jueves, 4 de septiembre de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 19


1 Sucedió en ese tiempo que hubo una rebelión en Jerusalén y los legionarios romanos mataron a muchos y detuvieron al que dirigió la revuelta, un galileo de nombre Yehshua Bar Abbas; 2 y estando Yehshua en Galilea llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.

3 Yehshua les dijo: “¿Acaso piensan que esos galileos fueron más pecadores que todos los demás galileos por lo que hicieron y han muerto? Les aseguro que no y les digo: conviértanse y cambien su proceder porque todos ustedes perecerán del mismo modo. 4 Lo ocurrido ha sido para que el Hijo del Hombre sea rechazado por muchos”.

Yehshua y los niños

5 Y vinieron donde él un grupo de mujeres con sus niños. Pidiéndole que pusiese la mano sobre ellos y orase; pero los discípulos intentaban alejar a las mujeres. 30 Viendo lo que hacían sus discípulos Yehshua se molestó y les dijo: “¿Por qué tratan de impedir que estas mujeres me presenten a sus hijos? 6 ¿No conocen ustedes el canto de alabanza que dice: ‘Con la alabanza de los niños  y de los que maman,  erigiste una fortaleza contra tus adversarios’? Dejen que los niños vengan a mí, sin ponerles impedimento, 7 porque de los semejantes a los niños es la gloria del Padre. Ciertamente les digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

8 Entonces tomó en sus brazos a los niños y colocando su mano sobre sus frentes, los bendecía.

9 Después de esto Yehshua pasó por B'thanía donde quedó Mariam en casa de sus hermanos Eleazar y Martha, y él continuó hacia Galilea esperando la llegada de la hora de su glorificación.

Los que ganarán la vida eterna

10 Luego advirtió a sus discípulos: “Escuchen y entiendan esto que les declaro: No todo aquel que me llame Señor, podrá gozar de la vida eterna. En la gloria del Padre de la Vida entrará solo aquel que cumpla la voluntad de mi Padre. 11 Llegará el día cuando muchos me dirán: Tú eres el Señor y en tu nombre hemos profetizado y en tu nombre hemos expulsado demonios y en tu nombre hicimos milagros. 12 Yo les contestaré claramente: No les conozco, apártense de mi ustedes los obradores de injusticia”.

13 Y dijo también: “¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que se produzcan escándalos y abunden los tropiezos. Sin embargo ¡Pobre del hombre por cuya culpa se produce el escándalo! 14 Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígele a solas tú con él, hablándole sin ira, compasivamente. Si te escucha, no habrás perdido a tu hermano sino que lo habrás rescatado. 15 Les aseguro, que si dos se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en la expansión del Universo se los concederá. 16 Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

17 “Cuando llegue el momento del juicio, el Hijo del Hombre le dirá a los benditos: Vengan benditos a habitar en el Paraíso que desde el principio de los tiempos el Padre les tiene reservado; 18 porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era peregrino y ustedes me acogieron, 19 estaba desnudo y me vistieron, enfermo y vinieron a verme, en la cárcel y me visitaron.

20 Entonces le responderán los justos: señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? 21 ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos? 22 o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?

23 Entonces, el Hijo del Hombre les dirá: en verdad les digo que cada vez que esto hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron.

24 Luego le dirá a los que fueron rechazados de la Bendición por haberse entregado a la Sombra y al dominio de sus ángeles: Apártense de mí, malditos; arrojados serán al foso de la oscuridad abierto para los grigoris malditos; 25 porque tuve hambre y no me dieron de beber; 26 era peregrino y no me acogieron, estaba desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron.

27 Entonces le replicarán también ellos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? 28 Él les responderá: en verdad les digo que cuanto dejaron de hacer con uno de éstos mis hermanos más pequeños, también dejaron de hacerlo conmigo.

29 Estos serán condenados a desaparecer como si nunca hubieran existido y los benditos en cambio recibirán la vida eterna habitando en el Paraíso que perdieron los hombres. Mas cuídense de hacer el bien por hipocresía o por obligación, porque nada que se haga sin amor tiene justificación ante la Luz del Universo.

El pago de la ofrenda al Templo

30 Después de esto Yehshua con sus discípulos se dirigió a Kapurneum; cuando ya se acercaban, unos recaudadores del Templo fueron donde estaba Kefa y le dijeron: “El Rabbi de ustedes deberá pagar la didracma tal y como está establecido”. Kefa les respondió: “Ciertamente sí”.

31 Cuando llegó Kefa a su casa donde ya estaba Yehshua, este le dijo: “¿Qué opinas Shimón? ¿De quienes reciben tributos los reyes, de sus hijos o de los extraños?” Shimón Kefa le respondió: “Ciertamente no de sus hijos sino de los extraños”. 32 Entonces Yehshua le dice: “Por tanto los hijos están libres de pagar la ofrenda; 33 mas para que no se escandalicen los recaudadores del Templo, ve al lago, arroja el anzuelo y al primer pez que pique sujétalo, ábrele la boca y encontrarás un estáter; tómalo y con ello pagarás una didracma por mí y otra por ti.

34 Un joven llegó a donde Yehshua estaba y le pidió: “Rabbi, por favor, dile a mi hermano que reparta la herencia de nuestros padres conmigo”. 35 Yehshua le contestó: “Hombre, ¿acaso soy yo repartidor? Yo no soy juez para ordenar repartos”. 36 Entonces se volvió hacia sus discípulos y dijo: “Presten atención a esto que voy a decirles. Guárdense de la codicia, del mucho desear lo material; porque aun en la abundancia de las riquezas nadie tiene su vida asegurada. 37 ¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?”

Yehshua anuncia nuevamente su muerte

38 Al anochecer Yehshua fue a la orilla del lago a orar en soledad; cuando ya amanecía fue en busca de sus discípulos escogidos y llamó a Kefa: “Es necesario ponernos en camino y subir a Jerusalén, pues ya se acerca la pascua y no es posible que un profeta muera lejos de Jerusalén”.


39 Y salió Yehshua con sus discípulos hacia Judea y le acompañaba su madre Mariam. 40 Mariam, en su corazón sentía una gran tristeza porque presentía que Yehshua iba en busca de la Gloria del Padre.

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