jueves, 30 de octubre de 2014

El Camino de los Apóstoles 7


Revelación de Saulo de Tarso en el camino de Damasco

1 Aquel joven fariseo que presenció la muerte de Estéfano, Saulo de Tarso, aferrado a las tradiciones fariseas, maldecía a los seguidores de Yehshua con odio de muerte. Luego del asesinato de Estéfano, fue donde el sumo sacerdote, 2 y le pidió que le entregara cartas de presentación para las sinagogas de Damasco, con autoridad para que si hallase algunos hombres o mujeres del Camino, los llevara presos a Jerusalén. En su celo por las tradiciones fariseas, Saulo sobrepasaba a muchos de los judíos.

3 Y partió Saulo con una partida de la guardia del Templo lleno de impaciencia por llegar a Damasco. Cuando al llegar cerca de Damasco algo extraordinario le salió al paso. 4 Una intensa luz se presentó ante él que le enceguecía y que asustó al caballo  que montaba. El animal saltó asustado y Saulo cayó violentamente al suelo. Lleno de temor, 5 Saulo escuchó una voz poderosa que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” 6 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos ante aquel extraño resplandor y no sabían qué hacer.

7 Saulo exclamó con ahogo, temblando y temeroso: “¿De quién es la voz que escucho?”

8 De entre el resplandor, Saulo creyó escuchar la voz que le había hablado: “Yo soy Yehshua, a quien tú persigues, pero verás cuán difícil te será dar coces contra al aguijón”. 9 Entonces desapareció la brillante luz y Saulo se levantó del polvoriento suelo y se dio cuenta que la luz que había visto le había cegado; así que sus acompañantes le ayudaron a subir a la cabalgadura y le condujeron a la ciudad.

10 Llegaron a verle los principales de las sinagogas de Damasco pero Saulo se mantenía en silencio y así estuvo por tres días orando y ayunando sin probar alimento y sin beber.

Visión de Hananyah

11 Por aquel entonces estaba en Damasco un discípulo de Yehshua de aquellos que se habían dispersado de Jerusalén despues del asesinato de Estéfano y había llevado la Palabra a Antioquía junto con otros discípulos; su nombre era Hananyah. 12 Y Hananyah tuvo una visión en sueños donde se le presentaba el mensajero de la Luz, Gavri’el. En la visión el ángel divino le dijo: “Hananyah levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Yehudah a uno llamado Saulo, de Tarso; quien ahora está orando porque ha perdido la visión, y has de ir donde él para que coloques tu mano sobre su frente y en nombre del bienaventurado Yehshua recobre la vista”.

13 Respondió Hananyah: “Mensajero de la Luz, muchos me han hablado acerca de este hombre, y los males que ha hecho a los hermanos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan el nombre del sagrado Rabbi”.

15 Gavri’el le dijo: “Ve sin temor, porque a este hombre el Señor le eligió para dar a conocer el nombre santo de Yehshua entre los goyim, 16 y conocerá cuánto le es necesario padecer por la palabra de Yehshua, el Kristo”.  

17 Fue entonces Hananyah a la casa del llamado Yehudah  y se presentó ante Saulo dándole el saludo de la paz. Saulo le preguntó: “¿Quién eres? ¿Acaso el que me habló desde el resplandor? Porque tu voz se me asemeja a la que escuché”. 18 Hananyah le dijo: “Hermano Saulo, fue el Señor Bendito, Yehshua, quien te habló desde el resplandor que se te apareció en el camino por donde venías. El Paráclito, Espíritu Divino, me ha enviado para que recuperes la vista y seas lleno con su Luz”.

Saulo recobra la visión


19 Y colocó su mano sobre la frente de Saulo y este, de inmediato, recobró la vista y se sintió lleno de la iluminación del Dios del Universo. Dejó Saulo el ayuno y recobró sus fuerzas. Saulo después permaneció por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco y ellos le explicaban las enseñanzas de Yehshua. 20 Saulo salió después y anunciaba al Kristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.

