Los
creyentes en Yehshua crecían en Jerusalén
1 Muchas eran las señales y prodigios que
hacían los discípulos, aquellos que Yehshua había elegido como sus enviados, en
el pueblo. Todos acostumbraban reunirse con un mismo espíritu, bajo el pórtico
de Shalomom, 2 pero nadie de la muchedumbre se atrevía
a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque muchos hablaban de ellos con elogio.
3 Sin embargo mientras tanto y cada vez aumentaba
más el número de los que creían en Yehshua, tanto hombres como mujeres, 4 y hasta sacaban los enfermos a las
plazas y los colocaban en lechos y camillas, esperando que cuando pasara Kefa,
al menos su sombra cubriera a alguno de ellos, 5
porque alentaban la creencia de que en Kefa había un poder mágico en su sombra
para sanar a enfermos y posesos.
6 La multitud acudía también de las
ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus
impuros, y todos quedaban curados cuando Kefa o cualquiera de los apóstoles le
imponían las manos en el nombre de Yehshua.
Arresto
y liberación de Kefa y Yojanán
7 Intervino entonces Cayafás, Sumo
Sacerdote, con todos sus partidarios, los de la secta de los sadoqueos. Llenos
de envidia, 8 hicieron arrestar a Kefa y Yojanán
junto con otros de los apóstoles y los encerraron en los calabozos.
9 Pero un guardia de la prisión que era
seguidor en secreto de la Palabra, por la noche, abrió las puertas de los
calabozos, permitiéndoles salir. Ellos no vieron su rostro y el guardia
rápidamente se apartó de ellos. 10 Entonces Kefa dijo: “Esta es señal que
nos ha dado el Señor; quizá este hombre sea un bendito ángel; por tanto
presentémonos en el Templo y anunciemos al pueblo todo lo que se refiere a esta
nueva Vida”.
11 Así lo hicieron, entraron al Templo en
las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el
Sumo Sacerdote Cayafás y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el
Senado del pueblo de Yisraeil, y mandaron a buscar a los apóstoles.
12 Cuando llegaron los guardias a la
prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: 13 “Hemos hallado la cárcel cuidadosamente
cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas; pero cuando abrimos
los calabozos, no encontramos a nadie dentro”.
14 Al escuchar esto, tanto el jefe de la
guardia del Templo como los sumos sacerdotes quedaron perplejos sin poder
entender lo que había sucedido. 15 En ese momento llegó uno, diciendo:
“Miren, los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y explican sus
enseñanzas al pueblo”.
16 El jefe de la guardia salió con sus
hombres y trajeron a los apóstoles, pero sin usar violencia, porque temieron
ser apedreados por la gente que admiraba a los apóstoles.
17 Trajeron a los apóstoles y les
presentaron en el Sanedrín. Cayafás les recriminó reclamándoles: 18 “Nosotros les habíamos prohibido
expresamente predicar en ese nombre de Yehshua, y ustedes han llenado Jerusalén
con su doctrina ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese
hombre!”
Obedecer
a Dios antes que a los hombres
19 Kefa a nombre de los apóstoles le
contestó: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. 20 El Dios de nuestros padres ha
resucitado a Yehshua a quien ustedes dieron muerte clavándole a una cruz. 21 A él, Dios lo exaltó con su poder,
haciéndolo Supremo y Salvador, a fin de conceder a Yisraeil la conversión y el
perdón de los pecados. 22 Nosotros somos testigos de estas cosas,
nosotros y el Paráclito, inspiración divina, que ha dado Dios a los que le
obedecen”.
23 Cuando los miembros del Sanedrín
escucharon lo que Kefa acababa de decir, se enfurecieron y querían matar a los
apóstoles.
Gamaliel
habla a favor de los apóstoles
24 Entonces un fariseo llamado Gamaliel,
doctor de la ley, que gozaba de gran prestigio entre el pueblo, se levantó en
el Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles, 25 dijo a los del Sanedrín: “Israelitas,
cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres. 26 Recuerden que en tiempos de Herodes
apareció ese de nombre Teudas que se creyó un gran personaje; el reunió a su
alrededor unos cuatrocientos hombres; sin embargo le mataron y todos los que le
seguían se disgregaron y ya de ellos nada queda. 27 Después de él, en la época del censo,
apareció Yehudah el galileo, que también arrastró mucha gente: igualmente
murió, y todos sus partidarios se dispersaron. 28 Por
eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si
lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo y
no perdurará, 29 pero si verdaderamente viene de Dios,
ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha
contra Dios”. Los del Sanedrín siguieron su consejo: 30 llamaron a los Apóstoles, y después de
hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Yehshua y los soltaron.
31 Los Apóstoles, por su parte, salieron
del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el
nombre de Yehshua. 32 Recordaron después lo que antes les
había anunciado Yehshua cuando les dijo: “¡Cuídense ustedes! Porque la gente
los entregará y los llevará a juicio. Los golpearán en las sinagogas y los
llevarán ante jueces y gobernantes”.
33 Pero entonces, con más ahínco, todos
los días enseñaban y anunciaban el mensaje de Yehshua, el Kristo, tanto en el
atrio del Templo como en las casas y en las sinagogas.


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