Palabras de Gavri’el
1 Y
continuó hablando Gavri’el, el mensajero de la Luz: “¿Quién puede tentar a la
Suprema Inteligencia? ¿Quién tiene fuerza para exigirle prueba de su presencia?
¿Quién ha visto el rostro de Dios? 2 La
Suprema Inteligencia, Luz del Universo, Padre de la Vida, no tiene imagen, ni
representación, ni faz, ni manos, ni piernas. Él es presencia y pura
inteligencia.
3
¡Ah, las leyendas forjadas por los hijos de Yisra’el que han inducido al error!
Ellos en sus mentes representaron a la divina presencia con figura humana sin
levantarle imágenes hechas de oro, de plata, de piedra o de madera; 4
pero en sus mentes hicieron imagen de Dios.
5 El
hombre, siempre atenazado por la duda, exige pruebas; por eso, para explicar lo
que no entendían, para probar lo que no se puede probar con mediciones o con
cálculos, los hijos de Yisra’el forjaron sus leyendas para probar la realidad
que está más allá de la realidad que la mente humana pueda concebir.
6
Esta es la historia de Gedeón, hombre de la tribu de Manasheh que liberó a su
tierra de la opresión y los desmanes a los que
Madián le había sometido durante siete años. Todas las tribus de
Yisraeil sufrieron los ataques de los madianitas hasta que llegó Gedeón a
liberarles”.
7
Para escapar de las excursiones madianitas, los israelitas se hicieron
escondites en las cuevas de las montañas, en las cavernas y en los lugares
escarpados. 8 Cada vez que sembraba,
venían los madianitas, los amalecitas y los Orientales, y los invadían. 8 Acampaban
frente a ellos y destruían los productos del suelo hasta los confines de Gaza.
No dejaban víveres, ovejas, bueyes ni asnos en Israel, 9
porque subían con su ganado y sus tiendas de campaña, y eran numerosos como
langostas. Tanto ellos como sus camellos eran incontables, y entraban en el
país para devastarlo.
Las quejas de Gedeón
10 Gedeón,
hijo de Joás de Abiy’ezer estaba moliendo trigo en el lagar, para ocultárselo a
los madianitas. Y se quejaba de tener que ocultar el fruto de sus trabajos para
no ser pillados por los madianitas. 11
Entonces fue y se sentó bajo la encina de Ofrá y meditaba diciéndose: “¿Por qué
nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nos contaron nuestros
padres, cuando nos decían que Yahvahé nos hizo subir de Egipto? Pero ahora él
nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián. ¿No asesinaron en el Tabor los reyes de Madián a los hijos
de mi madre y su sangre no se ha recatado aún?”
12
Sintió entonces dentro de su mente una voz que le decía: “Tienes que levantarte,
y con tu fuerza debes salvar a Yisraeil del poder de los madianitas”. 13 Y
dijo entonces: “¿Será esto un mandato de Adonai? Pero ¿cómo voy a salvar yo a Yisraeil,
si mi clan es el más humilde de Manasheh y yo soy el más joven en la casa de mi
padre?”
14 Con
la duda dentro de su alma habló Gedeón: “Dios de Yisraeil, si he alcanzado tu
favor, dame una señal de que eres realmente tú el que está hablando conmigo;
pero, ¿acaso yo puedo pedirle pruebas a Adonai?” Así crecía la angustia en el
pecho de Gedeón.
Gedeón recibe el nombre de Yerubbaal
15
Luego se dijo: “Tal vez sea yo quien deba darle pruebas a nuestro Dios de que
soy digno de su apoyo”. Meditó un poco y se dio cuenta de que su padre poseía
un altar y a su lado un poste sagrado dedicado a Baal. 16 Y
tomó la resolución de destruir tanto al altar como al poste.
17 Gedeón
reunió a diez de sus servidores para hacer lo que había pensado. Pero por temor
a su familia y a la gente de la ciudad, en lugar de hacerlo de día, lo hizo
durante la noche. 18 A
la mañana siguiente, toda la gente vio que el altar del Baal estaba destruido y
que habían cortado el poste sagrado que estaba junto a él.
19
Entonces se preguntaron: “¿Quién habrá hecho esto?” Después de averiguarlo,
supieron que había sido Gedeón, el hijo de Joás. 20 En
seguida dijeron a Joás: “Trae aquí a tu hijo. ¡Él debe morir, porque ha
derribado el altar del Baal y ha cortado el poste sagrado que estaba junto a
él! Reo es de blasfemia”.
21 Pero
Joás respondió a los que estaban delante de él: “¿Acaso a ustedes les
corresponde defender al Baal? ¿Son ustedes los que tienen que salvarlo? Si Baal
es Dios, que se defienda solo, ya que Gedeón derribó su altar”. 22 Por
eso, a partir de ese momento, Gedeón se llamó Yerubbaal, porque decían: “¡Que
Baal se defienda de él, ya que él derribó su altar!”
23
Sucedió por esos días que todo Madián, Amalec y los Orientales se reunieron de
común acuerdo, cruzaron el Jordán y acamparon en la llanura de Jezreel. 24
Gedeón pensó que debía hacer algo pues el peligro que les amenazaba era cierto.
Tocó la trompeta para convocar a los hombres de Abiy’ezer y todos se reunieron
detrás de él. 25 Envió luego
mensajeros por todo el territorio de Manasheh, y ellos también se le unieron.
Lo mismo hizo en Aser, en Zabulón y en Neftalí, y todos ellos acudieron al
encuentro.
El reproche de Purá
26
Dividió Gedeón a los hombres en treinta grupos y colocó jefes en cada uno de
aquellos grupos y se dispuso preparar el ataque contra los invasores. 27 La
duda volvió a asaltarle y pensó: “¿Será cierto que Dios me apoyará para
rescatar a todo Yisraeil?” 28 Reunió
en consejo a los treinta jefes y les propuso: “Antes de ir al combate quisiera
pedir a Yahvahé una prueba de que él nos dará la victoria. Decidamos pues qué
prueba pedir”.
30 Uno
de los jefes, llamado Purá, se puso de pie y le reclamó a Gedeón: “¿Quiénes
somos nosotros para tentar a Yahvahé, pidiéndole pruebas? La mejor prueba que
hemos recibido es esta alianza de tribus dispuestas a combatir a los
madianitas, los amalecitas y los orientales. 31
Somos nosotros quienes debemos probarle al Dios de Yisraeil que somos fieles a
sus promesas y pongamos nuestros corazones en el empeño”.
32
Todos a una se decidieron ir al combate y le pidieron a Gedeón: “Hijo de Joás,
levanta tu ánimo y condúcenos a la victoria que nos dará Yahvahé”.


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