jueves, 9 de octubre de 2014

Los Libertadores Shophetim 11


Iaír juez de Yisraeil

1 Luego que muriera Tola, surgió Iaír al que todos acudían para recibir sus consejos. Ninguna hazaña hizo Iaír, ni enfrentó a ningún enemigo; pero era sabio y, sobre todo muy astuto. 2 Era rico Iaír y sus treinta hijos se pavoneaban montados en mulas y dominaban en treinta poblados de Galaad en tierras de Gad; y así fue por veintidós años.

3 Cuando ya se acercaba a sus finales días los amonitas oprimieron duramente a los israelitas del otro lado del Jordán, en el país de los amorreos en territorio de Galaad. Y cruzando el Jordán los amonitas se extendieron sobre Judá, sobre Benjamín y sobre Efrayim. 4 Entonces vinieron los israelitas de Gad, de Judá, de Efrayim y de Benjamín a pedirle consejos a Iaír.

5 Pero Iaír les volvió la espalda y les dijo: “¿Vienen a pedirme consejo, ahora que Yahvahé parece haberles abandonado porque se inclinaron ante los ídolos? 6 Entonces, vayan a invocar a los dioses que ustedes se han elegido: que ellos los salven en el momento del peligro cuando los amonitas vengan contra ustedes”.

Los amonitas se preparan para atacar a Yisraeil

7 Luego que muriera Iaír, los amonitas se concentraron en Galaad y los treinta hijos de Iaír se inclinaron ante los amonitas y condescendieron con ellos. 8 Los israelitas para detener el empuje de los amonitas se concentraron en Mitspah, pero no tenían un jefe sino que actuaban según sus criterios. 9 Entonces el pueblo y los jefes de Galaad se dijeron unos a otros: “¿Quién será el hombre al que encomendemos dirigir el combate contra los amonitas? Aquel que elijamos quedará al frente de todos los habitantes de Galaad”.

Yifthah buscado como jefe de los israelitas

10 En la región de Tauta habitaba un galaadita llamado Yifthah considerado por muchos como guerrero valeroso, que enfrentaba, junto a un grupo de entusiastas, a los amonitas tendiéndoles celadas y emboscadas. 11 Yifthah era hijo de Galaad que le había tenido con una prostituta, pero como tenía hijos con su esposa, cuando los hermanos se hicieron mayores, y muerto ya su progenitor, echaron a Yifthah de Mitspah diciéndole: “A ti no te corresponde nada de la herencia de nuestro padre porque eres bastardo tenido con una ramera”. Así fue que Yifthah fue a refugiarse a Tauta. 

12 Cuando los amonitas se dispusieron a iniciar la guerra con Yisraeil y ya, cuando iniciaban sus ataques, los ancianos de Galaad fueron a la región de Tauta a buscar a Yifthah. 13 Y cuando estuvieron frente a él le dijeron: “Yifthah galaadita, conocemos lo esforzado que eres y tu fuerza en los combates. Te necesitamos. Ven y te nombraremos como jefe en la lucha contra los amonitas”.

14 Yifthah les respondió: “¿No son ustedes los que me odiaron hasta el punto de hacerme echar de la casa de mi padre por mi condición de bastardo? ¿Por qué acuden a mí ahora? Los amonitas avanzan sobre ustedes y ustedes no encuentran un jefe que les guíe. ¿Ahora quieren que sea yo ese jefe?”

15 Los ancianos de Galaad dijeron a Yifthah: “Sí, erramos contra ti. Pero ahora recurrimos a ti para que vengas con nosotros a combatir contra los amonitas. Solo tú tienes la experiencia que se requiere para ser cabeza alta de Yisraeil. Tú serás nuestro jefe y el de todos los habitantes de Galaad”.

16 Yifthah les respondió: “Si me hacen volver Mitspah para combatir contra los amonitas y Eli-Yah me los entrega, no habrá más jefe sobre ustedes sino solo yo”.

17 Le respondieron los ancianos diciéndole: “Yahvahé, Dios de Yisraeil nos está escuchando. ¡Ay de nosotros si no hacemos lo que tú nos exiges!

18 Yifthah partió entonces con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo proclamó como jefe y comandante. En Mitspah, ante la presencia de Yah, Yifthah reiteró todas las condiciones que había puesto”.

Propuestas de Yifthah hacia los amonitas

19 Entonces Yifthah hizo consejo con los ancianos y los jefes de grupos y les dijo: “Si es posible evitar la guerra debemos intentarlo. 20 Enviaremos mensajeros al rey de Amón  diciéndole: ‘¿Qué tenemos que ver tú y nosotros, para que vengas a atacarnos en nuestro propio país?’ Y si ellos no llegan a un acuerdo con nosotros, iremos contra ellos con el amparo de Yah”.

21 Y Yifthah envió los mensajeros al rey de Amón y luego regresaron con la respuesta de los amonitas que decía: “Rencor guardamos para tu pueblo, porque Yisraeil, cuando subía de Egipto, se apoderó de nuestro territorio desde el Arnón hasta el Iaboc y el Jordán. 22 Ahora, yo, rey de Amón les exijo: devuélvanme por las buenas esos territorios”.

23 Yifthah volvió a enviar mensajeros al rey de los amonitas, 24 para decirle: "Así habla Yifthah: Yisraeil no se apoderó del país de Moab ni del país de los amonitas. 25 Los territorios que reclamas, desde el Arnón hasta el Iaboc pertenecían al país de los amorreos y los israelitas derrotaron a los amorreos y ocuparon esos territorios. 26 ¿Quieres ahora desposeernos de los que conquistamos sobre los amorreos? 27 Cuando Yisraeil se estableció en Jesbón y sus poblados, en Aroer y sus poblados, y en todas las ciudades que están a orillas del Arnón, hace ya trescientos años, ¿por qué ustedes no las recuperaron?

28 Nosotros no te ofendimos: eres tú el que procede mal con nosotros si nos atacas. Que Yahvahé, el Juez, juzgue hoy quién tiene razón, si los israelitas o los amonitas”. 29 Pero el rey de los amonitas no quiso escuchar las razones de Yifthah y se dispuso para continuar la guerra.

Palabras de Gavri’el

29 Escucha Hijo de la Tierra y pon atención a mis palabras. Como todas las naciones de aquellos tempranos tiempos, que se encomendaban a sus dioses pidiéndoles su auxilio en los combates, 30 así mismo lo hacían los israelitas, creyendo que la Suprema Inteligencio, Dios de la Vida, se inmiscuía en sus asuntos y combatía junto con ellos en sus guerras. 31 Dios, como Luz del Universo, no es dios de guerra, pero no condenó a los israelitas por hacerle Dios de los ejércitos en atención a la fe que en él depositaban.

32 Cuando hacían un voto en nombre de Dios, al que solo conocían por el nombre revelado de una de sus manifestaciones, Yahvahé, el Todo, el Que Es y Siempre Será, eran fieles cumplidores de sus votos. 33 Ciertamente, aunque la Suprema Inteligencia no requiere que le ofrezcan votos, si lo haces no dejes de cumplirlo; pero no seas necio, ni apresurado en tus votos, porque el Maligno está presto para hacerte caer, induciéndote un voto irresponsable, tal como hiciera Yifthah”.

El voto y la victoria de Yifthah

34 Sentía Yifthah que Dios le inspiraba y le conducía en todos sus actos, así, recorrió todo Galaad y Menasheh, pasó por Mitspah de Galaad y desde allí avanzó hasta el país de los amonitas. 35 Cuando estuvo colocado frente a las fuerzas amonitas, Sama’el, siempre burlón, le indujo a hacer una promesa a Yahvahé: “Si entregas a los amonitas en mis manos, 36 el primero que salga de la puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva victorioso, pertenecerá al Señor y lo ofreceré en holocausto”.

