lunes, 29 de septiembre de 2014

Eliyahu y Elisha 8


Elisha y el aceite de la viuda


1 La mujer de uno de la comunidad de profetas imploró a Elisha, diciendo: “Tu servidor, mi marido, ha muerto, y tú sabes que era un hombre que veneraba y honraba al Padre de la Vida. Pero ahora ha venido un acreedor para llevarse a mis dos hijos como esclavos”. 2 Elisha le preguntó: “¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en tu casa”. Ella le respondió: “Tu servidora no tiene en su casa nada más que un frasco de aceite”.

3 Elisha entonces, le dijo: “Ve y pide prestados a todos tus vecinos unos recipientes vacíos; cuántos más sean, mejor. 4 Luego entra y enciérrate con tus hijos; echa el aceite en todos esos recipientes, y cuando estén llenos, colócalos aparte”.

5 Ella se fue y se encerró con sus hijos; estos le presentaban los recipientes, y ella los iba llenando. 6 Cuando todos estuvieron llenos, ella dijo a su hijo: “Alcánzame otro recipiente”. Pero él respondió: “Ya no quedan más”. Entonces dejó de correr el aceite.

7 Ella fue a informar al hombre del Dios Altísimo, y este le dijo: “Ve a vender el aceite y paga la deuda; después, tú y tus hijos podrán vivir con el resto de lo que hayan vendido”.

Elisha y la sunamita

8 Otro día, Elisha pasó por Sunam. Había allí una mujer pudiente, que le insistió para que se quedara a comer. Desde entonces, cada vez que pasaba, él iba a comer allí. 9 Ella dijo a su marido: “Mira, me he dado cuenta de que ese que pasa siempre por nuestra casa es un santo hombre de la Suprema Inteligencia. 10 Vamos a construirle una pequeña habitación en la terraza; le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y así, cuando él venga, tendrá donde alojarse”.

11 Un día Elisha llegó por allí, se retiró a la habitación de arriba y se acostó.

12 Después dijo a Guejazí, su servidor: “Llama a esa buena sunamita”. El servidor la llamó, y ella se presentó ante él.

13 Elisha dijo entonces a Guejazí: “Dile: Realmente tú te has desvivido por nosotros; ¿qué se puede hacer por ti? ¿Necesitas una recomendación para el rey o el jefe del ejército para que los tenga en cuenta cuando lo necesiten?” Ella le respondió al servidor de Elisha: “Me siento muy bien donde estoy, en medio de mi gente”.

14 Pero Elisha insistió: “Entonces, ¿qué se puede hacer por ella?” Guejazí respondió: “Nada de eso les importa. Lo malo de esa mujer es que no tiene hijos, y su marido es ya viejo”.

Elisha le predice a la sunamita el embarazo

15 “Llámala”, dijo Elisha. Cuando la llamó, ella se quedó junto a la puerta, 16 y Elisha le dijo: “El año próximo, para esta misma época, tendrás un hijo en tus brazos”. Ella exclamó: “No, señor, por favor; tú eres un hombre de Dios, no engañes a tu servidora”.

17 Pero la mujer concibió, y dio a luz un hijo al año siguiente, para esa misma época, como se lo había dicho Elisha.

Muere el hijo de la sunamita


18 El niño creció. Y un día en que había ido a ver a su padre, que estaba con los segadores, 19 le dijo: “¡Ay, mi cabeza! ¡Ay, mi cabeza!”. El padre dijo al servidor: “Llévaselo a su madre”. 20 Él lo tomó y se lo llevó a su madre. El niño estuvo en la falda de su madre hasta el mediodía y luego murió. 21 Entonces ella subió, lo acostó en la cama del hombre de Dios, cerró la puerta y salió.

22 Después mandó llamar a su marido y le dijo: “Prepárame un asno y pon a mi disposición un criado, que me voy hasta el Carmelo en busca del hombre de Dios y en seguida vuelvo”.  

23 Él le preguntó: “¿Por qué vas a verlo hoy, si no es día de luna nueva ni sábado?” Pero ella le dijo: “No te preocupes”. 24 Luego hizo ensillar el asna y dijo a su servidor: “Toma la rienda y camina. No me detengas por el camino, a no ser que yo te lo diga”.

25 Así partió y llegó donde estaba el hombre de Dios, en el monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la divisó a lo lejos, dijo a Guejazí, su servidor: “Ahí viene nuestra sunamita. 26 Corre a su encuentro y dile: ¿Cómo estás? ¿Cómo están tu marido y tu hijo?”. Ella respondió: “Todos bien”.

