lunes, 15 de septiembre de 2014

DANY’EL 6


1 En el primer año del reinado de Darío, hijo de Asuero, de la raza de los medos y rey de Caldea, 2 pasó lo siguiente: Yo, Dany’el, me puse a buscar en las escrituras cuántos años quedaría en ruinas Jerusalén. 3 Me dirigí a la Suprema Inteligencia y le imploré, y durante cierto plazo le supliqué con oraciones y ayunos. Hacía penitencias vestido con un saco y sentado en el polvo.

4 Rogué a Yahvahé, mi Dios, y le hice esta confesión: Adonai, Dios grande y supremo, que proteges y salvas a los que te aman y observan tus mandamientos. 5 Nosotros hemos pecado, hemos sido injustos y rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus enseñanzas.

6 No escuchamos a tus enviados, los portadores de tu Voz, que, en nombre tuyo, hablaban a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país. 7 Luz del Universo, para ti la justicia, para nosotros la cara llena de vergüenza, como sucede en este día; a nosotros, a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén, a todo Yisraeil, próximos y lejanos, en todos los países donde fuimos dispersados por causa de las infidelidades y los errores que acumulamos apartados de ti.

8 De ti esperamos solamente el perdón y la misericordia, 9 porque no hemos escuchado ni seguimos tus enseñanzas de amor y justicia.

9 Todo Yisraeil ha quebrantado tu enseñanza y se apartó de ella en vez de seguir tus caminos. Por eso, sobre nosotros ha caído la desgracia y la vergüenza del destino que nosotros mismos nos edificamos siguiendo mandatos de hombres, que no inspiración tuya. 10 Por eso cayó sobre nosotros tal calamidad. No, no hubo jamás otra mayor que la que cayó sobre Jerusalén. 11 Todas estas desgracias nos han sobrecogido, pero nosotros no hemos tratado de rectificar ante Yahvahé, nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestros pecados y aprendiendo a oír tu verdad.

12 La Suprema Inteligencia nos advirtió como evitar las amenazas y la calamidad que sobre nosotros ha caído; pues Yahvahé, nuestro Dios, es justo en todas sus obras, mientras que nosotros no hemos obedecido su voz.

13 Adonai, según tu bondad, aparta la tristeza de Jerusalén, tu ciudad, tu santo monte; porque, a causa de nuestros pecados y de las maldades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son la burla de todos los que nos rodean. 14 Ahora, pues, oh Luz del Universo, escucha la plegaria y las súplicas de tu siervo, y, por el amor que en ti fulgura, haz brillar tu luz sobre tu santa ciudad devastada.

15 Dios mío, inclina tus oídos y escucha. Abre tus ojos y mira cómo está arruinada la ciudad sobre la cual ha sido pronunciado tu Nombre. No nos apoyamos en nuestras buenas obras, sino que derramamos nuestras súplicas ante ti, confiados en tu gran misericordia.

16 A la hora de la ofrenda de la tarde estaba todavía hablando; confesaba mis pecados y los de Yisraeil, mi pueblo, y suplicaba a la Suprema Inteligencia, mi Dios, que defendiera su Santo Monte. 17 En ese momento se presentó ante mí el divino Gavri’el, 18 y me habló así: “Dany’el, he venido ahora para instruirte. 19 Mientras estabas orando se pronunció una palabra y he venido a comunicártela porque Dios te ha elegido. Presta, pues, atención a esta palabra y entiende su mensaje: 20 Setenta tiempos están fijados sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa para poner fin a la perversidad, para terminar con el pecado, para borrar la ofensa, para instaurar una justicia eterna, para que se cumplan visiones y profecías y sea ungido el Santísimo.

21 Compréndelo bien: Desde que fue dada la orden de reedificar Jerusalén hasta un jefe ungido, son siete tiempos. Luego, en sesenta y dos tiempos, plazas y muros serán reconstruidos, pero en tiempos difíciles. 22 Después de los sesenta y dos tiempos será muerto un ungido, sin que se encuentre culpa en él; y la ciudad y el templo serán destruidos por el pueblo de un rey que vendrá. Y terminará como sumergida. Hasta el fin habrá guerras y los desastres que la Suprema Inteligencia ha previsto.

23 Aquel príncipe impondrá su ley a gran parte del pueblo durante un tiempo. Durante la mitad de un tiempo hará cesar los sacrificios y las ofrendas. El devastador colocará el abominable ídolo en el Templo, hasta que la ruina decretada por Dios caiga sobre el devastador”.


24 Y Gavri’el dijo muchas cosas más que yo debía sellar hasta llegado el momento cuando los hombres estén capacitados para entender el mensaje críptico de la llegada del Tiempo de los tiempos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Vistas de página en total