21 Desconcertados se quedaron todos los que entonces le escuchaban y se decían: “¿No era este el que en Jerusalén intentaba aniquilar a quienes pregonaban el nombre del Kristo? ¿No vino acá para tomarlos presos y llevarles atados ante los sumo sacerdotes?” 22 Pero Saulo se mostraba con mayor decisión argumentando que Yehshua era el Kristo, el Hijo de Dios, y esto perturbaba a los fariseos de Damasco.

Huida de Saulo

23 Como continuaba su predicación, al cabo de algunos días los fariseos acordaron entre ellos darle muerte; 24 pero Saulo conoció sus maquinaciones homicidas y sabía que los fariseos aguardaban ante las puertas de la ciudad de día y de noche esperando la oportunidad en que pudieran asesinarle. 25 Ante esta amenaza, los discípulos llevaron a Saulo de noche hasta las murallas y le hicieron bajar los muros en una canasta.

26 A escondidas llegó Saulo a Jerusalén y trató de unirse a los seguidores de Yehshua; pero todos le evitaban porque le temían y no creían en su conversión. 27 Bernabé, el que era llamado Joseph, había escuchado lo que le sucediera a Saulo cuando corría hacia Damasco y de su conversión sincera. Así le llevó consigo y lo presentó a los apóstoles.

28 A partir de ese momento Saulo andaba con los apóstoles en Jerusalén y con ellos salía a predicar y a anunciar el reino de la Verdad sin ningún temor. 29 Debatía ardientemente con los judíos helenizados, como antes hiciera Estéfano y como hicieron con este los fariseos, pretendían también asesinar a Saulo. 30 Para evitar que le mataran, los apóstoles le enviaron a Cesárea y de ahí a Tarso, a la ciudad de donde él era.

31 Por aquel entonces las congregaciones del Camino de Yehshua gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban bajo la luz divina del Espíritu de Consolación, el Paráclito, y progresaban bajo las enseñanzas recibidas del Señor, el Rabbi bendecido del Padre de la Vida y del Universo.

Kefa sana al paralítico Eneas

32 En aquel tiempo Kefa visitó a los grupos de seguidores de la Palabra, y llegó hasta la congregación que habitaba en Lida o Lod. 33 Y allí le mostraron a un paralítico llamado Eneas, que hacía ocho años que estaba postrado en cama. Eneas había escuchado el nombre de Yehshua y conocía los prodigios que había hecho y oraba al Padre de la Vida que le rescatara de su miserable condición.

34 Kefa se sintió conmovido por la situación de aquel hombre y admirado por la fe que tenía en el Padre del Universo,  35 entonces le dijo: “Eneas, ten fe en el nombre de Yehshua el Bendecido de Dios porque él te sana; levántate, y haz tu cama”. Y en seguida se levantó. 36 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales creyeron en la prédica de Kefa y se convirtieron al Señor.

Kefa devuelve la vida a Dorcas

37 Había entonces en Joppe una discípula llamada Dorcas de sobrenombre Tabitha, que traducido quiere decir, Gacela. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 38 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 39 Y como Lida estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Kefa estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: “No tardes en venir a nosotros”.

40 Levantándose entonces Kefa, fue con ellos; y cuando llegó, le condujeron a una sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 



41 Entonces, sacando a todos, Kefa se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: “Tabitha, levántate”. Y ella abrió los ojos, y al ver a Kefa, se incorporó. 42 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los creyentes y a las viudas que allí guardaban luto, la presentó viva. 43 Este prodigio de Kefa se hizo conocido por toda Joppe, y muchos aceptaron a Yehshua como la Voz de la Verdad. 44 Después Kefa permaneció por muchos días en Joppe alojado en la casa de un curtidor de nombre Shimón. Muchos de los vecinos acudían a aquella casa buscando consejos de Kefa y a escuchar su prédica. 

