¿Por qué existe el hábito entre las
congregaciones (ekklesias) cristianas remitirse al Tanaj para interpretar las
enseñanzas de Yehshua, cuando, sin embargo, en estas enseñanzas se encierra
todo el caudal del cristianismo? El Tanaj judío, es decir, el Antiguo
Testamento de las Biblias cristianas, contiene lo intrínseco del judaísmo; pero
el judaísmo y el cristianismo son credos totalmente separados en cuanto a
conceptos y espiritualidad. Entre la doctrina cristiana y la doctrina judía
solo existe un débil nexo de conexión: el del origen del cristianismo a partir
de las fuentes judías; por tanto las citas a ese nexo, tomadas del Tanaj, solo
pueden considerarse como referenciales.
Yehshua apenas hizo referencias o
formuló citas tomadas del Tanaj, como puede comprobarse cuando se cotejan los
únicos cuatro documentos conocidos u oficiales de su prédica, Mattai (Mateo)
Marcos, Loukás (Lucas) y Yojanán (Juan).
La mayoría de las citas textuales del
Tanaj que se le atribuyeron a Yehshua eran, por lo general, citas tomadas de los
profetas, y hasta estas mismas citas pudieran ser atribuciones del evangelista
con el propósito catequista de demostrar que los profetas habían vaticinado la
llegada del Mashíaj, Yehshua el Kristo; que todo ya estaba escrito.
El libro evangélico que recoge la mayor
cantidad de citas del Tanaj es el atribuido a Mattai (Mateo). El mensaje de
Mattai se dirigió específicamente a la comunidad judía de Jerusalén y a los
judíos helenizados de Yisraeil.
Con este objetivo, Mattai no duda en
poner en boca de Yehshua citas del Tanaj
incluso en situaciones que no conocía de manera directa, donde no había sido
testigo presencial de lo que Yehshua dijera. Este es el caso del relato del
ayuno de cuarenta días que Yehshua hiciera en el desierto donde fue sometido a
las tentaciones del demonio Satanás (Sama’el). Mattai narra un diálogo entre
Yehshua y el demonio que ciertamente él no pudo conocer de manera directa y es
poco probable que Yehshua lo hubiera relatado a sus discípulos.
Así, cuando el maligno invita a Yehshua
que convierta en pan las piedras para alimentarse, Mattai relata que Yehshua le
replica con una cita inspirada en Deuteronomio 8:3: “Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el
hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
[“…y (Adonai) te hizo tener hambre, y te
sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido,
para hacerte saber que no sólo de pan
vivirá el hombre, mas de todo lo que
sale de la boca de Yahvahé vivirá el hombre”].
Luego el demonio le tienta, según el
relato de Mattai, para que se lance desde lo más alto del Templo, diciéndole
que los ángeles, estaba escrito, le tomarían en sus manos para que no
tropezara. Yehshua, según Mattai, le dice una frase tomada de Deuteronomio 6:16:
“Yehshua le dijo: Escrito está también:
No tentarás al Señor tu Dios”. (No
tentaréis a Yahvahé vuestro Dios, como lo tentasteis en
Masah).
Cuando el demonio convoca a Yehshua a
que le adore a cambio de darle el poder sobre todos los reinos, según Mattai,
Yehshua le rechaza, haciendo uso de una frase tomada de Deuteronomio 6:13: “A Yahvahé tu Dios temerás, y a él solo
servirás”; así se lee en el relato de Mattai: “Entonces Yehshua le dijo:
Vete, Satanás, porque escrito está: Al
Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”.
Loukás, discípulo del fariseo
cristianizado Paulo, copia íntegro el relato dialogado de Mattai; sin embargo
Marcos, discípulo de Kefa y por muchos considerado como un seguidor de Yehshua,
no hace referencia alguna al supuesto diálogo en el desierto concretándose a
escribir: “Y luego el Espíritu le impulsó
al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por
Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían” (Marcos 1:12 y
13).
