1 Desde lo profundo de mi alma, te alabo
Dios mío.
2 Porque Tú eres inmenso y tu sabiduría
inabarcable; ¿acaso no eres quien traza los caminos de los hombres?
3 Cuando me asaltan las dificultades, yo
confío en Ti, porque sé que nunca perderé tu amparo.
4 Cuando las contrariedades me golpean, yo
busco refugio en Ti y Tú me albergas bajo tu luz.
5 Si tengo tropiezos no me angustio porque
nada sucede si Tú no lo prevés. 6 Tú decides y yo obedezco.
7 A ti clamo en mi angustia y sé que Tú me
escucharás y me darás consuelo.
8 Los designios del Maligno no tienen poder
sobre los que confían en Ti, Luz del Universo y Padre de la Vida; y yo en Ti
confío.
9 Si un mal me acontece, Tú serás mi
consuelo, porque sé que como la calma que viene tras las tormentas, tu alivio
viene tras las dificultades. 10 Si una puerta se me cierra no me
desespero, Tú me abrirás nuevas puertas.
11 Y yo encontraré paz luego de las
pesadumbres.
12 Alabo tu nombre y te doy gracias porque
Tú siempre serás mi consuelo.

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