sábado, 18 de octubre de 2014

Libro del Buen Mensaje del Señor Yehshua (1)

Libro de Yojanán Apóstol


La Palabra hecha carne

1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ella estaba en el principio con Dios. 3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. 4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, 5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.

6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Yojanán. 7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. 8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

9 La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. 11 Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12 Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio poder de hacerse hijos de Dios. 13 Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.

14 Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, y hemos su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

15 Yojanán da testimonio de él y clama: “Este era del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”.

16 Pues de su plenitud todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: 17 porque la Ley fue dada por medio de Moshé, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Yehshua.

18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.

Testimonio de Yojanán el Bautista

19 Y este fue el testimonio de Yojanán, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?”

20 El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: “Yo no soy el Mashíaj”.

21 “¿Quién eres, entonces?”, le preguntaron: “¿Eres Eliyahu?” Yojanán dijo: “No”. “¿Eres el Profeta?” “Tampoco”, respondió.

22 Ellos insistieron: “¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”

23 Y él les dijo: “Yo soy una voz que se eleva en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaiah”.

24 Algunos de los enviados eran fariseos, 25 y volvieron a preguntarle: “¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mashíaj, ni Eliyahu, ni el Profeta?”  26 Juan respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”.

28 Todo esto sucedió en B'thanía, al otro lado del Jordán donde Yojanán bautizaba.

El cordero de Dios

29 Al día siguiente, Yojanán vio acercarse a Yehshua y dijo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. 31 Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel”.

32 Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. 33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo”. 34 Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”.

Los primeros discípulos


35 Al día siguiente, estaba Yojanán otra vez allí con dos de sus discípulos 36 y, mirando a Yehshua que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. 37 Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Yehshua. 38 Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué quieren?” Ellos le respondieron: “Rabbi – que traducido significa Maestro – ¿dónde vives?” 39 “Vengan y lo verán”, les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. 40 Uno de los dos que oyeron las palabras de Yojanán y siguieron a Yehshua era Andras, el hermano de Shimón  Kefa.

41 Al primero que encontró fue a su propio hermano Shimón, y le dijo “Hemos encontrado al Mashíaj”, que traducido significa Kristós, es decir el ungido. 42 Entonces lo llevó a donde estaba Yehshua. Yehshua lo miró y le dijo: “Tú eres Shimón, el hijo de Yojanán: tú te llamarás Kefa que traducido significa piedra.

Yehshua llama a Filíppos y a Netan’el

43 Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Filíppos y le dijo: “Sígueme”. 44 Filíppos era de Betseda, la ciudad de Andras y de Kefa.

45 Filíppos encontró a Netan’el y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moshé y en los Profetas. Es Yehshua, el hijo de Josef  de Natzeret”. 46 Netan’el le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Natzeret?” “Ven y verás”, le dijo Filíppos.

47 Al ver llegar a Netan’el, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”.

48 “¿De dónde me conoces?”, le preguntó Netan’el. Yehshua le respondió: “Yo te vi antes que Filíppos te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”. 49 Netan’el le respondió: “Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Mashíaj”.


50 Yehshua continuó: “Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees. Verás cosas más grandes todavía. 51 Y agregó: “De aquí en adelante verán el cielo abierto, y ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre”.

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