I
Si nos atenemos a lo que aseguran los
fundamentalistas bíblicos, sí, ciertamente, la Biblia es la Palabra de Dios,
sencillamente porque así lo creen, porque así se lo enseñaron, porque así se lo
trasladaron sus padres y las generaciones que les precedieron. Lo mismo se
puede decir de los musulmanes quienes aseguran que el Corán es la Palabra
indiscutible de Alá; porque así lo creen, porque así se lo enseñaron, porque
así es la tradición transmitida de generación en generación.
Pareciera que Dios, o el Espíritu
Santo, se habría sentado a dictarle a los redactores bíblicos, palaba por
palabra, puntos y comas y estos fielmente copiaran lo transmitido. Para los
judíos habría sido el mismísimo Tetragrámaton
יהוה, [Y (iod), H (hei), V (vav) y H (hei)] personalmente o
su ángel el que dictara la escritura; en tanto que, para las múltiples iglesias
cristianas, lo habría sido el Espíritu Santo. El Corán, por otra parte, más
modesto, fue el ángel Gavri’el, o Yibrīl, quien dictó el texto a un solo
redactor, Mohammed.
No obstante, muchos
de los identificados dentro de la doctrina cristiana son más parcos y declaran
que la Biblia, simplemente fue inspirada por la Divina Presencia, el Espíritu
Santo como Dios mismo.
Pero, la Biblia, el
Tanaj, a lo largo de la historia sufrió innumerables modificaciones y distintas
redacciones. Sus libros fueron copiados una y otra vez facilitando con ello que
algún sabio judío introdujera alguna que otra adición propia a los textos ya
no originales.
El cuerpo principal
de la Biblia se redactó principalmente durante el siglo VI de la era antigua y
más propiamente durante el reino de Josías (Yoshiyah) y con la participación
del considerado profeta Jeremías (Yirmiyahu), aunque más un político que un
hombre inspirado por Dios. Luego del cautiverio en Babilonia, los sabios de
Israel hicieron nueva aportaciones al texto bíblico, e incluso, agregaron
nuevos textos.
En el siglo II de
la era antigua, en Alejandría, Egipto, 72 doctores de la ley tradujeron al
griego los textos dispersos del Tanaj, redactados en hebreo y arameo. En esta
nueva versión bíblica conocida como Septuaginta o la LXX se incluyeron varios
libros que se consideraron de inspiración divina en los concilios de Trento
(1545 y 1563) y Vaticano, que más tarde, judíos y cristiano protestantes
consideraron apócrifos agrupándolos bajo la denominación de deuterocanónicos.
Los libros
deuterocanónicos incluidos en la LXX son los siguientes:
El Libro de Tobías
o Tobit (Tobyah), El Libro de Judit, Las "adiciones griegas" al Libro
de Ester, El Libro de la Sabiduría, El Libro del Eclesiástico, Sirácida o
Sirácides, El Libro de Baruc, La Carta de Jeremías (Baruc 6), Las
"adiciones griegas" al Libro de Daniel (Dany’el), La Oración de
Azarías (Daniel 3:24-50), El Himno de los tres jóvenes (Daniel 3:51-90) La
Historia de Susana (Daniel 13), La Historia de Bel y el Dragón (Daniel 14), El
Libro I de los Macabeos, El Libro II de los Macabeos.
Existen evidencias
que los evangelistas citaban expresiones tomadas de la Septuaginta en sus
escritos apostólicos. Marcos era un judío helenizado y Lucas (Loukás), un goyim
(gentil) convertido por Pablo (Paulo).
De acuerdo con lo
dicho arriba no queda más que considerar que no todo lo que aparece en la
Biblia es Palabra de Dios para muchos, al menos en lo referente a la colección
de escritos de las diferentes versiones bíblicas, de las que se fundan en la
Septuaginta y sus libros deuterocanónicos (Vulgata) y las que no incluyen esos
libros, basadas en el canon palestinense, establecido en el siglo II d.C.
