Job
se siente angustiado frente los reclamos de sus amigos que continúan culpándole
de pecado. Entonces, les contesta empleando un lenguaje sarcástico en respuesta
a las palabras hirientes de Sofar y les pide que se callen y que le dejen solo.
Es solo con Dios que quiere hablar. Job ha perdido la esperanza sobre la vida.
Y
le implora a Dios reclamándole que le dé a conocer cuáles son sus faltas. Su fe
no se ha debilitado, y cree que puede recurrir a la Suprema Inteligencia para
recibir una respuesta.
Job
sufre porque no alcanza a discernir cuál su pecado ha sido; y sufre porque se
considera inocente, pero no acepta en modo alguno los ataques despiadados de
sus amigos que se fundan en las tradiciones y en el concepto del Dios
vengativo.
Capítulo 13
Continúa
la respuesta de Job a sus amigos
1 Sí, todo esto lo vi con mis propios
ojos, lo escuché con mis oídos y lo entendí. 2 Lo
que ustedes saben, lo sé yo también: no estoy por debajo de ustedes. 3 Pero yo quiero hablarle al
Todopoderoso, mi deseo es discutir con Dios.
4 ¡Ustedes lo encubren todo con sus
mentiras, médicos inútiles son todos ustedes! 5 ¡Si
se callaran de una vez, darían una prueba de sabiduría! 6 Escuchen, entonces, mi defensa; presten
atención a mi querella.
7 ¿Es por Dios que ustedes hablan falsamente
y para favorecerlo apelan al engaño? 8 ¿Se
muestran parciales en atención a él y pretenden ser los abogados de Dios? 9 ¿Eso los beneficiará cuando él los
examine? ¿Jugarán con él como se juega con un hombre? 10 No, él será el primero en acusarlos si
toman partido solapadamente. 11 ¿Acaso no los espantará su majestad, y
su terror no se abatirá sobre ustedes?
12 Las que ustedes alegan son sentencias
de ceniza, sus respuestas son de barro. 13
Dejen de hablarme, soy yo el que hablaré, ¡no importa lo que me pueda pasar! 14 Arriesgaré el todo por el todo y pondré
en peligro mi vida. 15 ¡Que él me mate! Ya no tengo esperanza,
sólo quiero defender mi conducta ante él. 16 Y
esto mismo será un triunfo para mí, porque ningún impío puede comparecer ante
él.
17 Oigan, oigan bien mis palabras, que mis
declaraciones lleguen a sus oídos. 18
Estoy preparado para el juicio, yo sé que la razón estará de mi parte. 19 ¿Hay alguien que me pueda incriminar?
Entonces aceptaría quedarme callado y expirar.
Requisitoria
de Job a Dios
20 Concédeme dos cosas solamente, y así no
me ocultaré de tu presencia: 21 aparta de mí la palma de tu mano y que
tu terror no me atemorice. 22 Luego llámame, y yo te responderé, o hablaré
yo, y tú me responderás. 23 ¿Cuántas son mis culpas y mis pecados?
Dame a conocer mi rebeldía y mi pecado. 24
¿Por qué ocultas tu rostro y me consideras tu enemigo? 25 ¿Quieres atemorizar a una hoja llevada
por el viento? ¿Vas a perseguir a una paja reseca?
26 ¡Tú que dictas contra mí sentencias
amargas y me imputas las culpas de mi juventud, 27 tú
que pones mis pies en el cepo, tú que vigilas todos mis senderos y cercas las
plantas de mis pies! 28 Así este hombre se deshace como madera
carcomida, como ropa devorada por la polilla.
Capítulo 14
1 El hombre, nacido de mujer, tiene una
vida breve y cargada de tormentos: 2
como una flor, brota y se marchita; huye sin detenerse, como una sombra. 3 ¡Y sobre alguien así tú abres los ojos,
lo enfrentas contigo en un juicio! 4
Pero ¿quién sacará lo puro de lo impuro? Nadie, ciertamente.
5 Ya que sus días están determinados y tú
conoces el número de sus meses, ya que le has puesto un límite infranqueable, 6
¡aparta de él tu mirada y déjalo solo, para que disfrute de su jornada como un
asalariado!
7 Para el árbol hay una esperanza: si es
cortado, aún puede reverdecer y no dejará de tener retoños. 8 Aunque su raíz haya envejecido en el
suelo y su tronco esté muerto en el polvo, 9
apenas siente el agua, produce nuevos brotes y echa ramas, como una planta
joven. 10 Pero el hombre, cuando muere, queda
inerte; el mortal que expira, ¿dónde está?
11 El agua del mar se evapora, un río se
agota y se seca: 12 así el hombre se acuesta y no se
levanta; desaparecerán los cielos, antes que él se despierte, antes que se alce
de su sueño.
13 ¡Ah, si tú me ocultaras en el Abismo,
si me escondieras hasta que pase tu enojo y me fijaras un plazo para acordarte
de mí!
14 Un hombre, una vez muerto, ¿podrá revivir? Entonces yo esperaría, todos los días de mi
servicio, hasta que llegue mi relevo: 15 tú
llamarías, y yo te respondería, ansiarías ver la obra de tus manos. 16 En lugar de contar mi pasos, como
ahora, no te cuidarías más de mis pecados; 17 dentro
de un saco se sellaría mi delito, y blanquearías mi falta.
18 Pero la montaña cae y se desmorona, la
roca es removida de su sitio; 19 las aguas desgastan las piedras, al
polvo de la tierra se lo lleva el aguacero: ¡así tú destruyes la esperanza del
mortal!
20 Lo abates para siempre, y él se va,
desfiguras su rostro y lo despides.
21 Se honra a sus hijos, pero él no lo
sabe; si son envilecidos, él no se da cuenta.
22 ¡Sólo en carne propia siente el
sufrimiento, sólo por sí mismo está de duelo!

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