Revelaciones de Hermas 8


Los mandatos: Quinto mandato

1 Y el ángel del arrepentimiento continuó hablándome y me dijo: “Sé paciente y no te apartes del saber, para que comprendas y entiendas, y, así, tendrás dominio sobre todo lo malo, y obrarás en todos tus actos con justicia. 2 Porque si eres constante en la verdad y obras con inteligencia, el Espíritu Santo habitará en ti con toda su pureza, 3 no siendo oscurecido por ningún pensamiento de mal, sino que residiendo en un gran aposento se regocijará y alegrará con el vaso en que reside, y, 4 entonces, te abrirás a Dios con mucha alegría y alcanzando prosperidad.

5 Pero, para que en ti more el Paráclito, debes controlar tu ira sin dejarte llevar por sus impulsos; 6 porque el Paráclito Espíritu Santo es delicado y no encuentra espacio en un lugar que esté ocupado por los malos impulsos 7 y se aparta de ti cuando tu alma se contamina con la irascibilidad. No olvides esto: 8 el Señor mora en la longanimidad, pero la Sombra tiene aposento en la irascibilidad.

9 Así pues, no es posible que los dos espíritus habiten juntos. Porque si tomas un poco de ajenjo y lo viertes en un tarro de miel, ¿no se echa a perder toda la miel, y esto por una cantidad muy pequeña de ajenjo? Porque destruye la dulzura de la miel, y ya no tiene el mismo atractivo para el que lo posee, porque se ha vuelto amarga y ya es inservible. Pero si no se pone el ajenjo en la miel, la miel es dulce y es útil para su dueño.

10 Mira, entonces que la benignidad y la clemencia, esencias de la longanimidad, son muy dulces, más aún que la dulzura de la miel, y son útiles al Señor, y El reside en ellas.

11 Si el temperamento irascible se mezcla, pues, con la paciencia, la paciencia es contaminada y la intercesión del hombre ya no es útil a la perfección que conduce a Dios”.

12 Y yo le pregunté: “Quisiera conocer, Señor, la obra del temperamento irascible, para que pueda guardarme de él”.

La obra del temperamento irascible

13 Me contestó el ángel: “Sí, verdaderamente; si tú no te guardas del temperamento irascible has perdido toda esperanza. 14 Pero guárdate de él; porque yo estoy contigo. Sí, tú y todos los hombres deben mantenerse alejados de él, todos los que de todo corazón se han arrepentido. 15 Porque yo estoy con ellos y los preservaré; 16 porque todos fueron justificados por el Hijo Santísimo de la Luz.

17 Escucha y presta atención, cuán mala es la obra de la irascibilidad que por sí misma subvierte a los hijos de Dios y les lleva a extraviarse de la justicia. 18 No el espíritu irascible descarría a aquellos que están plenamente en la fe, ni puede obrar sobre ellos, porque le han apartado de sí, y el poder del Señor está con ellos. 19 Sin embargo, aquellos que están vacíos, que carecen del conocimiento del Dios del Universo y son de ánimo indeciso, la ira les hace descarriar.

20 La ira arde en el alma de los humanos, cuando ansían las cosas seculares, las cosas triviales y el tener o no tener 21 y eso genera angustia y la angustia se transforma en ira. 22 Todas estas cosas, en cambio, son necias y vanas y sin sentido e inconvenientes para los que siguen la Luz de Dios.

23 Pero la paciencia es el rechazo de la ira y es grande y fuerte, y tiene un poder vigoroso y elevado, 24 y es próspera en gran crecimiento, alegre, gozosa y libre de cuidado, 25 glorificando al Señor en toda sazón, no teniendo amargura en sí, permaneciendo siempre tranquila y dulce. 26 Esta paciencia, pues, reside en aquellos cuya fe es perfecta, sin deformaciones, con sabiduría e inteligencia.

28 Pero el temperamento irascible es en primer lugar necio, voluble e insensato; 29 luego, de la necedad se engendra rencor; del rencor, enojo; del enojo, ira; de la ira, despecho; del despecho, envidia; 30 entonces la envidia es un compuesto de todos estos elementos viles y pasa a ser un pecado grande e incurable.

