Yehshua tiene poder para perdonar los pecados
1 Luego de esto Yehshua
predicaba a los que venían de todos los pueblos de Galilea, Judea y Jerusalén y
había entre ellos varios fariseos y escribas sabios de la Ley. La gente se
acumulaba frente a la puerta. 2 Unos hombres llegaron
cargando a un paralítico en una camilla pero no podían llegar hasta Yehshua.
Decidieron entonces subir al techo y quitaron unas tejas para poder hacer bajar
la camilla por el espacio abierto y colocarla cerca de donde enseñaba Yehshua.
3 Cuando Yehshua vio la fe de
aquellos hombres dijo: “Hombre, tus pecados quedan perdonados”. 4 Entonces los fariseos y los
sofer escribas comenzaron a rezongar: “¿Quién se cree este hombre que es? ¿Cómo
se atreve a decir que le perdona los pecados a ese paralítico? Solo Dios tiene
poder para perdonar los pecados. Está blasfemando”.
5 Yehshua les miró
directamente a los ojos y les dijo: “¿Por qué rezongan entre ustedes? ¿Porque
le dije a este pobre hombre que sus pecados le son perdonados? Como esto no
puede ser comprobado haré algo que compruebe que tengo poder para dar perdón
por los pecados. ¿Qué es más fácil, decir que te perdono tus pecados o que le
diga a este hombre que se levante y abandone su camilla?”
6 Volviéndose hacia el
paralítico Yehshua le ordenó: “¡Hombre, levántate, recoge tu camilla y vete a
tu casa!”. 7 Entonces el que era
paralítico comenzó a erguirse sobre sus piernas y dio algunos pasos ante el
asombro y el temor de todos que exclamaron: “¡Cosas increíbles acabamos de
ver!”
Yehshua
llama al publicano Levy
8 Había un hombre cobrador de
impuestos para Roma, un publicano de nombre Mattai Levy quien había escuchado
predicar a Yehshua y conocía de los hechos maravillosos que este hacía sanando
enfermos. 9 El deseaba acercarse a
Yehshua pero dudaba hacerlo porque los publicanos eran despreciados por los
judíos.
10 Sucedió entonces que
Yehshua pasó acompañado por un grupo de discípulos cerca de donde se sentaba
Levy para cobrar los impuestos. Al verle Yehshua le dijo: “Hijo de Alfeo,
sígueme”. Mattai se levantó y siguió a Yehshua y le invitó a cenar con él. 11 A la cena de Levy acudieron
muchos de los publicanos y algunos considerados como pecadores y todos
escuchaban la palabra de Yehshua con sumo respeto y admiración.
12 Los escribas, maestros de
la Ley y los fariseos al ver que Yehshua cenaba con aquellos que consideraban
pecadores se quejaron con los discípulos de Yehshua diciendo: “¿Por qué cenan y
beben con pecadores y publicanos?” 13 Yehshua que les había escuchado les dijo: “¿De qué se
asombran? Los que están sanos no necesitan de los médicos; pero los enfermos
sí. 14 No he venido a pedirle a
los justos que me sigan, sino a llamar a los pecadores para que encuentren la
verdad y cambien su manera de vivir”.
15 Pero además les digo: habrá
más alegría en el reino del Padre por un solo pecador que se convierta que por noventa
y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
Los
doce discípulos escogidos
14 Decidió Yehshua escoger
entre sus seguidores a doce de ellos como sus discípulos más inmediatos que
serían sus enviados, es decir apóstoles, para predicar sus enseñanzas. Y les
dijo: “Ustedes son mis elegidos para llevar el mensaje de arrepentimiento y preparar
los caminos de la palabra. 15 Busquen primero a los hijos
perdidos de Yisraeil, porque la redención comienza por su estirpe; vayan a
ellos y díganles que el reino de Dios está cercano. 16 Donde quieran que sean
recibidos digan: “La paz sea con ustedes”. 17 Esto será como preparación necesaria para lo que han de
cumplir cuando el que vino del Padre vuelva al Padre”.
18 Y los que Yehshua enviaba
de entre sus seguidores fueron: Shimón, llamado Kefa, y Andras su hermano;
Ya’akov el de Zebebdi y Yojanán su hermano; Filíppos y Netan’el Barptolomé; Tau'ma llamado el Dídimo y Mattai
Levy el publicano; Ya’akov el de Alfeo y Yehudah Tadeo; Shimón Kananay o el
zelote y Yehudah Iskaryyot, el de Queriot.
19 Antes de despedir a los
doce Yehshua les dijo: “Lo que les digo en la oscuridad, repítanlo a pleno día;
lo que les digo al oído, quiero que lo proclamen desde las azoteas”.