Si Yehshua le hubiera referido el relato
a sus discípulos y mencionado el diálogo, es poco probable que Kefa lo hubiera
olvidado sin utilizarlo en su prédica y sin exponérselo a su discípulo de
confianza, Marcos. Por otra parte, Yojanán no menciona para nada la estancia de
Yehshua en el desierto ni de su ayuno de 40 días, y mucho menos el diálogo
ofrecido por Mattai. ¿También Yojanán habría olvidado los 40 días de ayuno de
Yehshua y su diálogo con el maligno? Es indudable que el relato de Mattai es
una atribución de él con intenciones catecúmenas y no la cita de un improbable
relato hecho por el propio Yehshua.
Mattai cuenta que los fariseos y los
sadoqueos fueron a reclamarle a Yehshua que les mostrase una señal del cielo.
Entonces, según Mattai, Yehshua les contestó haciendo uso del relato mítico de
Jonás que se recoge en el Tanaj: “…La generación mala y adúltera demanda señal;
pero señal no le será dada, sino la señal
del profeta Jonás
Pues
así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así
estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches”. Loukás, que copió mucho de Mattai
repite lo escrito por este: “En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de
Jesús y Él se puso a decirles: Esta generación es una generación malvada; pide
una señal, y no se le dará otra señal que
la señal de Jonás” (Loukás 11: 29-32)
En tanto, sobre este mismo tema, Marcos
8, 11-13 no menciona para nada a Jonás: “En aquel tiempo”, escribe Marcos, “salieron
los fariseos y comenzaron a discutir con Yehshua, pidiéndole una señal del
cielo, con el fin de ponerle a prueba. Yehshua dio un profundo suspiro y dijo:
“¿Por qué esta generación pide una señal? Yo
os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal”. Marcos no hace
referencia alguna a la “señal de Jonás”. Yojanán, por su parte no habla para
nada sobre este relato.
Otra atribución de Mattai es la que pone
en boca de Yehshua una imprecación contra ciudades de Galilea: Kapurneum,
Corozaín y Betseda “en las que había hecho la mayoría de sus milagros”. Así
relata Mattai los lamentos de Yehshua: “Ay
de ti, Corozaín! Ay de ti, Betseda (Betsaida)! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han
sido hechos en vosotras, hace tiempo que se hubieran arrepentido en cilicio y
en ceniza” (Mateo 11:21). Estas imprecaciones son recogidas también por
Loukás, tomándolas de Mattai, en 10: 13-16.
Ni Yojanán, ni Marcos mencionan esas
imprecaciones de Yehshua y, muy en especial, ninguno menciona el nombre de
Corozaín. Es más ni marcos, ni Loukás, al igual que Marcos y Yojanán hacen
mención alguna de haber Yehshua visitado a Corozaín y mucho menos de relatar
algún prodigio echo por Yehshua en aquella ciudad.
Yehshua a menudo citaba a los profetas
del Tanaj con el propósito de mostrar la hipocresía de los fariseos y poner de
relieve la esencia verdadera del Padre, deformada por las tradiciones judías.
Así, Mattai se refiere a la respuesta que Yehshua diera a las críticas de los
fariseos por comer junto a pecadores y publicanos, como era el propio Mattai:
“…los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Rabbi con los
publicanos y pecadores? Al oír esto Yehshua, les dijo: Los sanos no tienen
necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio.
Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”
(Mattai 9: 11-13).
Aquí, Yehshua cita al profeta Hoshea
(Oseas) 6. 6, al mismo tiempo que reafirma que para el Padre, el Dios del
Universo, más importante que la práctica de rituales es el ejercicio de la
misericordia, de la justicia, de la bondad, todo lo contrario de lo practicado
por los hipócritas fariseos.