La queja de la sunamita

27 Y al llegar junto al hombre de Dios, en la montaña, se abrazó a sus pies. Guejazí se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: “Déjala, porque está muy apenada, y Adonai me lo tuvo oculto, no me manifestó nada”.

28 Entonces ella dijo: “¿Por qué te burlaste de mí? Yo no pedí ningún hijo. Fuiste tú quien me lo prometió. ¿Por qué se ha tenido que morir ahora?”

29 Elisha dijo a Guejazí: “Cíñete el cinturón, toma mi cayado y vete. Si encuentras a alguien por el camino no lo saludes, y si alguien te saluda no le respondas. Coloca mi cayado sobre el rostro del muchacho”.

30 Pero la madre replicó: “Juro por el nombre de Adonai y por tu propia vida que no te dejaré.  Tú mismo has de ir”. Entonces Elisha se levantó y fue detrás de ella.

31 Mientras tanto, Guejazí se les había adelantado y había puesto el cayado sobre el rostro del muchacho, pero este no dio señales de vida. Volvió entonces a presentarse ante Elisha y le comunicó: “El muchacho no se ha despertado”.

Elisha resucita al niño

32 Cuando Elisha llegó a la casa, vio que el muchacho estaba muerto, tendido sobre su lecho. 33 En seguida entró, se encerró solo con el muchacho y oró al Padre de la Vida. 34 Luego subió a la cama, se acostó sobre el niño y puso su boca, sus ojos y sus manos sobre la boca, los ojos y las manos del niño; permaneció recostado sobre él y la carne del niño entró en calor. 35 Se puso a caminar por la casa de un lado a otro, se levantó y se recostó sobre él hasta siete veces. Entonces el muchacho estornudó y abrió los ojos.


 36 Elisha llamó a Guejazí y le ordenó: “Llama a la sunamita”. Cuando la llamó, ella vino y Eliseo le dijo: “Aquí tienes a tu hijo”.

37 Ella entró y cayó a los pies de Elisha con el rostro en tierra. Después levantó a su hijo y salió.

Elisha sanea el caldo envenenado

38 Eliseo volvió a Gilgal, cuando el hambre se hacía sentir en la región. Mientras la comunidad de profetas estaba sentada delante de él, dijo a su servidor: “Coloca sobre el fuego la olla grande y prepara un caldo para la comunidad de profetas”.

39 Uno de ellos salió al campo para recoger algunas hierbas. Encontró una especie de viña silvestre, de la que recogió los frutos salvajes hasta llenar su manto. Al volver, los cortó en pedazos y los echó a la olla del caldo, porque nadie sabía lo que eran.

40 Luego sirvieron la comida a los hombres, pero apenas probaron el caldo, se pusieron a gritar: “¡La muerte está en esa olla, hombre de Dios!”. Y no pudieron comer.

 41 Elisha dijo: “Traigan harina”. Él la arrojó en la olla y agregó: “Sírvele a esta gente, para que coman”. Y ya no había nada malo en la olla.

“Comerán y sobrará”

42 Llegó un hombre de Baal Salisá, llevándole al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja. Elisha dijo: “Dáselo a la gente para que coman”. 43 Pero su servidor respondió: “¿Cómo voy a servir esto a cien personas?” “Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Padre: Comerán y sobrará”.


44 El servidor se lo sirvió; todos comieron y sobró, tal como fuera lo dicho por el Padre Eterno.

2 DAVID 2


1 A todos escondía Abssalón su odio por el primogénito de su padre, el rey. Sucedió que pasado el tiempo, David olvidó la ofensa de Amnón sobre Tamar y alabándole por su sabiduría, dijo ante la presencia de sus hijos que Amnón le sucedería en el reino.

2 Abssalón guardó silencio y no quiso esperar por más tiempo por su venganza. 3 Y dijo Abssalón a Joab, oficial de David: “Se equivoca mi padre, el rey, porque Amnón no es digno de ocupar el trono. Yo le cobraré la ofensa que le hizo a Tamar, mi hermana”.

Venganza de Abssalón

4 Abssalón tenía esquiladores en Baal-hazor, que está junto a Efrayim y, como era la costumbre, quiso hacer celebración. 5 Fue ante David pidiéndole que todos sus hermanos le acompañaran para la celebración, y le dijo: “Te ruego que venga con nosotros Amnón mi hermano”. David le preguntó intrigado: “¿Para qué ha de ir contigo Amnón?”

