1 Los once discípulos
escogidos, junto a las mujeres y a los otros seguidores, fueron a B'thanía, a
la montaña donde Yehshua los había citado. 2 Estando aguardando se les presentó Yehshua; su figura
era radiante y sus ropas brillaban como el sol; y les saludó diciendo: “La paz
sea con todos”. Al verlo, se postraron delante de él.
Yehshua
consagra el bautizo
3 Yehshua les dijo: “Yo he
recibido la gloria y se me ha concedido tener poder sobre el universo y sobre
la tierra. 4 Vayan, y hagan que todos
los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en mi nombre para que reciban la
bendición del Padre y la unción del Paráclito, Espíritu Santo, 5 y enseñándoles que guarden
todas las cosas que les he mandado. Yo estaré siempre con ustedes hasta el tiempo
de los tiempos.
6 Entonces les recomendó que
no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: “La promesa, les
dijo, que yo les he anunciado; les he prometido que les enviaré el espíritu de
consuelo, el Paráclito, de la misma esencia del Padre y del Hijo. 7 Entonces recibirán el nuevo
bautismo, porque Yojanán bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el
Espíritu Santo, dentro de pocos días. 8 Ustedes recibirán la fuerza del Paráclito que descenderá
sobre ustedes, y ustedes serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y
Samaría, y hasta los confines de la tierra, para que proclamen el
arrepentimiento y el perdón de los pecados”.
9 Y despidiéndose les dijo:
“Mi paz les dejo, mi paz les doy y que esa paz surja entre ustedes. Vigilen
para que nadie les extravíe diciendo: Aquí está, helo aquí, pues el Hijo del
hombre está dentro de ustedes mismos; síganlo. Los que lo busquen lo hallarán.
Vayan y proclamen el buen mensaje del reino. 10 No impongan más preceptos que los que yo he establecido
para ustedes, y no dicten ninguna ley, como si fueran legisladores, para que no
sean atenazados por ella”.
Elevación
de Yehshua
11 Una luz intensa con un
resplandor que dañaba la vista porque procedía de la Luz de las luces descendió
sobre Yehshua y lo rodeó completamente. Y estaba algo alejado de sus discípulos
y brillaba de un modo sin igual. 12 Y los discípulos no veían a Yehshua, porque los cegaba
la luz que lo envolvía. 13 Y sólo veían los haces de
luz. Y éstos no eran iguales entre sí, y la luz no era igual, y se dirigía en
varios sentidos, de abajo arriba, y el resplandor de esta luz alcanzaba de la
tierra a los cielos. Y los discípulos, viendo aquella luz, sintieron gran
turbación y gran espanto. 14 Y Yehshua se elevó en el
espacio, y todos quedaron silenciosos.
15 Después de esto, los once
discípulos escogidos por Yehshua y Mariam de Magdala fueron al Huerto de los
Olivos, donde acostumbraba reunirse con ellos el, que ahora ellos llamaban,
Señor. 16 Y velaron toda la noche
orando y dando alabanzas al Hijo de Dios. En la mañana fueron a Jerusalén a una
distancia de una hora de andar.
17 Entraron en la ciudad y
subieron a la habitación superior de la casa donde se alojaban. Allí se reunieron
Kefa, Yojanán, Ya’akov, Andras, Filíppos, Tau'ma, Netan’el Barptolomé, Mattai Levy, Ya’akov el de Alfeo,
Shimón el Zelote, y Yehudah Tadeo y con ellos estaba Mariam de Magdala y Mariam
la madre de Yehshua y los hijos de Joseph el carpintero.
18 En aquella habitación se
entregaban a la meditación y oraban pidiendo el consejo de la Suprema
Inteligencia.
Elección
de Mattiyah para el apostolado
19 Algunos días después con
ellos se reunieron un grupo de seguidores de Yehshua, unos ciento veinte, Kefa,
entonces tomó la palabra y les dijo a todos: 20 “Hermanos, era necesario que se cumpliera la profecía,
pues el Ángel de la Suprema Inteligencia había anunciado por boca de David el
gesto de Yehudah Iskaryyot; este hombre, que guió a los que prendieron a
Yehshua, 21 era uno de nuestro grupo y
había sido llamado a compartir nuestro ministerio común. Él se dejó dominar por
la Sombra, entregó al Hijo de Dios y terminó quitándose la vida, como ya es
conocido en todo Jerusalén.
22 Esto estaba escrito en las
Alabanzas: Que su morada quede desierta y
que nadie habite en ella. 23 Tenemos, pues, que escoger
a un hombre de entre los que anduvieron con nosotros durante todo el tiempo en
que el Señor estuvo con nosotros, 24 desde el bautismo de Yojanán hasta el día en que fue
elevado a la Gloria del Padre. Uno de ellos deberá ser, junto con nosotros,
testigo de su resurrección”.
