lunes, 20 de octubre de 2014

Revelaciones de Hermas 6


El Pastor

1 Mientras oraba en la casa y estaba sentado en el sofá, entró un hombre de rostro glorioso, vestido como un pastor, envuelto en una piel blanca, y con su zurrón al hombro y un cayado en la mano. Y me saludó, y yo le devolví el saludo. E inmediatamente se sentó a mi lado y me dijo: “Me ha enviado el ángel más santo, el que habita en medio de la Luz, para que viva contigo el resto de los días de tu vida”.

2 Yo pensé que había venido a tentarme y le dije: “¿Por qué?, ¿quién eres? Porque sé a quién he sido confiado”.

3 Él me dijo: “¿No me reconoces?” “No”, le contesté. Él me dijo entonces “Yo soy el pastor a quien has sido confiado”.

4 En tanto que me estaba hablando, su forma cambió, y le reconocí como el mismo ángel a quien había sido confiado; e inmediatamente quedé confundido, y el temor se apoderó de mí, y quedé anonadado por la aflicción de haberle contestado de modo tan malvado e insensato. 5 Pero él me contestó y dijo: “No te quedes azorado, sino sé confirmado en los mandamientos que estoy a punto de darte. 6 Porque yo he sido enviado para mostrarte de nuevo las cosas que viste antes, en especial las que sean convenientes para ti.

6 Ante todo, escribe mis mandamientos y mis parábolas; y las otras cosas las escribirás según te mostraré”. Y me dijo: “La razón por la que te mando que escribas primero los mandamientos y las parábolas es que puedas leerlas sobre la marcha, y así puedas guardarlas”.

7 Así que escribí los mandamientos y las parábolas, tal como me mandó. Por tanto, si, cuando las oís, las guardáis y andáis en ellas, y las hacéis con el corazón puro, recibiréis del Señor todas las cosas que Él ha prometido; pero si, cuando las oís, no os arrepentís, sino que añadís todavía a vuestros pecados, recibiréis del Señor lo opuesto. 8 Todas estas cosas el pastor, el ángel del arrepentimiento me mandó que escribiera.

Los mandatos: Primer Mandato

9 Este es el Primer Mandato que el Pastor pidió que siempre guardara: “Ante todo, cree que Dios es uno; que fue el que impulsó el gran caos y le ordenó y trajo lo no viviente a vida dándole existencia, que comprende todas las cosas siendo Él solo incomprensible. Cree en Él, pues, adórale con todo respeto, y en este respeto ejerce dominio sobre ti mismo. 10 Guarda estas cosas, y te verás libre de toda maldad, y serás revestido de toda excelencia y justicia, y vivirás para Dios si guardas este mandamiento que es a la vez una enseñanza”.

Los mandatos: Segundo Mandato

11 Y el Pastor me dijo: “He aquí el Segundo Mandato: Mantén la sencillez y la inocencia, y serás como un niño pequeño, que no conoce la maldad que destruye la vida de los hombres. 12 Ante todo, no digas mal de ningún hombre, ni tengas placer en escuchar a un calumniador. De otro modo, 13 tú que escuchas serás también responsable del pecado de aquel que habla mal, si crees la calumnia que oyes; porque, al creerla, tú también tendrás algo que decir contra tu hermano. 14 Así que serás responsable del pecado del que dice el mal.

15 La calumnia es mala; es un demonio inquieto, que nunca está en paz, sino que siempre se halla entre divisiones. Abstente, pues, de ella, y tendrás paz en todo tiempo con todos los hombres.

16 Pero revístete de reverencia, en la cual no hay tropiezo, sino que todas las cosas son suaves y alegres. 17 Haz lo que es bueno, y de todas tus labores, que Dios te da, da a todos los que están en necesidad generosamente, sin hacer preguntas sobre a quién has de dar y a quién no has de dar. 18 Da a todos, porque Dios desea que todos reciban de su abundancia.

19 Los que reciben, pues, tendrán que dar cuenta a Dios de por qué lo han recibido y a qué fin; porque los que reciben en necesidad no serán juzgados, pero los que reciben con pretextos simulados recibirán el castigo.

20 Así pues, el que da es inocente; porque como recibe del Señor el servicio a ejecutar, lo ha ejecutado en sinceridad, sin hacer distinción entre a quién da y a quién no da.

21 Esta ministración, cuando es ejecutada sinceramente, pasa a ser gloriosa a la vista de Dios. El que ministra así sinceramente, vivirá para Dios. 22 Por tanto, guarda este mandamiento que te he dado: que tu propio arrepentimiento y el de tu casa puedan ser hallados sinceros, y tu alma pura y sin mancha”.

Los mandatos: Tercer Mandato

23 De nuevo dijo: “Ahora te muestro el Tercer Mandato: Ama la verdad, y que no salga de tu boca otra cosa que la verdad, que el alma que Dios hizo residir en tu carne pueda ser hallada veraz a la vista de todos los hombres; 24 y así el espíritu del Señor morará en ti, y será glorificado; porque el Señor es fiel en toda palabra, y en Él no hay falsedad.

25 Por tanto, los que dicen mentiras niegan al Señor, y pasan a ser ladrones del Señor, porque no le entregan a Él el depósito que han recibido. 26 Porque ellos recibieron de Él un alma libre de mentiras. Si devuelven un alma manchada por la mentira, han faltado al mandamiento del Señor y han pasado a ser ladrones”.

27 Cuando escuché estas palabras, lloré amargamente. Pero, viéndome llorar, dijo: “¿Por qué lloras?” “Señor, le contesté, porque no sé si puedo ser salvo”. “¿Por qué?”, me dijo. “Señor, contesté, porque nunca en mi vida he dicho una palabra de verdad, sino que siempre he vivido engañosamente con todos los hombres y he cubierto mi falsedad como verdad delante de todos los hombres; y nadie me ha contradicho nunca, sino que se ha puesto confianza en mi palabra. Señor, ¿cómo, pues, puedo vivir siendo así que he hecho estas cosas?”

28 Él me contestó: “Tu suposición es cierta y verdadera, porque te corresponde como hijo de Dios andar en la verdad, y el Espíritu de verdad no puede tener complicidad con el mal, ni afligir al Paráclito que es Espíritu santo y verdadero”.

29 Y le dije: “Nunca, Señor, escuché claramente palabras semejantes”.


30 Y me contestó: “Ahora, pues, las oyes. Guárdalas, para que las falsedades anteriores que dijiste en tus asuntos y negocios puedan por sí mismas pasar a ser creíbles, ahora que éstas son halladas verdaderas; 31 porque también pueden pasar aquéllas a ser dignas de confianza. Si guardas estas cosas y, en adelante, no dices otra cosa que la verdad, podrás alcanzar la vida para ti mismo. 32 Y todo el que oiga este mandamiento y se abstenga de falsedad — este hábito tan pernicioso — vivirá para Dios”.

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