6 Abssalón le contestó, diciendo: “Porque él me daría honra, pues ya tú has decidido que el reine después que tu pases”.

7 Cuando todos los hijos de David estaban en el festejo, llegó Amnón siempre orgulloso y altivo y se sentó al convite; 8 pero Abssalón había dado orden a sus criados, diciendo: “Les ruego que estén atentos cuando la cabeza de Amnón esté alegre por el vino; y cuando yo les diga: Hieran a Amnón, salten sobre él y mátenle. Nada teman, pues yo lo he ordenado. Esfuércense, pues, y sean valientes”. 9 Y los criados de Abssalón a espada hirieron a Amnón tal como él les había ordenado.

10 Cayó Amnón muerto a los pies de su hermano y los otros hijos de David huyeron despavoridos pues creyeron que Abssalón planeaba matar a todos. 11 Y dijo Abssalón: “Así pagas por la deshonra de Tamar y por querer dominar sobre todos los hijos de David”. 12 Huyó entonces Abssalón y se fue a refugiar junto al padre de su madre, Talmai, rey de Gesur, y allí estuvo durante tres años. 13 Y Gesur le aconsejaba diciéndole: “Mira que tú tienes derecho al trono de Yisraeil, porque eres descendiente de reyes. Cuando Saúl guardaba sus ganados ya tu familia reinaba en Gesur. 14 Así es que fuérzate y prepárate para reinar en lugar de David, pues él despreció tu sangre para concederle sucesión al perverso de Amnón”. 15 Y todo esto sucedía porque así lo había previsto Sama’el Zebut que conocía la ambición que crecía en al alma de Abssalón.

Dolor de David


16 Y lloró amargamente David la muerte de su hijo Amnón y la huida de su hijo Abssalón, y guardó luto por sus dos hijos y dentro de su espíritu deseaba perdonar a Abssalón. 17 Clamó entonces David al Padre de la Vida diciendo: “Hasta ti, Dios de la Vida, elevo mi alma; porque confío en ti y te imploro no ser avergonzado por los que pretenden mí mal. 18 No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis transgresiones; 19 acuérdate de mí conforme a tu misericordia, por tu bondad. 20 Vuélvete a mí y tenme piedad, porque estoy solitario y afligido. 21 Las angustias de mi corazón han aumentado; sácame de mis congojas. 22 Mira mi aflicción y mis trabajos, y perdona todos mis pecados”.

Los Libertadores Shophetim 8


Persecución y derrota de Zébaj y Salmuná

1 Gedeón llegó hasta el Jordán y lo cruzó. Él y los trescientos hombres que lo acompañaban estaban cansados y hambrientos.

2 Entonces dijo a la gente de Sucot: “Por favor, traigan un poco de pan para la tropa que me acompaña, porque están agotados de cansancio, y yo estoy persiguiendo a Zébaj y a Salmuná, reyes de Madián”. 3 Pero los jefes de Sucot le respondieron: “¿Acaso ya tienes prisioneros a Zébaj y a Salmuná para que le demos pan a tu ejército?”

4 “Está bien, respondió Gedeón; cuando Adonai ponga en mis manos a Zébaj y a Salmuná, pasaré por aquí y les despojaré de todo el pan que tengan y de todo el trigo que hayan cosechado”.

5 Partió luego Gedeón a Penuel y allí hizo el mismo pedido. Pero la gente de Penuel le respondió: “No tenemos por qué dar nuestro pan a los que vienen con armas, porque Yahvahé siempre nos protege y tenemos nuestra torre de atalaya para advertirnos de peligros”. 6 Entonces Gedeón dijo a los de Penuel: “Cuando regrese victorioso, derribaré esta atalaya”.

7 Zébaj y Salmuná estaban en Carcor con su ejército. Eran unos quince mil hombres, es decir, todos los sobrevivientes del campamento de los Orientales. Los que habían caído eran ciento veinte mil armados de espada.

8 Gedeón subió por el camino de los nómadas, al este de Nóbaj y de Iogbohá, y comenzó a hostigar al ejército por distintos puntos, de modo que los orientales creyeron que se trataba de un gran número de enemigos. 9 Zébaj y Salmuná, reyes de Madián, trataron de huir, pero Gedeón los persiguió, los capturó a los dos y sembró el pánico en todo el ejército.

