1 Por aquel tiempo Calígula había sido
nombrado Emperador, tras la muerte de Tiberios. En Judea gobernaba Herodes
Agripa, sobrino de Antipas, y este era tetrarca de Galilea. 2 Antipas envidiaba a su sobrino y deseaba
reinar sobre Judea; entonces instigado por Herodías, su mujer, envió cartas a
Calígula reclamándole le concediera el reino de Judea. 3 Pero Agripa, a su vez, envió un mensaje a
Calígula, donde acusaba a Antipas de haber concertado una alianza secreta con
los partos en contra de Roma. Calígula entonces ordenó deportar a Herodes
Antipas y a Herodías despojándole de su gobierno como tetrarca.
4 Entonces Ya’akov Bar-Zebebdi partió hacia
las tierras de Hispania para llevar la Palabra a los bárbaros. Ya’akov, hermano
de Yojanán, predicaba a lo largo de la vía romana y recorría toda la Gallaecia,
visitando muchos poblados fortificados ─ llamados castros ─ de los galaicos. 5 Muchos fueron los prodigios que Ya’akov
hizo entre los galaicos y muchos se convirtieron al Camino de Yehshua y
formaron una congregación de seguidores de la Palabra. 6 Eligió de entre los conversos de la
ciudad romana conocida como César Augusto a siete hombres justos como
discípulos suyos para que estos continuaran transmitiendo la Palabra.
7 Mariam, madre de Yehshua, vivía en
Jerusalén, en casa de Zebebdi y cuidada por Yojanán desde que Yehshua le
pidiera que la tomara como madre 8 y los
apóstoles la visitaban y en su compañía oraban al Kristo consagrado. 9 Los fariseos y los sadoqueos la
respetaban y nada intentaban contra ella porque siempre estaba guardada por los
ángeles divinos.
10 Kefa continuaba guiando a las
congregaciones de Joppe; una tarde subió al terrado para orar. Sintió hambre y
quiso comer algo. Mientras le preparaban los alimentos, entró Kefa en éxtasis 11 y vio que desde las alturas bajaba hacia
la tierra una cosa así como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas. 12 Dentro de aquel había toda suerte de
cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. 13 Entonces escuchó una voz que le dijo:
“Levántate, Kefa, sacrifica y come”.
14 Kefa contestó: “De ninguna manera, Señor;
jamás he comido nada profano e impuro”. 15 La
voz le habló por segunda vez, y le dijo: “Kefa, no te atrevas a llamar impuro y
profano, lo que tu Dios ha purificado”. 16 Esto
se repitió tres veces, e inmediatamente aquel lienzo desapareció de su vista.
17 Kefa se sentía desconcertado pensando qué
podría significar la visión que había tenido, cuando tres hombres, dos siervos
y un soldado, después de preguntar por la casa de Shimón el curtidor, se
presentaron en la puerta; 18 llamaron y preguntaron si se hospedaba
allí Shimón, el que es llamado Kefa.
19 Sintió Kefa en su interior una voz que le
susurró: “Kefa, han llegado unos hombres que te buscan. 20 Baja, pues, al momento y vete con ellos
sin vacilar, pues yo los he enviado”. 21 Bajó
Kefa y quedó sorprendido al ver a aquellos hombres que le buscaban y les dijo:
“Yo soy Kefa; ¿con qué motivo me buscan?”
22 Ellos respondieron: “El centurión
Cornelio, centurión de la cohorte Itálica, hombre, además, justo y respetuoso
del Dios Único, reconocido como tal por el testimonio de toda la nación judía,
ha recibido una señal de las alturas pidiéndole que te hiciera ir a su casa en
Cesárea y de escuchar lo que tú digas”.
23 Entonces Kefa les invitó a entrar y les
dio hospedaje. Al día siguiente se levantó y se fue con ellos; le acompañaron
algunos de los discípulos de Joppe. 24
Cuando llegaron a Cesárea tras una marcha de un día, Cornelio los estaba
esperando. Había reunido a sus parientes y a los amigos íntimos. 25 Al entrar Kefa en la casa del centurión
salió Cornelio a su encuentro y se postró ante sus pies.