Mattai, Loukás y Marcos, al tratar el
tema del uso de las parábolas por Yehshua ponen en su boca una referencia a las
palabras escritas por Ieshaiá (6: 9-10) cuando hablando el profeta de su
misión, dijo que Dios le había ordenado: “Embota
el corazón de este pueblo, endurece sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea
con sus ojos y oiga con sus oídos, que
su corazón comprenda y que se convierta
y sane”.
Mattai redacta el relato de la siguiente
manera: “Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas
por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber
los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a
cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo
que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no
ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la
profecía de Ieshaiá, que dijo: De oído
oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón
de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado
sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el
corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.
Marcos es más sucinto así dice (Marcos 4:10-12):
“Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron
sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros
os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por
parábolas todas las cosas; para que
viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se
conviertan, y les sean perdonados los pecados.
Loukás es aún más breve así dice (Loukás
8:9-10): “Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta
parábola? Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de
Dios; pero a los otros por parábolas,
para que viendo no vean, y oyendo no entiendan”.
Yojanán en cambio nada dice sobre una
explicación dada por Yehshua para el uso que él le daba a las parábolas.
Dada la brevedad de Marcos y Loukás
sobre el porqué del empleo de las parábolas por Yehshua es de suponer que ellos
tomaran el tema del evangelio de Mattai y que Mattai, ampliando sobre el tema
estaba pensando en la comunidad judía y justificó el uso que Yehshua daba a las
parábolas, acudiendo a una cita de Ieshaiá. Sin embargo, esta explicación de
Mattai no tiene sentido dentro de la prédica de Yehshua que pretendía “salvar
las ovejas extraviadas de Yisraeil”, según el propio Mattai (Mattai 15: 24);
“salvar lo que se había perdido” de acuerdo con Loukás (Loukás 19:10) ¿Acaso
Yehshua podía asumir como obligación suya hablarle al pueblo de modo que no le
entendieran “para que no se conviertan, y
les sean perdonados los pecados”? En realidad el uso de las parábolas de
Yehshua tenía un sentido didáctico expresando conceptos profundos con un
lenguaje sencillo, dirigido a convertir a sus oyentes, no a confundirlos para
que no encontraran la verdad.
Veamos ahora como los evangelistas
explicaron que Yojanán el Bautista era el mismo profeta Eliyahu que debía
retornar a la tierra antes de que apareciera el Mashíaj. Esta vez, Loukás es el
más breve de los evangelistas sinópticos hablando sobre el tema. Loukás en el
capítulo 16: 16, cita las siguientes palabras de Yehshua: “La ley y los profetas eran hasta Yojanán; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por
entrar en él”. Es decir: El Tanaj rigió hasta la predicación del Bautista
y, a partir de ese momento, comenzaba el anuncio de la llegada del reino
espiritual de la Suprema Inteligencia.
Por su parte Marcos en 9:11-13, escribe:
“Y le preguntaron (a Yehshua), diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es
necesario que Eliyahu venga primero? (Malʼakii (Malaquías) 3: 1: He aquí, yo envío mi mensajero, el cual
preparará el camino delante de mí).
Respondiendo él, les dijo: Eliyahu a la verdad vendrá primero, y
restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada? Pero os
digo que Eliyahu ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está
escrito de él”. El Bautista, como encarnación de Eliyahu precedería al Mashíaj
con el propósito de restaurar el
verdadero sentido de la Divinidad; restaurar el Pacto de Dios con los humanos,
separando todo lo que era agregados humanos. Entonces Yehshua, el Hijo del
Hombre, sería rechazado (tenido en nada) y acusado, vilipendiado y hasta
asesinado por restaurar la verdad de Dios.
Mattai, en cambio, busca justificar la
prédica de Yehshua ante los judíos, haciendo una sutil cita de las palabras de
Yehshua. Así dice en Mateo 11:10, 14: “Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu
faz, el cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre
los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Yojanán el Bautista;
pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días
de Yojanán el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y
los violentos lo arrebatan. Porque todos
los profetas y la ley profetizaron hasta Yojanán. Y si queréis recibirlo,
él es aquel Eliyahu que había de venir”. (Malʼakii 4. 5: “He aquí, yo os envío el profeta Eliyahu, antes que venga el día de
Adonai, grande y terrible”).
