Iaír juez de Yisraeil
1
Luego que muriera Tola, surgió Iaír al que todos acudían para recibir sus
consejos. Ninguna hazaña hizo Iaír, ni enfrentó a ningún enemigo; pero era
sabio y, sobre todo muy astuto. 2 Era
rico Iaír y sus treinta hijos se pavoneaban montados en mulas y dominaban en
treinta poblados de Galaad en tierras de Gad; y así fue por veintidós años.
3
Cuando ya se acercaba a sus finales días los amonitas oprimieron duramente a
los israelitas del otro lado del Jordán, en el país de los amorreos en
territorio de Galaad. Y cruzando el Jordán los amonitas se extendieron sobre
Judá, sobre Benjamín y sobre Efrayim. 4
Entonces vinieron los israelitas de Gad, de Judá, de Efrayim y de Benjamín a
pedirle consejos a Iaír.
5
Pero Iaír les volvió la espalda y les dijo: “¿Vienen a pedirme consejo, ahora
que Yahvahé parece haberles abandonado porque se inclinaron ante los ídolos? 6
Entonces, vayan a invocar a los dioses que ustedes se han elegido: que ellos
los salven en el momento del peligro cuando los amonitas vengan contra ustedes”.
Los amonitas se preparan para atacar a
Yisraeil
7
Luego que muriera Iaír, los amonitas se concentraron en Galaad y los treinta
hijos de Iaír se inclinaron ante los amonitas y condescendieron con ellos. 8 Los
israelitas para detener el empuje de los amonitas se concentraron en Mitspah,
pero no tenían un jefe sino que actuaban según sus criterios. 9 Entonces
el pueblo y los jefes de Galaad se dijeron unos a otros: “¿Quién será el hombre
al que encomendemos dirigir el combate contra los amonitas? Aquel que elijamos
quedará al frente de todos los habitantes de Galaad”.
Yifthah buscado como jefe de los
israelitas
10 En
la región de Tauta habitaba un galaadita llamado Yifthah considerado por muchos
como guerrero valeroso, que enfrentaba, junto a un grupo de entusiastas, a los
amonitas tendiéndoles celadas y emboscadas. 11 Yifthah
era hijo de Galaad que le había tenido con una prostituta, pero como tenía
hijos con su esposa, cuando los hermanos se hicieron mayores, y muerto ya su
progenitor, echaron a Yifthah de Mitspah diciéndole: “A ti no te corresponde
nada de la herencia de nuestro padre porque eres bastardo tenido con una
ramera”. Así fue que Yifthah fue a refugiarse a Tauta.
12
Cuando los amonitas se dispusieron a iniciar la guerra con Yisraeil y ya,
cuando iniciaban sus ataques, los ancianos de Galaad fueron a la región de
Tauta a buscar a Yifthah. 13 Y
cuando estuvieron frente a él le dijeron: “Yifthah galaadita, conocemos lo
esforzado que eres y tu fuerza en los combates. Te necesitamos. Ven y te
nombraremos como jefe en la lucha contra los amonitas”.
14
Yifthah les respondió: “¿No son ustedes los que me odiaron hasta el punto de
hacerme echar de la casa de mi padre por mi condición de bastardo? ¿Por qué
acuden a mí ahora? Los amonitas avanzan sobre ustedes y ustedes no encuentran
un jefe que les guíe. ¿Ahora quieren que sea yo ese jefe?”
15 Los
ancianos de Galaad dijeron a Yifthah: “Sí, erramos contra ti. Pero ahora recurrimos
a ti para que vengas con nosotros a combatir contra los amonitas. Solo tú
tienes la experiencia que se requiere para ser cabeza alta de Yisraeil. Tú
serás nuestro jefe y el de todos los habitantes de Galaad”.
16
Yifthah les respondió: “Si me hacen volver Mitspah para combatir contra los
amonitas y Eli-Yah me los entrega, no habrá más jefe sobre ustedes sino solo
yo”.
17 Le
respondieron los ancianos diciéndole: “Yahvahé, Dios de Yisraeil nos está
escuchando. ¡Ay de nosotros si no hacemos lo que tú nos exiges!
