martes, 7 de octubre de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 28


Yehshua es sepultado

1 Había un hombre rico llamado Joseph, de Armathajim, una población de Judea, el cual era miembro del concilio y discípulo en secreto de Yehshua, que cuando llegó la noche fue osadamente ante Pilato en compañía de Nicodemo para reclamar el cuerpo de Yehshua. 2 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. Cuando el centurión le informó que Yehshua había muerto ya sin necesidad de quebrarle los huesos, ordenó que le entregaran el cuerpo de Yehshua. Joseph de Armathajim fue el que prestó el aposento donde Yehshua y sus discípulos preferidos celebraron el Pesaj.

3 Ante la cruz se mantenían velando las mujeres que acompañaron a Yehshua y Mariam, su madre.  4 Joseph compró una sábana y Nicodemo trajo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Fueron y bajaron el cuerpo de Yehshua de la cruz envolviéndole en la sábana y le depositaron entre los brazos de su madre.

5 Y cercano al lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo labrado en la peña, que era propiedad de Joseph, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 6 Allí, pues, por causa de la preparación de la festividad de los judíos del Pesaj, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Yehshua. 7 Luego de hacer rodar una gran piedra ante el sepulcro para cubrirlo se marcharon. Mariam de Magdala y otra de las mujeres observaron donde colocaban el cuerpo.


8 Al amanecer, los principales sacerdotes y los fariseos acudieron ante Pilato para pedirle que asegurara el sepulcro por tres días, diciendo que así se evitaría que sus discípulos robasen el cuerpo para luego decir que había resucitado, y le dijeron: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Evitemos que se roben el cuerpo; porque entonces el error que cometamos será peor que el primero”.

9 Pilato les dijo: “Ahí les presto una guardia; vayan y aseguren al sepulcro como ustedes crean”. 10 Fueron al sepulcro y comprobaron que la tumba estaba asegurada por una gran piedra a su entrada; colocaron sellos sobre la piedra y situaron la guardia ante la tumba.

Resurrección de Yehshua

11 Cuando ya era tarde en la noche los guardias que velaban ante el sepulcro cayeron en un sueño profundo; al amanecer del primer día de la semana todavía oscuro los guardias romanos despertaron y se llenaron de alarma, porque la piedra que cubría la entrada del sepulcro había sido removida. 12 El jefe de la guardia se asomó a la entrada de la cueva y comprobó que faltaba el cuerpo de Yehshua, y donde había sido depositado solo quedaba el lienzo con el que le hubo cubierto Joseph de Armathajim.


13 Llenos de temor fueron ante los sumos sacerdotes para informarles lo que había ocurrido y Cayafás dijo: “Algo le dieron a beber a los guardias para que se durmieran y poder robarse el cuerpo. Ahora proclamarán que el impostor había resucitado”. 14 Entonces Cayafás le dijo a los guardias: “No digan nada de este asunto, más bien vuelvan al sepulcro y coloquen de nuevo la piedra y póngale el sello, así no podrán decir que resucitó aunque se robaran el cuerpo”.

15 Cuando los guardias abandonaron el sepulcro, Mariam de Magdala, discípula del Señor, tomando consigo a varias de sus amigas, fue con ellas al sepulcro en que aquél había sido depositado. Y eligió esa hora, por temor a los fariseos, los cuales estaban inflamados de cólera, y ella no había hecho, sobre el sepulcro de Yehshua, lo que acostumbran las mujeres de ungir a los muertos con especias aromáticas. 16 Y se preguntaban diciéndose: “¿Quién nos removerá la piedra de la puerta del sepulcro, a fin de que entremos, nos sentemos junto a él, y lo unjamos?” Y dijo Mariam: “Si no podemos remover la piedra, al menos depositaremos a la entrada lo que traemos en memoria suya. Y lloraremos, y nos lamentaremos, hasta que volvamos a nuestras casas”.

17 Pero al llegar a donde estaba el sepulcro quedaron sorprendidas al ver removida la piedra. Alarmadas se asomaron a la entrada de la gruta y vieron que en su interior había un joven sentado justamente donde se había colocado el cuerpo de Yehshua. Mariam entonces le reclamó al joven: “Dinos, señor, ¿dónde han llevado el cuerpo de nuestro Rabbi? Así podremos ungirle como se debe hacer con los muertos”.


