lunes, 6 de octubre de 2014

Eliyahu y Elisha 10


Elisha revela los planes del rey de Aram

1 Cada vez que el rey de Aram entraba en guerra con Yisraeil, consultaba con sus funcionarios y les decía: “Movilizaremos nuestras fuerzas en tal y tal lugar” 2 Sin embargo, de inmediato Elisha, hombre de Dios, le advertía al rey de Yisraeil: “No te acerques a ese lugar, porque allí los arameos piensan movilizar sus tropas”. 3 Entonces el rey de Yisraeil enviaba algunos hombres al lugar que le había dicho el hombre de Dios. Varias veces Elisha le advirtió al rey para que estuviera alerta en esos lugares.

4 El rey de Aram se alarmó ante este hecho. Y muy disgustado llamó a sus oficiales y les dijo: “Es preciso que me informen quién de los nuestros está de parte del rey de Yisraeil y le advierte de nuestros planes”. 5 Pero uno de los oficiales le respondió: “Ninguno, oh mi señor el rey; Elisha, el profeta de Yisraeil, es el que comunica al rey de Yisraeil hasta las palabras que tú pronuncias aun incluso en la intimidad de tu dormitorio”.

El rey de Aram envía hombres a capturar a Elisha

6 El rey dijo: “Vayan y averigüen dónde está, y yo mandaré a capturarlo”. Le informaron que Elisha estaba en Dotán. 7 Así que una noche, el rey de Aram envió un gran ejército con muchos caballos y carros de guerra para rodear la ciudad.

Elisha pide ayuda a Dios

8 A la mañana siguiente, el servidor del hombre de Dios se levantó de madrugada y salió. Y al ver que las tropas rodeaban la ciudad con caballos y carros de guerra, dijo a Elisha: “Ay, señor mío, ¿qué vamos a hacer?” 9 “No temas, respondió él, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos”.

10 Entonces Elisha oró diciendo: “Te ruego, oh Yahvahé, que abras los ojos de este, mi servidor, para que vea”. Yaho’el abrió los ojos del sirviente, y este pudo  ver que el monte estaba lleno de gente de a caballo y carros de fuego, alrededor de Elisha.

11 Cuando los arameos descendían hacia él, Elisha oró, diciendo: “¡Por favor, Dios de la Vida has que esta gente que viene contra mí se queden ciegos!” Y el ángel de la Luz los encegueció, tal y como lo había pedido Elisha.

Elisha confunde a los arameos

12 Entonces Elisha se presentó ante los arameos y les dijo: “Este no es el camino, ni ésta es la ciudad que buscan. Síganme y yo los llevaré hacia donde está el hombre por quien ustedes vienen”. Elisha, entonces les guió hasta Samaría.

13 Una vez que entraron en la ciudad, Elisha dijo: “Ángel de la Luz, abre los ojos de esta gente para que vean”. El ángel de la Luz les abrió los ojos, y vieron que estaban en medio de Samaría. 14 Cuando el rey de Yisraeil los vio, preguntó a Elisha: “¿Los mato, padre mío? ¿Los mato?”

15 Elisha le respondió: “De ninguna manera. ¿Acaso matarías a todos los que tomas cautivos con tu espada y con tu arco? Los prisioneros tomados en combate no deben matarse. Pon delante de ellos pan y agua para que coman y beban, y envíalos de regreso a su territorio, con su amo”.

16 El rey les hizo servir un gran banquete; ellos comieron y bebieron, y después los dejó irse para que se fueran con su señor. Luego de esto, las bandas de saqueadores arameas no volvieron a incursionar en territorio de Yisraeil.

El rey Ben Hadadezer de Aram sitia a Samaria

17 Sin embargo, tiempo después de esto, Ben Hadadezer, rey de Aram, reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria.

18 El sitio duró tanto tiempo que provocó un hambre terrible en la ciudad, a tal grado que una cabeza de asno llegó a costar ochenta siclos de plata, y unos puñados de estiércol de paloma, cinco siclos de plata. 19 Una mujer, al ver que el rey de Yisraeil pasaba cerca de la muralla, gritó: “Rey y señor mío, ¡sálvanos!” 19 Pero el rey le contestó: “Si Dios no te salva, ¿cómo voy a poder salvarte yo? ¿Acaso hay trigo en los graneros, o vino en los lagares?” 20 Luego le preguntó: “¿Qué te pasa?” Ella respondió: “Esta mujer que está a mi lado me dijo: Trae a tu hijo; lo comeremos hoy, y mañana nos comeremos al mío.

21 Entonces cocinamos a mi hijo, y nos lo comimos. Al día siguiente yo le dije: “¡Ahora trae a tu hijo! ¡Vamos a comérnoslo!” ¡Pero ella lo ha escondido!

22 Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, se rasgó las vestiduras en señal de desesperación; y como seguía caminando por la muralla, la gente pudo ver que debajo del manto real traía puesto un cilicio.

23 Y el rey exclamó: “¡Que Dios me castigue, y más aún, si no le corto hoy mismo la cabeza a Elisha!”

24 Elisha estaba sentado en su casa, en compañía de los ancianos, cuando el rey envió a él un emisario a llamarlo. Pero antes de que el emisario llegara, Elisha les dijo a los ancianos: “Ya este hijo de asesino ha enviado a un hombre a cortarme la cabeza. Estén atentos, y cuando llegue su emisario, cierren la puerta y no lo dejen entrar. ¡Ya escucharemos los pasos de su amo viniendo tras de él!”

25 Aún estaba Elisha hablando con los ancianos cuando llegó el emisario del rey y dijo: “Todo este mal nos viene de Adonai. ¿Qué más puedo esperar de él?”

26 Elisha dijo entonces: “Escuchen la palabra de Yahvahé: Así habla Adonai: Mañana, a esta misma hora, se venderá un balde de harina de la mejor calidad por un siclo, y dos baldes de cebada por el mismo precio, en la Puerta de Samaría”.


27 Uno de los principales ayudantes del rey respondió al varón de Dios: “¡Eso sería imposible aunque Dios abriera las ventanas del cielo! Elisha replicó: “Verás lo que anuncio con tus propios ojos, pero no  comerás nada de ello”.

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