Rapha’el aconseja a Tobyah orar a
Dios
1 Partió Tobyah acompañado del divino mensajero de la Luz y le seguía
su perro. Emprendieron el viaje antes de que se asomara el sol. Cuando salieron
de la ciudad ya se veía la luz del amanecer, entonces Rapha’el detuvo a Tobyah
y le dijo: 2 “Escucha Tobyah, ahora emprendemos un largo camino sin conocer qué
tropiezos podemos tener y veo que no te has encomendado al Padre de Vida
pidiendo su protección”.
3 Contestó Tobyah y le dijo: “Es cierto, no lo he hecho, porque no
tengo hábito de hacer largos viajes y confío, además, en tu pericia”.
Nadie puede orar por uno
4 Rapha’el dijo entonces: “¿Por qué has de confiar en la experiencia de
otros que no conocen el futuro, ni te pueden proteger de lo imprevisible?
¿Acaso no está en manos de tu Dios el resguardo de tu vida?” Reconoció Tobyah
que había verdad en las palabras de Rapha’el y dijo: “Tus palabras son sabias,
hermano Azarías, ayúdame a orar al Padre pidiendo su amparo”.
5 Rapha’el le contestó: “Nadie puede orar por ti, ni dirigir tus
plegarias. Hablar con el Dios del Universo es asunto de cada alma. Pide lo que
nazca del corazón, con humildad y naturalidad, como si hablaras con Tobit, tu
padre”.
Oración de Tobyah
6 Cubrió Tobyah con sus manos el rostro y se volvió hacia el sol y oró:
“Padre bendito y eterno, Luz del Universo ¿Qué es el hombre ante la magnitud de
lo desconocido? ¿Qué poder tiene para prever lo que está por suceder? 7 En este viaje que emprendo te pido, Adonai, tu amparo. Permite que
alguno de tus benditos ángeles me acompañe para librarme de cualquier
adversidad. Guía mis pasos con la Luz de tu sabiduría”.
Tobyah y el pez
8 Luego de la oración de Tobyah, emprendieron los dos el viaje.
Caminaron los dos y, al llegar la primera noche, acamparon a orillas del río
Tigris. 9 Tobyah bajó a lavarse los pies en el río, y de pronto saltó del agua
un gran pez que intentó devorarle el pie. Gritó asustado Tobyah, 10 pero el mensajero de la Divina Luz le dijo: “¡Agarra ese pez y no lo
dejes escapar!” Tobyah intentó atrapar el pez pero se le escabullía de las
manos, entonces su perro se lanzó al agua y atrapó al pez entre sus colmillos y
lo puso delante de Tobyah.
11 El ángel le dijo: “Ábrelo, sácale la hiel, el corazón y el hígado, y
colócalos aparte; luego tira las entrañas. Porque la hiel, el corazón y el
hígado te pudieran servir como remedios”. 12 El joven abrió el pez, y le sacó la hiel, el corazón y el hígado. Asó
una parte del pez y la comió, y guardó la otra parte después de haberla salado.
Solo la fe hace prodigios
13 Al amanecer los dos juntos continuaron su camino hasta llegar cerca
de Maada. 14 Entre tanto, Tobyah preguntó al divino mensajero de la Luz: “Hermano
Azarías, ¿qué clase de remedio hay en el corazón, en el hígado y en la hiel del
pez?” 15 Le respondió Rapha’el: “Dicen los
ancianos que tienen poder sanativo y creen, además, que si se quema el corazón
o el hígado del pez junto con su hiel delante de un hombre o de una mujer
atacados por un demonio o grigori maligno, cesan los ataques y desaparecen para
siempre. 16 Pero yo te digo más: solo la fe hace el prodigio”.