31 Porque cuando todos estos espíritus residen en un vaso, donde debiera residir el Paráclito Espíritu Santo, este vaso no puede contenerlos, sino que rebosa.

32 El Paráclito, espíritu de ternura y bondad, de amor y sabiduría se aparta del hombre que es dominado por la irascibilidad. 33 Entonces, cuando se ha apartado de aquel hombre en el cual debió residir, este hombre se queda vacío del espíritu justo, y a partir de entonces, estando lleno de malos espíritus, es decir de su incontinencia y de su soberbia, es inestable en todas sus acciones, 34 siendo arrastrado de acá para allá por sus deseos, por sus ambiciones, y se ve del todo cegado y privado de sus buenas intenciones.

35 Esto, pues, ha sucedido a todas las personas de temperamento irascible. Abstente, así, del temperamento irascible, el peor de los impulsos malos. 36 Pero revístete de paciencia, y resiste la irascibilidad y la aspereza, y te hallarás en compañía de la santidad que es amada por el Señor.

37 Procura, por tanto, no descuidar nunca este mandamiento; porque si dominas este mandamiento, podrás asimismo guardar los restantes mandamientos que estoy a punto de darte.


38 Mantente firme en ellos dotado de poder; y que todos, contigo, estén dotados de poder, todos cuantos deseen andar en ellos”.

martes, 28 de octubre de 2014

2 DAVID 8


Adoniyah pretende ser ungido rey

1 Joab desconfiaba de Bathsheba y se oponía a sus pretensiones de hacer rey a su hijo a costa del derecho que le correspondía a Adoniyah, el cuarto hijo de David. Y se alió con Adoniyah en contra de Bathsheba.

2 Adoniyah era muy apuesto y gozaba del afecto de las personas que le trataban y creía que sería proclamado rey por su padre David, pues era el mayor de sus hijos, sin conocer de las intrigas de Bathsheba. 3 Así, al igual que Joab, el sacerdote Ebhyathar le apoyaba en su aspiración de llegar a reinar sobre Yisraeil.

4 Sucedió entonces que Adoniyah quiso hacer un holocausto de ovejas y terneros cebados para obtener la bendición de Yahvahé y ser ungido como rey. Para que le acompañaran en la ofrenda invitó a todos sus hermanos, los hijos de David, y a todos los hombres de Judá que estaban al servicio del rey; 5 pero no invitó al profeta Nathán, ni a su joven hermano Jedidías – Shalomom.

Nathán advierte a Bathsheba

6 Entonces Nathán dijo a Bathsheba, la madre de Shalomom: “¿No te has enterado de que Adoniyah, el hijo de Haguit, se ha proclamado rey sin que nuestro señor David lo sepa? 7 Ahora bien, te voy a dar un consejo para que salves tu vida y la de tu hijo Shalomom. 8 Ve a presentarte ante el rey y recuérdale el juramento que te hizo de que tu hijo Shalomom reinará después de él y se sentará en su trono. Luego pregúntale: ¿Por qué entonces Adoniyah se ha proclamado rey? 9 Y cuando todavía estés allí, hablando con el rey, yo entraré detrás de ti y confirmaré tus palabras”.

10 Bathsheba se presentó ante el rey en su habitación privada, y se inclinó ante él, luego le dijo: “Mi señor, tú mismo has jurado a tu servidora, en el nombre de Adonai, tu Dios, que tu hijo Shalomom reinaría después de ti y en tu trono se sentaría. 11 Pero ahora Adoniyah se ha proclamado rey, sin que tú, mi señor el rey, lo sepas. 12 El hizo sacrificio y ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Ebhyathar, y a Joab, el jefe del ejército. Pero no ha invitado a tu hijo Shalomom. 13 Ahora todo Yisraeil está confundido sin conocer tu decisión. 14 Por ello, si no confirmas tu juramento, cuando mi señor el rey se vaya a descansar con sus padres, yo y mi hijo Shalomom correremos la suerte de los culpables”.