37 Y dirigió el ataque contra los amonitas, siempre al frente, demostrando su valor, confiado en que Dios le daría la victoria. Y entraron en las líneas amonitas haciendo una gran matanza. La sangre del enemigo salpicaba su armadura. 38 Y Amón retrocedió espantado ante el empuje de los israelitas; y fueron derrotados desde Aroer hasta cerca de Minit – eran en total veinte ciudades – y hasta Abel Queramím. La derrota fue enorme, tanto que los amonitas, a partir de ese momento quedaron sometidos a Yisraeil.

La inmolación de la hija de Yifthah

39 Cuando Yifthah regresó a su casa, en Mitspah, le salió al encuentro su hija, bailando al son de panderetas. Era su única hija; fuera de ella, Yifthah no tenía hijos ni hijas. Y su hija era doncella. Al ver Yifthah que su hija había salido a recibirle recordó el voto que hiciera a Yahvahé. 40 Rasgó sus vestiduras y se mesó la barba, diciendo: ¡Ay, hija mía, muy amada, has destrozado mi alma! ¿Por qué tenías que ser precisamente tú quien primero saliera a mi encuentro? Una promesa le hice a Yahvahé ¿cómo podré retractarme?”

41 Ella le dijo: “¿Qué promesa le hiciste a Dios, padre? ¿Por qué al verme se ha demudado tu rostro?”

42 Llorando le dijo Yifthah: “La prometí al Dios de los ejércitos que si me daba la victoria  sobre Amón, el primero que en mi casa saliera a mi encuentro lo entregaría en holocausto”. Ella le dijo entonces: “Si soy yo la ofrenda que tienes que hacer en pago a Yahvahé, 43 cumple conmigo lo que prometiste, ya que Yahvahé te ha permitido vengarte de tus enemigos, los amonitas. 44 Solo te pido que me des un plazo de dos meses para ir por las montañas a llorar con mis amigas por no haber tenido hijos”.

45 Ella se fue a las montañas con sus amigas, y se lamentó por haber quedado virgen y en su dolor le acompañaban los llantos de sus amigas.

46 Al cabo de los dos meses regresó, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho. Dio a su hija en holocausto y no hubo un ángel que detuviera su brazo homicida como antes sucedieran con Abraham.

La guerra entre Efrayim y Galaad

47 Los hombres de Efrayim se reunieron, cruzaron el Jordán en dirección a Safón, y dijeron a Yifthah: “¿Por qué fuiste a combatir contra los amonitas y no nos llamaste para que fuéramos contigo? Ahora vamos a prenderle fuego a tu casa contigo adentro”. 48 Pero Yifthah les respondió: “Mi pueblo y yo estábamos en un grave conflicto con los amonitas. Yo les pedí ayuda a ustedes, pero no vinieron a salvarme. 49 Al ver que nadie venía en mi ayuda, marché contra los amonitas arriesgando mi propia vida, y Adonai los entregó en mis manos. ¿Por qué entonces han subido hoy a hacerme la guerra?” 

50 Yifthah Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y atacó a Efrayim. Y los de Galaad derrotaron a los efrayimitas, que decían despectivamente: “Ustedes, los de Galaad, son fugitivos de Efrayim, en medio de Manasés”.

51 Galaad ocupó los vados del Jordán para cortarle el paso a los efrayimitas. Y cuando un fugitivo de Efrayim intentaba pasar, los hombres de Galaad le preguntaban: “¿Tú eres de Efrayim?” Si él respondía que no, 52 lo obligaban a pronunciar la palabra "Shibólet". Pero él decía "Sibólet", porque no podía pronunciar correctamente. Entonces lo tomaban y lo degollaban junto a los vados del Jordán. En aquella ocasión, murieron cuarenta y dos mil hombres de Efrayim. 53 Y aquello fue mal visto por la Suprema Inteligencia y acortó la vida de Yifthah.


54 Yifthah juzgó a Yisraeil durante seis años. Cuando murió, lo sepultaron en Mitspah de Galaad, que era su ciudad. 

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