miércoles, 1 de octubre de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 26


Yehshua es conducido a Pilato

1 Después de considerar que Yehshua era reo de muerte, los sadoqueos, los sumos sacerdotes y los escribas que conformaban el Sanedrín ordenaron atar a Yehshua y le llevaron ante Poncio Pilato el gobernador romano para que este confirmara el decreto de muerte que habían dictado. 2 Se presentaron ante el Pretorio pero ellos no entraron para no contaminarse con el contacto de los goyim (extranjeros) y de este modo poder participar en el Pesaj.

3 Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó: “¿Qué acusación traen contra este hombre?” El secretario del Sanedrín le contestó diciendo: “Si éste hombre no fuera un malhechor, no te lo habríamos traído”. 4 Pero ellos se contradecían en los cargos que le hacían a Yehshua. 5 Entonces Pilato les dijo: “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley de ustedes”. El secretario del Sanedrín le replica: “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; pero hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el Mashíaj rey, por lo que merece morir. Es por esto que hemos venido ante ti para que confirmes este decreto”.

El Reino de Yehshua

6 Pilato dijo entonces: “Antes debo juzgar por mí mismo. Yo interrogaré a este hombre para saber si merece morir”. Entró al Pretorio para interrogar a Yehshua y 7 le preguntó: “¿En verdad eres rey de los judíos?” Yehshua le respondió: “Dime Pilato: ¿Esto me lo preguntas por ti mismo o por lo que mis acusadores te han dicho?”

8 Pilato le dice entonces: “¿Acaso soy israelita? Tu propia gente y los principales sacerdotes te han entregado a mí. Ellos me han pedido que te condene a muerte. ¿Qué has hecho en realidad? ¿Te has proclamado tú mismo rey de los judíos?” 9 Yehshua respondió: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que yo no fuera entregado a los que me acusan. 10 Por tanto, yo estoy atado aquí, frente a ti y esto te confirma que mi reino no es de este mundo sino de otra dimensión”.

11 Entonces Pilato le pregunta: “¿Luego entonces, tú eres rey?” Yehshua le respondió: “Tú lo has dicho: Yo soy rey y mi reino me lo ha dado el Padre que gobierna en todo el universo. 12 Para proclamar esto he nacido y he venido al mundo para dar testimonio de la Verdad. Todo aquel que ama la verdad, escucha mi voz”. 13 Pilato le pregunta: “¿La verdad?, ¿qué es la verdad… quién lo sabe?” Yehshua le contestó: “La verdad viene de la altura donde mora el Padre”. 14 Pilatos le preguntó: “Entonces ¿No existe la verdad sobre la tierra?” Y Yehshua le dice: “Mira cómo los que dan testimonio de la verdad en la tierra son juzgados por los que tienen poder sobre la tierra”.

Yehshua es llevado ante Herodes


15 Volvió Pilato a salir y le dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del Sanedrín: “No encuentro en este hombre ningún delito por el que merezca ser condenado a muerte”. 16 Pero ellos insistían: “Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí”. 17 Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. 18 Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, llamó a los guardianes y dijo: “Este hombre es galileo. Llévenle inmediatamente ante Herodes, y cuando él lo haya interrogado, infórmenme de lo que él decida”. 19 Entonces llevaron a Yehshua ante Herodes. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.

20 Mientras los guardias romanos llevaban a Yehshua ante Herodes Antipas, Nicodemo se dirigió a los sacerdotes y ancianos que les seguían: “Le he preguntado a los sacerdotes, a los ancianos, a los levitas y a los escribanos ¿Qué queja tienen en realidad contra este hombre? 21 Él ha realizado señales extraordinarias como nadie las ha hecho, ni se harán. Déjenle, y no le causen mal alguno, 22 porque si esas señales vienen de Dios, serán estables y, si vienen de los hombres, perecerán. Ahora, pues, dejen a este hombre porque no merece la muerte”.

23 Ellos le replicaron a Nicodemo: “Te has hecho discípulo suyo y por ello levantas tu voz en su favor”. 24 Nicodemo les argumentó: “¿Es que Pilato, que habla también en su favor, es discípulo suyo? ¿Es que el César no le ha conferido la misión de ser su ejecutor de la justicia?”

24 Herodes se alegró mucho de que trajeran ante él a Yehshua, pues mucho había oído decir de él y hasta había creído que era Yojanán resucitado. 25 Al ver en persona a Yehshua, Herodes se tranquilizó y le dijo a su principal asesor: “Ciertamente este hombre no es Yojanán a quien yo ordené decapitar” y quería ver que hiciera algún prodigio en su presencia.

26 Los sacerdotes del Templo y los escribas que estaban en el salón de Herodes repitieron las acusaciones contra Yehshua, mas Antipas estaba más interesado en ver una señal prodigiosa de Yehshua que en atender a las acusaciones que hacían los sacerdotes hacia los cuales él mismo sentía desprecio.

