
29 Mariam de Natzeret oraba al
Dios de la Vida, pidiéndole fuerza para aceptar la muerte de su hijo. Estando
en oración se presentó ante ella Yehshua y la saludó diciéndole: “Mujer, recibe
la paz”. 30 Levantó la vista Mariam
hacia él y le reconoció de inmediato, diciendo: “Bendito por siempre sea el
Padre del Universo que me permite ver ante mí al hijo que nació de mis
entrañas”. 31 Yehshua le dice: “Voy ahora
al Padre, pero luego me reuniré con mis hermanos. Yo te bendigo y mientras,
espera hasta que el Paráclito descienda sobre ustedes. 32 Yo voy delante de ti al
Padre y tú serás llamada Bendita y tendrás sobre tu frente una corona de doce
estrellas y tus ropas tendrán el brillo del sol; por siempre todas las
generaciones te llamarán bienaventurada y gozarás de la gloria del Padre”.
Yehshua
en el camino de Emaús
33 Luego Yehshua se presentó a
dos de los discípulos que no eran de los doce que se dirigían a una aldea
llamada Hammat a la que los romanos nombraban Emaús. Conversaban entre ellos
sobre la detención y muerte de Yehshua. 34 Entonces Yehshua se unió a ellos en el camino; pero
ellos no le reconocieron porque se les presentó en su cuerpo astral. Les
preguntó: “¿Por qué se ven ustedes tan tristes y qué es eso de lo que hablan?”
35 Uno de ellos de nombre
Cleofás le respondió: “¿Es posible que por estos contornos no se haya divulgado
la noticia?” Yehshua le preguntó: “¿De qué noticias hablas?”
36 Cleofás le respondió: “Lo
que ha ocurrido con un nabí lleno de la luz del padre llamado Yehshua que era
de Natzeret. A él lo entregaron los principales sacerdotes a los romanos para
que le crucificaran. 37 Creíamos que él era el
ungido que habría de venir para la redención de Yisraeil, pero le mataron hace
hoy tres días. 38 Sin embargo algunas de las
mujeres de entre los seguidores de Yehshua nos dijeron que habían visitado el
sepulcro y lo encontraron vacío y nos contaron que habían visto a un joven con
aspecto de ángel que les dijo que él vivía. 39 Y hasta hubo algunos de nosotros que fueron al sepulcro
y comprobaron lo que nos habían dicho las mujeres; pero ni vieron al Rabbi ni
visión de ángeles tuvieron”.
40 Yehshua les dijo entonces:
“¡Qué torpes de entendimiento son ustedes, que no han sabido leer en las
enseñanzas de los profetas! Anunciado estaba que el ungido del Dios viviente
padeciera de tal manera la muerte para entrar en la luz del Padre y que no
permanecería entre los muertos”.
41 Como ya llegaban a la
aldea, le pidieron a Yehshua: “Quédate con nosotros, porque se hace tarde y
podremos seguir conversando”.
42 En ese mismo instante sus
ojos se aclararon y pudieron ver a Yehshua tal y como antes le habían conocido.
Entonces Yehshua desapareció ante ellos. 43 En seguida regresaron a Jerusalén para darles aviso a
los apóstoles de que Yehshua estaba vivo; pero los discípulos no les creyeron.
Yehshua
se presenta ante los discípulos
44 Cuando ya era la tarde del
primer día de la semana, los discípulos estaban ocultos en un cuarto porque
temían que los guardias del Templo vinieran por ellos como malhechores y como acusados de querer
incendiar el templo. Por eso tenían las puertas bien cerradas. Entonces Yehshua
se presentó entre ellos dándoles el saludo de la paz.
45 Los discípulos se asustaron
al ver a Yehshua parado ante ellos, porque creían que estaban viendo a un
fantasma.
46 Yehshua les dice entonces:
“A un fantasma no están viendo. Pueden tocarme y se darán cuenta que estoy vivo
y aquí están mis heridas” y les mostró sus manos traspasadas por los clavos. 47 Y les dijo: “¿Por qué
tienen endurecidos sus corazones y no han creído a quienes les dieron testimonio de mi
resurrección?”
La
incredulidad de Tau’ma
48 Tau'ma llamado el Dídimo no
estaba ese día con los discípulos cuando se les apareció Yehshua. Cuando los
apóstoles le contaron que habían visto al Rabbi, 49 él les contestó: “No hay
tal. Con mis propios ojos tengo que ver las heridas de los clavos y meter mi
dedo en sus agujeros y mientras no introduzca mi mano en su costado, no creeré
que él ha vuelto a la vida”. 50 Porque Tau’ma creía que
algunos de los discípulos habían hurtado el cuerpo de Yehshua para depositarlo
en un sepulcro secreto.
51 Ocho días más tarde estaban
reunidos los discípulos de Yehshua a puertas cerradas y debatían entre ellos qué
camino debían seguir teniendo en cuenta que el Rabbi no estaba muerto; 52 pero Tau’ma que entonces
estaba con ellos seguía dudando de que Yehshua hubiera vuelto a la vida.
Sucedió entonces que apareció Yehshua en medio de ellos diciendo: “Que la paz
esté con ustedes”. 53 Luego se acercó a Tau’ma y
le dijo: “Tau’ma, mírame, no soy una visión ni un fantasma. Como dudaste lo que
te testificaron tus hermanos, ven, acércate a mí. Mira mis manos. Introduce tu
dedo en las heridas de los clavos y que tu mano tiente la herida en mi
costado”.
54 Tau’ma se arrodilló ante
Yehshua mientras corrían lágrimas por sus mejillas y le dijo: “Señor mío y Dios
mío, perdóname por haber dudado”. 55 Yehshua le dijo: “Tau’ma, Tau’ma. Solo después que me
has visto, creíste. Bendecidos son los que creen sin comprobar viendo”.






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