1 Sucedió en ese tiempo que
hubo una rebelión en Jerusalén y los legionarios romanos mataron a muchos y
detuvieron al que dirigió la revuelta, un galileo de nombre Yehshua Bar Abbas; 2 y estando Yehshua en
Galilea llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había
mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
3 Yehshua les dijo: “¿Acaso
piensan que esos galileos fueron más pecadores que todos los demás galileos por
lo que hicieron y han muerto? Les aseguro que no y les digo: conviértanse y
cambien su proceder porque todos ustedes perecerán del mismo modo. 4 Lo ocurrido ha sido para
que el Hijo del Hombre sea rechazado por muchos”.
Yehshua
y los niños
5 Y vinieron donde él un
grupo de mujeres con sus niños. Pidiéndole que pusiese la mano sobre ellos y
orase; pero los discípulos intentaban alejar a las mujeres. 30 Viendo lo que hacían sus
discípulos Yehshua se molestó y les dijo: “¿Por qué tratan de impedir que estas
mujeres me presenten a sus hijos? 6 ¿No conocen ustedes el canto de alabanza que dice: ‘Con la alabanza de los niños y de los que maman, erigiste una fortaleza contra tus
adversarios’? Dejen que los niños vengan a mí, sin ponerles impedimento, 7 porque de los semejantes a
los niños es la gloria del Padre. Ciertamente les digo, que el que no reciba el
reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
8 Entonces tomó en sus brazos
a los niños y colocando su mano sobre sus frentes, los bendecía.
9 Después de esto Yehshua
pasó por B'thanía donde quedó Mariam en casa de sus hermanos Eleazar y Martha,
y él continuó hacia Galilea esperando la llegada de la hora de su
glorificación.
Los
que ganarán la vida eterna
10 Luego advirtió a sus
discípulos: “Escuchen y entiendan esto que les declaro: No todo aquel que me
llame Señor, podrá gozar de la vida eterna. En la gloria del Padre de la Vida
entrará solo aquel que cumpla la voluntad de mi Padre. 11 Llegará el día cuando
muchos me dirán: Tú eres el Señor y en tu nombre hemos profetizado y en tu
nombre hemos expulsado demonios y en tu nombre hicimos milagros. 12 Yo les contestaré
claramente: No les conozco, apártense de mi ustedes los obradores de
injusticia”.
13 Y dijo también: “¡Ay del
mundo por los escándalos! Es inevitable que se produzcan escándalos y abunden
los tropiezos. Sin embargo ¡Pobre del hombre por cuya culpa se produce el
escándalo! 14 Si tu hermano peca contra
ti, ve y corrígele a solas tú con él, hablándole sin ira, compasivamente. Si te
escucha, no habrás perdido a tu hermano sino que lo habrás rescatado. 15 Les aseguro, que si dos se
ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre
que está en la expansión del Universo se los concederá. 16 Pues donde hay dos o tres
reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
17 “Cuando llegue el momento
del juicio, el Hijo del Hombre le dirá a los benditos: Vengan benditos a
habitar en el Paraíso que desde el principio de los tiempos el Padre les tiene
reservado; 18 porque tuve hambre y me dieron
de comer, tuve sed y me dieron de beber; era peregrino y ustedes me acogieron, 19 estaba desnudo y me vistieron,
enfermo y vinieron a verme, en la cárcel y me visitaron.
20 Entonces le responderán los
justos: señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te
dimos de beber? 21 ¿cuándo te vimos peregrino
y te acogimos, o desnudo y te vestimos? 22 o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te
visitamos?
23 Entonces, el Hijo del
Hombre les dirá: en verdad les digo que cada vez que esto hicieron con uno de
estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron.
24 Luego le dirá a los que
fueron rechazados de la Bendición por haberse entregado a la Sombra y al
dominio de sus ángeles: Apártense de mí, malditos; arrojados serán al foso de
la oscuridad abierto para los grigoris malditos; 25 porque tuve hambre y no me
dieron de beber; 26 era peregrino y no me acogieron,
estaba desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron.
27 Entonces le replicarán
también ellos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o
desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? 28 Él les responderá: en
verdad les digo que cuanto dejaron de hacer con uno de éstos mis hermanos más
pequeños, también dejaron de hacerlo conmigo.
29 Estos serán condenados a
desaparecer como si nunca hubieran existido y los benditos en cambio recibirán
la vida eterna habitando en el Paraíso que perdieron los hombres. Mas cuídense
de hacer el bien por hipocresía o por obligación, porque nada que se haga sin
amor tiene justificación ante la Luz del Universo.
El
pago de la ofrenda al Templo
30 Después de esto Yehshua con
sus discípulos se dirigió a Kapurneum; cuando ya se acercaban, unos
recaudadores del Templo fueron donde estaba Kefa y le dijeron: “El Rabbi de
ustedes deberá pagar la didracma tal y como está establecido”. Kefa les
respondió: “Ciertamente sí”.
31 Cuando llegó Kefa a su casa
donde ya estaba Yehshua, este le dijo: “¿Qué opinas Shimón? ¿De quienes reciben
tributos los reyes, de sus hijos o de los extraños?” Shimón Kefa le respondió:
“Ciertamente no de sus hijos sino de los extraños”. 32 Entonces Yehshua le dice:
“Por tanto los hijos están libres de pagar la ofrenda; 33 mas para que no se
escandalicen los recaudadores del Templo, ve al lago, arroja el anzuelo y al
primer pez que pique sujétalo, ábrele la boca y encontrarás un estáter; tómalo y
con ello pagarás una didracma por mí y otra por ti.
34 Un joven llegó a donde
Yehshua estaba y le pidió: “Rabbi, por favor, dile a mi hermano que reparta la
herencia de nuestros padres conmigo”. 35 Yehshua le contestó: “Hombre, ¿acaso soy yo repartidor? Yo
no soy juez para ordenar repartos”. 36 Entonces se volvió hacia sus discípulos y dijo: “Presten
atención a esto que voy a decirles. Guárdense de la codicia, del mucho desear
lo material; porque aun en la abundancia de las riquezas nadie tiene su vida asegurada.
37 ¿Por qué no juzgan por
ustedes mismos lo que es justo?”
Yehshua
anuncia nuevamente su muerte
38 Al anochecer Yehshua fue a
la orilla del lago a orar en soledad; cuando ya amanecía fue en busca de sus
discípulos escogidos y llamó a Kefa: “Es necesario ponernos en camino y subir a
Jerusalén, pues ya se acerca la pascua y no es posible que un profeta muera
lejos de Jerusalén”.
39 Y salió Yehshua con sus
discípulos hacia Judea y le acompañaba su madre Mariam. 40 Mariam, en su corazón
sentía una gran tristeza porque presentía que Yehshua iba en busca de la Gloria
del Padre.

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