viernes, 10 de octubre de 2014

El Camino de los Apóstoles 4


Los creyentes en Yehshua crecían en Jerusalén

1 Muchas eran las señales y prodigios que hacían los discípulos, aquellos que Yehshua había elegido como sus enviados, en el pueblo. Todos acostumbraban reunirse con un mismo espíritu, bajo el pórtico de Shalomom, 2 pero nadie de la muchedumbre se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque muchos hablaban de ellos con elogio.

3 Sin embargo mientras tanto y cada vez aumentaba más el número de los que creían en Yehshua, tanto hombres como mujeres, 4 y hasta sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, esperando que cuando pasara Kefa, al menos su sombra cubriera a alguno de ellos, 5 porque alentaban la creencia de que en Kefa había un poder mágico en su sombra para sanar a enfermos y posesos.

6 La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados cuando Kefa o cualquiera de los apóstoles le imponían las manos en el nombre de Yehshua.

Arresto y liberación de Kefa y Yojanán

7 Intervino entonces Cayafás, Sumo Sacerdote, con todos sus partidarios, los de la secta de los sadoqueos. Llenos de envidia, 8 hicieron arrestar a Kefa y Yojanán junto con otros de los apóstoles y los encerraron en los calabozos.

9 Pero un guardia de la prisión que era seguidor en secreto de la Palabra, por la noche, abrió las puertas de los calabozos, permitiéndoles salir. Ellos no vieron su rostro y el guardia rápidamente se apartó de ellos. 10 Entonces Kefa dijo: “Esta es señal que nos ha dado el Señor; quizá este hombre sea un bendito ángel; por tanto presentémonos en el Templo y anunciemos al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida”.

11 Así lo hicieron, entraron al Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote Cayafás y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Yisraeil, y mandaron a buscar a los apóstoles.

12 Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: 13 “Hemos hallado la cárcel cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas; pero cuando abrimos los calabozos, no encontramos a nadie dentro”.

14 Al escuchar esto, tanto el jefe de la guardia del Templo como los sumos sacerdotes quedaron perplejos sin poder entender lo que había sucedido. 15 En ese momento llegó uno, diciendo: “Miren, los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y explican sus enseñanzas al pueblo”.

16 El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los apóstoles, pero sin usar violencia, porque temieron ser apedreados por la gente que admiraba a los apóstoles.

17 Trajeron a los apóstoles y les presentaron en el Sanedrín. Cayafás les recriminó reclamándoles: 18 “Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese nombre de Yehshua, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!”

Obedecer a Dios antes que a los hombres

19 Kefa a nombre de los apóstoles le contestó: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. 20 El Dios de nuestros padres ha resucitado a Yehshua a quien ustedes dieron muerte clavándole a una cruz. 21 A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Supremo y Salvador, a fin de conceder a Yisraeil la conversión y el perdón de los pecados. 22 Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Paráclito, inspiración divina, que ha dado Dios a los que le obedecen”.

23 Cuando los miembros del Sanedrín escucharon lo que Kefa acababa de decir, se enfurecieron y querían matar a los apóstoles.

Gamaliel habla a favor de los apóstoles


24 Entonces un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, que gozaba de gran prestigio entre el pueblo, se levantó en el Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles, 25 dijo a los del Sanedrín: “Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres. 26 Recuerden que en tiempos de Herodes apareció ese de nombre Teudas que se creyó un gran personaje; el reunió a su alrededor unos cuatrocientos hombres; sin embargo le mataron y todos los que le seguían se disgregaron y ya de ellos nada queda. 27 Después de él, en la época del censo, apareció Yehudah el galileo, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron. 28 Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo y no perdurará, 29 pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios”. Los del Sanedrín siguieron su consejo: 30 llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Yehshua y los soltaron.

31 Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Yehshua. 32 Recordaron después lo que antes les había anunciado Yehshua cuando les dijo: “¡Cuídense ustedes! Porque la gente los entregará y los llevará a juicio. Los golpearán en las sinagogas y los llevarán  ante jueces y gobernantes”.


33 Pero entonces, con más ahínco, todos los días enseñaban y anunciaban el mensaje de Yehshua, el Kristo, tanto en el atrio del Templo como en las casas y en las sinagogas.

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