18 Yifthah
partió entonces con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo proclamó como jefe y
comandante. En Mitspah, ante la presencia de Yah, Yifthah reiteró todas las
condiciones que había puesto”.
Propuestas de Yifthah hacia los amonitas
19
Entonces Yifthah hizo consejo con los ancianos y los jefes de grupos y les
dijo: “Si es posible evitar la guerra debemos intentarlo. 20
Enviaremos mensajeros al rey de Amón
diciéndole: ‘¿Qué tenemos que ver tú y nosotros, para que vengas a
atacarnos en nuestro propio país?’ Y si ellos no llegan a un acuerdo con
nosotros, iremos contra ellos con el amparo de Yah”.
21 Y
Yifthah envió los mensajeros al rey de Amón y luego regresaron con la respuesta
de los amonitas que decía: “Rencor guardamos para tu pueblo, porque Yisraeil,
cuando subía de Egipto, se apoderó de nuestro territorio desde el Arnón hasta
el Iaboc y el Jordán. 22
Ahora, yo, rey de Amón les exijo: devuélvanme por las buenas esos territorios”.
23
Yifthah volvió a enviar mensajeros al rey de los amonitas, 24
para decirle: "Así habla Yifthah: Yisraeil no se apoderó del país de Moab
ni del país de los amonitas. 25 Los
territorios que reclamas, desde el Arnón hasta el Iaboc pertenecían al país de
los amorreos y los israelitas derrotaron a los amorreos y ocuparon esos
territorios. 26 ¿Quieres ahora
desposeernos de los que conquistamos sobre los amorreos? 27 Cuando
Yisraeil se estableció en Jesbón y sus poblados, en Aroer y sus poblados, y en
todas las ciudades que están a orillas del Arnón, hace ya trescientos años,
¿por qué ustedes no las recuperaron?
28
Nosotros no te ofendimos: eres tú el que procede mal con nosotros si nos
atacas. Que Yahvahé, el Juez, juzgue hoy quién tiene razón, si los israelitas o
los amonitas”. 29 Pero el rey de los
amonitas no quiso escuchar las razones de Yifthah y se dispuso para continuar
la guerra.
Palabras de Gavri’el
29
Escucha Hijo de la Tierra y pon atención a mis palabras. Como todas las
naciones de aquellos tempranos tiempos, que se encomendaban a sus dioses
pidiéndoles su auxilio en los combates, 30 así
mismo lo hacían los israelitas, creyendo que la Suprema Inteligencio, Dios de
la Vida, se inmiscuía en sus asuntos y combatía junto con ellos en sus guerras.
31 Dios, como Luz del
Universo, no es dios de guerra, pero no condenó a los israelitas por hacerle
Dios de los ejércitos en atención a la fe que en él depositaban.
32
Cuando hacían un voto en nombre de Dios, al que solo conocían por el nombre
revelado de una de sus manifestaciones, Yahvahé, el Todo, el Que Es y Siempre
Será, eran fieles cumplidores de sus votos. 33
Ciertamente, aunque la Suprema Inteligencia no requiere que le ofrezcan votos,
si lo haces no dejes de cumplirlo; pero no seas necio, ni apresurado en tus
votos, porque el Maligno está presto para hacerte caer, induciéndote un voto
irresponsable, tal como hiciera Yifthah”.
El voto y la victoria de Yifthah
34
Sentía Yifthah que Dios le inspiraba y le conducía en todos sus actos, así, recorrió
todo Galaad y Menasheh, pasó por Mitspah de Galaad y desde allí avanzó hasta el
país de los amonitas. 35
Cuando estuvo colocado frente a las fuerzas amonitas, Sama’el, siempre burlón,
le indujo a hacer una promesa a Yahvahé: “Si entregas a los amonitas en mis
manos, 36 el primero que salga de la
puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva victorioso, pertenecerá al
Señor y lo ofreceré en holocausto”.
