1 Los hombres
que se habían unido a Sansón en Lejí y que permanecieron con él fueron ciento
cuarenta y cuatro y con aquellos hombres Sansón atacaba a los filisteos
poniéndoles emboscadas y cayendo de sorpresa sobre sus campos y sus poblados y
actuaban desde Ethan hasta Gaza. 2 Ellos le dijeron: “Mientras seas nazyr bendecido
de Yahvahé, tu suerte será nuestra suerte”.
3 El nombre de
Sansón se pronunciaba con temor por todos los filisteos pensando que su fuerza
física era descomunal y por eso los derrotaba.
Hazaña de Sansón en Gaza
4 Sansón se
dirigió a Gaza mientras sus hombres se ocultaban cerca de los muros de la
ciudad. Y vio Sansón una prostituta y le agradó y fue con ella a su casa. Pero
algunos le vieron entrando en la ciudad y advirtieron: “¡Sansón está en Gaza!”
Los guardias de Gaza, decidieron tenderle una celada a Sansón y se pusieron al
acecho junto a la Puerta de la ciudad. Así estuvieron a la expectativa toda la
noche, diciendo: “Lo mataremos cuando despunte el alba”.
5 Pero Sansón
estuvo acostado sólo hasta la medianoche. Entonces se levantó y salió fuera de
la ciudad saltando sobre sus muros; y mientras los filisteos aguardaban que
apareciera, ordenó a sus hombres que atacaran haciendo que los filisteos que
estaban en escondite huyeran para buscar ayuda. 6 Así sus hombres arrancaron, usando barrotes, las
hojas de la puerta y el marco que la sostenía y, entre todos los cargaron y le
llevaron hasta la cima del monte que está
frente a Hebrón. 7 Cuando todos vieron que la puerta de la ciudad
había desaparecido, se espantaron diciendo: “¿Cómo es posible que un hombre
tenga tanta fuerza para arrancar las hojas de la puerta?”
Sansón y Dalila
8 En sus
correrías contra los filisteos, llegó Sansón al valle de Sorec. Y se enamoró
allí de una mujer de nombre Dalila y todas las noches salía a atacar a los filisteos.
9 Los príncipes
de los filisteos querían capturar a Sansón pero ninguno de sus hombres se
atrevía a enfrentarse con él, diciendo: “Ese hombre tiene la fuerza de mil, no
hay quien le pueda detener, con solo la quijada de un burro mató a mil hombres
y con solo su fuerza arrancó las puerta de la muralla de Gaza”.
10 Enterados los
príncipes de Ashdod, de Gath, de Ekron, de Gaza, y de Ascalón que Sansón había
tomado como esposa a Dalila mandaron que ella se presentara ante ellos. Ellos
le dijeron: “Seduce a tu marido y averigua de dónde le viene esa fuerza tan
enorme, y qué podríamos hacer para atarlo y tenerlo sometido. Te daremos cada
uno mil cien siclos de plata”.
Sansón traicionado por Dalila
11 Dalila le
preguntó a Sansón: “Eres un hombre de enorme fortaleza, ¿de dónde proviene en
ti tanta fuerza?” Sansón le respondió: “No soy tan fuerte como crees”. Ella
insistió: “Dime la verdad, porque tú eres capaz de cargar sobre ti las puertas
de un ciudad”.
12 Sansón volvió
a decirle: “No creas en todo lo que escuches. Soy igual que todo mortal, quizá
acaso con mayor fuerza física, pero soy como otro cualquiera”.
13 De nuevo
Dalila volvió con sus preguntas, diciendo: “Solo evades lo que te pregunto y no
me respondes lo que quiero saber, ¿acaso no soy tu mujer? Dime ahora, ¿con qué
se te pudiera atar que no puedas soltarte?” 14 Cerca había
gente apostada aguardando por la señal de Dalila.
15 Sansón le dice
entonces: “Muy bien te diré de lo que no puedo liberarme: Si entretejes las
siete trenzas de mi cabellera con la urdimbre de un tejido, y los aseguras con
la clavija del telar contra la pared, yo quedaría en manos de cualquier
enemigo”.
16 Entonces ella
le dio de beber abundante vino y lo hizo dormir, entretejió las siete trenzas
de su cabellera con la urdimbre de un tejido y las fijó con la clavija. Luego
le gritó: “¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!” 17 Él se despertó
de su sueño, y arrancó la clavija y el tejido.
18 Cada noche
Dalila volvía con sus preguntas y se quejaba diciéndole: “La última vez me
engañaste y no me mostraste confianza”.
19 Cansado de
tanta insistencia Sansón entonces le dijo: “Todo mi poder está en mi condición
de nazyr consagrado a Yah. Mi fuerza y mi amparo están en esa condición. Todos
me siguen porque soy nazyr. 20 Nunca ha pasado navaja por mi cabeza; si me
cortara el cabello ya dejaría de ser nazyr”. 21 Dalila
comprendió que Sansón le había dicho la verdad y mandó aviso a los príncipes de
los filisteos, diciendo: “Ya pueden venir por Sansón pues él me ha revelado el
secreto de su fortaleza y traigan el dinero que hemos convenido”.
Sansón en poder de los
filisteos
22 Hizo Dalila
que Sansón se durmiera sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, que le cortó
las siete trenzas de su cabellera. Sansón se despertó lleno de furor y le gritó
a Dalila: “¿Qué has hecho mujer? Has hecho que yo rompa mis votos a Yahvahé”; 23 entonces
empujándola salió en busca de sus seguidores, cubriendo su cabeza con un manto.
24 Sansón le dijo
a sus ciento cuarenta y cuatro seguidores: “Ya vienen contra nosotros los
filisteos. Salgamos a combatirles”. Y eran mil los filisteos que venían contra
los israelitas. 25 En medio del combate cayó el manto de la cabeza de
Sansón y sus seguidores vieron que se había rapado. 26 El temor
cundió en medio de los israelitas y gritaron: “Estamos perdidos, Sansón rapó su
cabeza violando el voto de nazyr hecho a Yahvahé”. Y todos huyeron
despavoridos, dejando solo a Sansón.
27 Los filisteos
lo tomaron prisionero, le vaciaron los ojos y le llevaron a Gaza. Allí lo
ataron con una doble cadena de bronce, y él hacía rodar el molino en la cárcel.
28 Y mientras rodaba el molino, Sansón oraba a Dios
pidiéndole que le perdonara el haber confiado en Dalila y haber violado su voto
de nazyr. Imploró entonces: “Dios de mis padres dame ahora la fuerza de mis
músculos, para que yo pueda apartar de mí este oprobio”. 29 Su cabello
crecía y Sansón sentía que recuperaba sus fuerzas.
Los festejos de los filisteos
30 Los príncipes
de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios,
y para hacer grandes festejos. Ellos decían: “Nuestro dios nos ha puesto en las
manos a Sansón, nuestro enemigo”. 31 Cuando todos
estuvieron muy alegres, dijeron: “Traigan a Sansón para que nos sirva de
diversión”. Entonces trajeron a Sansón de la cárcel, y él estuvo haciendo
piruetas delante de todos. 32 Y al verlo, la gente alababa a su dios, diciendo:
“Nuestro dios nos ha puesto en las manos a Sansón, nuestro enemigo, al que
devastaba nuestro país y multiplicaba nuestras víctimas”. Después lo pusieron de pie entre las columnas.
Venganza y muerte de Sansón
33 Sansón dijo al
niño que lo llevaba de la mano: “Déjame palpar las columnas que sostienen el
techo del templo, para apoyarme en ellas”.
34 El edificio
estaba repleto de hombres y mujeres. Allí estaban todos los príncipes de los
filisteos, y en la azotea había unos tres mil hombres y mujeres que se
divertían mirando a Sansón. 35 Entonces Sansón invocó a Dios, con estas palabras:
“Dios del Universo, acuérdate de mí y devuélveme la fuerza por esta sola vez,
para que pueda vengarme de los filisteos, de un solo golpe, por la pérdida de
mis dos ojos”.
36 Luego palpó
las dos columnas centrales que sostenían el edificio, y se apoyó contra ellas,
poniendo sobre una su brazo derecho y sobre la otra su brazo izquierdo. 37 Y exclamó: “¡Muera
Sansón junto con los filisteos!” Después empujó con toda su fuerza, y el
edificio se desplomó sobre los príncipes y sobre toda la gente allí reunida.
¡Los que él mató al morir fueron más numerosos que los que había matado en toda
su vida!


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