Nathán advierte a David sobre Adoniyah

14 Todavía estaba ella hablando cuando anunciaron que Nathán había llegado. Él se presentó ante el rey y se postró delante de él con el rostro en tierra. 15 Y dijo Nathán: “Mi señor, el rey. Tú debes haber proclamado a Adoniyah como tu heredero al trono tuyo; 16 porque él fue a hacer un gran sacrificio de bueyes, de terneros cebados y de corderos, e invitó a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote Ebhyathar. Ahora están comiendo y bebiendo delante de él, y lo han aclamado dando vivas al rey Adoniyah. 17 Sin embargo a mí, que soy tu servidor, al sacerdote Sadoc, y a tu servidor Shalomom, no nos ha invitado. 18 Tal vez esta decisión provenga de mi señor el rey, sin que tú hayas querido hacer saber a tus servidores quién se sentaría en el trono de mi señor el rey, después de él”.

David promete que Shalomom será rey

19 Entonces David, haciendo esfuerzos por incorporase en el lecho con ayuda de Abisag le dijo a Bathsheba: "¡Por el nombre de Adonai, que me ha librado de todo peligro, 20 hoy mismo daré cumplimiento a lo que te he jurado por Yah, el Dios de Yisraeil, cuando dije: Tu hijo Shalomom reinará después de mí y se sentará en mi trono en lugar mío!”

21 Bathsheba se inclinó con el rostro en tierra y se postró delante del rey. Luego exclamó: “¡Viva para siempre mi señor el rey David!” 

22 Y ordenó David: “Nathán, llama al sacerdote Sadoc y junto con Benaías oficial mío y tomen con ustedes a los servidores de su señor, monten a mi hijo Shalomom en mi propia mula y háganlo bajar a Guijón. 23 Allí tú y Sadoc lo ungirán rey de Yisraeil; ustedes sonarán la trompeta y lo aclamarán, diciendo: ¡Viva el rey Shalomom! 24 Luego volverán a subir detrás de él, y él vendrá a sentarse en mi trono y reinará en mi lugar: yo lo he constituido jefe de Yisraeil y de Judá”.

Shalomom ungido

25 El sacerdote Sadoc, el profeta Nathán y Benaías bajaron, montaron a Shalomom en la mula del rey David y lo llevaron a Guijón. 26 El sacerdote tomó de la Carpa el cuerno de aceite y ungió a Shalomom. Entonces sonó la trompeta y todo el pueblo exclamó: ¡Viva el rey Shalomom! 27 Después, todo el pueblo volvió a subir detrás de él, al son de las flautas y dando tales señales de alegría, que la tierra parecía estallar bajo sus gritos.

28 Adoniyah y los invitados que estaban con él oyeron el ruido cuando terminaban de comer. Joab, por su parte, al oír el sonido de la trompeta, preguntó: “¿A qué se debe ese tumulto en la ciudad?” 29 En ese mismo instante llegó el hijo del sacerdote Ebhyathar y al verle Adoniyah le preguntó: “Dinos Yehonathan, ¿qué buenas noticias traes?”

30 Yehonathan contestó: “No te traigo buenas noticias, porque nuestro señor, el rey ordenó proclamar públicamente a Shalomom como rey. 31 El sacerdote Sadoc, el profeta Nathán y los oficiales del rey le hicieron montar sobre la cabalgadura de David y luego lo ungieron en Guijón. De allí todos volvieron a subir muy contentos, y la ciudad está alborotada. Ese es el ruido que ustedes han oído. 32 Yo acompañé a los servidores de David cuando fueron a felicitarle y a desearle prosperidad y gloria al joven que puso sobre el trono. 33 Y, algo más, David alabó el nombre del Dios de Yisraeil porque, dijo, había permitido que uno de su descendencia se sentara en su trono”.

El temor de Adoniyah

34 Sintieron un profundo temor los invitados de Adoniyah, porque conocían las ambiciones de poder de Bathsheba y ella no perdonaría a los que se opusieron a sus planes de coronar a su hijo, y salieron, cada uno por su lado.

