Los
mandatos: Séptimo Mandato
1 El Pastor continuó enseñándome y dijo: “Adora
y respeta al Señor y guarda su palabra. Así que guardando las enseñanzas de
Dios serás poderoso en todas tus obras, y tus actos serán incomparables. 2 Porque en tanto que ante el Dios del
Universo te inclines con veneración, harás todas las cosas bien. 3 Esta es la sabiduría que debes guardar y
ser salvo.
No temer
al Maligno
4 No temas al príncipe de la Sombra; pues
si guardas las palabras de Kristo, el Señor, tendrás poder contra el Maligno,
porque no hay poder en él que pueda enfrentarse al poder que procede de la Luz
del Universo. 5 No le temas, pues, porque de aquel en
quien no hay poder, no hay que sentir temor; pero a aquel cuyo poder es
glorioso e infinitamente grande, a éste hay que respetar y obedecer. 6 Porque todo aquel que tiene poder es respetado,
en tanto que aquel que carece de poder no puede imponerse.
Temer las
obras del Maligno
7 Sin embargo, teme las obras del Maligno,
porque son perversas. Cuando tú respetes con toda veneración al Señor, temerás
las obras del diablo y no las harás, sino que te abstendrás de ellas. 8 El temor es, pues, de dos clases. Si
deseas hacer lo malo, teme al Señor, y no lo hagas. Pero si deseas hacer lo
bueno, busca el impulso en la Suprema Inteligencia y hazlo.
9 Por tanto, acoger las enseñanzas del Padre
de la Vida es ganar poder y alcanzar grandeza y gloria. 10 Cuando
alcances la Verdad que proviene de la Luz del Universo, entonces, vivirás para
servir a Dios y hacer lo grande; sí, y todos los que alcancen la luz de su
sabiduría vivirán para Dios”.
11 Le pregunté entonces: “¿Por qué, Señor has
dicho con respecto a los que guardan la Palabra del Señor: ‘Vivirán para
Dios’?” 12 Me contestó el ángel de mi protección:
“Porque, toda criatura por instinto teme al Poder del Universo, pero no todos
guardan las enseñanzas y el Pacto de la Suprema Inteligencia. 13 Así pues, los que, más que temer a Dios,
guardan y hacen suyas las enseñanzas de Dios, tienen vida ante El; 14 pero los que no guardan la palabra del
Dios de la Vida y no siguen sus enseñanzas, no tienen vida en sí”.
Octavo
Mandato
15 Y prosiguió hablando el Pastor: “Te dije que
las criaturas de Dios tienen dos aspectos; porque la templanza, el dominio de
sí mismo, también los tiene. 16 Porque en algunas cosas es justo ser templado,
pero en otras no lo es”.
17 Le pedí entonces: “Dame a conocer, señor,
en que cosas es recto y conveniente ser templado y en qué cosas no lo es”.
18 El Pastor me contestó: “Escucha y
entiende mis palabras: Ten dominio sobre tus instintos respecto a lo que es
malo, y no lo hagas; 19 pero no te inhibas respecto a lo que es
bueno, sino hazlo. Porque si eres templado, si te inhibes para lo que es bueno,
de modo que no lo haces, cometes un gran pecado; 20 pero si eres templado respecto a lo que
es perverso y dañino, de modo que no lo ejecutas, haces una gran justicia. 21 Sé templado, por consiguiente,
absteniéndote de toda maldad y perversión, y haz lo que es bueno”.
Los
pecados que deben ser evitados
22 “¿Qué clases de maldad y perversión,
Señor”, le pregunté, “son aquellas que hemos de abstenernos con nuestra
templanza?”
23 Me dijo entonces: “Oye; de los actos
semejantes al adulterio, que es mentir, engañar y falsear, del odio, del
libertinaje y de la embriaguez de los vicios que devoran tu mente y matan a tu
alma, de la lujuria perversa, de la adoración de las riquezas, del jactarse y
de la altivez y el orgullo, de la falsedad y hablar mal y la hipocresía, la malicia,
la envidia y de toda blasfemia en contra del Espíritu Divino de Dios y de su
Luz. 24 Estas obras son las más perversas de
todas en la vida de los hombres. 25 De
estas obras, pues, el hijo de Dios debe abstenerse, siendo templado; porque el
que no tiene dominio de sus instintos y de sus deseos de modo que no se
abstiene de ellas, no puede considerarse hijo de Dios. Escucha, pues, lo que
ocurre a éstos”.
26 “¡Cómo!”, expresé, “¿hay otros actos perversos
todavía, Señor?” “Sí”, me contestó, 27 “hay
muchos ante los cuales el hijo de Dios ha de ser templado y abstenerse:
violaciones, hurtos, falsedades, egoísmo,
falsos testimonios, avaricia, vanagloria, pisotear la inocencia de los
inocentes, y todas las cosas que son semejantes. ¿No crees que estas cosas son
malas, sí, muy malas para los hijos de Dios? 28 En
todas estas cosas el que sigue a la Luz debe ejercer templanza y abstenerse de
ellas. Sé, pues, templado, y abstente de todas estas cosas, para que puedas
vivir para Dios y ser contado entre los que ejercen dominio propio en ellas.
Estas son, por tanto, las cosas de las cuales debes abstenerte”.
29 Y continuó diciendo el Pastor: “Ahora
escucha, las cosas que deberías practicar
sin inhibición, sino hacerlas. No te inhibas de practicar lo justo y lo bueno,
sino hazlo”.
Los
actos buenos
30 Le rogué entonces: “Muéstrame, ángel de
instrucción, el poder de las cosas buenas también, para que pueda andar en
ellas, y servirlas, para que haciéndolas me sea posible ser salvo”.
31 “Oye también”, me dijo, “las cosas buenas
que debes hacer, de las cuales no tienes que abstenerte. 32 Primero están la fe y la confianza en
Dios, el amor, la concordia, la tolerancia por todo aquello que no dañe a
otros, las palabras de justicia, verdad, paciencia; no hay nada mejor que estas
cosas en la vida de los hombres. 33 Si un
hombre las guarda, y no se abstiene de ellas, es bienaventurado en esta vida.
34 Oye ahora las otras que se sigue de
ellas: tener misericordia por los humildes, por los desdichados, visitar a los enfermos
y necesitados, rescatar a los hijos de Dios en sus aflicciones, ser
hospitalario (porque en la hospitalidad se ejerce la benevolencia una y otra
vez), no resistir a otros, ser tranquilo, mostrarse, con sinceridad del alma,
más humilde que todos los demás, reverenciar a los ancianos, practicar la
justicia, observar el sentimiento fraternal, soportar las ofensas, ser
paciente, no guardar rencor, exhortar a los que están enfermos del alma, no maldecir
a los que han tropezado en la fe, ni siguen tu Camino, sino aconsejarles y darles
ánimo, aconsejar a los pecadores que busquen tu ayuda, no oprimir a los pobres
e indigentes, y otras acciones semejantes. ¿Te parecen buenas?”
35 Le contesté: “¿Cómo, Señor, puede
haberlas mejores?” “Entonces anda con ellas”, me dijo, “y no te abstengas de
ellas, y vivirás para Dios. 36 Guarda este mandato. Si obras bien y no
te abstienes de hacerlo, vivirás para Dios; sí, y todos los que obren así
vivirán para Dios. 37 Y de nuevo, si no obras mal, sino que te
abstienes de él, vivirás para Dios; sí, y vivirán para Dios todos los que
guardan estos mandatos y andan en ellos”.

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