1 Donde quiera que vaya
llevo tu nombre, Luz del Universo, Suprema Inteligencia; porque ¿qué soy yo, si
no tengo tu amparo?
2 Tú me conduces y me
guías. Tú me resguardas del peligro y de los azares del camino.
3 Apartas de mí a los
malhechores, a los que no tienen piedad, a los transgresores de tus mandatos, y
de ellos me resguardas.
4 Y yo te alabo con toda
mi alma. Yo te invoco a cada momento. ¿Cuántas veces medito en Ti?
5 De noche mi mente te
busca, de día mi alma tiene sed de Ti.
6 Yo te busco en la
tierra, en los montes, en las ciudades en medio de su bullicio.
7 Yo te adivino en lo
ignoto del Universo, donde brilla tu Templo, donde por siempre eres la Verdad.
8 En la expansión del
Universo ¿qué poder puede igualarse a Ti?
9 Tú trazaste el
movimiento de los astros. Tú le diste rotación a los planetas y fijaste para
siempre las leyes que rigen el cosmos.
10 Tú nos formaste con
materia estelar e infundiste la vida en la materia inerte para dar siempre
alabanza a tu gloria.
11 Te busco, Padre de la
Vida; a Ti me encomiendo y en Ti confío.
12 Guarda mis pasos donde
quiera que vaya. Permite que tus divinos mensajeros, los ángeles tus
servidores, me acompañen para librarme de cualquier mal en el camino.
13 Bendito sea tu nombre
y que todos alaben a la Suprema Inteligencia.
Amén.

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