26 Kefa le levantó diciéndole: “Levántate,
que también yo soy un hombre”.
27 Dándole el saludo de la paz, Kefa entró
con Cornelio y encontró que eran muchos los que le esperaban en aquella casa. 28 Y les dijo: "Seguramente ustedes
están enterados que no le está permitido a un judío juntarse con un extranjero
ni entrar en su casa; pero a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar
profano o impuro a ningún hombre. 29 Por
eso cuando supe que me llamaban he venido sin dudar. Ahora les pregunto, ¿por
qué motivo me han enviado a llamar?”
30 Habló entonces Cornelio: “Aunque romanos
somos, hemos aceptado la existencia de un Dios único y rechazado a los dioses
en los que antes creíamos; pero los judíos no nos aceptaban en sus comunidades
porque somos considerados goyim. 31
Conocimos de un varón justo que hacía prodigios que solo puede hacer alguien
que cuenta con el favor de Dios, ese Yehshua que fuera crucificado. 32 Entre algunos soldados de nuestra cohorte
se hablaba de que había resucitado, aunque los Sumo Sacerdotes les habían
pagado para que lo negaran. 33 Hace cuatro días a esta misma hora yo
estaba en ayuno; y a la hora novena yo oraba en mi casa; entonces me llegó una
extraña inspiración que me ordenaba buscarte. 34 Yo
había escuchado de ti y me contaban que tu predicabas entre el pueblo judío un
nuevo camino para adorar a Dios, y tuve conocimiento de que estabas en Joppe,
así que mandé a estos hombres, que esperan recibir la verdad, que te pidieran
que vinieras hasta nosotros para escuchar tus palabras; y tú has hecho bien en
venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para
oír todo lo que Dios te ha encomendado”.
35 Entonces Kefa, maravillado por la fe de
aquellos extranjeros, dijo: “Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción
de personas, 36 sino que en toda nación el que Le
reverencia y hace lo justo, Dios se agrada de él. 37 La palabra que Él envió al pueblo de Yisraeil,
anunciando la buena noticia de paz por medio de Yehshua, que Él es Señor de
todos.
38 Me doy cuenta que ustedes conocen lo que
ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que
Yojanán predicó, 39 cómo Dios ungió a Yehshua de Natzeret con
el Paráclito, Espíritu de Sabiduría y con poder, para que pudiera hacerle bien
y sanando a todos los oprimidos por la Sombra; porque Dios estaba con El. 40 Hemos sido testigos, sus discípulos más
cercanos, de todas las obras que realizó en Judea y en Jerusalén. Testigos
fuimos de su muerte sobre una cruz por mandato de Pilato que trató de librarle de
la muerte para ceder por la presión de los fariseos, los sadoqueos y los sumos
sacerdotes.
41 Pero Dios lo resucitó al tercer día e
hizo que se manifestara, 42 no a todo el pueblo, sino a los testigos
que fueron escogidos de antemano por él, es decir, a nosotros que comimos y
bebimos con él después que resucitara de la muerte. 43 Y nos mandó predicar al pueblo, y
testificar con toda solemnidad que este Yehshua es el que Dios ha designado
como Juez de los vivos y de los muertos. 44
Establecido ha quedado que por su nombre, todo el que cree en él recibe el
perdón de los pecados”.
45 Mientras aún hablaba Kefa estas palabras,
la Luz del Paráclito cayó sobre todos los que oían la palabra. 46 Y los creyentes de la circuncisión, que
habían venido con Kefa, estaban asombrados de que también sobre los goyim se
derramase el don del Espíritu Santo, 47 pues
vieron la iluminación de sus rostros y el estado de casi en éxtasis en que
estaban. Entonces respondió Kefa: 48
“¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han
recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” 49 Y les mandó que fueran bautizados en el
nombre del Hijo de Dios. Entonces le pidieron que se quedara con ellos unos
días.



No hay comentarios:
Publicar un comentario