jueves, 30 de octubre de 2014

El Camino de los Apóstoles 7


Revelación de Saulo de Tarso en el camino de Damasco

1 Aquel joven fariseo que presenció la muerte de Estéfano, Saulo de Tarso, aferrado a las tradiciones fariseas, maldecía a los seguidores de Yehshua con odio de muerte. Luego del asesinato de Estéfano, fue donde el sumo sacerdote, 2 y le pidió que le entregara cartas de presentación para las sinagogas de Damasco, con autoridad para que si hallase algunos hombres o mujeres del Camino, los llevara presos a Jerusalén. En su celo por las tradiciones fariseas, Saulo sobrepasaba a muchos de los judíos.

3 Y partió Saulo con una partida de la guardia del Templo lleno de impaciencia por llegar a Damasco. Cuando al llegar cerca de Damasco algo extraordinario le salió al paso. 4 Una intensa luz se presentó ante él que le enceguecía y que asustó al caballo  que montaba. El animal saltó asustado y Saulo cayó violentamente al suelo. Lleno de temor, 5 Saulo escuchó una voz poderosa que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” 6 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos ante aquel extraño resplandor y no sabían qué hacer.

7 Saulo exclamó con ahogo, temblando y temeroso: “¿De quién es la voz que escucho?”

8 De entre el resplandor, Saulo creyó escuchar la voz que le había hablado: “Yo soy Yehshua, a quien tú persigues, pero verás cuán difícil te será dar coces contra al aguijón”. 9 Entonces desapareció la brillante luz y Saulo se levantó del polvoriento suelo y se dio cuenta que la luz que había visto le había cegado; así que sus acompañantes le ayudaron a subir a la cabalgadura y le condujeron a la ciudad.

10 Llegaron a verle los principales de las sinagogas de Damasco pero Saulo se mantenía en silencio y así estuvo por tres días orando y ayunando sin probar alimento y sin beber.

Visión de Hananyah

11 Por aquel entonces estaba en Damasco un discípulo de Yehshua de aquellos que se habían dispersado de Jerusalén despues del asesinato de Estéfano y había llevado la Palabra a Antioquía junto con otros discípulos; su nombre era Hananyah. 12 Y Hananyah tuvo una visión en sueños donde se le presentaba el mensajero de la Luz, Gavri’el. En la visión el ángel divino le dijo: “Hananyah levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Yehudah a uno llamado Saulo, de Tarso; quien ahora está orando porque ha perdido la visión, y has de ir donde él para que coloques tu mano sobre su frente y en nombre del bienaventurado Yehshua recobre la vista”.

13 Respondió Hananyah: “Mensajero de la Luz, muchos me han hablado acerca de este hombre, y los males que ha hecho a los hermanos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan el nombre del sagrado Rabbi”.

15 Gavri’el le dijo: “Ve sin temor, porque a este hombre el Señor le eligió para dar a conocer el nombre santo de Yehshua entre los goyim, 16 y conocerá cuánto le es necesario padecer por la palabra de Yehshua, el Kristo”.  

17 Fue entonces Hananyah a la casa del llamado Yehudah  y se presentó ante Saulo dándole el saludo de la paz. Saulo le preguntó: “¿Quién eres? ¿Acaso el que me habló desde el resplandor? Porque tu voz se me asemeja a la que escuché”. 18 Hananyah le dijo: “Hermano Saulo, fue el Señor Bendito, Yehshua, quien te habló desde el resplandor que se te apareció en el camino por donde venías. El Paráclito, Espíritu Divino, me ha enviado para que recuperes la vista y seas lleno con su Luz”.

Saulo recobra la visión


19 Y colocó su mano sobre la frente de Saulo y este, de inmediato, recobró la vista y se sintió lleno de la iluminación del Dios del Universo. Dejó Saulo el ayuno y recobró sus fuerzas. Saulo después permaneció por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco y ellos le explicaban las enseñanzas de Yehshua. 20 Saulo salió después y anunciaba al Kristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.

