martes, 21 de octubre de 2014

Dios es nuestro amparo


1 Desde lo profundo de mi alma, te alabo Dios mío.

2 Porque Tú eres inmenso y tu sabiduría inabarcable; ¿acaso no eres quien traza los caminos de los hombres?

3 Cuando me asaltan las dificultades, yo confío en Ti, porque sé que nunca perderé tu amparo.

4 Cuando las contrariedades me golpean, yo busco refugio en Ti y Tú me albergas bajo tu luz.

5 Si tengo tropiezos no me angustio porque nada sucede si Tú no lo prevés. 6 Tú decides y yo obedezco.

7 A ti clamo en mi angustia y sé que Tú me escucharás y me darás consuelo.

8 Los designios del Maligno no tienen poder sobre los que confían en Ti, Luz del Universo y Padre de la Vida; y yo en Ti confío.

9 Si un mal me acontece, Tú serás mi consuelo, porque sé que como la calma que viene tras las tormentas, tu alivio viene tras las dificultades. 10 Si una puerta se me cierra no me desespero, Tú me abrirás nuevas puertas.

11 Y yo encontraré paz luego de las pesadumbres.


12 Alabo tu nombre y te doy gracias porque Tú siempre serás mi consuelo.

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