La consideración de
lo que es sagrado, inspirado, tomado como Palabra de Dios ha tenido sus altas y
bajas. En este sentido, libros que hoy se consideran de gran inspiración fueron
en otro momento fueron tenidos como no sagrados, ejemplo de esto es el
Apocalipsis. El Sínodo de Laodicea (363-364 d.C) excluyó el Apocalipsis de
Yojanán (Juan) del canon no considerándole sagrado, al igual que la Iglesia de
Jerusalén, y el obispo Cirilo (315 – 386), tenido como doctor de la iglesia y
fuerte opositor al arrianismo. Tampoco fue aceptado como libro sagrado por
Gregorio Nacianceno (329-389) otro teólogo que se oponía al arrianismo.
De la
interpretación de las escrituras bíblicas, ya desde los mismos inicios del
cristianismo, surgieron diferentes posiciones teológicas que se enfrentaron
enconadamente. Cada cual, tomando determinados pasajes de la escritura, vertía
sus propias tesis y las argumentaba apoyándose en otros pasajes entresacados,
por lo general, fuera de contexto. El predominio de la iglesia católica impuso
su propio canon de fe y declaró heréticas las corrientes teológicas que
discrepaban de su credo de fe. Tal parece que la palabra de Dios, expresada en
la Biblia tiende a ser oscura e inalcanzable para todos.
Ciertamente en la
Biblia cristiana, ya sea católica, ortodoxa, protestante o etíope, hay
inspiración; pero también hay mucho de criterios humanos, lo que obliga a hacer
una gigantesca tarea intelectual y, ¿por qué no?, inspirada, para separar el
trigo de la paja presente en todo el relato bíblico.
II
Hay tres versiones oficiales de la
Biblia cristiana, la católica, la protestante y la ortodoxa. Cada una cuenta,
en el Antiguo Testamento, un número diferentes de libros; dentro de la católica
el número de libros del llamado Antiguo Testamento son 46; en la protestante,
ese número es menor, solo 39 libros para llegar hasta 51 libros en la Biblia
según el canon de la iglesia ortodoxa.
¿Cuál de estas diferentes colecciones de
libros contiene en toda su extensión la palabra de Dios? ¿Acaso los 12 libros
de más que hay en la Biblia ortodoxa, con respecto a la versión protestante, no
son libros que puedan considerarse como inspirados, y por tanto, ser palabra de
Dios?, o. ¿los 7 libros de más de la versión católica, dejan de ser
considerados como Palabra de Dios?
Existe otra versión muy particular de
las escrituras que aunque sigue el canon de la Biblia de las iglesias
protestantes, tiene profunda modificaciones en su texto, de modo que resulta
ser “otra” Biblia, que, por supuesto, sus seguidores consideran que es la única
verdadera, aunque su redacción se llevó a cabo a mediados del siglo XX; la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas
Escrituras. Esta versión libre de la Biblia cristiana tiene un marcado
acento arriano, al negar la consustancialidad del Hijo con el Padre y negar,
considerándole como expresión pagana, la adoración a la Santa Trinidad.
Dejamos de lado la colección de libros
cristianos ordenados bajo la denominación de Nuevo Testamento, donde, salvo excepciones se manifiesta la inspiración
divina. Estas excepciones están localizadas en el libro Hechos de los Apóstoles
redactado por Loukás, discípulo de Paulo, robando a favor de su maestro el
protagonismo de los principales apóstoles de Yehshua en la labor de divulgación
de las enseñanzas de Yehshua. De igual manera se puede considerar la versión
evangélica del mismo Loukás. El no conoció a Yehshua y lo que escribe lo funda
en las enseñanzas de Paulo y en los relatos de algunos que conocieron en vida a
Yehshua.
En muchas de las cartas paulinas hay
destellos de inspiración divina, pero por demás sus antecedentes de afiliación
farisea se evidencian en gran parte de sus escritos.
El Apocalipsis, último libro de las
biblias cristianas durante mucho tiempo se le consideró no digno de formar
parte del canon. En realidad es un bello poema cargado de simbolismos y
fantasías dirigido a dar aliento a los cristianos que sufrían bajo la
persecución del emperador Domiciano (81-96).
Vamos a analizar a grandes rasgos los
primeros cinco libros de la Biblia, la Torá judía.