35 Temió Adoniyah por su vida. El conocía el carácter de su hermano menor y no dudaba que intentaría asesinarle. Entonces le envió a Shalomom un mensajero diciéndole: “¿Matará el rey Shalomom a su hermano o le conservará la vida?”


36 Le respondió Shalomom al mensajero: “Dile a Adoniyah, quien te envió a mí que si actúa como un hombre de bien, ni uno solo de sus cabellos caerá por tierra; pero si se opone a mi reinado y conspira contra mí, de seguro morirá”. 

Libro del Buen Mensaje del Señor Yehshua (3)

Libro de Yojanán Apóstol


Nicodemo visita a Yehshua

1 Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Yehshua y le dijo: 2 “Rabbi, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él”.

3 Respondió Yehshua y le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no podrá ver el reino de Dios”.

4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” 5 Yehshua le respondió: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.  6 Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.  7 No te maravilles entonces de que te haya dicho que necesitan nacer de nuevo. 8 El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu”.

9 Nicodemo volvió a preguntarle: “¿Cómo puede ser eso?” 10 Respondió Yehshua y le dijo: ¿Eres tú maestro de Yisraeil, y no sabes esto? 11 En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12  Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? 13 Sin embargo, nadie ha subido a lo alto sino sólo el que ha bajado de lo alto, el Hijo del Hombre. 14 Recuerden la serpiente que Moshé hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

El gran amor de Dios por el mundo

16 ¡Así amó Dios al mundo! Que entrega a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18 Para quien cree en él no sea condenado en el juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. 21 Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios”.

El amigo del esposo

22 Después de esto, Yehshua se fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba. 23 Yojanán también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque allí había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. 24 (Esto ocurría antes de que Yojanán hubiera sido encarcelado).

25 Un día los discípulos de Yojanán tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual. 26 Fueron donde Yojanán y le dijeron: “Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y en cuyo favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos se van a él”.

27 Yojanán respondió: “Nadie puede atribuirse más de lo que el Cielo le quiere dar. 28 Ustedes mismos son testigos de que yo dije: Yo no soy el Mashíaj, sino el que ha sido enviado delante de él. 29 Es el novio quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y hace lo que él le dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me alegro sin reservas. 30 Es necesario que él crezca y que yo disminuya.

El que viene de lo alto


31 El que viene de lo alto está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus palabras son terrenales. El que viene de las alturas, 32  por más que dé testimonio de lo que allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. 33 Pero aceptar su testimonio es aceptar que Dios es veraz. 34 Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios, y Dios le da el Espíritu sin medida. 35  El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en sus manos. 36 El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios estará sobre él”.

Los Libertadores Shophetim 15


Palabras de Gavri’el

1 Gavri’el llegó y me dijo: “Escucha Hijo de la Tierra, cuando la justicia se convierte en venganza deja de ser justicia. Cuando la soberbia oscurece el juicio se pisotea la justicia. ¿Acaso un mal se cobra con un mal peor? 2 Hay cobardes que en su cobardía no saben guardar su honor y hacen de su honor pisoteado palabra de venganza y arrastran a otros a cobrar venganza por lo que él no tuvo el valor de defender.

3 Repugnancia es al Dios de la Vida, el desprecio a la mujer. Mira, Hijo de la tierra, cuando la Suprema Inteligencia tomó al humano de entre todas las especies, no hizo distinción alguna entre el hombre y la mujer, pues ambos eran complemento del otro. 4 La Luz del Universo concedió alma, entendimiento y razón por igual al hombre y a la mujer. 5 El hombre ha de respetar a su mujer como se respeta a sí mismo y como a igual debe considerarla. 6 Bendita es la mujer porque en ella se concibe el milagro de la vida.

7 Y los hombres cegados de orgullo ya no razonan y quieren reparación de las faltas, sin importar que le reclamen a su propia sangre la satisfacción de una culpa, con la sangre de su propia sangre. 8 Entonces se creen justicieros y hasta libertadores sin comprender que son ciegos y homicidas.