27 “De modo que ustedes dicen que este pobre hombre se ha hecho llamar rey de los judíos”, dijo Herodes dirigiéndose a los sacerdotes, y le preguntó entonces a Yehshua: “¿En verdad eres rey?” 28 Mas Yehshua no le contestó. Volvió Herodes a preguntar: “¿Acaso tú eres hijo del Dios viviente?” Tampoco esta vez Yehshua le dio respuesta. 29 Luego Herodes leyó el acta que Pilato había ordenado redactar donde estaba el interrogatorio que le había hecho a Yehshua.

Yehshua es devuelto ante Pilato

30 Herodes comenzó a burlarse de Yehshua y ordenó que trajeran un lujoso manto para cubrirle: “Un rey necesita un manto lujoso”, dijo Herodes y ordenó que le devolvieran a Pilato.

31 Claudia Prócula, mujer de Pilato conocedora de que volverían a traer a Yehshua ante Pilato fue y le dijo: “No te metas con ese hombre justo, porque toda la noche la he pasado soñando cosas horribles por causa de su inocencia. 32 No permitas que la envidia triunfe sobre él. Escucha, esposo, yo he oído decir grandes cosas de ese hombre y todos lo tienen por hombre justo”.

33 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los ancianos y a los escribas, 34 y les dijo desde la escalinata del Pretorio: “Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; 35 ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. 36 Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad”.

37 Yaho’el, el Mensajero de la Luz que habita en medio de la Luz se presentó ante Yehshua y le comunicó: “Escucha, hijo del hombre, la Suprema Inteligencia aparta de ti su espíritu, porque es necesario que tu cuerpo humano sufra todas las pruebas por las que tendrás que pasar”. 38 Yehshua le dijo: “¡Que se cumpla la voluntad del Padre y no la mía!”

La multitud reclama la liberación de un condenado

40 Todavía estaba Pilato en la escalinata del Pretorio cuando se acercó una multitud entre la que venía Yehudah Iskaryyot para reclamar de Pilato que liberara a un prisionero con motivo de la celebración del Pesaj como ya había sido costumbre. 41 Pilato entonces le dijo: “He aquí que los guías de ustedes han traído ante mí a un hombre que no he hallado culpa en él, llamado Yehshua de Galilea; ¿desean que se los entregue en libertad?”

42 Entonces los sacerdotes, los sadoqueos y los escribas gritaron: “Entréganos en su lugar a Yehshua bar Abbas y crucifica a Yehshua bar Joseph”. También Yehudah pedía que liberaran a bar Abbas e incitaba al tumulto para pedir lo mismo. 43 Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Yehshua. 44 Pero ellos seguían gritando: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” 45 Por tercera vez Pilato les dijo: “¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte”.

46 Los sacerdotes respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”. 47 Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. 48 Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: “¿De dónde eres tú?” Pero Jesús no le respondió nada. 49 Pilato le dijo: “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”

50 Yehshua le respondió: “Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, los que me han entregado a ti han cometido un pecado más grave y al final de los tiempos tú serás juzgado con menos rigor que aquellos”.

51 Volvió afuera Pilato y le dijo a los sacerdotes: “Le azotaré para escarmiento y luego lo pondré en libertad”.

Yehshua es azotado


52 Los guardias romanos ataron a Yehshua a un pilar y le azotaron de tal modo que le desprendían las carnes. Luego los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza en señal de burla. Lo revistieron con el manto rojo que le había entregado Herodes, 53 y acercándose, le decían: “¡Salve, rey de los judíos!”, y lo abofeteaban.


54 Pilato volvió a salir y le dijo a la multitud: “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro ninguna razón para condenarle”. 55 Yehshua salió, llevando sobre su frente la corona de espinas y sobre sus hombros el manto rojo. Pilato les dijo: “¡Aquí tienen al hombre! Aquí tienen a su rey”.

Yehshua es inocente

56 Ellos vociferaban: “¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “¿Voy a crucificar a su rey?” 57 Los sacerdotes y los que le acompañaban respondieron: “No tenemos otro rey que el César. Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que pretende hacerse rey está en contra del César”.

58 Pilato insistió: “Convencido estoy que este hombre no ha hecho ningún mal”; pero la muchedumbre volvió a reclamar la liberación del sedicioso y homicida Yehshua bar Abbas y que crucificara a Yehshua, el galileo. 59 Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, 60 diciendo: “Yo soy inocente de la sangre de este hombre. La sangre de él recaiga sobre ustedes” 61 Y ellos gritaron: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.


62 Entonces Pilato liberó al sedicioso y entregó a Yehshua para ser crucificado. 63 Cargando la cruz sobre sus hombros fue llevado Yehshua por los guardias fuera del pretorio, y delante de él iban dos condenados culpables de asaltos y pillajes y cómplices de Yehshua bar Abbas en sus actos de sedición. 64 El uno se llamaba Gestas y el otro se llamaba Dimas.

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