III
Para los fundamentalistas apegados a la
letra del primer libro bíblico, Génesis, el mito de la creación del mundo y del
hombre está fuera de discusión, aunque los estudios científicos han demostrado
otra realidad. Dios no es un fabulista, ni un redactor de ciencia ficción,
entonces, ¿por qué tal pueril relato sobre una creación realizada a partir de
la nada? Se pudiera alegar que Dios dirigía su palabra a personas de la
antigüedad que no podría asimilar una propuesta más verídica y cercana a la
realidad científica. Esta respuesta no convence.
Dios muy bien podría explicar de modo
sencillo la formación del mundo y el origen del ser humano, con una explicación
que no le hiciera un tonto contando cuentos infantiles. Para que fuera palabra
de Dios, lo que se hubiera recogido en el Génesis, Dios habría dicho: “Yo di
inicio a las fuerzas que formaron el sol, la tierra, la luna y las estrellas”,
sin decir que la luna y el sol fueran luminarias para alumbrar a la tierra;
pudo haber dicho: “Yo di movimiento a la tierra para que hubiera día y noche
sin necesidad de decir: “…y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a
la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche”; dicho esto el primer día, antes que
se hablara de que al cuarto día de la creación, haría “lumbreras en la
expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales
para las estaciones, para días y años (…) y sean por lumbreras en la expansión
de los cielos para alumbrar sobre la tierra”.
Pudo haber dicho Dios, para que se
escribiera en el libro: “Yo cree ─ ahora sí, dicho correctamente, crear ─ la
vida, y surgieron todas las especies de vegetales y animales, y elegí al hombre
para que fuera mi imagen, conforme a mi semejanza”.
Con esto hasta aquí dicho, alguien pueda
acusarme de blasfemo. De ningún modo. La blasfemia, y una de las mayores, es
presentar a Dios hablando sandeces sobre el origen del universo y la vida con
desprecio a su Suprema Inteligencia. Una blasfemia tan grande que haciendo a la
tierra el centro del universo, a muchos sabios se les condenó a morir en la
hoguera de la Inquisición y obligar, esa Inquisición, a Galileo a retractarse
de sus descubrimientos.
El otro mito del Génesis está en el
relato del huerto maravilloso del Edén y en la entrada del pecado en el mundo
por la desobediencia. Por la desobediencia el hombre se condenó a la muerte,
esta es la tesis del relato; ¿y quién provocó la desobediencia del hombre? ¡la
mujer! Tan tonta que se deja engañar por un ofidio parlante; la mujer que depende
del hombre, porque según el mito fue hecha de la costilla del hombre. Sin
embargo, Dios que como buen hortelano se pasea por el jardín y se percata que
Adán y Eva sienten pena de su desnudez y se ocultan de él, cubiertos sus
genitales con hojas de higuera, entonces Dios, convertido en costurero “hizo al
hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”.
Veamos por paso: Dios puede ser visto
directamente por el ser humano. Adán y Eva cuando le sienten paseando por el
huerto se ocultan de él; sin embargo, ese primer par de humanos, aunque
supuestamente “creados” para ser eternos, no son de la misma naturaleza
espiritual de los ángeles, sino cuerpos materiales de acuerdo con el contexto
del relato. Esto se evidencia cuando Dios le dice a Adán: “Con el sudor de tu
rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste
tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.
Y Adán y Eva pueden ver a Dios porque él
tiene figura antropomorfa, es parecido en su cuerpo al ser humano, tal y como
en Grecia y Roma eran sus dioses. Figura de hombre y ciertamente con muchos
defectos humanos, es Dios celoso, es capaz de arrepentirse de lo creado por él;
en ocasiones hasta se enfurece y es vengativo pues carga “la iniquidad de los
padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian”.
Esto no puede ser palabra de Dios, sino
la elaboración judaica de un dios tribal que se asemeja a los dioses paganos de
los pueblos vecinos de Israel, que castigan, condenan y exigen que se les tema.
Por otra parte, todo el concepto del
bien y el mal que adquieren la pareja del Edén se encuentra en su desnudez. “¿Quién
te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no
comieses?” le dijo Dios a Adán. “…del árbol de la ciencia del bien y del mal no
comerás”.
