Elisha revela los planes del rey de Aram
1 Cada vez que el rey de Aram entraba en guerra
con Yisraeil, consultaba con sus funcionarios y les decía: “Movilizaremos
nuestras fuerzas en tal y tal lugar” 2 Sin embargo, de
inmediato Elisha, hombre de Dios, le advertía al rey de Yisraeil: “No te acerques
a ese lugar, porque allí los arameos piensan movilizar sus tropas”. 3 Entonces el rey de Yisraeil enviaba algunos
hombres al lugar que le había dicho el hombre de Dios. Varias veces Elisha le
advirtió al rey para que estuviera alerta en esos lugares.
4 El rey de Aram se alarmó
ante este hecho. Y muy disgustado llamó a sus oficiales y les dijo: “Es preciso
que me informen quién de los nuestros está de parte del rey de Yisraeil y le advierte
de nuestros planes”. 5 Pero uno de los oficiales le
respondió: “Ninguno, oh mi señor el rey; Elisha, el profeta de Yisraeil, es el
que comunica al rey de Yisraeil hasta las palabras que tú pronuncias aun incluso
en la intimidad de tu dormitorio”.
El rey de Aram envía hombres a capturar a Elisha
6 El rey dijo: “Vayan y averigüen dónde está, y
yo mandaré a capturarlo”. Le informaron que Elisha estaba en Dotán. 7 Así que una noche, el rey de Aram envió un
gran ejército con muchos caballos y carros de guerra para rodear la ciudad.
Elisha pide ayuda a Dios
8 A la mañana siguiente, el servidor del hombre
de Dios se levantó de madrugada y salió. Y al ver que las tropas rodeaban la
ciudad con caballos y carros de guerra, dijo a Elisha: “Ay, señor mío, ¿qué
vamos a hacer?” 9 “No temas, respondió él, porque los que están con
nosotros son más que los que están con ellos”.
10 Entonces Elisha oró
diciendo: “Te ruego, oh Yahvahé, que abras los ojos de este, mi servidor, para
que vea”. Yaho’el abrió los ojos del sirviente, y este pudo ver que el monte estaba lleno de gente de a
caballo y carros de fuego, alrededor de Elisha.
11 Cuando los arameos
descendían hacia él, Elisha oró, diciendo: “¡Por favor, Dios de la Vida has que
esta gente que viene contra mí se queden ciegos!” Y el ángel de la Luz los
encegueció, tal y como lo había pedido Elisha.
Elisha confunde a los arameos
12 Entonces Elisha se presentó ante
los arameos y les dijo: “Este no es el camino, ni ésta es la ciudad que buscan.
Síganme y yo los llevaré hacia donde está el hombre por quien ustedes vienen”. Elisha,
entonces les guió hasta Samaría.
13 Una vez que entraron en la
ciudad, Elisha dijo: “Ángel de la Luz, abre los ojos de esta gente para que
vean”. El ángel de la Luz les abrió los ojos, y vieron que estaban en medio de
Samaría. 14 Cuando el rey de Yisraeil los
vio, preguntó a Elisha: “¿Los mato, padre mío? ¿Los mato?”
15 Elisha le respondió: “De ninguna
manera. ¿Acaso matarías a todos los que tomas cautivos con tu espada y con tu
arco? Los prisioneros tomados en combate no deben matarse. Pon delante de ellos
pan y agua para que coman y beban, y envíalos de regreso a su territorio, con
su amo”.
16 El rey les hizo servir un
gran banquete; ellos comieron y bebieron, y después los dejó irse para que se
fueran con su señor. Luego de esto, las bandas de saqueadores arameas no
volvieron a incursionar en territorio de Yisraeil.
El rey Ben Hadadezer de Aram sitia a Samaria
17 Sin embargo, tiempo después de
esto, Ben Hadadezer, rey de Aram, reunió todo su ejército, y subió y sitió a
Samaria.
18 El sitio duró tanto tiempo
que provocó un hambre terrible en la ciudad, a tal grado que una cabeza de asno
llegó a costar ochenta siclos de plata, y unos puñados de estiércol de paloma,
cinco siclos de plata. 19 Una mujer, al ver
que el rey de Yisraeil pasaba cerca de la muralla, gritó: “Rey y señor mío,
¡sálvanos!” 19 Pero el rey le contestó: “Si Dios
no te salva, ¿cómo voy a poder salvarte yo? ¿Acaso hay trigo en los graneros, o
vino en los lagares?” 20 Luego le preguntó:
“¿Qué te pasa?” Ella respondió: “Esta mujer que está a mi lado me dijo: Trae a
tu hijo; lo comeremos hoy, y mañana nos comeremos al mío.
21 Entonces cocinamos a mi
hijo, y nos lo comimos. Al día siguiente yo le dije: “¡Ahora trae a tu hijo!
¡Vamos a comérnoslo!” ¡Pero ella lo ha escondido!
22 Cuando el rey oyó las palabras
de aquella mujer, se rasgó las vestiduras en señal de desesperación; y como
seguía caminando por la muralla, la gente pudo ver que debajo del manto real traía
puesto un cilicio.
23 Y el rey exclamó: “¡Que Dios
me castigue, y más aún, si no le corto hoy mismo la cabeza a Elisha!”
24 Elisha estaba sentado en su
casa, en compañía de los ancianos, cuando el rey envió a él un emisario a llamarlo.
Pero antes de que el emisario llegara, Elisha les dijo a los ancianos: “Ya este
hijo de asesino ha enviado a un hombre a cortarme la cabeza. Estén atentos, y cuando
llegue su emisario, cierren la puerta y no lo dejen entrar. ¡Ya escucharemos los
pasos de su amo viniendo tras de él!”
25 Aún estaba Elisha hablando con los ancianos
cuando llegó el emisario del rey y dijo: “Todo este mal nos viene de Adonai.
¿Qué más puedo esperar de él?”
26 Elisha dijo entonces: “Escuchen
la palabra de Yahvahé: Así habla Adonai: Mañana, a esta misma hora, se venderá
un balde de harina de la mejor calidad por un siclo, y dos baldes de cebada por
el mismo precio, en la Puerta de Samaría”.
27 Uno de los principales
ayudantes del rey respondió al varón de Dios: “¡Eso sería imposible aunque Dios
abriera las ventanas del cielo! Elisha replicó: “Verás lo que anuncio con tus
propios ojos, pero no comerás nada de
ello”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario