jueves, 16 de octubre de 2014

Eliyahu y Elisha 11


1 A la entrada de la ciudad había cuatro leprosos, que se decían el uno al otro: “¿Para qué nos quedamos aquí, esperando la muerte?

3 Si intentáramos entrar en la ciudad, moriríamos dentro de ella por el hambre que allí dentro hay; si nos quedamos aquí, lo mismo moriremos. Mejor vayamos al campamento de los arameos; si nos dejan con vida, viviremos; si nos matan, moriremos”.

4 A la hora del crepúsculo partieron hacia el campamento de los arameos. Pero cuando llegaron a la entrada del campamento, vieron que allí no había nadie. 5 Y fue que el ángel de Dios había hecho que en el campamento de los arameos se escuchara un ruido de carros de combate, un fragor de caballos y el estrépito de un gran ejército, de tal modo que se dijeron unos a otros: "Miren, el rey de Yisraeil ha contratado como mercenarios a los reyes de los hititas y a los reyes de los musritas, para que vengan a atacarnos”. 6 Entonces se levantaron al anochecer y huyeron, y para ponerse a salvo abandonaron sus tiendas, sus caballos y sus asnos, dejando el campamento tal como estaba.

7 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una carpa y se sentaron a comer y beber, y se llevaron de allí plata y oro y vestidos, y todo eso lo escondieron; luego volvieron y entraron en otra carpa,  la cual también saquearon, y fueron a esconder lo que de allí sacaron.

8 Entonces uno al otro se dijeron: "No está bien lo que estamos haciendo. Este es un día de buenas noticias. Si nos quedamos callados y aguardamos hasta el amanecer, no nos libraremos de un castigo. Es mejor que vayamos al palacio ahora mismo y le demos la noticia al rey”.

9 Entonces fueron a la entrada de la ciudad, y con grandes gritos les dijeron a los guardias: “Fuimos al campamento de los arameos y no vimos ni oímos allí a nadie. Sólo estaban los caballos y los asnos atados, y el campamento intacto”.

10 A grandes gritos, los porteros anunciaron esto en la ciudad y en el palacio del rey.

11 El rey se levantó de noche y dijo a sus servidores: “Yo les voy a decir qué es lo que los arameos piensan hacer con nosotros. Como saben que tenemos hambre, han salido de sus tiendas y se han escondido en el campo, pues piensan: Cuando los israelitas salgan de la ciudad, los tomaremos vivos y entraremos en la ciudad”.

12 En respuesta, uno de sus oficiales dijo: "Tomemos cinco de los caballos que todavía quedan. A fin de cuentas, si se los deja en la ciudad, les sucederá lo mismo que a toda la multitud de Yisraeil que ya ha perecido. Los enviaremos y veremos qué pasa”.

13 Tomaron dos carros con sus caballos, y el rey los envió a seguir los rastros del campamento arameo, diciendo: “Vayan tras de ellos e infórmenme de lo que vean”.

14 Los enviados del rey partieron y llegaron hasta el Jordán, y vieron que por todo el camino había vestidos y objetos por el suelo, que en su premura los arameos habían ido arrojando. Luego volvieron y le comunicaron esto al rey.

15 Entonces el pueblo salió y saqueó el campamento de los arameos. Y conforme a lo dicho por Elisha, un balde de flor de harina y dos baldes de cebada se vendieron por un ciclo.

16 El rey ordenó a su principal ayudante mantenerse a la entrada de la ciudad, pero el pueblo lo atropelló, y ahí mismo murió, tal y como lo había predicho el varón de Dios cuando el emisario del rey fue a verlo.

17 Todo sucedió tal y como el varón de Dios se lo había anticipado al rey cuando dijo: “Mañana a esta hora, a la entrada de Samaria, un balde de cebada, o dos baldes de flor de harina, se venderán por un ciclo”.

18 Pero aquel ayudante principal le había respondido al varón de Dios: “Si en este momento el Señor abriera las ventanas del cielo, ¿sucedería lo que tú dices?” Y Elisha había dicho: “Verás esto con tus propios ojos, pero no comerás nada de ello”.


19 Y así sucedió, porque el pueblo lo atropelló a la entrada de la ciudad, y allí mismo murió.

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