Preguntémonos: Los pueblos primitivos
que habitan en la selva amazónica ¿desconocen el árbol de la ciencia del bien y
el mal? No hay que dudar que estos pueblos tienen conciencia de lo que es bien
y lo que es mal; por eso tienen sus propias leyes, y sin embargo, están
completamente desnudos, sin vergüenza por mostrar sus genitales.
La desnudez por sí misma no es pecado,
sino una condición de la vida natural del hombre. La mojigatería de los
redactores del texto bíblico, con mente torcida la hicieron pecaminosa y
convirtieron a la costura y confección de ropas en el más antiguo de los
oficios.
El pudor en las sociedades civilizadas,
no surgió en la era paradisiaca, sino que fue conformándose paulatinamente
despues que los humanos comenzaron a cubrirse con pieles de animales para
librarse del frío en la última era glacial cuando el hombre se hizo humano.
IV
Revisemos ahora el capítulo 12 de
Génesis. Abraham ha ido a Egipto y como la belleza de su esposa podría encender
la pasión de los egipcios, quiso evitar
que le mataran por causa de ella. Entonces le ordenó que mintiera
diciendo que era su hermana. Como era una hermosa mujer se la llevaron al nesu,
es decir al faraón, para que la tomara como concubina. Gracias a su mujer,
Abraham obtuvo ventajas pues el nesu le regaló “ovejas, vacas, asnos, siervos,
criadas, asnas y camellos”. Todo hasta que el nesu descubrió que le habían
engañado y que Sara la mujer de Abraham no era su hermana como había dicho que
era, dícese que el engaño fue revelado porque Dios “hirió a Faraón y a su casa
con grandes plagas”, por causa de la mujer de Abraham.
Algo similar le ocurrió a Yitzchak
(Isaac) hijo de Abraham estando en Gerar. Esto se cuenta en el capítulo 26 de
Génesis: “Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él
respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que
tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de
hermoso aspecto”. ¿Palabra de Dios? Abraham miente por miedo sobre su relación
con su esposa; lo mismo hace su hijo; pero Abraham se aprovecha de la unión de
su esposa con el faraón y obtiene ganancias. ¿Es acaso este un relato
ejemplarizante, digno de encontrarse dentro de un texto considerado sagrado?
¿Cómo puede calificarse la actitud de Abraham?
Continuemos revisando la historia de
Abraham que la Biblia presenta como ejemplar. Primero preguntémonos, ¿qué es
fornicar? Según el diccionario fornicar es tener ayuntamiento o cópula carnal
fuera del matrimonio.
Capítulo 16 de Génesis. Sara, que
entonces se llamaba Sarai, le dice a Abraham, cuyo nombre en aquellos días era
Abram: “Ya ves que Dios me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a
mi esclava; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai (…) Y
él se llegó a Agar, la cual concibió…” Permitido por su propia mujer pero
fornicación de hecho. ¿Palabra de Dios?; ¿condena Dios la fornicación de
algunos y, en cambio, no condena la fornicación cometida por alguno de sus
“elegidos”? Dios no solo omite castigar el pecado de Abraham sino que también
le premia en el hijo que le anuncia que le nacerá de Sara, diciéndole que
establecería su pacto con Yitzchak.
En el Capítulo 21 ¿Qué hace Abraham?
Sara está molesta con el primogénito de Abraham, Ishma’el (Ismael) y le pide: “Echa
a esta esclava y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con
Isaac mi hijo”. Abraham acepta expulsar a su hijo: “Entonces Abraham se levantó
muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre
su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo
errante por el desierto de Beerseba”. Esto es crueldad; pero se lee en el libro que
Abraham aceptó expulsar a la esclava y al hijo de él al desierto porque Dios,
conversando directamente con él le dijo: “No te parezca grave a causa del
muchacho y de tu esclava; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en
Isaac te será llamada descendencia”. Dios entonces hace acepción de personas,
rechaza al hijo de Abraham nacido de una esclava.
Vuelvo a decirlo. Poner en un libro
sagrado un acto tan miserable con la anuencia de Dios, que perdona el egoísmo
de Sara y la debilidad de Abraham, es una blasfemia contra él y contra su
justicia y bondad. Esto no puede ser Palabra de Dios.