21 Desconcertados se quedaron todos los que entonces le escuchaban y se decían: “¿No era este el que en Jerusalén intentaba aniquilar a quienes pregonaban el nombre del Kristo? ¿No vino acá para tomarlos presos y llevarles atados ante los sumo sacerdotes?” 22 Pero Saulo se mostraba con mayor decisión argumentando que Yehshua era el Kristo, el Hijo de Dios, y esto perturbaba a los fariseos de Damasco.

Huida de Saulo

23 Como continuaba su predicación, al cabo de algunos días los fariseos acordaron entre ellos darle muerte; 24 pero Saulo conoció sus maquinaciones homicidas y sabía que los fariseos aguardaban ante las puertas de la ciudad de día y de noche esperando la oportunidad en que pudieran asesinarle. 25 Ante esta amenaza, los discípulos llevaron a Saulo de noche hasta las murallas y le hicieron bajar los muros en una canasta.

26 A escondidas llegó Saulo a Jerusalén y trató de unirse a los seguidores de Yehshua; pero todos le evitaban porque le temían y no creían en su conversión. 27 Bernabé, el que era llamado Joseph, había escuchado lo que le sucediera a Saulo cuando corría hacia Damasco y de su conversión sincera. Así le llevó consigo y lo presentó a los apóstoles.

28 A partir de ese momento Saulo andaba con los apóstoles en Jerusalén y con ellos salía a predicar y a anunciar el reino de la Verdad sin ningún temor. 29 Debatía ardientemente con los judíos helenizados, como antes hiciera Estéfano y como hicieron con este los fariseos, pretendían también asesinar a Saulo. 30 Para evitar que le mataran, los apóstoles le enviaron a Cesárea y de ahí a Tarso, a la ciudad de donde él era.

31 Por aquel entonces las congregaciones del Camino de Yehshua gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban bajo la luz divina del Espíritu de Consolación, el Paráclito, y progresaban bajo las enseñanzas recibidas del Señor, el Rabbi bendecido del Padre de la Vida y del Universo.

Kefa sana al paralítico Eneas

32 En aquel tiempo Kefa visitó a los grupos de seguidores de la Palabra, y llegó hasta la congregación que habitaba en Lida o Lod. 33 Y allí le mostraron a un paralítico llamado Eneas, que hacía ocho años que estaba postrado en cama. Eneas había escuchado el nombre de Yehshua y conocía los prodigios que había hecho y oraba al Padre de la Vida que le rescatara de su miserable condición.

34 Kefa se sintió conmovido por la situación de aquel hombre y admirado por la fe que tenía en el Padre del Universo,  35 entonces le dijo: “Eneas, ten fe en el nombre de Yehshua el Bendecido de Dios porque él te sana; levántate, y haz tu cama”. Y en seguida se levantó. 36 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales creyeron en la prédica de Kefa y se convirtieron al Señor.

Kefa devuelve la vida a Dorcas

37 Había entonces en Joppe una discípula llamada Dorcas de sobrenombre Tabitha, que traducido quiere decir, Gacela. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 38 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 39 Y como Lida estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Kefa estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: “No tardes en venir a nosotros”.

40 Levantándose entonces Kefa, fue con ellos; y cuando llegó, le condujeron a una sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 



41 Entonces, sacando a todos, Kefa se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: “Tabitha, levántate”. Y ella abrió los ojos, y al ver a Kefa, se incorporó. 42 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los creyentes y a las viudas que allí guardaban luto, la presentó viva. 43 Este prodigio de Kefa se hizo conocido por toda Joppe, y muchos aceptaron a Yehshua como la Voz de la Verdad. 44 Después Kefa permaneció por muchos días en Joppe alojado en la casa de un curtidor de nombre Shimón. Muchos de los vecinos acudían a aquella casa buscando consejos de Kefa y a escuchar su prédica. 

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