Continuación
de la explicación de la parábola de la torre
1 Pregunté de nuevo a la señora: ‘Pero he
visto también otras piedras que son sacadas de la profundidad del mar, y
colocadas en el edificio y que encajan en sus junturas con las otras piedras
que ya estaban colocadas; éstos, ¿quiénes son?’
2 ‘Estos son los que han sufrido
persecuciones y padecido por el nombre del Señor’.
3 ‘Pero las otras piedras que son traídas
de tierra seca, me gustaría saber quiénes son éstos, señora’. Ella contestó: ‘Los
que entran en el edificio, y todavía no están labrados, a éstos el Señor ha
aprobado porque anduvieron en la rectitud del Señor y ejecutaron rectamente sus
mandamientos’.
4 Volví a preguntar: ‘Pero los que van
siendo traídos y colocados en el edificio, ¿quiénes son?’ ‘Son jóvenes en la
fe, y fieles; pero fueron advertidos por los ángeles que obren bien, porque en
ellos fue hallada maldad’.
5 Nuevamente pregunté: ‘Pero los que
fueron desechados y puestos a un lado, ¿quiénes son?’ Me respondió la señora: ‘Estos
han pecado, y desean arrepentirse, por tanto no son lanzados a gran distancia
de la torre, porque serán útiles para la edificación si se arrepienten. 6 Los que se arrepienten, pues, si lo
hacen, serán fuertes en la fe si se arrepienten ahora en tanto que se construye
la torre. Este privilegio lo tienen solamente los que se hallan cerca de la
torre.
Los
irredimibles: piedras desmenuzadas
7 Las piedras que viste que las hacían
pedazos y se lanzaban fuera, son los irredimibles. Ellos recibieron la Palabra
y mostraron una hipócrita fe, pero estaban cargados de vicios, de engaños y no
hay maldad que no se hallara en ellos y nunca se arrepintieron de su maldad. 8 Por tanto, no tienen salvación, porque
no son útiles para edificar, por razón de su maldad. Por ello son desmenuzados
y tirados y olvidados como si nunca hubieran existido.
9 En cuanto al resto de las piedras que
tú has visto echadas en gran número y que no entran en el edificio, de ellas,
las que son mohosas son las que conocieron la verdad, pero no permanecieron en
ella ni conservaron su fe. Por lo tanto, son inservibles hasta tanto no se
desprenda el moho de sus almas’.
10 ‘Pero las que están resquebrajadas,
¿quiénes son?’ ‘Estos son los que tienen discordia en su corazón el uno
respecto al otro, y no hay paz entre ellos; tienen una apariencia de paz, pero
cuando se separan el uno del otro, los malos pensamientos permanecen en sus
corazones. Éstas son las rajas que tienen las piedras. 11 Pero las que están cortadas y son más
pequeñas, éstos han creído, y tienen su mayor parte en justicia, pero hay en
ellos partes de iniquidad; por tanto, son demasiado pequeñas, y no son
perfectas; por tanto estas piedras, las resquebrajadas y las demasiado pequeñas
han de volverse a labrar y pulir y darle más grosor para que puedan ser de
nuevo empleadas’.
11 Pregunté nuevamente: ‘¿Quiénes son,
señora, las piedras blancas y redondas que no encajaron en el edificio?’
12 Ella me contestó: ‘¿Hasta cuándo vas a
seguir siendo necio y obtuso, y lo preguntarás todo, y no entenderás nada?
Éstos son los que tienen fe, pero también tienen las riquezas de este mundo y
la adoración por las riquezas y por el poder’.
13 Y yo volví a preguntarle: ‘¿Cuándo
serán, pues, útiles en el edificio?’
14 Ella me contestó: ‘Cuando comprendan
que los lujos, las ambiciones, el anhelo de poder, descarrían sus almas, cuando
emprendan nuevas vidas apartados de las riquezas y sigan los consejos de los
instruidos, entonces serán útiles a Dios. 15
Porque tal como la piedra redonda, a menos que sea cortada y pierda alguna
parte de sí misma, no puede ser cuadrada, así son los que convierten en ídolo
el afán de lucro, de riquezas y de poder, a menos que no sean labrados
nuevamente, no pueden ser útiles a la obra de Dios.
16 Aprende primero de ti mismo. Cuando en
tu alma se alojaba el afán por las riquezas y ardías en anhelos persiguiéndolas
no eras útil porque tu camino no era el camino hacia Dios; tu camino era el que
buscaste para encontrar las riquezas; pero ahora eres útil y provechoso para
vida. 17 Sé útil a Dios, porque tú mismo también
eres sacado de las mismas piedras.
18 Pero las otras piedras que viste
echadas lejos de la torre y que caen en el camino y van a parar fuera del
camino a las regiones en que no hay camino, éstos son los que han creído, pero
por causa de su razón deformada han abandonado el verdadero camino. 19 Son los que no aceptan otra verdad que
no sea la verdad que quieren creer. Deforman la fe y se alejan ellos y alejan a
otros del correcto camino. 20 De esta manera, ellos, pensando que
pueden hallar un camino mejor, se extravían y son gravemente afligidos, cuando
andan por las regiones en que no hay camino.
21 Pero los que caen en el fuego y son
quemados, éstos son los que finalmente se rebelaron contra el Dios vivo, y ya
no entró más en sus corazones el arrepentirse, por causa de sus deseos
atrevidos y de las maldades que han obrado.
Pero los otros, que caen cerca de las
aguas y, con todo, no pueden rodar al agua, ¿quieres saber cuáles son? Estos
son los que han oído la palabra y quisieran ser bautizados en el nombre del
Señor. Luego, cuando recapacitan sobre la pureza requerida por la verdad,
cambian de opinión y vuelven a sus malos deseos’.
Así terminó ella la explicación de la
torre. Siendo yo importuno todavía, le pregunté aún si para todas aquellas
piedras que fueron rechazadas y no encajaban en el edificio de la torre había
arrepentimiento y un lugar en esta torre.
Ella me respondió: ‘Pueden arrepentirse,
pero no pueden encajar en esta torre. Serán encajados en otro lugar mucho más
humilde, pero no hasta que hayan transcurridos por nuevos ciclos de vida y
hayan cumplido los días de sus pecados. Y serán sacados por esta razón, porque
participaron en la Palabra justa; y entonces serán aliviados de sus tormentos
si se arrepienten de los actos malos que han cometido; pero si éstos no les
llegan al interior de sus almas, no son salvos a causa de la dureza de sus
espíritus.

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