viernes, 14 de noviembre de 2014

El Camino de los Apóstoles 8


1 Por aquel tiempo Calígula había sido nombrado Emperador, tras la muerte de Tiberios. En Judea gobernaba Herodes Agripa, sobrino de Antipas, y este era tetrarca de Galilea. 2 Antipas envidiaba a su sobrino y deseaba reinar sobre Judea; entonces instigado por Herodías, su mujer, envió cartas a Calígula reclamándole le concediera el reino de Judea. 3 Pero Agripa, a su vez, envió un mensaje a Calígula, donde acusaba a Antipas de haber concertado una alianza secreta con los partos en contra de Roma. Calígula entonces ordenó deportar a Herodes Antipas y a Herodías despojándole de su gobierno como tetrarca.

4 Entonces Ya’akov Bar-Zebebdi partió hacia las tierras de Hispania para llevar la Palabra a los bárbaros. Ya’akov, hermano de Yojanán, predicaba a lo largo de la vía romana y recorría toda la Gallaecia, visitando muchos poblados fortificados ─ llamados castros ─ de los galaicos. 5 Muchos fueron los prodigios que Ya’akov hizo entre los galaicos y muchos se convirtieron al Camino de Yehshua y formaron una congregación de seguidores de la Palabra. 6 Eligió de entre los conversos de la ciudad romana conocida como César Augusto a siete hombres justos como discípulos suyos para que estos continuaran transmitiendo la Palabra.

7 Mariam, madre de Yehshua, vivía en Jerusalén, en casa de Zebebdi y cuidada por Yojanán desde que Yehshua le pidiera que la tomara como madre 8 y los apóstoles la visitaban y en su compañía oraban al Kristo consagrado. 9 Los fariseos y los sadoqueos la respetaban y nada intentaban contra ella porque siempre estaba guardada por los ángeles divinos.

10 Kefa continuaba guiando a las congregaciones de Joppe; una tarde subió al terrado para orar. Sintió hambre y quiso comer algo. Mientras le preparaban los alimentos, entró Kefa en éxtasis 11 y vio que desde las alturas bajaba hacia la tierra una cosa así como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas. 12 Dentro de aquel había toda suerte de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. 13 Entonces escuchó una voz que le dijo: “Levántate, Kefa, sacrifica y come”.

14 Kefa contestó: “De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro”. 15 La voz le habló por segunda vez, y le dijo: “Kefa, no te atrevas a llamar impuro y profano, lo que tu Dios ha purificado”. 16 Esto se repitió tres veces, e inmediatamente aquel lienzo desapareció de su vista.

17 Kefa se sentía desconcertado pensando qué podría significar la visión que había tenido, cuando tres hombres, dos siervos y un soldado, después de preguntar por la casa de Shimón el curtidor, se presentaron en la puerta; 18 llamaron y preguntaron si se hospedaba allí Shimón, el que es llamado Kefa.


19 Sintió Kefa en su interior una voz que le susurró: “Kefa, han llegado unos hombres que te buscan. 20 Baja, pues, al momento y vete con ellos sin vacilar, pues yo los he enviado”. 21 Bajó Kefa y quedó sorprendido al ver a aquellos hombres que le buscaban y les dijo: “Yo soy Kefa; ¿con qué motivo me buscan?”

22 Ellos respondieron: “El centurión Cornelio, centurión de la cohorte Itálica, hombre, además, justo y respetuoso del Dios Único, reconocido como tal por el testimonio de toda la nación judía, ha recibido una señal de las alturas pidiéndole que te hiciera ir a su casa en Cesárea y de escuchar lo que tú digas”.

23 Entonces Kefa les invitó a entrar y les dio hospedaje. Al día siguiente se levantó y se fue con ellos; le acompañaron algunos de los discípulos de Joppe. 24 Cuando llegaron a Cesárea tras una marcha de un día, Cornelio los estaba esperando. Había reunido a sus parientes y a los amigos íntimos. 25 Al entrar Kefa en la casa del centurión salió Cornelio a su encuentro y se postró ante sus pies.

26 Kefa le levantó diciéndole: “Levántate, que también yo soy un hombre”.


27 Dándole el saludo de la paz, Kefa entró con Cornelio y encontró que eran muchos los que le esperaban en aquella casa. 28 Y les dijo: "Seguramente ustedes están enterados que no le está permitido a un judío juntarse con un extranjero ni entrar en su casa; pero a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar profano o impuro a ningún hombre. 29 Por eso cuando supe que me llamaban he venido sin dudar. Ahora les pregunto, ¿por qué motivo me han enviado a llamar?”

30 Habló entonces Cornelio: “Aunque romanos somos, hemos aceptado la existencia de un Dios único y rechazado a los dioses en los que antes creíamos; pero los judíos no nos aceptaban en sus comunidades porque somos considerados goyim. 31 Conocimos de un varón justo que hacía prodigios que solo puede hacer alguien que cuenta con el favor de Dios, ese Yehshua que fuera crucificado. 32 Entre algunos soldados de nuestra cohorte se hablaba de que había resucitado, aunque los Sumo Sacerdotes les habían pagado para que lo negaran. 33 Hace cuatro días a esta misma hora yo estaba en ayuno; y a la hora novena yo oraba en mi casa; entonces me llegó una extraña inspiración que me ordenaba buscarte. 34 Yo había escuchado de ti y me contaban que tu predicabas entre el pueblo judío un nuevo camino para adorar a Dios, y tuve conocimiento de que estabas en Joppe, así que mandé a estos hombres, que esperan recibir la verdad, que te pidieran que vinieras hasta nosotros para escuchar tus palabras; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha encomendado”.

35 Entonces Kefa, maravillado por la fe de aquellos extranjeros, dijo: “Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, 36 sino que en toda nación el que Le reverencia y hace lo justo, Dios se agrada de él. 37 La palabra que Él envió al pueblo de Yisraeil, anunciando la buena noticia de paz por medio de Yehshua, que Él es Señor de todos.

38 Me doy cuenta que ustedes conocen lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Yojanán predicó, 39 cómo Dios ungió a Yehshua de Natzeret con el Paráclito, Espíritu de Sabiduría y con poder, para que pudiera hacerle bien y sanando a todos los oprimidos por la Sombra; porque Dios estaba con El. 40 Hemos sido testigos, sus discípulos más cercanos, de todas las obras que realizó en Judea y en Jerusalén. Testigos fuimos de su muerte sobre una cruz por mandato de Pilato que trató de librarle de la muerte para ceder por la presión de los fariseos, los sadoqueos y los sumos sacerdotes.

41 Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, 42 no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por él, es decir, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitara de la muerte. 43 Y nos mandó predicar al pueblo, y testificar con toda solemnidad que este Yehshua es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos. 44 Establecido ha quedado que por su nombre, todo el que cree en él recibe el perdón de los pecados”.


45 Mientras aún hablaba Kefa estas palabras, la Luz del Paráclito cayó sobre todos los que oían la palabra. 46 Y los creyentes de la circuncisión, que habían venido con Kefa, estaban asombrados de que también sobre los goyim se derramase el don del Espíritu Santo, 47 pues vieron la iluminación de sus rostros y el estado de casi en éxtasis en que estaban. Entonces respondió Kefa: 48 “¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” 49 Y les mandó que fueran bautizados en el nombre del Hijo de Dios. Entonces le pidieron que se quedara con ellos unos días.

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