1 Estando ellos hablándoles a la
multitud, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del
templo, y los sadoqueos, 2 molestos porque ellos le predicaban al
pueblo, y enseñaban por la palabra de Yehshua sobre la resurrección de entre
los muertos. 3 Y les echaron mano, y los llevaron a un
calabozo hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero muchos de los que habían oído la
prédica de los dos discípulos de Yehshua, creyeron.
Kefa
y Yojanán ante el Sanedrín
5 Al siguiente día, se reunieron en
Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, 6 y el sumo sacerdote Anás, y Cayafás y
Yojanán y Alexander, y todos los que eran de la familia de los sumos
sacerdotes; 7 llevaron a Kefa y Yojanán ante el
Sanedrín, y les preguntaron: “Dígannos ¿Con qué potestad, o en nombre de quién,
se atrevieron ustedes a predicar en el Templo y a hacer sanaciones?”
8 Entonces Kefa, iluminado en su interior
por la luz del Paráclito, les dijo: “Jefes, y ancianos de Yisraeil: 9 Ya que hoy nos cuestionan acerca del
bien que le hicimos a un hombre enfermo,
y se preguntan de qué manera éste hombre que estaba tullido ahora ha sanado, 10
sepan todos ustedes, y todo el pueblo de Yisraeil, que fue por el
nombre de Yehshua de Natzeret, el Mashíaj, a quien ustedes crucificaron y a
quien Dios resucitó de los muertos, este hombre está sano frente a ustedes.
11 Tengan por seguro que Yehshua es la
piedra rechazada por ustedes los edificadores, y se ha convertido en piedra
angular. 12 Y en ningún otro se puede encontrar la
salvación; porque no hay otro nombre sobre la tierra, dado a los hombres, en
que podamos alcanzar la salvación”.
13 Viendo la valentía de Kefa y Yojanán, y
sabiendo que eran hombres sin instrucción ni cultura, porque eran sencillos
pescadores y no habían hecho los estudios que hacen los escribas, estaban
maravillados. Reconocían, por una parte, que habían estado como discípulos de
Yehshua; 14 y al mismo tiempo veían de pie, junto a
ellos, al hombre que había sido curado; de modo que no podían replicar.
15 Entonces les ordenaron que saliesen del
Sanedrín; y comenzaron a deliberar entre ellos 16 y
dijo Anás: “¿Qué vamos a hacer con estos dos? Porque es evidente para todos los
habitantes de Jerusalén, que ellos han realizado una señal manifiesta, y no
podemos negarlo. 17 Pero a fin de que esto no se divulgue
más entre el pueblo, amenacémosles para que ya no continúen hablando a más
nadie en el nombre del crucificado”.
Reclamo
de Kefa
18 Les llamaron y les mandaron que de
ninguna manera hablasen o enseñasen en el nombre de Yehshua. 19 Mas Kefa y Yojanán respondieron
diciéndoles: “Juzguen si es justo delante de Dios obedecerles a ustedes más que
a Dios; 20 porque no podemos dejar de hablar de lo
que hemos visto y oído, y testigos somos de que Yehshua, después de haber
sufrido la muerte, se elevó de entre los muertos”.
21 Ellos, después de haberles amenazado de
nuevo, les soltaron, no hallando manera de castigarles, a causa del pueblo,
porque todos glorificaban a Dios por lo que había ocurrido, 22 pues el hombre sobre quien se había
realizado una curación prodigiosa, tenía más de cuarenta años.
23 Ya libres, fueron a donde estaban los hermanos y les contaron
todo lo que los sumos sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
Los
hermanos dan gracias
24 Al oírlo, todos a una elevaron su voz a
Dios y dijeron: “Padre Divino, tú eres el Dios que formaste el universo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos
hay; 25 tú que has dicho por boca de David, tu
siervo, inspirado por tu Luz: “¿A qué esta agitación de las naciones, estos
vanos proyectos de los pueblos? 26
Se han presentado los reyes
de la tierra, las castas de sacerdotes, y los magistrados se han aliado contra
el Señor y contra su Ungido, Yehshua.
27 Porque verdaderamente en esta ciudad se
han aliado Herodes y Poncio Pilato con
las naciones y muchos de Yisraeil contra tu santo hijo Yehshua, a quien has
ungido, 28 para realizar cuanto tu poder y tu
sabiduría habían predeterminado lo que sucediera. 29 Y ahora, Padre del Universo, ten en
cuenta sus amenazas, y concede a tus creyentes que con valentía prediquen tu
palabra, 30 extendiendo tu mano para realizar
curaciones, señales y prodigios por el nombre de tu Santo Hijo Yehshua”.
31 Cuando terminaron su oración, el lugar
en que estaban congregados vibró; y todos fueron iluminados por la luz del
Paráclito, y pronunciaban con entusiasmo la palabra de Dios.
32 Y la multitud de los creyentes estaban
unidos en sentimientos y alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo
era en común entre ellos. 33 Los discípulos escogidos por Yehshua
daban testimonio con gran poder de su resurrección. Y gozaban todos de gran
simpatía.
34 Entonces Joseph, a quien los apóstoles
pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación),
levita, natural de Chipre, 35 como tenía una hacienda, la vendió y
trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.

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