20 Luego de que Yehshua
enviara a los doce se fue a otros pueblos de Galilea para enseñar a las
multitudes a la vez que sanaba enfermos. 21 Yojanán el Bautista supo lo que Yehshua hacía por boca
de sus discípulos que le visitaban en su calabozo, pues Antipas, que le
respetaba en secreto, lo permitía.
El
Bautista envía mensajeros a Yehshua
22 Envió Yojanán a unos de sus
discípulos para que le preguntaran a Yehshua diciendo: “¿Eres tú el que iba a
venir o debemos esperar a alguien más?”, porque Yojanán tenía dudas si en
verdad Yehshua era el Bendecido de la Luz.
23 Yehshua le dijo a los
discípulos de Yojanán: “Vayan y cuéntenle a Yojanán lo que están viendo y
oyendo. 24 Los ciegos ven, los paralíticos
caminan, los leprosos son sanados, los sordos oyen, los muertos vuelven a la
vida y a los humildes de la tierra se les anuncia el buen mensaje de la gloria
de la Suprema Inteligencia. Bendecido sea aquel que no dude de mí”.
La
queja de Martha hermana de Eleazar
25 Después de esto Yehshua fue
a B'thanía a la casa de su amigo Eleazar. Allí se encontró con la mujer que
había bendecido en Magdala, Mariam, la hermana de Eleazar y Martha. 26 Y Mariam le recibió con gran alegría. Estaban
sentados juntos Yehshua y Eleazar y
Mariam se sentó a los pies de Yehshua escuchando lo que decía. Pero Martha se
ocupaba de las labores y de preparar los alimentos. 27 Entonces fue y le dijo a
Yehshua: “Rabbi, ¿No te importa que mi hermana me haya dejado todo el trabajo a
mí sola? Dile que me ayude”.
28 Sonrió Yehshua y le respondió
a Martha: “Martha, Martha, te afanas haciendo mucho trabajo y te sientes
molesta, 29 pero solo hay algo que
realmente importa, las enseñanzas que transmito de la Suprema Inteligencia. Mariam
ha elegido lo mejor y nadie se lo puede quitar”.
30 Luego Yehshua le habló a
las personas que habían llegado hasta la casa de Eleazar cuando supieron que él
había llegado y muchos creyeron en él 31 y otros le siguieron cuando él se marchó de B'thanía y
Mariam le acompañaba.
Yehshua
enseña a la multitud
32 Cuando los doce enviados a
hacer camino a la palabra regresaron le narraron a Yehshua todo lo que habían
hecho y la disposición de los humildes de recibir la voz de la Luz. 33 Entonces Yehshua los llevó
a Betseda para estar a solas; 34 pero la gente del lugar se
enteró de su llegada y acudieron a verle, unos porque sentían curiosidad por lo
que su fama pregonaba; otros porque querían escucharle y los más porque
esperaban que les sanara de sus dolencias.
35 Al ver la multitud Yehshua
les habló diciéndoles: “Ustedes los humildes, los despreciados por los
poderosos son la sal de la tierra, 36 sin ustedes ninguna riqueza puede haber porque si la sal
pierde su sabor ¿cómo pueden los alimentos ser gratos al paladar? 37 Ustedes son la luz del
mundo como el Padre es Luz del Universo.
Los
bienaventurados
38 Ustedes, por tanto deben
iluminar a todos y no han de ocultar su luz; 39 porque dichosos son los humildes pues el Padre de la
Vida les prometió la tierra como herencia y el Edén perdido de los hombres. 40 Dichosos los que hoy están
tristes porque ellos recibirán consuelo. 41 Dichosos los que poseen un corazón generoso porque ellos
verán la Luz del Universo. 42 Dichosos los que aman y
predican la paz porque ellos son llamados hijos de Dios. 43 Dichosos los que practican
la misericordia porque ellos recibirán la misericordia del Dios eterno. 44 Dichosos los que tienen sed
y hambre de justicia porque el Padre les saciará.
Lo
que necesita el hombre
45 Les digo que no se deben
preocupar por lo que han de comer o con qué han de vestirse; 46 porque la vida es más que
el alimento y el cuerpo más que la ropa. 47 Observen a las aves que vuelan por los cielos, no
siembran, no cosechan ni acopian en graneros; sin embargo el Padre del Universo
las alimenta ¿acaso ustedes no valen más que las aves? 48 ¿Quién de ustedes, por más
que se preocupe, puede añadir una hora más a su vida?
