Abssalón
se proclama rey en Hebrón
1 La ambición devoraba el alma de
Abssalón y odiaba a su padre, el rey David. A espaldas del padre formó un grupo
de cincuenta hombres que le seguían siempre.
2 Se levantaba temprano, se paraba junto
al camino de la Puerta, y a todo el que iba a presentar un pleito al rey, en
demanda de justicia, Abssalón lo llamaba y astutamente le hacía creer que no
recibiría justicia del rey, diciéndole: “Por más justas que sean tus razones no
habrá quien te escuche en el tribunal del rey”. 3 Luego
añadía: “Si yo fuera juez de Yisraeil, yo sí haría justicia a todos sin
importarme su condición”. 4
Y cuando alguien se acercaba
para postrarse ante él, le tendía la mano, lo abrazaba y lo besaba.
5 Cuando conoció que había ganado
popularidad entre la gente, fue ante David y le pidió: “Padre mío, permite que
pueda yo ir a Hebrón y cumplir el voto que hice a Adonai cuando le imploraba en
Gesur que me permitiera regresar a Jerusalén y ganar tu perdón”. 6 David le dijo: “Ve, hijo, y cumple tu
voto con Yah”. Y partió Abssalón de inmediato a Hebrón; 7 pero ya antes había enviado mensajeros
a todas las tribus de Yisraeil diciendo: “Apenas oigan el toque de la trompeta,
ustedes dirán: ¡Absalón es rey en Hebrón!”
8 En Hebrón muchos se unieron a Abssalón
y ganaba en fuerzas. 9
Además, Abssalón hizo venir
de Guiló, su ciudad, a Ajitófel, el guilonita, consejero de David, por todos
considerado como hombre sabio y de gran sagacidad y este lo acompañó mientras
ofrecía los sacrificios. La conjuración fue tomando fuerza, y los secuaces de
Abssalón eran cada vez más numerosos.
David
abandona Jerusalén
10 Pronto dieron aviso a David diciéndole:
Abssalón se ha proclamado rey en Hebrón y todos los hombres de armas de Yisraeil
están de su parte y se preparan a caer con gran fuerza sobre Jerusalén. 11 Temió David de enfrentar a su hijo y
ordenó a sus servidores: “¡Rápido, huyamos! Si Absalón se nos pone delante, no
tendremos escapatoria. ¡Apúrense a partir, no sea que él nos sorprenda, que
precipite la desgracia sobre nosotros y pase la ciudad al filo de la espada!” 12 Sus servidores le respondieron: “¡A las
órdenes del rey nos ponemos, para todo lo que él decida”.
13 Entonces David salió a pie con toda su
familia, pero dejó a diez de sus concubinas para cuidar la casa. 14 Detrás del rey salió todo el pueblo, y
le despidieron a la salida de Jerusalén. Junto a David marcharon sus servidores
más fieles y seiscientos hombres de armas. 15 Y
partió David con su comitiva al desierto.
16 David subía la cuesta de los Olivos;
iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos, 17 cuando vinieron a informarle: “Ajitófel,
tu consejero, está con Abssalón entre los conjurados”. Y rogó David a la
Suprema Inteligencia: “¡Entorpece, Adonai, los consejos de Ajitófel!” 18 Y su plegaria fue escuchada por Yaho’el
y elevada a la gloria del Padre.
Oración
de David pidiendo amparo
19 Y cuando ya se detuvo en el desierto,
clamó David al Dios del Universo diciendo: “Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed
de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca,
agotada, sin agua. 20 ¡Adonai, cuántos son mis adversarios,
cuántos los que se alzan contra mí! Muchos enemigos se han levantado contra mí;
pero tú eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas. 21 No le temo a la multitud que me rodea,
que por todas partes me amenaza. 22 ¡Sálvame, oh Padre mío! Tú golpeas en la cara
a mis enemigos y a los malvados les rompes los dientes. 23 Los que tratan de perder mi alma,
¡caigan en las honduras de la tierra! ¡Sean pasados al filo de la espada,
sirvan de presa a los chacales! 24 Yo cantaré tu gloria cuando sea cerrada
la boca de los mentirosos”.

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