18 Las mujeres no podían saber que el joven era el divino Uri’el. Entonces Uri’el les dijo: “No teman; porque sé que ustedes buscan a Yehshua el que fue crucificado. Nadie se ha llevado su cuerpo. El resucitó, vean el lugar donde su cuerpo fue depositado. Él se ha levantado de entre los muertos, y va a la mansión de donde fue enviado”. 19 Las mujeres que habían acompañado a Mariam se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni osaban hablar con alguno, porque estaban llenas de miedo.

Mariam se encuentra con Yehshua resucitado

20 Pero Mariam decidió ir a darles la noticia a los discípulos que estaban ocultos en Jerusalén. Cuando iba pasando por el huerto de los Olivos en Getsemaní, le salió al paso Yehshua; 21 pero ella no le reconoció porque Yehshua estaba en su cuerpo astral. Y él le preguntó: “Mujer, ¿dónde vas con tanta angustia?” 22 Ella tomándolo por un hortelano le dijo: “Señor, vengo de la tumba de mi rabbi Yehshua de Natzeret, quien fuera crucificado por orden de Pilato, y su tumba está vacía, aunque un joven que allí estaba nos dijo que se había levantado de entre los muertos, pero no sé si los hombres de Cayafás han robado su cuerpo”.


23 Entonces Yehshua le dice: “Mujer, ¿por qué dudas? ¿Acaso no les dijo este Yehshua, aun en Galilea, que moriría, pero que volvería a levantarse?” En ese momento la vista de Mariam se aclaró y al reconocer a Yehshua exclamó: “¡Rabbi!” Se inclinó ante él Mariam y trató de abrazarse a sus pies.

24 Yehshua le dijo: “No me adores ahora echándote a mis pies, porque aún no he ido a mi Padre para ser glorificado; pero ve a donde aguardan  mis hermanos, y diles que voy a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios de ustedes.  Diles que iré a verles”. 25 Fue entonces Mariam para dar a los discípulos, que estaban ocultos ayunando con tristeza y lloraban, las nuevas de que había visto a Yehshua, y que él le había dicho estas cosas; pero ellos no le creyeron. 26 Kefa al escuchar lo que relataba Mariam salió corriendo hacia Gulgaltá donde estaba la tumba y Yojanán salió tras de él. Yojanán que era el más joven llegó primero a la entrada de la tumba. 27 Kefa se apresuró a entrar y vio que la tumba estaba vacía y en el lugar donde estuvo el cuerpo de Yehshua solo estaba el lienzo doblado cuidadosamente. 28 Yojanán entró en el sepulcro y vio que no estaba el cuerpo del Rabbi. Muy tristes se volvieron al encuentro de los discípulos.

Yehshua se presenta ante su madre

29 Mariam de Natzeret oraba al Dios de la Vida, pidiéndole fuerza para aceptar la muerte de su hijo. Estando en oración se presentó ante ella Yehshua y la saludó diciéndole: “Mujer, recibe la paz”. 30 Levantó la vista Mariam hacia él y le reconoció de inmediato, diciendo: “Bendito por siempre sea el Padre del Universo que me permite ver ante mí al hijo que nació de mis entrañas”. 31 Yehshua le dice: “Voy ahora al Padre, pero luego me reuniré con mis hermanos. Yo te bendigo y mientras, espera hasta que el Paráclito descienda sobre ustedes. 32 Yo voy delante de ti al Padre y tú serás llamada Bendita y tendrás sobre tu frente una corona de doce estrellas y tus ropas tendrán el brillo del sol; por siempre todas las generaciones te llamarán bienaventurada y gozarás de la gloria del Padre”.

Yehshua en el camino de Emaús

33 Luego Yehshua se presentó a dos de los discípulos que no eran de los doce que se dirigían a una aldea llamada Hammat a la que los romanos nombraban Emaús. Conversaban entre ellos sobre la detención y muerte de Yehshua. 34 Entonces Yehshua se unió a ellos en el camino; pero ellos no le reconocieron porque se les presentó en su cuerpo astral. Les preguntó: “¿Por qué se ven ustedes tan tristes y qué es eso de lo que hablan?”