La venganza de Gedeón

10 Después del combate regresó Gedeón.  Pasó por Penuel y llamando a sus principales dijo: “Como creen ustedes que el Siempre Altísimo les protege, no necesitarán de atalaya que les advierta del peligro”. 11 Entonces mandó a sus hombres que derribaran la atalaya y la consumieran con fuego. Y dijo Gedeón: “Así aprenderán a no negarle ayuda a los que combaten por Adonai”.

12 Bajó luego por la pendiente de Jares en dirección a Sucot. 13 Entonces detuvo a un joven de Sucot, lo interrogó, y él le dio por escrito los nombres de los jefes y los ancianos de Sucot. Eran setenta y siete hombres. 14 Luego se presentó ante los hombres de Sucot y les dijo: “Aquí están Zébaj y Salmuná, los hombres por los que ustedes se burlaron de mí, diciendo y me negaron pan para mis hombres. Ahora voy a tomar todo el pan y el trigo granado que ustedes guardan”.

15 Pero la gente de Sucot le imploró diciendo: “¿Acaso harás tú como los madianitas que venían y se presentaban ante nosotros para despojarnos de nuestro pan y de nuestro trigo? ¿No sientes temor de Yahvahé por despojar a los humildes?” 16 Entonces les dijo Gedeón: “No les despojaré del pan y del trigo, pero presenten ante mí a sus jefes y a los ancianos que forman el consejo de Sucot”.

17 Cuando tuvo frente a él aquellos hombres, dijo: “Porque ustedes se negaron a dar ayuda a los hombres que rescataron la tierra, caiga sobre ustedes el desprecio del Dios Todo Poderoso”. Luego ordenó que a cada uno de ellos le dieran veintiséis latigazos”.

18 Gedeón dijo a Zébaj y a Salmuná: “¿Cómo eran los hombres que ustedes mataron en el Tabor?” “Se parecían a ti, respondieron ellos; todos tenían aspecto de príncipes”. 19 Gedeón les respondió: “Ellos eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Juro por mi espíritu, que si ustedes les hubieran perdonado la vida, yo ahora también les perdonaría la vida a ustedes!”

20 Entonces dijo a Yéter, su hijo mayor: “Mátalos aquí mismo”. Pero Yéter vaciló y tuvo miedo de sacar la espada, porque todavía era muy joven. 21 Zébaj y Salmuná dijeron: “Mátanos tú, porque un hombre se mide por su valor”. Gedeón se levantó, mató a Zébaj y a Salmuná, y se guardó los adornos que sus camellos llevaban en el cuello.

Propuesta de los israelitas a Gedeón

22 Los hombres de Yisraeil dijeron a Gedeón: “Gobiérnanos tú, para que todos estemos siempre unidos por un jefe único, y que después de ti nos gobiernen tu hijo y tu nieto, porque nos salvaste del poder de Madián”. 23 Él les respondió: “No soy hombre que esté por encima de sus hermanos, ni tengo luces suficientes para conducir a todo Yisraeil; por eso les diré: ni yo los gobernaré ni tampoco mi hijo; gobiérnense todos por las enseñanzas del Que Es y Siempre Será, el Dios de Yisraeil”. 24 Yerubbaal, hijo de Joás, se fue a su ciudad y permaneció en su casa. 

Muerte de Gedeón

25 Madián quedó humillado delante de los israelitas, y no volvió a levantar cabeza. El país estuvo tranquilo durante cuarenta años, mientras vivió Gedeón. 26 Muchos fueron los hijos de Gedeón y ellos alcanzaron gran reputación entre los israelitas. Y uno de ellos se llamaba Abimelech. Y  Abimelech ardía en ansias de poder.

27 Gedeón, hijo de Joás, murió después de una feliz vejez, y fue enterrado en la tumba de su padre Joás, en Ofrá de Abiy’ezer.


28 Deleble es la gloria de los hombres y así transcurriendo el tiempo, los israelitas fueron olvidando a Gedeón, y no agradecieron a la casa de Yerubbaal Gedeón todo el bien que él había hecho a Yisraeil.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 25


1 Como era costumbre en él, Yehshua fue con sus discípulos a un huerto de olivos en Getsemaní, situado al otro lado del torrente Cedrón. Era ya de noche cuando llegaron al huerto. 2 Yehshua les dijo a sus discípulos que aguardaran mientras iba a orar. Llevó con él a Kefa, Yojanán y Ya’akov y les dijo: 3 “Mi alma siente una tristeza de muerte; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora”. 4 Luego  alejándose más o menos a la distancia de un tiro de piedra, sintiéndose entristecido y angustiado se postró para orar. En medio de su angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

