Predicación
de Filíppos
1 Los que después de la muerte de Estéfano
se habían dispersado por la persecución que desataron los fariseos iban por
todas partes anunciando la Palabra. 2 Filíppos
descendió a la ciudad de Samaria y allí predicaba a en el nombre de Yehshua, el
Kristo.
3 Al oírlo y al ver las señales que hacía
sanando a muchos, todos recibían unánimemente las palabras de
Filíppos. 4 Porque los espíritus impuros, dando
grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de
paralíticos y lisiados quedaron curados.
5 Y fue grande la alegría de aquella ciudad
tan despreciada por los judíos.
6 Allí en Samaria vivía uno llamado Shimón,
que con trucos engañaba a la gente realizando actos que presentaba como mágicos
y se las daba de gran importancia. 7 Desde
los más pequeños hasta los mayores creían en los trucos de Shimón y le
aceptaban respetuosamente porque ellos decían: “Este hombre tiene la fuerza de
Dios en sus actos”. 9
Y lo seguían, porque desde
hacía tiempo los tenía seducidos con sus artes de prestidigitador.
10 Cuando Filíppos inició su predicación,
realizando señales del poder milagroso del Hijo de Dios, casi todos los hombres
y las mujeres de la ciudad recibieron el bautizo. 11 Hasta Shimón creyó en la Palabra y aceptó
ser bautizado, y seguía siempre a Filíppos. Shimón veía los prodigios que el
apóstol realizaba entre el pueblo y no salía de su asombro, porque no podía ver
ningún tipo de prestidigitación en las obras de Filíppos.
12 Cuando los apóstoles que estaban en
Jerusalén supieron que los samaritanos recibían con entusiasmo las enseñanzas
de Yehshua, el Kristo, que predicaba Filíppos, decidieron enviar a Samaria a
Kefa y a Yojanán.
13 Cuando ellos llegaron, oraron para que el
Señor enviara la luz del Paráclito sobre los conversos de Samaria; 14 porque solamente estaban bautizados con
agua en el nombre de Yehshua, el Señor. 15
Entonces comenzaron a imponer las manos sobre ellos por la virtud que el Señor
les había concedido para impartir la luz del Paráclito.
Shimón
quiere comprar el don del Paráclito
16 Cuando Shimón vio la transformación que
se experimentaba en el rostro de aquellos que recibían la Luz, quiso ofrecerles
dinero a los apóstoles. 17 Y les dijo: “Muéstrenme como realizan
ustedes este prodigio que transforma a la gente, para que yo pueda hacer lo
mismo”.
18 Kefa le contestó severamente: “Guarda tu
sucio dinero y que perezca con tu maldad; ¿cómo puedes pensar que los dones que
Dios concede se pueden comprar con dinero? 19 Tú no
tendrás ni parte ni suerte en este regalo del Padre, porque tu conciencia no es
recta a la Luz que viene del Padre. 20
Arrepiéntete de esta pretensión inicua que tienes y ruega a Dios, quizá perdone
la maldad que en ti se anida; porque la hiel te amarga y eres prisionero de tu
vileza”.
21 Asustado, Shimón le respondió a Kefa:
“Rueguen ustedes a Yah por mí, para que me conceda su perdón y que el mal que
me anuncias no caiga sobre mí”.
22 Kefa y Yojanán de regreso a Jerusalén
pasaron algunos días predicando la Palabra en muchas aldeas samaritanas.
Filíppos
y el etíope
28 Gavri’el, mensajero de la Luz se presentó
a Filíppos en sueños y le dijo: “Filíppos, levántate y ve hacia el sur, por el
camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto”. 29 De inmediato Filíppos se puso en marcha.
Cuando caminaba por el polvoriento camino, un eunuco etíope que ocupaba el
cargo de tesorero de la reina Amanitere Kentakes, regresaba de su peregrinación
a Jerusalén para dirigirse a la ciudad real de Meroe. 30 Iba el etíope sentado en su carro leyendo
al profeta Ieshaiá.
31 Filíppos sintió una inspiración como si
el divino Gavri’el le hablara diciéndole: “Acércate y júntate a ese carruaje”. 32 Cuando se acercó al carruaje, Filíppos
escuchó que el etíope leía en voz alta a Ieshaiá. 33 Entonces le preguntó: ¿Comprendes lo que
estás leyendo?
34 El etíope le dijo: “¿Y cómo podré, si
alguno no me enseñare?” Y rogó a Filíppos que subiese y se sentara con él.
35 El pasaje de Ieshaiá que estaba leyendo
era este: Como oveja a la muerte fue
llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su
boca. En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su
descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?
36 El eunuco le preguntó: “Te ruego que me
digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?”
37 Filíppos tomando el pasaje que leía el
etíope le explicó que el profeta se refería al Mashíaj, hijo de Dios, el
Kristo, que se llamaría Yehshua y que para el perdón de muchos había muerto en
la cruz. Luego le habló del Buen Mensaje del Señor; 39 y era tan elocuente que el etíope, al
llegar a un lugar donde había agua, le dijo: “Aquí hay agua; ¿qué impide que yo
sea bautizado?” Filíppos dijo: “Si crees de todo corazón, bien puedes”. El
etíope le respondió, dijo: “Si, creo que el bienaventurado Yehshua, es el Hijo
de Dios”. 40
Ordenó que detuvieran el
carruaje y los dos descendieron hasta el agua donde Filíppos lo bautizó.
41 Después de esto se separaron, Filíppos se
dirigió a la ciudad de Azoto y el etíope continuó su camino hacia Meroe, donde
comenzó a predicar la Palabra. Desde Azoto, Filíppos se dirigió a Cesárea y por
todos los pueblo y aldeas de Samaria iba anunciando el Buen Mensaje de Yehshua,
el Señor.

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