9 Habla, Hijo de la Tierra, de la guerra que Yisraeil, hijos de Shem, empeñó contra sus hermanos de Benjamin, como ellos, hijos del mismo padre.

10 El Viejo Libro recoge este relato de aquellos tiempos cuando en Yisraeil no había rey y no había aparecido un Shophetim que le juzgara y guiara. 

El levita de Efrayim y su concubina

11 Un levita que vivía como forastero en los confines de la montaña de Efrayim tenía como concubina a una mujer de Belén de Judá, a la que mucho amaba, pero ella se dejó seducir por uno de Efrayim con el que huyó y vivió hasta que su seductor le abandonara. Entonces la adúltera se refugió en la casa de su padre en Belén de Judá.

12 Cuatro meses pasaron, pero el levita no olvidaba a su concubina y la buscaba afanosamente acompañado de un servidor suyo, joven y de hermosa presencia, hasta que, finalmente, la encontró en Belén. 13 Cuando encontró a su concubina le imploró y le rogó que regresara con él porque mucho era el amor que por ella sentía. La joven lo hizo entrar en la casa de su padre, y este, al verlo, le salió al encuentro mostrándole alegría, porque el levita no se había presentado exigiendo que se cumpliera la ley contra el adulterio.

14 Siempre temeroso por la vida de su hija, el padre retuvo al levita en su casa y él se quedó en allí por tres días, comiendo y disfrutando en la cama el amor de su concubina. Al cuarto día, se levantaron de madrugada y el levita se dispuso a partir. 15 Pero el padre de la joven dijo a su yerno: “Repara tus fuerzas con un pedazo de pan, y luego partirán”.

16 Entonces se sentaron a comer y beber los dos juntos. El padre de la joven le dijo: “Te invito a quedarte esta noche, para pasar un momento agradable”. 17 El hombre se levantó para ponerse en camino, pero su suegro le insistió tanto, que él cambió de parecer y pasó la noche allí.

18 Cuando en la madrugada del quinto día el levita se dispuso a partir, su suegro, enterado que ya se conocía por todo Belén el adulterio de su hija, quiso demorar la partida por temor de que la gente quisiera apedrear a su hija por cometer adulterio; 19 así que le pidió al levita: “Repara antes tus fuerzas”. Y se entretuvieron, comiendo los dos juntos hasta muy avanzado el día.

20 Cuando el levita se levantó para partir con su concubina y su servidor, el padre de la joven le dijo: “Ya se está haciendo tarde. Quédate aquí esta noche y pasarás un momento agradable. Mañana de madrugada se pondrán en camino y regresarás a tu casa”. 21 Pero el hombre no quiso quedarse, sino que se levantó y partió. Así llegó frente a Jebús, pueblo de los jebuseos  – o sea, Jerusalén – llevando consigo dos asnos cargados, además de su concubina y su joven y hermoso servidor.

La llegada del levita a Guibeá

22 Ya era muy tarde cuando se acercaron a Jebús, por lo que el servidor le propuso al levita: “Se acerca la noche, bueno sería apartarnos del camino para entrar en esta ciudad jebusea y allí pasar la noche”. 23 Pero el levita no consintió y le dijo a su joven servidor: “No pasaremos la noche en esa ciudad de goyim, que no pertenece a Yisraeil. Mejor es continuar nuestro camino hasta Guibeá; podremos entonces decidir si pasaremos allí la noche o en su vecina Ramá”.

24 Siguieron de largo, y a la puesta del sol estuvieron frente en Guibeá de Benjamín. 25 Entonces se apartaron del camino para ir a pasar la noche en Guibeá. Al llegar, el hombre se quedó en la plaza de la ciudad, pero nadie los invitó a su casa para pasar la noche, porque hasta ellos había llegado aviso del perdón que el levita había dado a la adúltera.

26 Un anciano que casualmente llegó a la plaza cuando regresaba de trabajar en el campo vio al levita con sus dos asnos y la mujer y al joven servidor. Era un hombre de la montaña de Efrayim y residía en Guibeá como forastero, porque la gente del lugar era benjaminita. 27 Fue donde el levita y le preguntó: “Dime, buen hombre, de dónde vienes y adónde vas, pues te veo como perdido en esta plaza”.

