Los
mandatos: Quinto mandato
1 Y el ángel del arrepentimiento continuó
hablándome y me dijo: “Sé paciente y no te apartes del saber, para que
comprendas y entiendas, y, así, tendrás dominio sobre todo lo malo, y obrarás
en todos tus actos con justicia. 2
Porque si eres constante en la verdad y obras con inteligencia, el Espíritu
Santo habitará en ti con toda su pureza, 3 no
siendo oscurecido por ningún pensamiento de mal, sino que residiendo en un gran
aposento se regocijará y alegrará con el vaso en que reside, y, 4 entonces, te abrirás a Dios con mucha
alegría y alcanzando prosperidad.
5 Pero, para que en ti more el Paráclito,
debes controlar tu ira sin dejarte llevar por sus impulsos; 6 porque el Paráclito Espíritu Santo es
delicado y no encuentra espacio en un lugar que esté ocupado por los malos
impulsos 7 y se aparta de ti cuando tu alma se
contamina con la irascibilidad. No olvides esto: 8 el Señor mora en la longanimidad, pero la
Sombra tiene aposento en la irascibilidad.
9 Así pues, no es posible que los dos
espíritus habiten juntos. Porque si tomas un poco de ajenjo y lo viertes en un
tarro de miel, ¿no se echa a perder toda la miel, y esto por una cantidad muy
pequeña de ajenjo? Porque destruye la dulzura de la miel, y ya no tiene el
mismo atractivo para el que lo posee, porque se ha vuelto amarga y ya es
inservible. Pero si no se pone el ajenjo en la miel, la miel es dulce y es útil
para su dueño.
10 Mira, entonces que la benignidad y la
clemencia, esencias de la longanimidad, son muy dulces, más aún que la dulzura
de la miel, y son útiles al Señor, y El reside en ellas.
11 Si el temperamento irascible se mezcla,
pues, con la paciencia, la paciencia es contaminada y la intercesión del hombre
ya no es útil a la perfección que conduce a Dios”.
12 Y yo le pregunté: “Quisiera conocer,
Señor, la obra del temperamento irascible, para que pueda guardarme de él”.
La
obra del temperamento irascible
13 Me contestó el ángel: “Sí, verdaderamente;
si tú no te guardas del temperamento irascible has perdido toda esperanza. 14 Pero guárdate de él; porque yo estoy
contigo. Sí, tú y todos los hombres deben mantenerse alejados de él, todos los
que de todo corazón se han arrepentido. 15
Porque yo estoy con ellos y los preservaré; 16
porque todos fueron justificados por el Hijo Santísimo de la Luz.
17 Escucha y presta atención, cuán mala es
la obra de la irascibilidad que por sí misma subvierte a los hijos de Dios y
les lleva a extraviarse de la justicia. 18 No el
espíritu irascible descarría a aquellos que están plenamente en la fe, ni puede
obrar sobre ellos, porque le han apartado de sí, y el poder del Señor está con
ellos. 19 Sin embargo, aquellos que están vacíos,
que carecen del conocimiento del Dios del Universo y son de ánimo indeciso, la
ira les hace descarriar.
20 La ira arde en el alma de los humanos,
cuando ansían las cosas seculares, las cosas triviales y el tener o no tener 21 y eso genera angustia y la angustia se
transforma en ira. 22 Todas estas cosas, en cambio, son necias
y vanas y sin sentido e inconvenientes para los que siguen la Luz de Dios.
23 Pero la paciencia es el rechazo de la ira
y es grande y fuerte, y tiene un poder vigoroso y elevado, 24 y es próspera en gran crecimiento,
alegre, gozosa y libre de cuidado, 25
glorificando al Señor en toda sazón, no teniendo amargura en sí, permaneciendo
siempre tranquila y dulce. 26 Esta paciencia, pues, reside en aquellos
cuya fe es perfecta, sin deformaciones, con sabiduría e inteligencia.
28 Pero el temperamento irascible es en
primer lugar necio, voluble e insensato; 29
luego, de la necedad se engendra rencor; del rencor, enojo; del enojo, ira; de
la ira, despecho; del despecho, envidia; 30
entonces la envidia es un compuesto de todos estos elementos viles y pasa a ser
un pecado grande e incurable.
31 Porque cuando todos estos espíritus
residen en un vaso, donde debiera residir el Paráclito Espíritu Santo, este
vaso no puede contenerlos, sino que rebosa.
32 El Paráclito, espíritu de ternura y
bondad, de amor y sabiduría se aparta del hombre que es dominado por la
irascibilidad. 33 Entonces, cuando se ha apartado de aquel
hombre en el cual debió residir, este hombre se queda vacío del espíritu justo,
y a partir de entonces, estando lleno de malos espíritus, es decir de su
incontinencia y de su soberbia, es inestable en todas sus acciones, 34 siendo arrastrado de acá para allá por sus
deseos, por sus ambiciones, y se ve del todo cegado y privado de sus buenas
intenciones.
35 Esto, pues, ha sucedido a todas las
personas de temperamento irascible. Abstente, así, del temperamento irascible,
el peor de los impulsos malos. 36 Pero revístete de paciencia, y resiste la
irascibilidad y la aspereza, y te hallarás en compañía de la santidad que es
amada por el Señor.
37 Procura, por tanto, no descuidar nunca
este mandamiento; porque si dominas este mandamiento, podrás asimismo guardar
los restantes mandamientos que estoy a punto de darte.
38 Mantente firme en ellos dotado de poder;
y que todos, contigo, estén dotados de poder, todos cuantos deseen andar en
ellos”.


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