Rapha’el habla de la hija de Ragüel
17 Ya estaban cerca de Hagmatana cuando Rapha’el detuvo a Tobyah para
decirle: “Tobyah, allá se divisa Hagmatana en el camino a Ragués. Es necesario
que pasemos esta noche en casa de Ragüel, el que es pariente tuyo. Él tiene una hija que se llama Sara y es
soltera. 18 Ella es su única hija. Por ser tú el pariente más cercano, tienes más
derecho sobre ella que todos los demás, y es justo que recibas la herencia de
su padre. Es una joven seria, decidida y muy hermosa, y su padre es una persona
honrada”.
19 Y añadió: “Tú tienes el derecho de casarte con ella. Escúchame,
hermano: esta misma noche, yo hablaré de ella a su padre para que te la dé como
tu prometida; y cuando volvamos de Ragués, podrás celebrar la boda. Yo sé que
Ragüel no podría negártela ni comprometerla con otro, sin hacerse reo de
muerte, conforme a lo prescrito en el Libro de Moshé. Él ha de saber, en
efecto, que a ti te corresponde tomar por esposa a su hija antes que cualquier
otro. Por eso, óyeme bien, hermano: esta noche, hablaremos de la joven y la
pediremos en matrimonio. Cuando volvamos de Ragués, la tomaremos y la
llevaremos con nosotros a tu casa”.
20 Tobyah le dijo entonces al mensajero de la Luz: “¿Por qué me hablas
de esponsales? He venido hasta aquí en busca del depósito que mi padre dejara
al cuidado de Gabael, pero no para casarme”. Rapha’el le dijo: “Escucha,
conozco a Ragüel y sé que estaría feliz de dejar protegida a su hija y ella
pudiera ser una hija amorosa para tu madre y consuelo en la vejez de tu padre
pues podrías darle a él descendencia”. 21 Tobyah contestó: “Paremos entonces en casa de Ragüel, pero en cuanto
a mi parienta, primero deberé conocerla”.
Tobyah y los mercaderes
22 Continuaron su camino y descansaron junto a unos mercaderes que se
dirigían al oriente. Tobyah se sentó a conversar con algunos de la caravana
preguntándoles por las costumbres del lugar. Ellos le dijeron todo lo que
conocían de las costumbres de Hagmatana y le relataron una extraña historia que
habían escuchado sobre una doncella llamada Sara, hija de Ragüel. 23 Ellos le dijeron a Tobyah: “Hemos escuchado decir que ella se ha
casado siete veces, y que todos sus maridos han muerto la noche misma de la boda,
apenas se acercaban a ella. Se dice también que es un demonio el que los
mataba. Se dice que ese espíritu maligno a ella no le hace ningún mal, porque
la ama, pero mata a todo el que intenta tener relaciones con ella”.
24 Alarmado se sintió Tobyah con aquel relato y le dijo entonces a
Rapha’el: “Estos hombres me han hablado de la maldición que persigue a Sara y
provoca la muerte de todos sus esposos. Yo soy hijo único, y si muero, mi padre
y mi madre bajarán a la tumba llenos de dolor por mi causa. Y ellos no tienen
otro hijo que les dé sepultura”.
Rapha’el aconseja a Tobyah
25 El divino mensajero de la Luz le dijo entonces: ¿No recuerdas que tu
padre te recomendó casarte con una mujer de tu familia? Escúchame bien,
hermano. No te preocupes de ese demonio y cásate con ella. Estoy seguro de que
esta noche te la darán por esposa. 26 Pero eso sí, cuando entres en la habitación, toma una parte del
hígado y del corazón del pez, y colócalos sobre el brasero de los perfumes
junto con la hiel. Entonces se extenderá el olor, y cuando el demonio lo huela,
huirá y nunca más aparecerá a su lado. 27 Antes de tener relaciones con ella, levántense primero los dos para
orar y supliquen al Dios del Universo que tenga misericordia de ustedes para
que los salve. No tengas miedo, porque ella está destinada para ti desde
siempre y eres tú el que debe salvarla. Ella te seguirá, y yo presiento que te
dará hijos que serán para ti como hermanos. No te preocupes”.

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