25 Presentaron a dos: a
Joseph, llamado Bar Sabás, por sobrenombre Justo, y a Mattiyah. 26 Entonces oraron así: “Tú,
Señor, conoces el corazón de todos. Muéstranos a cuál de los dos has elegido 27 para ocupar este cargo, y
recibir este ministerio y apostolado del que Yehudah Iskaryyot se retiró para
ir al lugar que le correspondía”. 28 Echaron a suertes entre ellos y le tocó a Mattiyah, que
fue agregado a los once apóstoles.
El
Paráclito Espíritu Santo desciende sobre los discípulos
29 Cuando llegó el día de
Shavuot, la Fiesta de las Primicias, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 30 De repente vino del cielo un
ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde
estaban, 31 y aparecieron unas lenguas
como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. 32 Todos cayeron en éxtasis y
comenzaron a hablar en diferentes idiomas y a pronunciar palabras de alabanzas
a la esencia incognoscible de Dios.
33 Como era fiesta de
peregrinación de los judíos a Jerusalén, había muchos que llegaron de Galilea,
de Judea, de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia, de Panfilia, de Egipto
y de la parte de Libia que limita con Cirene 34 y muchos se asomaron a donde los seguidores de Yehshua
estaban celebrando la Fiesta de las Primicias y se asombraban al verles hablar
en idiomas diferentes y expresando profecías.
Discurso
de Kefa
35 Entonces se levantó Kefa y
dijo a todos, a los seguidores y a los curiosos: “Nadie quede maravillado de lo
que estamos sintiendo y de cómo estamos actuando. El Señor, Yehshua nos había
dicho que él nos enviaría al que consuela, el Paráclito Espíritu Santo, de la
misma esencia del Padre y del Hijo. Hoy hemos recibido las primicias del
Espíritu”. 36 Y dirigiéndose a los
curiosos, dijo: “Israelitas, escuchen mis palabras: Dios acreditó entre ustedes
a Yehshua de Natzeret. Hizo que realizara entre ustedes milagros, prodigios y
señales que ya conocen. 37
Pero
los guías de ustedes, fariseos, escribas y sadoqueos, sin embargo, lo
entregaron a los extranjeros negadores del Dios verdadero para ser crucificado
y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto.
38 Pero Dios lo libró de los
dolores de la muerte y lo resucitó, pues no era posible que quedase bajo el
poder de la muerte. 39
Y es
cierto, sin que existan dudas, que Dios resucitó a Yehshua; de esto todos
nosotros somos testigos. 40 Después de haber sido
exaltado hasta la gloria de Dios, ha recibido del Padre el don que había prometido
entregarnos. Es el don del Paráclito, del Espíritu de Sabiduría que acaba de
derramar sobre nosotros, como ustedes están viendo y oyendo. 41 Sepan entonces con seguridad
toda la gente de Yisraeil, que Dios ha hecho Señor y Mashíaj Ungido a este Yehshua
a quien ustedes permitieron que fuera crucificado por las intrigas de los guías
religiosos de ustedes”.
42 Al oír esto, muchos se
afligieron profundamente y dijeron a Kefa: “¿Dinos qué tenemos que hacer,
entonces?”
43 Kefa les contestó: “Acepten
a Yehshua como el Mashíaj y Salvador, y que cada uno de ustedes se convierta y
se haga bautizar en el Nombre de Yehshua, el Mashíaj, y con arrepentimiento sean
perdonados los pecados de ustedes. Entonces recibirán el don del Espíritu
Santo. 44
Porque
el don de Dios es para ustedes y para sus hijos, y también para todos aquellos
a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aun cuando se hayan alejado”.
45 Desde aquel mismo día los
discípulos escogidos y los seguidores de Yehshua que habían recibido la llama del
Paráclito se dispersaron por toda la tierra para anunciar el Buen Mensaje de la
renovación de la vida y del perdón de los pecados por la muerte y resurrección
de Yehshua, el Mashíaj, que sería conocido por los extranjeros como el Kristo
bendecido de Dios.
46 Ellos enfrentaron
persecuciones y eran expulsados de las sinagogas, sufrieron prisión, y la
muerte; a unos apedrearon hasta la muerte, a otros mataron por espada y a otros
crucificaron; pero se mantuvieron fieles a la Palabra de Yehshua el Kristo 47 y Dios les dio la palma de
la gloria y alcanzaron la vida eterna en la dimensión donde moran los ángeles
de Dios. Amén.



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