49 ¿Por qué se preocupan por
la ropa? Si desnudos llegaron a la vida. 50 Fíjense en los lirios del campo que no trabajan, ni
hilan, ni tejen para hacer sus vestidos y sin embargo ni el rey Shalomom vistió
con tanta delicadeza como uno de ellos. 51 ¿No valen ustedes más que la yerba que crece en los
campos, que hoy muestra su hermosura pero mañana es llevada al horno? Y si el
Padre da esa vestidura a los lirios con mucha razón cuidará para que ustedes
cubran sus cuerpos. 52 No carezcan de la fe en la
Suprema Inteligencia y no se angustien preocupados por el comer y el vestir.
Los que no conocen al Padre se preocupan y se angustian por estas cosas; 53 pero ustedes tienen al
Padre que sabe que ustedes necesitan de todo esto. 54 Así que busquen primero
agradar a Dios y cumplir con su justicia y todo se les dará en abundancia.
55 No estén preocupados por el
día de mañana porque el mañana traerá sus preocupaciones, y cada día tiene sus
propios problemas”.
Yehshua
devuelve la vista al ciego de Betseda
56 Terminado de decir esto le
trajeron a un hombre de Betseda que había perdido la vista para que lo tocara. 57 Yehshua tomó al hombre por
la mano le llevó aparte y puso sus dedos sobre los ojos del ciego. Entonces le
preguntó Yehshua: “¿Puedes ver?”
58 Parpadeó tres veces el
hombre y luego dijo: “Veo a la gente que se me asemeja como árboles caminando”.
59 Entonces Yehshua puso sus
manos sobre los ojos del ciego y volvió a preguntar: “¿Ves mejor ahora?” 60 Abrió bien sus ojos el
hombre y pudo ver todo con claridad. Había recuperado totalmente su vista. 61 Yehshua le dijo entonces:
“Vete a tu casa, pero no entres en la ciudad”.
62 Y dijo Yehshua a los doce
por él escogidos: “Muchos son los que después de haber recibido la enseñanza se
apartan de ella asemejándose a hombres que han perdido la visión; 63 pero yo he venido para
devolverles la vista y puedan contemplar la Luz del Universo”.
La
multiplicación de los panes
64 Entonces viendo la multitud
que aún se mantenía en el lugar, Yehshua le preguntó a Filíppos: “¿Dónde
podremos comprar suficiente pan para que toda esta gente pueda comer?” 65 Filíppos contempló a la
multitud y le contestó a Yehshua: “Mira Rabbi, sería necesario tener 200
denarios para que cada uno de ellos coma aunque solo sea un mendrugo, ni
trabajando todos nosotros un mes podríamos reunir tal cantidad”.
66 Andras entonces se acercó a
Yehshua y le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos
pescados salados; pero ¿qué es esto para tanta gente?”
66 Yehshua les dijo entonces:
“Vayan y hagan que la gente se siente”. Llamó luego al niño y tomando un pan y
uno de los pescados dio gracias diciendo: “Padre bendito y eterno, Luz del
Universo, bendice estos alimentos frutos de la tierra y del trabajo de los
hombres” 67 y fue dando los panes y los
pescados para que los repartieran entre la multitud. Todos comieron hasta
hartarse y Yehshua le dijo a sus discípulos escogidos que recogieran los
sobrantes y con lo que había sobrado llenaron doce cestas.
68 Luego despidió a la
multitud y se fue a Judea, pero los judíos y los fariseos le rechazaron y hasta
amenazaron con matarle, así que fue a Galilea.
Yehshua
y la fiesta de los Tabernáculos
69 Se acercaba la fiesta de
los Tabernáculos y Yehshua decidió regresar a Natzeret. 70 Entonces sus hermanos, los
hijos de Joseph le dijeron: Deberías ir a la fiesta en Judea, para que la gente
vea las obras que haces. Nadie que quiera darse a conocer hace sus cosas a
escondidas. Ponte pues a la vista de todo el mundo para que todos vean lo que
haces”. 71 Es que los hijos de Joseph,
sus hermanos, no creían en él.
72 Díjoles Yehshua: “Todavía
no ha llegado el momento para eso, pero cualquier tiempo es bueno para ustedes.
A ustedes nadie tiene motivos para odiarles; pero a mí me odian porque le digo
a la gente lo que no quieren escuchar. Vayan ustedes a la fiesta. Yo no voy
porque todavía no ha llegado mi tiempo”.
73 Se quedó Yehshua en Galilea
mientras los hijos de Joseph se fueron a celebrar la fiesta de los
Tabernáculos. Después Yehshua tomó a Kefa, Andras, Filíppos, Yojanán y Mariam y
se dirigió a Jerusalén, porque aunque dijo “mi hora todavía no llega” decidió
que debía predicar en la ciudad, porque así se lo había inspirado el Paráclito.
74 Los principales entre los
fariseos pensaban que Yehshua podía haber ido a las celebraciones y le buscaban
entre la gente, preguntándose: “¿Dónde estará ese hombre?”









