Revelación
de Saulo de Tarso en el camino de Damasco
1 Aquel joven fariseo que presenció la
muerte de Estéfano, Saulo de Tarso, aferrado a las tradiciones fariseas,
maldecía a los seguidores de Yehshua con odio de muerte. Luego del asesinato de
Estéfano, fue donde el sumo sacerdote, 2 y le pidió que le entregara cartas de
presentación para las sinagogas de Damasco, con autoridad para que si hallase
algunos hombres o mujeres del Camino, los llevara presos a Jerusalén. En su
celo por las tradiciones fariseas, Saulo sobrepasaba a muchos de los judíos.
3 Y partió Saulo con una partida de la
guardia del Templo lleno de impaciencia por llegar a Damasco. Cuando al llegar
cerca de Damasco algo extraordinario le salió al paso. 4 Una intensa luz se presentó ante él que
le enceguecía y que asustó al caballo
que montaba. El animal saltó asustado y Saulo cayó violentamente al
suelo. Lleno de temor, 5 Saulo escuchó una voz poderosa que le
decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” 6 Y los
hombres que iban con Saulo se pararon atónitos ante aquel extraño resplandor y
no sabían qué hacer.
7 Saulo exclamó con ahogo, temblando y
temeroso: “¿De quién es la voz que escucho?”
8 De entre el resplandor, Saulo creyó
escuchar la voz que le había hablado: “Yo soy Yehshua, a quien tú persigues,
pero verás cuán difícil te será dar coces contra al aguijón”. 9 Entonces desapareció la brillante luz y
Saulo se levantó del polvoriento suelo y se dio cuenta que la luz que había
visto le había cegado; así que sus acompañantes le ayudaron a subir a la
cabalgadura y le condujeron a la ciudad.
10 Llegaron a verle los principales de las
sinagogas de Damasco pero Saulo se mantenía en silencio y así estuvo por tres
días orando y ayunando sin probar alimento y sin beber.
Visión
de Hananyah
11 Por aquel entonces estaba en Damasco un
discípulo de Yehshua de aquellos que se habían dispersado de Jerusalén despues
del asesinato de Estéfano y había llevado la Palabra a Antioquía junto con
otros discípulos; su nombre era Hananyah. 12 Y
Hananyah tuvo una visión en sueños donde se le presentaba el mensajero de la
Luz, Gavri’el. En la visión el ángel divino le dijo: “Hananyah levántate, y ve
a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Yehudah a uno llamado
Saulo, de Tarso; quien ahora está orando porque ha perdido la visión, y has de
ir donde él para que coloques tu mano sobre su frente y en nombre del
bienaventurado Yehshua recobre la vista”.
13 Respondió Hananyah: “Mensajero de la Luz,
muchos me han hablado acerca de este hombre, y los males que ha hecho a los
hermanos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los
principales sacerdotes para prender a todos los que invocan el nombre del
sagrado Rabbi”.
15 Gavri’el le dijo: “Ve sin temor, porque a
este hombre el Señor le eligió para dar a conocer el nombre santo de Yehshua
entre los goyim, 16 y conocerá cuánto le es necesario padecer
por la palabra de Yehshua, el Kristo”.
17 Fue entonces Hananyah a la casa del llamado
Yehudah y se presentó ante Saulo dándole
el saludo de la paz. Saulo le preguntó: “¿Quién eres? ¿Acaso el que me habló
desde el resplandor? Porque tu voz se me asemeja a la que escuché”. 18 Hananyah le dijo: “Hermano Saulo, fue el
Señor Bendito, Yehshua, quien te habló desde el resplandor que se te apareció
en el camino por donde venías. El Paráclito, Espíritu Divino, me ha enviado
para que recuperes la vista y seas lleno con su Luz”.
Saulo
recobra la visión
19 Y colocó su mano sobre la frente de Saulo
y este, de inmediato, recobró la vista y se sintió lleno de la iluminación del
Dios del Universo. Dejó Saulo el ayuno y recobró sus fuerzas. Saulo después
permaneció por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco y ellos
le explicaban las enseñanzas de Yehshua. 20 Saulo
salió después y anunciaba al Kristo en las sinagogas, diciendo que éste era el
Hijo de Dios.
