jueves, 16 de octubre de 2014

JOB (13 y 14)


Job se siente angustiado frente los reclamos de sus amigos que continúan culpándole de pecado. Entonces, les contesta empleando un lenguaje sarcástico en respuesta a las palabras hirientes de Sofar y les pide que se callen y que le dejen solo. Es solo con Dios que quiere hablar. Job ha perdido la esperanza sobre la vida.

Y le implora a Dios reclamándole que le dé a conocer cuáles son sus faltas. Su fe no se ha debilitado, y cree que puede recurrir a la Suprema Inteligencia para recibir una respuesta.

Job sufre porque no alcanza a discernir cuál su pecado ha sido; y sufre porque se considera inocente, pero no acepta en modo alguno los ataques despiadados de sus amigos que se fundan en las tradiciones y en el concepto del Dios vengativo.

Capítulo 13

Continúa la respuesta de Job a sus amigos

1 Sí, todo esto lo vi con mis propios ojos, lo escuché con mis oídos y lo entendí. 2 Lo que ustedes saben, lo sé yo también: no estoy por debajo de ustedes. 3 Pero yo quiero hablarle al Todopoderoso, mi deseo es discutir con Dios.

4 ¡Ustedes lo encubren todo con sus mentiras, médicos inútiles son todos ustedes! 5 ¡Si se callaran de una vez, darían una prueba de sabiduría! 6 Escuchen, entonces, mi defensa; presten atención a mi querella.

7 ¿Es por Dios que ustedes hablan falsamente y para favorecerlo apelan al engaño? 8 ¿Se muestran parciales en atención a él y pretenden ser los abogados de Dios? 9 ¿Eso los beneficiará cuando él los examine? ¿Jugarán con él como se juega con un hombre? 10 No, él será el primero en acusarlos si toman partido solapadamente. 11 ¿Acaso no los espantará su majestad, y su terror no se abatirá sobre ustedes?

12 Las que ustedes alegan son sentencias de ceniza, sus respuestas son de barro. 13 Dejen de hablarme, soy yo el que hablaré, ¡no importa lo que me pueda pasar! 14 Arriesgaré el todo por el todo y pondré en peligro mi vida. 15 ¡Que él me mate! Ya no tengo esperanza, sólo quiero defender mi conducta ante él. 16 Y esto mismo será un triunfo para mí, porque ningún impío puede comparecer ante él.

17 Oigan, oigan bien mis palabras, que mis declaraciones lleguen a sus oídos. 18 Estoy preparado para el juicio, yo sé que la razón estará de mi parte. 19 ¿Hay alguien que me pueda incriminar? Entonces aceptaría quedarme callado y expirar.

Requisitoria de Job a Dios       

20 Concédeme dos cosas solamente, y así no me ocultaré de tu presencia: 21 aparta de mí la palma de tu mano y que tu terror no me atemorice. 22 Luego llámame, y yo te responderé, o hablaré yo, y tú me responderás. 23 ¿Cuántas son mis culpas y mis pecados? Dame a conocer mi rebeldía y mi pecado. 24 ¿Por qué ocultas tu rostro y me consideras tu enemigo? 25 ¿Quieres atemorizar a una hoja llevada por el viento? ¿Vas a perseguir a una paja reseca?

26 ¡Tú que dictas contra mí sentencias amargas y me imputas las culpas de mi juventud, 27 tú que pones mis pies en el cepo, tú que vigilas todos mis senderos y cercas las plantas de mis pies! 28 Así este hombre se deshace como madera carcomida, como ropa devorada por la polilla.

Capítulo 14

1 El hombre, nacido de mujer, tiene una vida breve y cargada de tormentos: 2 como una flor, brota y se marchita; huye sin detenerse, como una sombra. 3 ¡Y sobre alguien así tú abres los ojos, lo enfrentas contigo en un juicio! 4 Pero ¿quién sacará lo puro de lo impuro? Nadie, ciertamente.

5 Ya que sus días están determinados y tú conoces el número de sus meses, ya que le has puesto un límite infranqueable, 6 ¡aparta de él tu mirada y déjalo solo, para que disfrute de su jornada como un asalariado!

7 Para el árbol hay una esperanza: si es cortado, aún puede reverdecer y no dejará de tener retoños. 8 Aunque su raíz haya envejecido en el suelo y su tronco esté muerto en el polvo, 9 apenas siente el agua, produce nuevos brotes y echa ramas, como una planta joven. 10 Pero el hombre, cuando muere, queda inerte; el mortal que expira, ¿dónde está?

11 El agua del mar se evapora, un río se agota y se seca: 12 así el hombre se acuesta y no se levanta; desaparecerán los cielos, antes que él se despierte, antes que se alce de su sueño.

13 ¡Ah, si tú me ocultaras en el Abismo, si me escondieras hasta que pase tu enojo y me fijaras un plazo para acordarte de mí!

14  Un hombre, una vez muerto, ¿podrá revivir?  Entonces yo esperaría, todos los días de mi servicio, hasta que llegue mi relevo: 15 tú llamarías, y yo te respondería, ansiarías ver la obra de tus manos. 16 En lugar de contar mi pasos, como ahora, no te cuidarías más de mis pecados; 17 dentro de un saco se sellaría mi delito, y blanquearías mi falta.

18 Pero la montaña cae y se desmorona, la roca es removida de su sitio; 19 las aguas desgastan las piedras, al polvo de la tierra se lo lleva el aguacero: ¡así tú destruyes la esperanza del mortal!

20 Lo abates para siempre, y él se va, desfiguras su rostro y lo despides.

21 Se honra a sus hijos, pero él no lo sabe; si son envilecidos, él no se da cuenta.


22 ¡Sólo en carne propia siente el sufrimiento, sólo por sí mismo está de duelo!

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