35 Uno de ellos de nombre Cleofás le respondió: “¿Es posible que por estos contornos no se haya divulgado la noticia?” Yehshua le preguntó: “¿De qué noticias hablas?”

36 Cleofás le respondió: “Lo que ha ocurrido con un nabí lleno de la luz del padre llamado Yehshua que era de Natzeret. A él lo entregaron los principales sacerdotes a los romanos para que le crucificaran. 37 Creíamos que él era el ungido que habría de venir para la redención de Yisraeil, pero le mataron hace hoy tres días. 38 Sin embargo algunas de las mujeres de entre los seguidores de Yehshua nos dijeron que habían visitado el sepulcro y lo encontraron vacío y nos contaron que habían visto a un joven con aspecto de ángel que les dijo que él vivía. 39 Y hasta hubo algunos de nosotros que fueron al sepulcro y comprobaron lo que nos habían dicho las mujeres; pero ni vieron al Rabbi ni visión de ángeles tuvieron”.

40 Yehshua les dijo entonces: “¡Qué torpes de entendimiento son ustedes, que no han sabido leer en las enseñanzas de los profetas! Anunciado estaba que el ungido del Dios viviente padeciera de tal manera la muerte para entrar en la luz del Padre y que no permanecería entre los muertos”.

41 Como ya llegaban a la aldea, le pidieron a Yehshua: “Quédate con nosotros, porque se hace tarde y podremos seguir conversando”.

42 En ese mismo instante sus ojos se aclararon y pudieron ver a Yehshua tal y como antes le habían conocido. Entonces Yehshua desapareció ante ellos. 43 En seguida regresaron a Jerusalén para darles aviso a los apóstoles de que Yehshua estaba vivo; pero los discípulos no les creyeron.

Yehshua se presenta ante los discípulos

44 Cuando ya era la tarde del primer día de la semana, los discípulos estaban ocultos en un cuarto porque temían que los guardias del Templo vinieran por ellos  como malhechores y como acusados de querer incendiar el templo. Por eso tenían las puertas bien cerradas. Entonces Yehshua se presentó entre ellos dándoles el saludo de la paz.

45 Los discípulos se asustaron al ver a Yehshua parado ante ellos, porque creían que estaban viendo a un fantasma.

46 Yehshua les dice entonces: “A un fantasma no están viendo. Pueden tocarme y se darán cuenta que estoy vivo y aquí están mis heridas” y les mostró sus manos traspasadas por los clavos. 47 Y les dijo: “¿Por qué tienen endurecidos sus corazones y no han creído a  quienes les dieron testimonio de mi resurrección?”

La incredulidad de Tau’ma

48 Tau'ma llamado el Dídimo no estaba ese día con los discípulos cuando se les apareció Yehshua. Cuando los apóstoles le contaron que habían visto al Rabbi, 49 él les contestó: “No hay tal. Con mis propios ojos tengo que ver las heridas de los clavos y meter mi dedo en sus agujeros y mientras no introduzca mi mano en su costado, no creeré que él ha vuelto a la vida”. 50 Porque Tau’ma creía que algunos de los discípulos habían hurtado el cuerpo de Yehshua para depositarlo en un sepulcro secreto.

51 Ocho días más tarde estaban reunidos los discípulos de Yehshua a puertas cerradas y debatían entre ellos qué camino debían seguir teniendo en cuenta que el Rabbi no estaba muerto; 52 pero Tau’ma que entonces estaba con ellos seguía dudando de que Yehshua hubiera vuelto a la vida. Sucedió entonces que apareció Yehshua en medio de ellos diciendo: “Que la paz esté con ustedes”. 53 Luego se acercó a Tau’ma y le dijo: “Tau’ma, mírame, no soy una visión ni un fantasma. Como dudaste lo que te testificaron tus hermanos, ven, acércate a mí. Mira mis manos. Introduce tu dedo en las heridas de los clavos y que tu mano tiente la herida en mi costado”.


54 Tau’ma se arrodilló ante Yehshua mientras corrían lágrimas por sus mejillas y le dijo: “Señor mío y Dios mío, perdóname por haber dudado”. 55 Yehshua le dijo: “Tau’ma, Tau’ma. Solo después que me has visto, creíste. Bendecidos son los que creen sin comprobar viendo”.

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