21 Desconcertados se quedaron todos los que
entonces le escuchaban y se decían: “¿No era este el que en Jerusalén intentaba
aniquilar a quienes pregonaban el nombre del Kristo? ¿No vino acá para tomarlos
presos y llevarles atados ante los sumo sacerdotes?” 22 Pero Saulo se mostraba con mayor decisión
argumentando que Yehshua era el Kristo, el Hijo de Dios, y esto perturbaba a
los fariseos de Damasco.
Huida
de Saulo
23 Como continuaba su predicación, al cabo
de algunos días los fariseos acordaron entre ellos darle muerte; 24 pero Saulo conoció sus maquinaciones
homicidas y sabía que los fariseos aguardaban ante las puertas de la ciudad de
día y de noche esperando la oportunidad en que pudieran asesinarle. 25 Ante esta amenaza, los discípulos
llevaron a Saulo de noche hasta las murallas y le hicieron bajar los muros en
una canasta.
26 A escondidas llegó Saulo a Jerusalén y
trató de unirse a los seguidores de Yehshua; pero todos le evitaban porque le
temían y no creían en su conversión. 27
Bernabé, el que era llamado Joseph, había escuchado lo que le sucediera a Saulo
cuando corría hacia Damasco y de su conversión sincera. Así le llevó consigo y
lo presentó a los apóstoles.
28 A partir de ese momento Saulo andaba con
los apóstoles en Jerusalén y con ellos salía a predicar y a anunciar el reino
de la Verdad sin ningún temor. 29 Debatía ardientemente con los judíos
helenizados, como antes hiciera Estéfano y como hicieron con este los fariseos,
pretendían también asesinar a Saulo. 30 Para
evitar que le mataran, los apóstoles le enviaron a Cesárea y de ahí a Tarso, a
la ciudad de donde él era.
31 Por aquel entonces las congregaciones del
Camino de Yehshua gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se
edificaban bajo la luz divina del Espíritu de Consolación, el Paráclito, y
progresaban bajo las enseñanzas recibidas del Señor, el Rabbi bendecido del
Padre de la Vida y del Universo.
Kefa
sana al paralítico Eneas
32 En aquel tiempo Kefa visitó a los grupos
de seguidores de la Palabra, y llegó hasta la congregación que habitaba en Lida
o Lod. 33 Y allí le mostraron a un paralítico
llamado Eneas, que hacía ocho años que estaba postrado en cama. Eneas había
escuchado el nombre de Yehshua y conocía los prodigios que había hecho y oraba
al Padre de la Vida que le rescatara de su miserable condición.
34 Kefa se sintió conmovido por la situación
de aquel hombre y admirado por la fe que tenía en el Padre del Universo, 35 entonces
le dijo: “Eneas, ten fe en el nombre de Yehshua el Bendecido de Dios porque él
te sana; levántate, y haz tu cama”. Y en seguida se levantó. 36 Y le vieron todos los que habitaban en
Lida y en Sarón, los cuales creyeron en la prédica de Kefa y se convirtieron al
Señor.
Kefa
devuelve la vida a Dorcas
37 Había entonces en Joppe una discípula
llamada Dorcas de sobrenombre Tabitha, que traducido quiere decir, Gacela. Esta
abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 38 Y aconteció que en aquellos días enfermó
y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 39 Y como Lida estaba cerca de Joppe, los
discípulos, oyendo que Kefa estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle:
“No tardes en venir a nosotros”.
40 Levantándose entonces Kefa, fue con
ellos; y cuando llegó, le condujeron a una sala, donde le rodearon todas las
viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando
estaba con ellas.
41 Entonces, sacando a todos, Kefa se puso
de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: “Tabitha, levántate”. Y ella
abrió los ojos, y al ver a Kefa, se incorporó. 42 Y él,
dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los creyentes y a las viudas
que allí guardaban luto, la presentó viva. 43 Este
prodigio de Kefa se hizo conocido por toda Joppe, y muchos aceptaron a Yehshua
como la Voz de la Verdad. 44 Después Kefa permaneció por muchos días
en Joppe alojado en la casa de un curtidor de nombre Shimón. Muchos de los
vecinos acudían a aquella casa buscando consejos de Kefa y a escuchar su
prédica.








