miércoles, 23 de julio de 2014

La Biblia… ¿Palabra de Dios?


I
Si nos atenemos a lo que aseguran los fundamentalistas bíblicos, sí, ciertamente, la Biblia es la Palabra de Dios, sencillamente porque así lo creen, porque así se lo enseñaron, porque así se lo trasladaron sus padres y las generaciones que les precedieron. Lo mismo se puede decir de los musulmanes quienes aseguran que el Corán es la Palabra indiscutible de Alá; porque así lo creen, porque así se lo enseñaron, porque así es la tradición transmitida de generación en generación.
Pareciera que Dios, o el Espíritu Santo, se habría sentado a dictarle a los redactores bíblicos, palaba por palabra, puntos y comas y estos fielmente copiaran lo transmitido. Para los judíos habría sido el mismísimo Tetragrámaton יהוה, [Y (iod), H (hei), V (vav) y H (hei)] personalmente o su ángel el que dictara la escritura; en tanto que, para las múltiples iglesias cristianas, lo habría sido el Espíritu Santo. El Corán, por otra parte, más modesto, fue el ángel Gavri’el, o Yibrīl, quien dictó el texto a un solo redactor, Mohammed.
No obstante, muchos de los identificados dentro de la doctrina cristiana son más parcos y declaran que la Biblia, simplemente fue inspirada por la Divina Presencia, el Espíritu Santo como Dios mismo.
Pero, la Biblia, el Tanaj, a lo largo de la historia sufrió innumerables modificaciones y distintas redacciones. Sus libros fueron copiados una y otra vez facilitando con ello que algún sabio judío introdujera alguna que otra adición propia a los textos ya no originales.
El cuerpo principal de la Biblia se redactó principalmente durante el siglo VI de la era antigua y más propiamente durante el reino de Josías (Yoshiyah) y con la participación del considerado profeta Jeremías (Yirmiyahu), aunque más un político que un hombre inspirado por Dios. Luego del cautiverio en Babilonia, los sabios de Israel hicieron nueva aportaciones al texto bíblico, e incluso, agregaron nuevos textos.
En el siglo II de la era antigua, en Alejandría, Egipto, 72 doctores de la ley tradujeron al griego los textos dispersos del Tanaj, redactados en hebreo y arameo. En esta nueva versión bíblica conocida como Septuaginta o la LXX se incluyeron varios libros que se consideraron de inspiración divina en los concilios de Trento (1545 y 1563) y Vaticano, que más tarde, judíos y cristiano protestantes consideraron apócrifos agrupándolos bajo la denominación de deuterocanónicos.
Los libros deuterocanónicos incluidos en la LXX son los siguientes:
El Libro de Tobías o Tobit (Tobyah), El Libro de Judit, Las "adiciones griegas" al Libro de Ester, El Libro de la Sabiduría, El Libro del Eclesiástico, Sirácida o Sirácides, El Libro de Baruc, La Carta de Jeremías (Baruc 6), Las "adiciones griegas" al Libro de Daniel (Dany’el), La Oración de Azarías (Daniel 3:24-50), El Himno de los tres jóvenes (Daniel 3:51-90) La Historia de Susana (Daniel 13), La Historia de Bel y el Dragón (Daniel 14), El Libro I de los Macabeos, El Libro II de los Macabeos.
Existen evidencias que los evangelistas citaban expresiones tomadas de la Septuaginta en sus escritos apostólicos. Marcos era un judío helenizado y Lucas (Loukás), un goyim (gentil) convertido por Pablo (Paulo).
De acuerdo con lo dicho arriba no queda más que considerar que no todo lo que aparece en la Biblia es Palabra de Dios para muchos, al menos en lo referente a la colección de escritos de las diferentes versiones bíblicas, de las que se fundan en la Septuaginta y sus libros deuterocanónicos (Vulgata) y las que no incluyen esos libros, basadas en el canon palestinense, establecido en el siglo II d.C.
La consideración de lo que es sagrado, inspirado, tomado como Palabra de Dios ha tenido sus altas y bajas. En este sentido, libros que hoy se consideran de gran inspiración fueron en otro momento fueron tenidos como no sagrados, ejemplo de esto es el Apocalipsis. El Sínodo de Laodicea (363-364 d.C) excluyó el Apocalipsis de Yojanán (Juan) del canon no considerándole sagrado, al igual que la Iglesia de Jerusalén, y el obispo Cirilo (315 – 386), tenido como doctor de la iglesia y fuerte opositor al arrianismo. Tampoco fue aceptado como libro sagrado por Gregorio Nacianceno (329-389) otro teólogo que se oponía al arrianismo.
De la interpretación de las escrituras bíblicas, ya desde los mismos inicios del cristianismo, surgieron diferentes posiciones teológicas que se enfrentaron enconadamente. Cada cual, tomando determinados pasajes de la escritura, vertía sus propias tesis y las argumentaba apoyándose en otros pasajes entresacados, por lo general, fuera de contexto. El predominio de la iglesia católica impuso su propio canon de fe y declaró heréticas las corrientes teológicas que discrepaban de su credo de fe. Tal parece que la palabra de Dios, expresada en la Biblia tiende a ser oscura e inalcanzable para todos.
Ciertamente en la Biblia cristiana, ya sea católica, ortodoxa, protestante o etíope, hay inspiración; pero también hay mucho de criterios humanos, lo que obliga a hacer una gigantesca tarea intelectual y, ¿por qué no?, inspirada, para separar el trigo de la paja presente en todo el relato bíblico.