V
Analicemos el segundo libro de la
Biblia, Éxodo. De acuerdo con el Capítulo 21, aparece que Dios no condena la
esclavitud, quizá la suaviza con respecto a un esclavo hebreo al que exige se
le conceda la libertad de gracia a los seis años de su sometimiento; además,
aclara, que si el amo le hubiera dado una mujer, cuando se le concediera la
libertad, los hijos que hubiera tenido se quedarían bajo el dominio del amo:
Cap. 21: 4: “Si su amo le hubiere dado
mujer y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él
saldrá solo”. ¿Palabra de Dios o justificación y bendición de hombres para
hacer sagrada la esclavitud?
¿Qué decir de este mandato bíblico?: “Y
si alguno hiriere a su esclavo o a su esclava con palo, y muriere bajo su mano,
será castigado; mas si sobreviviere por un día o dos, no será castigado, porque
es de su propiedad” (Ex. 21: 20 y 210). Si no se muere de inmediato el esclavo,
no hay castigo porque ese esclavo o esclava es una cosa, algo que se posee en
propiedad. En el éxodo la esclavitud supuestamente es bendecida por Dios.
¿Es esto una promesa que nos hacen los
que aspiran crear una teocracia bajo la “iluminación” bíblica?
El Dios del Éxodo es tan detallista en
sus leyes que hasta ordena condenar a muerte por lapidación a un toro que
acornee a alguno. ¿Tenemos que tomar esta idiotez como palabra de Dios?
En el Capítulo 22, el Dios legislador
del Éxodo es bastante moderado con el estupro o violación, así nos regala esta
pieza divina de ley penal: (versículos 16 y 17) “Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere
con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela,
él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes”. La dignidad de la
mujer se mide por una transacción comercial. ¿Palabra de Dios?
¡Pobre de los infieles! El Dios del Éxodo
es intolerante, así dice en el Capítulo 22: 20: “El que ofreciere sacrificio a dioses excepto solamente a Yahvé, será
muerto”. Esto no es lo ordenado por un Dios de Piedad, uno que a sí mismo
se llama “misericordioso” (Ex. 22: 27); es la mano de un fanático la que
escribió esas líneas haciéndolas aparecer como mandato divino.
El Dios del Éxodo es inclemente, no
siente piedad ante la ignorancia que algunos pueblos tienen de él, no busca
convertir a esos pueblos, solo arrasarlos, acabar con todos, con hombres,
mujeres, niños y ancianos, como lo promete en el Capítulo 23, versículo 23: “…mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a
la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del
jebuseo, a los cuales yo los exterminaré”. Y agrega con más fuerza: (ver.
27) “Sembraré delante de ti mi terror;
llenaré de turbación a todos los pueblos donde llegues; y haré que todos tus
enemigos huyan ante ti”.
Dios con tachas humanas es el Dios del
Éxodo. Es indeciso, duda de su obra. En el Capítulo 32:9 y 10 se ve la
indecisión divina: “Y dijo Yahvahé a
Moshé: Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame ahora que se
encienda mi ira contra ellos y los devore…” Por suerte para los hebreos,
Moshé, un mortal, le convence para que no destruya al pueblo, porque Moshé
podía ver y conversar directamente con Yahvahé y Yahvahé tenía forma humana y
masculina. ¿Esto es Palabra de Dios? Yojanán, el Apóstol diría en su libro de
la Buena Nueva: “A Dios nadie le vio
jamás; el Unigénito hijo, que está en el seno del Padre ─ es decir, Yehshua
─, él nos lo declaró.
Sin embargo, poco más adelante, Capítulo
33:20, le dice Dios a Moshé: “Pero mi
rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo”.
VI
¡Pobres, Nadab y Abihú, porque el Dios
de la Torá, del Antiguo Testamento no admite errores humanos! En Levítico 10: 1
y 2, estos hijos de Aharom (Aarón), cometieron el error de poner en sus incensarios fuego y echar incienso encima; pero “ofrecieron ante Yahveh un fuego profano, que
él no les había mandado. Entonces salió de la presencia de Yahveh un fuego que
los devoró, y murieron delante de Yahveh”. Por supuesto, nada se dice en el
texto para aclarar cuál fue ese fuego profano; en qué consistía. Dios no admite
errores; loe errores se pagan con la muerte inmediata. ¿Dónde está la piedad y
el amor del Dios del Antiguo Testamento? ¿Es esto Palabra de Dios o pura
fantasía de un escritor que pretende que a Dios, como dios tribal se le tema
profundamente?