Sama’el trata de tentar a Yehshua

5 Sama’el Baalzebut que siempre le rondaba se acercó a él para tentarle y le decía: “Yehshua bar Joseph, sabes la suerte que te espera; conoces los horrores que te aguardan; mas si en verdad eres el hijo de la Luz llama a una legión de ángeles para que te guarden de aquellos que quieren tu vida”. 6 Yehshua continuaba orando y diciendo: “Abba – Padre – todo te es posible: aleja de mí este trago amargo tan insoportable para un cuerpo humano, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

7 Volviéndose a Baalzebut le dijo: “Aléjate de mí, hijo de la Sombra ¿Acaso no he de cumplir los designios del Padre? Para entregarme en holocausto vine al mundo no para hacerme amo de él”.

Detención de Yehshua

8 Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Yehshua dijo a Kefa: “Kefa, ¿estás dormido? ¿Ni siquiera una hora han podido permanecer despiertos conmigo? 9 Levántense y oren para no caer en tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. 10 Se alejó por segunda vez y suplicó: “Padre mío, si no puede pasar este trago sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad”. 11 Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.

12 Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 41 Volvió por tercera vez y les dijo: “Ahora pueden dormir y descansar. Esto ha concluido. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 13 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar”. Estaba todavía hablando Yehshua cuando se acercó a él Yehudah que venía presidiendo a un grupo numeroso de los guardias del Templo y un destacamento de soldados.

14 Yehudah había dado como señal a los soldados que aquel a quien él besara era Yehshua y que podrían detenerle. Inmediatamente se acercó a Yehshua, diciéndole: “Salve, Rabbi”, y lo besó. 15 Yehshua le dijo entonces: “Yehudah, Yehudah, con un beso me has entregado a los que desean mi muerte”. 16 Volviéndose hacia los guardias y soldados les preguntó: “¿A quién buscan?” “A Yehshua el de Natzeret”, le contestaron. “Yo soy. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan”, contestó Yehshua.

17 Los que estaban con Yehshua, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: “Señor, ¿usamos la espada?” Y Kefa sin pensarlo dos veces, extrajo una espada que llevaba e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. 18 Yehshua dijo a Shimón Kefa: “Envaina tu espada porque el que a hierro mata el hierro se vuelve contra él y muere. ¿Acaso no beberé de la copa que me ha dado el Padre?” 19 Y le dice a los que venían a prenderle: “¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron”. 20 Entonces,  el destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderó de Yehshua y lo ataron.

21 Llevaron prisionero a Yehshua en medio de la noche ante Anás hijo de Seth que presidía el Sanedrín porque era suegro de Cayafás, Sumo Sacerdote aquel año. 22 Cayafás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”. 23 Allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas para juzgar a Yehshua.


24 Los sumos sacerdotes, los sadoqueos y todo el Sanedrín buscaban un testimonio acusatorio contra Yehshua, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. 25 Aunque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, sus testimonios no concordaban.

Kefa niega a Yehshua

26 Shimón Kefa, acompañado de Yojanán había seguido a los captores de Yehshua; y como Yojanán era conocido de Anás pudo entrar al patio con Yehshua. Kefa había quedado afuera pero Yojanán le habló al portero para permitirle a Kefa que pudiera entrar. 27 El portero viendo a Kefa le preguntó: “¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?”; pero Kefa lo negó diciendo: “Te equivocas, yo no soy uno de ellos”.

28 Los guardias y servidores de Anás encendieron fuego en medio del patio porque hacía frío, se sentaron alrededor de él y Kefa se sentó entre ellos. 29 Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: “Este también estaba con ese hombre; además, él también es galileo”. 30 Kefa lo negó diciendo: “Mujer, no sé quién es ese hombre”.

31 Anás interrogó a Yehshua acerca de su enseñanza y del nombre de sus discípulos. 32 Yehshua le respondió: “Te responderé por lo que preguntas sobre mis enseñanzas: He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 33¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho. He aquí que todo Jerusalén oyó lo que yo dije, aunque tú mismo no hayas escuchado estas enseñanzas”. 34 Apenas Yehshua dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?” 35 Yehshua le respondió: “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he respondido bien, ¿por qué me golpeas entonces?”

36 Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Kefa había cortado la oreja, insistió al ver a Kefa: “Me parece que te vi en el huerto. Sí, eres muy parecido al que hirió a Malco” 37 Kefa volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

38 Yehshua que había sido sacado al patio, dándose vuelta miró a Kefa. Entonces Kefa recordó que Yehshua le había asegurado que antes que el gallo cantara él le negaría tres veces. Entonces rompió a llorar y huyó.


