El
Pastor
1 Mientras oraba en la casa y estaba
sentado en el sofá, entró un hombre de rostro glorioso, vestido como un pastor,
envuelto en una piel blanca, y con su zurrón al hombro y un cayado en la mano.
Y me saludó, y yo le devolví el saludo. E inmediatamente se sentó a mi lado y
me dijo: “Me ha enviado el ángel más santo, el que habita en medio de la Luz,
para que viva contigo el resto de los días de tu vida”.
2 Yo pensé que había venido a tentarme y
le dije: “¿Por qué?, ¿quién eres? Porque sé a quién he sido confiado”.
3 Él me dijo: “¿No me reconoces?” “No”,
le contesté. Él me dijo entonces “Yo soy el pastor a quien has sido confiado”.
4 En tanto que me estaba hablando, su
forma cambió, y le reconocí como el mismo ángel a quien había sido confiado; e
inmediatamente quedé confundido, y el temor se apoderó de mí, y quedé anonadado
por la aflicción de haberle contestado de modo tan malvado e insensato. 5 Pero él me contestó y dijo: “No te
quedes azorado, sino sé confirmado en los mandamientos que estoy a punto de
darte. 6 Porque yo he sido enviado para
mostrarte de nuevo las cosas que viste antes, en especial las que sean convenientes
para ti.
6 Ante todo, escribe mis mandamientos y
mis parábolas; y las otras cosas las escribirás según te mostraré”. Y me dijo: “La
razón por la que te mando que escribas primero los mandamientos y las parábolas
es que puedas leerlas sobre la marcha, y así puedas guardarlas”.
7 Así que escribí los mandamientos y las
parábolas, tal como me mandó. Por tanto, si, cuando las oís, las guardáis y
andáis en ellas, y las hacéis con el corazón puro, recibiréis del Señor todas
las cosas que Él ha prometido; pero si, cuando las oís, no os arrepentís, sino
que añadís todavía a vuestros pecados, recibiréis del Señor lo opuesto. 8 Todas estas cosas el pastor, el ángel
del arrepentimiento me mandó que escribiera.
Los
mandatos: Primer Mandato
9 Este es el Primer Mandato que el Pastor
pidió que siempre guardara: “Ante todo, cree que Dios es uno; que fue el que
impulsó el gran caos y le ordenó y trajo lo no viviente a vida dándole
existencia, que comprende todas las cosas siendo Él solo incomprensible. Cree
en Él, pues, adórale con todo respeto, y en este respeto ejerce dominio sobre
ti mismo. 10 Guarda estas cosas, y te verás libre de
toda maldad, y serás revestido de toda excelencia y justicia, y vivirás para Dios
si guardas este mandamiento que es a la vez una enseñanza”.
Los
mandatos: Segundo Mandato
11 Y el Pastor me dijo: “He aquí el
Segundo Mandato: Mantén la sencillez y la inocencia, y serás como un niño
pequeño, que no conoce la maldad que destruye la vida de los hombres. 12 Ante todo, no digas mal de ningún hombre,
ni tengas placer en escuchar a un calumniador. De otro modo, 13 tú que escuchas serás también
responsable del pecado de aquel que habla mal, si crees la calumnia que oyes;
porque, al creerla, tú también tendrás algo que decir contra tu hermano. 14 Así que serás responsable del pecado
del que dice el mal.
15 La calumnia es mala; es un demonio
inquieto, que nunca está en paz, sino que siempre se halla entre divisiones.
Abstente, pues, de ella, y tendrás paz en todo tiempo con todos los hombres.
16 Pero revístete de reverencia, en la
cual no hay tropiezo, sino que todas las cosas son suaves y alegres. 17 Haz lo que es bueno, y de todas tus
labores, que Dios te da, da a todos los que están en necesidad generosamente,
sin hacer preguntas sobre a quién has de dar y a quién no has de dar. 18 Da a todos, porque Dios desea que todos
reciban de su abundancia.
19 Los que reciben, pues, tendrán que dar
cuenta a Dios de por qué lo han recibido y a qué fin; porque los que reciben en
necesidad no serán juzgados, pero los que reciben con pretextos simulados
recibirán el castigo.
20 Así pues, el que da es inocente; porque
como recibe del Señor el servicio a ejecutar, lo ha ejecutado en sinceridad,
sin hacer distinción entre a quién da y a quién no da.
21 Esta ministración, cuando es ejecutada
sinceramente, pasa a ser gloriosa a la vista de Dios. El que ministra así
sinceramente, vivirá para Dios. 22 Por tanto, guarda este mandamiento que
te he dado: que tu propio arrepentimiento y el de tu casa puedan ser hallados
sinceros, y tu alma pura y sin mancha”.
Los
mandatos: Tercer Mandato
23 De nuevo dijo: “Ahora te muestro el
Tercer Mandato: Ama la verdad, y que no salga de tu boca otra cosa que la
verdad, que el alma que Dios hizo residir en tu carne pueda ser hallada veraz a
la vista de todos los hombres; 24 y así el espíritu del Señor morará en
ti, y será glorificado; porque el Señor es fiel en toda palabra, y en Él no hay
falsedad.
25 Por tanto, los que dicen mentiras
niegan al Señor, y pasan a ser ladrones del Señor, porque no le entregan a Él
el depósito que han recibido. 26 Porque ellos recibieron de Él un alma
libre de mentiras. Si devuelven un alma manchada por la mentira, han faltado al
mandamiento del Señor y han pasado a ser ladrones”.
27 Cuando escuché estas palabras, lloré
amargamente. Pero, viéndome llorar, dijo: “¿Por qué lloras?” “Señor, le
contesté, porque no sé si puedo ser salvo”. “¿Por qué?”, me dijo. “Señor,
contesté, porque nunca en mi vida he dicho una palabra de verdad, sino que
siempre he vivido engañosamente con todos los hombres y he cubierto mi falsedad
como verdad delante de todos los hombres; y nadie me ha contradicho nunca, sino
que se ha puesto confianza en mi palabra. Señor, ¿cómo, pues, puedo vivir siendo
así que he hecho estas cosas?”
28 Él me contestó: “Tu suposición es
cierta y verdadera, porque te corresponde como hijo de Dios andar en la verdad,
y el Espíritu de verdad no puede tener complicidad con el mal, ni afligir al Paráclito
que es Espíritu santo y verdadero”.
29 Y le dije: “Nunca, Señor, escuché
claramente palabras semejantes”.
30 Y me contestó: “Ahora, pues, las oyes.
Guárdalas, para que las falsedades anteriores que dijiste en tus asuntos y
negocios puedan por sí mismas pasar a ser creíbles, ahora que éstas son
halladas verdaderas; 31 porque también pueden pasar aquéllas a
ser dignas de confianza. Si guardas estas cosas y, en adelante, no dices otra
cosa que la verdad, podrás alcanzar la vida para ti mismo. 32 Y todo el que oiga este mandamiento y
se abstenga de falsedad — este hábito tan pernicioso — vivirá para Dios”.

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