jueves, 6 de noviembre de 2014

Revelaciones de Hermas 10


Los mandatos: Séptimo Mandato

1 El Pastor continuó enseñándome y dijo: “Adora y respeta al Señor y guarda su palabra. Así que guardando las enseñanzas de Dios serás poderoso en todas tus obras, y tus actos serán incomparables. 2 Porque en tanto que ante el Dios del Universo te inclines con veneración, harás todas las cosas bien. 3 Esta es la sabiduría que debes guardar y ser salvo.

No temer al Maligno

4 No temas al príncipe de la Sombra; pues si guardas las palabras de Kristo, el Señor, tendrás poder contra el Maligno, porque no hay poder en él que pueda enfrentarse al poder que procede de la Luz del Universo. 5 No le temas, pues, porque de aquel en quien no hay poder, no hay que sentir temor; pero a aquel cuyo poder es glorioso e infinitamente grande, a éste hay que respetar y obedecer. 6 Porque todo aquel que tiene poder es respetado, en tanto que aquel que carece de poder no puede imponerse.

Temer las obras del Maligno

7 Sin embargo, teme las obras del Maligno, porque son perversas. Cuando tú respetes con toda veneración al Señor, temerás las obras del diablo y no las harás, sino que te abstendrás de ellas. 8 El temor es, pues, de dos clases. Si deseas hacer lo malo, teme al Señor, y no lo hagas. Pero si deseas hacer lo bueno, busca el impulso en la Suprema Inteligencia y hazlo.

9 Por tanto, acoger las enseñanzas del Padre de la Vida es ganar poder y alcanzar grandeza  y gloria. 10 Cuando alcances la Verdad que proviene de la Luz del Universo, entonces, vivirás para servir a Dios y hacer lo grande; sí, y todos los que alcancen la luz de su sabiduría vivirán para Dios”.

11 Le pregunté entonces: “¿Por qué, Señor has dicho con respecto a los que guardan la Palabra del Señor: ‘Vivirán para Dios’?” 12 Me contestó el ángel de mi protección: “Porque, toda criatura por instinto teme al Poder del Universo, pero no todos guardan las enseñanzas y el Pacto de la Suprema Inteligencia. 13 Así pues, los que, más que temer a Dios, guardan y hacen suyas las enseñanzas de Dios, tienen vida ante El; 14 pero los que no guardan la palabra del Dios de la Vida y no siguen sus enseñanzas, no tienen vida en sí”.

Octavo Mandato

15 Y prosiguió hablando el Pastor: “Te dije que las criaturas de Dios tienen dos aspectos; porque la templanza, el dominio de sí mismo, también los tiene. 16 Porque en algunas cosas es justo ser templado, pero en otras no lo es”.

17 Le pedí entonces: “Dame a conocer, señor, en que cosas es recto y conveniente ser templado y en qué cosas no lo es”.

18 El Pastor me contestó: “Escucha y entiende mis palabras: Ten dominio sobre tus instintos respecto a lo que es malo, y no lo hagas; 19 pero no te inhibas respecto a lo que es bueno, sino hazlo. Porque si eres templado, si te inhibes para lo que es bueno, de modo que no lo haces, cometes un gran pecado; 20 pero si eres templado respecto a lo que es perverso y dañino, de modo que no lo ejecutas, haces una gran justicia. 21 Sé templado, por consiguiente, absteniéndote de toda maldad y perversión, y haz lo que es bueno”.

Los pecados que deben ser evitados

22 “¿Qué clases de maldad y perversión, Señor”, le pregunté, “son aquellas que hemos de abstenernos con nuestra templanza?”

23 Me dijo entonces: “Oye; de los actos semejantes al adulterio, que es mentir, engañar y falsear, del odio, del libertinaje y de la embriaguez de los vicios que devoran tu mente y matan a tu alma, de la lujuria perversa, de la adoración de las riquezas, del jactarse y de la altivez y el orgullo, de la falsedad y hablar mal y la hipocresía, la malicia, la envidia y de toda blasfemia en contra del Espíritu Divino de Dios y de su Luz. 24 Estas obras son las más perversas de todas en la vida de los hombres. 25 De estas obras, pues, el hijo de Dios debe abstenerse, siendo templado; porque el que no tiene dominio de sus instintos y de sus deseos de modo que no se abstiene de ellas, no puede considerarse hijo de Dios. Escucha, pues, lo que ocurre a éstos”.

26 “¡Cómo!”, expresé, “¿hay otros actos perversos todavía, Señor?” “Sí”, me contestó, 27 “hay muchos ante los cuales el hijo de Dios ha de ser templado y abstenerse: violaciones,  hurtos, falsedades, egoísmo, falsos testimonios, avaricia, vanagloria, pisotear la inocencia de los inocentes, y todas las cosas que son semejantes. ¿No crees que estas cosas son malas, sí, muy malas para los hijos de Dios? 28 En todas estas cosas el que sigue a la Luz debe ejercer templanza y abstenerse de ellas. Sé, pues, templado, y abstente de todas estas cosas, para que puedas vivir para Dios y ser contado entre los que ejercen dominio propio en ellas. Estas son, por tanto, las cosas de las cuales debes abstenerte”.

29 Y continuó diciendo el Pastor: “Ahora escucha, las cosas que  deberías practicar sin inhibición, sino hacerlas. No te inhibas de practicar lo justo y lo bueno, sino hazlo”.

Los actos buenos

30 Le rogué entonces: “Muéstrame, ángel de instrucción, el poder de las cosas buenas también, para que pueda andar en ellas, y servirlas, para que haciéndolas me sea posible ser salvo”.

31 “Oye también”, me dijo, “las cosas buenas que debes hacer, de las cuales no tienes que abstenerte. 32 Primero están la fe y la confianza en Dios, el amor, la concordia, la tolerancia por todo aquello que no dañe a otros, las palabras de justicia, verdad, paciencia; no hay nada mejor que estas cosas en la vida de los hombres. 33 Si un hombre las guarda, y no se abstiene de ellas, es bienaventurado en esta vida.

34 Oye ahora las otras que se sigue de ellas: tener misericordia por los humildes, por los desdichados, visitar a los enfermos y necesitados, rescatar a los hijos de Dios en sus aflicciones, ser hospitalario (porque en la hospitalidad se ejerce la benevolencia una y otra vez), no resistir a otros, ser tranquilo, mostrarse, con sinceridad del alma, más humilde que todos los demás, reverenciar a los ancianos, practicar la justicia, observar el sentimiento fraternal, soportar las ofensas, ser paciente, no guardar rencor, exhortar a los que están enfermos del alma, no maldecir a los que han tropezado en la fe, ni siguen tu Camino, sino aconsejarles y darles ánimo, aconsejar a los pecadores que busquen tu ayuda, no oprimir a los pobres e indigentes, y otras acciones semejantes. ¿Te parecen buenas?”


35 Le contesté: “¿Cómo, Señor, puede haberlas mejores?” “Entonces anda con ellas”, me dijo, “y no te abstengas de ellas, y vivirás para Dios. 36 Guarda este mandato. Si obras bien y no te abstienes de hacerlo, vivirás para Dios; sí, y todos los que obren así vivirán para Dios. 37 Y de nuevo, si no obras mal, sino que te abstienes de él, vivirás para Dios; sí, y vivirán para Dios todos los que guardan estos mandatos y andan en ellos”.

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