¿Para qué enumerar las leyes recogidas
en Levítico sobre la inmoralidad, sobre la santidad de los sacerdotes, casi
todas las faltas recogidas bajo estos epígrafes, muestran a un Dios legislador,
extremadamente severo, inapelable, que impone la pena de muerte hasta por los
actos de escasa peligrosidad aunque sí inmorales o tenidos por inmorales por
los israelitas del siglo VI antes de Cristo.
La blasfemia, un pecado que los
extremistas musulmanes pretenden que se recoja como delito en todas las
naciones, no es tratada con moderación por el dios de Moshé. Así en el Capítulo
24 de Levítico, versículos 14 – 16, se dice: “Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan
sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. Y a los
hijos de Yisraeil hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios,
llevará su iniquidad. Y el que blasfemare el nombre de Yahvahé, ha de ser
muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural,
si blasfemare el Nombre, que muera”.
Terrible se presenta el Dios que se
inventaron los redactores del Levítico, para castigar la desobediencia de las
leyes mosaicas. Las represalias pudieran ser: “terror, extenuación y calentura,
que consuman los ojos y atormenten el alma (…) heridos por los enemigos (…) la tierra
no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto (…) envío de bestias
fieras que arrebaten los hijos de los desobedientes, y destruyan su ganado, y les
reduzcan en número, y sus caminos sean desiertos”. Si se reincide en la
desobediencia entonces, el dios del Levítico amenaza diciendo: “yo procederé en contra de vosotros con ira,
y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados. Y comeréis la carne de
vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas”. (Lev. 26: 28 y 29)
VII
Del Pentateuco, es decir, los cinco
primeros libros de la Biblia, aunque hay en ellos destellos de inspiración, la
mayor parte de su cuerpo no constituye palabra de Dios sino aportes humanos
presentados como divinizados para justificar los prejuicios y la crueldad de la
época en que estos cinco libros fueron redactados.
Si revisamos los sucesivos libros del
Antiguo Testamento, veremos que carecen de una inspiración clara de Dios. El
libro de Josué, en realidad, es una recopilación de leyendas sobre la conquista
de Canaán, un relato mítico redactado posiblemente durante el reinado de Yoshiyah
(Josías) y bajo la conducción del profeta Yirmiyahu (Jeremías) quien fue
también el autor de lo libros de Reyes.
La crueldad con que actúa Yehoshúa
(Josué) se presenta como juicio de Dios contra los pueblos considerados impíos,
los que debían ser entregados al holocausto total, como en Yériho (Jericó) y en
Ai.
La ignorancia de los israelitas de la época
de Yoshiyah sobre el universo no puede concebirse ni aceptarse en un Dios sabio
y creador del mundo. Ellos creían que el sol giraba alrededor de la tierra y
que la tierra era el centro del universo. Así, bajo esta creencia, formularon
el mito de la obediencia del sol al mandato de Yehoshúa de que se detuviera. Este relato
aparece en el Capítulo 10: 12 y 13: “Josué habló a Yahveh el día en que Yahveh
entregó al amorreo delante de los hijos de Yisraeil, y dijo en presencia de los
israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú,
luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta
que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro
de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi
un día entero”.
Como inspirados, aunque algunos con las
fantasías propias de la edad antigua, pueden considerarse los libros de Dany’el
(Daniel), los Salmos, Eclesiastés, Sabiduría y los libros de los Profetas, los
restantes simples leyendas ejemplarizantes pero careciendo de aquellos que
puede considerarse como Palabra de Dios a partir del concepto de que Dios, es
Dios de amor, es Dios infinitamente sabio, pleno de bondad sin faltar a la
justicia y carente por completo de las deficiencias humanas.
Dejo para otra ocasión hacer un análisis
sobre los libros del Nuevo Testamento, en especial el Evangelio de Loukás, los
Hechos de los Apóstoles, las cartas de Paulo y con más detalle en el
Apocalipsis.

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