39 Los hombres que custodiaban a Yehshua lo ultrajaban y lo golpeaban; 40 y tapándole el rostro, le decían: “Profetiza, ¿quién te golpeó?” 41 Y lanzaban contra él toda clase de insultos y le escupían.

42 Cuando aún no había amanecido, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Yehshua ante el tribunal. Se presentaron falsos testigos que le acusaban, pero él guardaba silencio; 43 entonces Cayafás poniéndose de pie ante la asamblea, le interrogó: “¿No respondes nada a lo que estos hombres atestiguan contra ti?” Pero él se mantuvo en silencio sin responder nada.

Yehshua ante Cayafás

44 Algunos del Sanedrín le preguntaron: “Dinos si en verdad eres el Mashíaj”. Yehshua les respondió: “Si yo les contesto, ustedes no me creerán, 45 y si les pregunto, no me responderán”.


45 Cayafás le interrogó de nuevo: “Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mashíaj, el Hijo de Dios”. Yehshua le respondió: “Tú lo has dicho. Yo soy. 46 Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al hijo del hombre brillando en la gloria del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo”.


47 Entonces Cayafás el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: “Ha blasfemado contra Dios. ¿Qué necesidad tenemos de testigos? Nosotros mismos lo hemos escuchado de su propia boca diciendo ser igual a Adonai. Ustedes acaban de oír la blasfemia. 48 ¿Qué les parece?” Ellos respondieron: “Merece la muerte”.

El camino de los apóstoles 2


1 A la hora nona, Kefa y Yojanán fueron al Templo cuando los sacerdotes hacen las oraciones.

2 Ante el pórtico del Templo acostumbraba a pedir limosna un hombre que desde nacimiento estaba tullido. Cuando vio que llegaban Kefa y Yojanán les extendió su mano implorándoles una limosna.

3 Sintió Kefa que algo se estremecía en su interior cual si fuera una señal del Espíritu Santo. Fijó Kefa la mirada en aquel hombre y le dijo: “Míranos”.

4 Él les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos. 5 Kefa le dijo: “No tengo plata ni oro; pero te daré un regalo que será de mayor aprecio para ti; un don que te vendrá de la mano de nuestro Señor, Yehshua, el que fuera crucificado”.

6 Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos, 7 y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.

8 Todo el pueblo le vio cómo andaba y alababa a Dios, 9 le reconocían, pues él era el que pedía limosna sentado junto a la puerta Hermosa del Templo. Y se quedaron llenos de estupor y asombro por lo que había sucedido.

10 Como el hombre no se separaba de Kefa y de Yojanán, proclamando la gracia que habían hecho por él, todo el pueblo, presa de estupor, corrió donde ellos al pórtico llamado de Salomón.

11 Kefa, al ver esto, se dirigió a la multitud: “Israelitas, ¿por qué se admiran de esto, o por qué nos miran con asombro, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho caminar a éste hombre? 12 El Dios de Abraham, de Ishma’el, de Yitzchak y de Ya’acov, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Yehshua, a quien ustedes abandonaron y de quien renegaron ante Pilato, cuando éste estaba resuelto a ponerle en libertad, siguiendo lo que les decían que dijeran los sumos sacerdotes, los escribas y los sadoqueos.

13 Ustedes renegaron del que siempre fue Santo y Justo, y prefirieron que se hiciera gracia a favor de un homicida. Por la ignorancia de ustedes los romanos dieron muerte al que les conducía a la Vida. 14 Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. 15 Y por la fe en su nombre, este mismo nombre ha sanado a éste hombre que ustedes ven y conocen.

16 “Conocemos, hermanos, que ustedes actuaron por ignorancia, engañados en la fe de ustedes por quienes debían guiarles rectamente en el camino de la Verdad. 17 Pero el Padre, Dios del Universo, dio cumplimiento de este modo a lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Ungido padecería y sufriría la muerte.


18 Arrepiéntase, pues, y conviértanse, para que sean borrados los pecados de ustedes, 19 a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Mashíaj que les había sido destinado, a Yehshua,  20 a quien debe retener en la gloria del universo hasta el tiempo de la restauración universal, cuando llegue el Tiempo de los tiempos de que Dios habló por boca de sus santos profetas. 21 Dios ha hecho resucitar a su hijo, para ustedes en primer lugar, y le ha enviado para bendecirles, apartándose  cada uno de sus iniquidades”.

Vistas de página en total