28 “Estamos de paso, le respondió el levita; venimos de Belén de Judá y vamos hasta los confines de la montaña de Efrayim, porque yo soy de allí. Fui a Belén de Judá, y ahora estoy de regreso. Pero no hay nadie que me reciba en su casa, 29 aunque tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también pan y vino para mí, para mi mujer y para el servidor que me acompaña. No nos falta nada. No sabemos por qué nadie nos recibe como huéspedes”.

30 El anciano le dijo: “La paz esté contigo. Yo proveeré a todas tus necesidades. No pases la noche en la plaza”. 31 Entonces lo llevó a su casa y dio de comer a los asnos. Y ellos se lavaron los pies, comieron y bebieron.

La violencia de los habitantes de Guibeá

32 Estaban pasando un momento agradable, cuando los hombres de la ciudad, gente muy furiosa, rodearon la casa y comenzaron a golpear la puerta, diciendo al anciano dueño de casa: “Trae afuera al hombre que entró en tu casa porque es una vergüenza para nosotros y queremos tratarle como a mujer, porque no ha sabido actuar como hombre”.

33 El anciano se presentó ante aquellos furiosos hombres y les imploró: “No, hermanos míos, no obren tan perversamente, porque ese hombre es mi huésped. ¡No cometan esa infamia!” 34 Pero los hombres continuaron gritando y dijeron: “Infamia sobre nosotros caerá si permitimos que un hombre que perdona el adulterio esté en nuestra ciudad. Tráelo y le daremos gusto”.

35 Entonces el anciano le dijo: “Si quieren ustedes saciar instintos indignos yo puedo ofrecerles a mi hija que es virgen; pero no cometan semejante infamia con mi huésped”. Ellos le gritaron: “Guarda a tu hija virgen, que ninguna culpa tiene; al que queremos es al hombre”.

36 Entonces el levita empujó a su sirviente afuera y dijo desde el interior de la casa: “Si desean disfrutar, tomen a este mi esclavo, que pueden ver es joven, hermoso y lampiño, hagan con é según sus instintos”. 37 Los hombres gritaron enfurecidos: “¡Aparta a este joven y no seas cobarde, porque él no carga con tu pecado!”

38 Entonces el levita tomó a su concubina y la llevó afuera y le dijo a los hombres: “¡Quizá ella cargue con mis pecados!” Los hombres dijeron: “¡Sea pues! Carga vergüenza sobre vergüenza, si ya la perdonaste ahora también podrás hacerlo”.

39 Los hombres se aprovecharon de ella y la maltrataron toda la noche hasta la madrugada, y al amanecer, la abandonaron. 40 La mujer llegó de madrugada y se cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su marido. Allí quedó hasta que fue el día.


41 Por la mañana, su marido se levantó, abrió la puerta de la casa y salió para continuar su camino. Al ver a la mujer, su concubina, que estaba tendida a la puerta de la casa, con la mano sobre el umbral, 42 le dijo: “Levántate, vamos”. Pero no obtuvo respuesta. Entonces el hombre la cargó sobre su asno y emprendió el camino hacia su pueblo. 43 Cuando llegó a su casa, tomó el cuchillo y partió en cuatro pedazos el cuerpo de su concubina. Luego enterró los despojos en los cuatro puntos cardinales. Envió entonces emisarios a todo el territorio de Yisraeil.


44 El levita había dado esta orden a sus emisarios: “Digan esto a todos los hombres de Yisraeil: ‘¿Ha sucedido una cosa igual desde que los israelitas subieron del país de Egipto hasta el día de hoy? Reflexionen, deliberen y decidan’”. Y todos los que lo escuchaban, exclamaban: “¡Nunca ha sucedido ni se ha visto una cosa semejante, desde que los israelitas subieron de Egipto hasta el día de hoy!”

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