37 Y
dirigió el ataque contra los amonitas, siempre al frente, demostrando su valor,
confiado en que Dios le daría la victoria. Y entraron en las líneas amonitas
haciendo una gran matanza. La sangre del enemigo salpicaba su armadura. 38 Y
Amón retrocedió espantado ante el empuje de los israelitas; y fueron derrotados
desde Aroer hasta cerca de Minit – eran en total veinte ciudades – y hasta Abel
Queramím. La derrota fue enorme, tanto que los amonitas, a partir de ese
momento quedaron sometidos a Yisraeil.
La inmolación de la hija de Yifthah
39 Cuando
Yifthah regresó a su casa, en Mitspah, le salió al encuentro su hija, bailando
al son de panderetas. Era su única hija; fuera de ella, Yifthah no tenía hijos
ni hijas. Y su hija era doncella. Al ver Yifthah que su hija había salido a
recibirle recordó el voto que hiciera a Yahvahé. 40
Rasgó sus vestiduras y se mesó la barba, diciendo: ¡Ay, hija mía, muy amada,
has destrozado mi alma! ¿Por qué tenías que ser precisamente tú quien primero
saliera a mi encuentro? Una promesa le hice a Yahvahé ¿cómo podré retractarme?”
41
Ella le dijo: “¿Qué promesa le hiciste a Dios, padre? ¿Por qué al verme se ha
demudado tu rostro?”
42
Llorando le dijo Yifthah: “La prometí al Dios de los ejércitos que si me daba
la victoria sobre Amón, el primero que
en mi casa saliera a mi encuentro lo entregaría en holocausto”. Ella le dijo
entonces: “Si soy yo la ofrenda que tienes que hacer en pago a Yahvahé, 43
cumple conmigo lo que prometiste, ya que Yahvahé te ha permitido vengarte de
tus enemigos, los amonitas. 44
Solo te pido que me des un plazo de dos meses para ir por las montañas a llorar
con mis amigas por no haber tenido hijos”.
45 Ella
se fue a las montañas con sus amigas, y se lamentó por haber quedado virgen y
en su dolor le acompañaban los llantos de sus amigas.
46 Al
cabo de los dos meses regresó, y su padre cumplió con ella el voto que había
hecho. Dio a su hija en holocausto y no hubo un ángel que detuviera su brazo
homicida como antes sucedieran con Abraham.
La guerra entre Efrayim y Galaad
47 Los
hombres de Efrayim se reunieron, cruzaron el Jordán en dirección a Safón, y
dijeron a Yifthah: “¿Por qué fuiste a combatir contra los amonitas y no nos
llamaste para que fuéramos contigo? Ahora vamos a prenderle fuego a tu casa
contigo adentro”. 48
Pero Yifthah les respondió: “Mi pueblo y yo estábamos en un grave conflicto con
los amonitas. Yo les pedí ayuda a ustedes, pero no vinieron a salvarme. 49 Al
ver que nadie venía en mi ayuda, marché contra los amonitas arriesgando mi
propia vida, y Adonai los entregó en mis manos. ¿Por qué entonces han subido
hoy a hacerme la guerra?”
50
Yifthah Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y atacó a Efrayim. Y los de
Galaad derrotaron a los efrayimitas, que decían despectivamente: “Ustedes, los
de Galaad, son fugitivos de Efrayim, en medio de Manasés”.
51
Galaad ocupó los vados del Jordán para cortarle el paso a los efrayimitas. Y
cuando un fugitivo de Efrayim intentaba pasar, los hombres de Galaad le
preguntaban: “¿Tú eres de Efrayim?” Si él respondía que no, 52 lo
obligaban a pronunciar la palabra "Shibólet". Pero él decía
"Sibólet", porque no podía pronunciar correctamente. Entonces lo
tomaban y lo degollaban junto a los vados del Jordán. En aquella ocasión,
murieron cuarenta y dos mil hombres de Efrayim. 53 Y
aquello fue mal visto por la Suprema Inteligencia y acortó la vida de Yifthah.
54
Yifthah juzgó a Yisraeil durante seis años. Cuando murió, lo sepultaron en
Mitspah de Galaad, que era su ciudad.



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