miércoles, 1 de octubre de 2014

El Camino de los Apóstoles 3


1 Estando ellos hablándoles a la multitud, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los sadoqueos, 2 molestos porque ellos le predicaban al pueblo, y enseñaban por la palabra de Yehshua sobre la resurrección de entre los muertos. 3 Y les echaron mano, y los llevaron a un calabozo hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero muchos de los que habían oído la prédica de los dos discípulos de Yehshua, creyeron.

Kefa y Yojanán ante el Sanedrín

5 Al siguiente día, se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, 6 y el sumo sacerdote Anás, y Cayafás y Yojanán y Alexander, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7 llevaron a Kefa y Yojanán ante el Sanedrín, y les preguntaron: “Dígannos ¿Con qué potestad, o en nombre de quién, se atrevieron ustedes a predicar en el Templo y a hacer sanaciones?”

8 Entonces Kefa, iluminado en su interior por la luz del Paráclito, les dijo: “Jefes, y ancianos de Yisraeil: 9 Ya que hoy nos cuestionan acerca del bien que le  hicimos a un hombre enfermo, y se preguntan de qué manera éste hombre que estaba tullido ahora ha  sanado, 10 sepan  todos ustedes, y  todo el pueblo de Yisraeil, que fue por el nombre de Yehshua de Natzeret, el Mashíaj, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de los muertos, este hombre está sano frente a ustedes.

11 Tengan por seguro que Yehshua es la piedra rechazada por ustedes los edificadores, y se ha convertido en piedra angular. 12 Y en ningún otro se puede encontrar la salvación; porque no hay otro nombre sobre la tierra, dado a los hombres, en que podamos alcanzar la salvación”.

13 Viendo la valentía de Kefa y Yojanán, y sabiendo que eran hombres sin instrucción ni cultura, porque eran sencillos pescadores y no habían hecho los estudios que hacen los escribas, estaban maravillados. Reconocían, por una parte, que habían estado como discípulos de Yehshua; 14 y al mismo tiempo veían de pie, junto a ellos, al hombre que había sido curado; de modo que no podían replicar.

15 Entonces les ordenaron que saliesen del Sanedrín; y comenzaron a deliberar entre ellos 16 y dijo Anás: “¿Qué vamos a hacer con estos dos? Porque es evidente para todos los habitantes de Jerusalén, que ellos han realizado una señal manifiesta, y no podemos negarlo. 17 Pero a fin de que esto no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que ya no continúen hablando a más nadie en el nombre del crucificado”.

Reclamo de Kefa

18 Les llamaron y les mandaron que de ninguna manera hablasen o enseñasen en el nombre de Yehshua. 19 Mas Kefa y Yojanán respondieron diciéndoles: “Juzguen si es justo delante de Dios obedecerles a ustedes más que a Dios; 20 porque no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído, y testigos somos de que Yehshua, después de haber sufrido la muerte, se elevó de entre los muertos”.

21 Ellos, después de haberles amenazado de nuevo, les soltaron, no hallando manera de castigarles, a causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que había ocurrido, 22 pues el hombre sobre quien se había realizado una curación prodigiosa, tenía más de cuarenta años.

23 Ya libres, fueron  a donde estaban los hermanos y les contaron todo lo que los sumos sacerdotes y los ancianos les habían dicho.

Los hermanos dan gracias

24 Al oírlo, todos a una elevaron su voz a Dios y dijeron: “Padre Divino, tú eres el Dios que formaste el universo  y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; 25 tú que has dicho por boca de David, tu siervo, inspirado por tu Luz: “¿A qué esta agitación de las naciones, estos vanos proyectos de los pueblos? 26 Se han presentado los reyes de la tierra, las castas de sacerdotes, y los magistrados se han aliado contra el Señor y contra su Ungido, Yehshua.

27 Porque verdaderamente en esta ciudad se han aliado  Herodes y Poncio Pilato con las naciones y muchos de Yisraeil contra tu santo hijo Yehshua, a quien has ungido, 28 para realizar cuanto tu poder y tu sabiduría habían predeterminado lo que sucediera. 29 Y ahora, Padre del Universo, ten en cuenta sus amenazas, y concede a tus creyentes que con valentía prediquen tu palabra, 30 extendiendo tu mano para realizar curaciones, señales y prodigios por el nombre de tu Santo Hijo Yehshua”. 

31 Cuando terminaron su oración, el lugar en que estaban congregados vibró; y todos fueron iluminados por la luz del Paráclito, y pronunciaban con entusiasmo la palabra de Dios.

32 Y la multitud de los creyentes estaban unidos en sentimientos y alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos. 33 Los discípulos escogidos por Yehshua daban testimonio con gran poder de su resurrección. Y gozaban todos de gran simpatía.


34 Entonces Joseph, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, 35 como tenía una hacienda, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.

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