domingo, 5 de octubre de 2014

2 DAVID 4

Abssalón se proclama rey en Hebrón

1 La ambición devoraba el alma de Abssalón y odiaba a su padre, el rey David. A espaldas del padre formó un grupo de cincuenta hombres que le seguían siempre.

2 Se levantaba temprano, se paraba junto al camino de la Puerta, y a todo el que iba a presentar un pleito al rey, en demanda de justicia, Abssalón lo llamaba y astutamente le hacía creer que no recibiría justicia del rey, diciéndole: “Por más justas que sean tus razones no habrá quien te escuche en el tribunal del rey”. 3 Luego añadía: “Si yo fuera juez de Yisraeil, yo sí haría justicia a todos sin importarme su condición”. 4 Y cuando alguien se acercaba para postrarse ante él, le tendía la mano, lo abrazaba y lo besaba.

5 Cuando conoció que había ganado popularidad entre la gente, fue ante David y le pidió: “Padre mío, permite que pueda yo ir a Hebrón y cumplir el voto que hice a Adonai cuando le imploraba en Gesur que me permitiera regresar a Jerusalén y ganar tu perdón”. 6 David le dijo: “Ve, hijo, y cumple tu voto con Yah”. Y partió Abssalón de inmediato a Hebrón; 7 pero ya antes había enviado mensajeros a todas las tribus de Yisraeil diciendo: “Apenas oigan el toque de la trompeta, ustedes dirán: ¡Absalón es rey en Hebrón!”

8 En Hebrón muchos se unieron a Abssalón y ganaba en fuerzas. 9 Además, Abssalón hizo venir de Guiló, su ciudad, a Ajitófel, el guilonita, consejero de David, por todos considerado como hombre sabio y de gran sagacidad y este lo acompañó mientras ofrecía los sacrificios. La conjuración fue tomando fuerza, y los secuaces de Abssalón eran cada vez más numerosos.

David abandona Jerusalén

10 Pronto dieron aviso a David diciéndole: Abssalón se ha proclamado rey en Hebrón y todos los hombres de armas de Yisraeil están de su parte y se preparan a caer con gran fuerza sobre Jerusalén. 11 Temió David de enfrentar a su hijo y ordenó a sus servidores: “¡Rápido, huyamos! Si Absalón se nos pone delante, no tendremos escapatoria. ¡Apúrense a partir, no sea que él nos sorprenda, que precipite la desgracia sobre nosotros y pase la ciudad al filo de la espada!” 12 Sus servidores le respondieron: “¡A las órdenes del rey nos ponemos, para todo lo que él decida”.

13 Entonces David salió a pie con toda su familia, pero dejó a diez de sus concubinas para cuidar la casa. 14 Detrás del rey salió todo el pueblo, y le despidieron a la salida de Jerusalén. Junto a David marcharon sus servidores más fieles y seiscientos hombres de armas. 15 Y partió David con su comitiva al desierto.

16 David subía la cuesta de los Olivos; iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos, 17 cuando vinieron a informarle: “Ajitófel, tu consejero, está con Abssalón entre los conjurados”. Y rogó David a la Suprema Inteligencia: “¡Entorpece, Adonai, los consejos de Ajitófel!” 18 Y su plegaria fue escuchada por Yaho’el y elevada a la gloria del Padre.

Oración de David pidiendo amparo


19 Y cuando ya se detuvo en el desierto, clamó David al Dios del Universo diciendo: “Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua. 20 ¡Adonai, cuántos son mis adversarios, cuántos los que se alzan contra mí! Muchos enemigos se han levantado contra mí; pero tú eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas. 21 No le temo a la multitud que me rodea, que por todas partes me amenaza. 22  ¡Sálvame, oh Padre mío! Tú golpeas en la cara a mis enemigos y a los malvados les rompes los dientes. 23 Los que tratan de perder mi alma, ¡caigan en las honduras de la tierra! ¡Sean pasados al filo de la espada, sirvan de presa a los chacales! 24 Yo cantaré tu gloria cuando sea cerrada la boca de los mentirosos”.

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