miércoles, 17 de septiembre de 2014

El libro de los cristianos


El cristianismo tuvo su origen a partir de las tradiciones judías y de la predicación de Yehshua, recogida, en parte, dentro de los escritos evangélicos. Muchos de los hechos y de las enseñanzas de Yehshua no quedaron registradas por sus seguidores. Yojanán en su libro de la Buena Noticia lo dejó dicho: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir”. (Yoj. 21: 25)

 Muchos de estos hechos y prédica se encuentran dispersos y entremezclados con las fantasías literarias de los autores de muchos documentos que, posteriormente, fueron declarados por la iglesia paulina como libros apócrifos.

Las primeras comunidades cristianas se organizaban dentro de las estructuras de las sinagogas judías como si fueran una secta más del judaísmo, como los saduceos (sadoqueos), los esenios y los fariseos.

Sin embargo la esencia del cristianismo difería en mucho del judaísmo, como el nuevo vino que surgido de la misma vid, sin embargo, posee color, aroma y sabor diferentes del vino viejo.

Las leyes de la Torá, el libro sagrado de los judíos, no tienen vigencia dentro del canon de enseñanzas de Yehshua, donde por encima de la exigencia estricta de cumplir los 613 mandamientos (mitzvot) positivos ─ acciones a realizar ─ y negativos ─acciones prohibidas ─, de la Torá o Ley de Moshé (Moisés) se coloca el mandamiento del amor.

Yehshua vino a establecer una nueva Ley sin ritos, sin sacrificios (él sería el sacrificio), sin templos, sin sacerdotes. Con su muerte gloriosa, Yehshua abolía la vieja ley; su resurrección representaba el surgimiento de la nueva ley tras la muerte de la ley vieja.

El vino nuevo en odres nuevos. No puede echarse vino nuevo en odres viejos (Yojanán Marcos. 2: 22). Es decir, la nueva doctrina, la nueva ley, no puede enmarcarse dentro de los marcos de la doctrina vieja y de la antigua ley. El cristianismo es el odre nuevo para el vino nuevo que son sus enseñanzas. Los judíos no aceptaron las enseñanzas de Yehshua, consideradas como blasfemas y se aferraron a vivir dentro de las antiguas tradiciones; para ellos, el vino añejo siempre es mejor. Así mismo lo dice Yehshua en el Evangelio de Tau’ma (Tomás), considerado apócrifo por la iglesia paulista: “Nadie bebe vino añejo e inmediatamente quiere beber vino fresco”.

Mattai (Mateo), el evangelista, predicó entre los judíos y su libro se dirigía a esos mismos judíos y, con el propósito de no escandalizarlos, atribuyó a Yehshua un supuesto acatamiento suyo a la vieja ley:

No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.…” (Mat. 5: 17-19)

Mattai es el único de los evangelistas que presentan a Yehshua como supuesto adherente de la Ley de Moshé. Sin embargo, ese mismo Mattai pone en boca de Yehshua unas palabras que contradicen el rigor de la ley de Moshé: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mat. 11: 28-30)

Yehshua es la negación personal de la vieja ley. Se presenta ante las multitudes como un hombre común, semejante a aquellos que escuchaban su prédica, como un sencillo provinciano, sin rangos, sin estudios. No provenía del sacerdocio. Él era como Yojanán el bautista, tal vez algunos le vieran como un hasidei, un esenio. Y, aunque sus seguidores le llamaban Rabbi, Maestro, no era propiamente un rabbi, es decir, no era un escribano maestro de la Ley.

¿Acaso Yehshua no escandalizaba a los fariseos porque hacía obras en Shabbat, el día de descanso santificado en la Ley de Moshé? Yojanán Marcos recoge la enseñanza de Yehshua con respecto al Shabbat (Marcos. 2: 23-28)

“Caminando Él a través de las mieses en día de sábado, sus discípulos, mientras iban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le dijeron: Mira, ¿cómo hacen en sábado lo que no está permitido? Y les dijo: ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los suyos? ¿Cómo entró en la casa de Dios, bajo el pontificado de Abiatar, y comió de los panes de la proposición, que no es lícito comer sino a los sacerdotes, y los dio asimismo y a los suyos? Y añadió: El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y dueño del sábado es el Hijo del hombre”.

Yehshua no consideró como necesaria la circuncisión, ni invitó a sus discípulos que impusieran a los nuevos conversos esta práctica, sino que se bautizaran en agua y en espíritu.

En el Evangelio de Tau’ma (párrafo 53) sus discípulos le preguntan a Yehshua si es de utilidad la circuncisión y él les dice: “Si para algo valiera, ya les engendraría su padre circuncisos en el seno de sus madres; sin embargo, la verdadera circuncisión en espíritu ha sido de gran utilidad”.

El Tanaj judío, Antiguo Testamento en las biblias cristianas, solo puede tener valor para los cristianos como referencia primaria del cristianismo y muchos de sus libros pueden ser suprimidos sin mayores consecuencias para la interpretación de las enseñanzas.

El libro “La Suprema Inteligencia” excluye de su canon varios de los libros del Tanaj, otros son simplificados y gran parte de ellos expresados bajo la inspiración de un Dios de piedad. El paralelismo que posee con el Tanaj se encuentra solo en las secciones: “En el Principio”, con ciertas semejanzas con Génesis; “Encuentro” que recoge parte del Éxodo y Josué (Yehoshúa); “Los Libertadores Shophetim” en torno a los Jueces de Yisraeil; “David” y “2 David”; “Eliyahu y Elisha” (Elías y Eliseo); “Hechos de Tobyah” (Tobías); “Yoshiyah” (Josías); “Dany’el” (Daniel); los libros sapienciales: “Sabiduría de Yehshua ben Sirac”, “Palabras del Predicador (Kohelet)” y “Job”; “Alabanzas y Plegarias”, paralelo al libro de los Salmos; para concluir con “Los Portadores de la Voz”, palabras de los profetas no específicas para los judíos.

Las enseñanzas específicas para el cristianismo recogida en “La Suprema Inteligencia” se compilan en la segunda parte de este libro, denominada: “Libros de la Nueva Inspiración”.


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