El Tanaj, por este concepto de Mattai,
no es anulado y el Bautista y Yehshua son simples continuadores del mismo; sin
embargo lo que dice Malʼakii hablando a nombre de la Suprema Inteligencia es
muy claro: Eliyahu retornaría “antes que
venga el día de Adonai, grande y terrible” y ese día “grande y terrible”
sería el día de Yehshua para restaurar el camino que conduce a la Divinidad y
el comienzo de una nueva manera de adorar a Dios.
Yehshua se rebeló contra las doctrinas
que enseñaban los fariseos inspiradas en el Tanaj, consideradas por él de “preceptos
humanos”, ratificando lo mismo dicho por Ieshaiá. De igual modo Yehshua hace
uso de lo dicho por Ieshaiá para llamar hipócritas a los fariseos. Al respecto
se lee en Marcos 7: 6 y 7, la respuesta que le da a los fariseos cuando estos
critican que los discípulos de Yehshua comían sin purificar sus manos: “Él les
respondió: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Ieshaiá, en el pasaje de la
Escritura que dice: Este pueblo me honra
con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino
preceptos humanos. (Ieshaiá 29, 13: “Dice,
pues, Adonai: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios
me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un
mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”).
Ya habíamos dicho en el tema “El Libro de los cristianos” que Mattai,
queriendo evitar el rechazo de los judíos hacia el camino de Yehshua, le
atribuyó en Mattai 5: 17-19 un supuesto acatamiento a la vieja ley, considerada
sagrada por los judíos: “No penséis que
he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para
cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no
se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se
cumpla”. Aclaramos entonces que fue Mattai el único de los evangelistas que
le atribuyó a Yehshua tal acatamiento y que, él mismo, más adelante (Mat. 11: 28-30) cita a Yehshua diciendo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y
cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de
mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras
almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. En estas frases de
Yehshua hay una evidente contradicción entre sus enseñanzas y la dureza de las
cargas de la vieja ley.
Además, Yehshua establece una Nueva
Alianza; la alianza, el nuevo pacto de sangre formulado con su martirio en la
cruz; un pacto establecido para “remisión de los pecados” que sustituye en todo
al antiguo Pacto, a la alianza mosaica. Mattai cita las palabras de Yehshua
cuando ofrece el vaso de vino a sus discípulos, poco antes de ser apresado por
los representantes del antiguo pacto: “…porque
esto es mi sangre de la nueva alianza, que por muchos es derramada para
remisión de los pecados” (Mat. 26:28); y lo repite Marcos diciendo (Marcos
14:24): “Y les dijo: Esto es mi sangre de
la nueva alianza, que por muchos es derramada”. Loukás ratifica lo dicho
(Luc. 22:20): “…después que hubo cenado,
tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por
vosotros se derrama”.
El Tanaj, se había cumplido y, al mismo
tiempo, caducado en el acto de la crucifixión. Ya desde ese instante se había consumado el viejo pacto, como se
expresa en Yojanán 19:30: “Cuando Yehshua hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es (Tetélestai). Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.
Yojanán es el evangelista que más
radicalmente se aparta del judaísmo y por eso, al citar la última palabra
pronunciada por Yehshua antes de entregar su
espíritu emplea intencionalmente la palabra griega “Τετέλεσται” (Tetélestai)
que tiene el significado de “llevado a su
fin completo y perfecto”, o lo que es lo mismo, el cumplimiento total de
una deuda, tal y como ponían los griegos en los recibos que se habían pagado: “Tetélestai”:
“cancelado”. Consumado estaba el Tanaj, cancelado, tetélestai.

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