II
Hay tres versiones oficiales de la Biblia cristiana, la católica, la protestante y la ortodoxa. Cada una cuenta, en el Antiguo Testamento, un número diferentes de libros; dentro de la católica el número de libros del llamado Antiguo Testamento son 46; en la protestante, ese número es menor, solo 39 libros para llegar hasta 51 libros en la Biblia según el canon de la iglesia ortodoxa.
¿Cuál de estas diferentes colecciones de libros contiene en toda su extensión la palabra de Dios? ¿Acaso los 12 libros de más que hay en la Biblia ortodoxa, con respecto a la versión protestante, no son libros que puedan considerarse como inspirados, y por tanto, ser palabra de Dios?, o. ¿los 7 libros de más de la versión católica, dejan de ser considerados como Palabra de Dios?
Existe otra versión muy particular de las escrituras que aunque sigue el canon de la Biblia de las iglesias protestantes, tiene profunda modificaciones en su texto, de modo que resulta ser “otra” Biblia, que, por supuesto, sus seguidores consideran que es la única verdadera, aunque su redacción se llevó a cabo a mediados del siglo XX; la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Esta versión libre de la Biblia cristiana tiene un marcado acento arriano, al negar la consustancialidad del Hijo con el Padre y negar, considerándole como expresión pagana, la adoración a la Santa Trinidad.
Dejamos de lado la colección de libros cristianos ordenados bajo la denominación de Nuevo Testamento, donde, salvo excepciones se manifiesta la inspiración divina. Estas excepciones están localizadas en el libro Hechos de los Apóstoles redactado por Loukás, discípulo de Paulo, robando a favor de su maestro el protagonismo de los principales apóstoles de Yehshua en la labor de divulgación de las enseñanzas de Yehshua. De igual manera se puede considerar la versión evangélica del mismo Loukás. El no conoció a Yehshua y lo que escribe lo funda en las enseñanzas de Paulo y en los relatos de algunos que conocieron en vida a Yehshua.
En muchas de las cartas paulinas hay destellos de inspiración divina, pero por demás sus antecedentes de afiliación farisea se evidencian en gran parte de sus escritos.
El Apocalipsis, último libro de las biblias cristianas durante mucho tiempo se le consideró no digno de formar parte del canon. En realidad es un bello poema cargado de simbolismos y fantasías dirigido a dar aliento a los cristianos que sufrían bajo la persecución del emperador Domiciano (81-96).
Vamos a analizar a grandes rasgos los primeros cinco libros de la Biblia, la Torá judía.
III
Para los fundamentalistas apegados a la letra del primer libro bíblico, Génesis, el mito de la creación del mundo y del hombre está fuera de discusión, aunque los estudios científicos han demostrado otra realidad. Dios no es un fabulista, ni un redactor de ciencia ficción, entonces, ¿por qué tal pueril relato sobre una creación realizada a partir de la nada? Se pudiera alegar que Dios dirigía su palabra a personas de la antigüedad que no podría asimilar una propuesta más verídica y cercana a la realidad científica. Esta respuesta no convence.
Dios muy bien podría explicar de modo sencillo la formación del mundo y el origen del ser humano, con una explicación que no le hiciera un tonto contando cuentos infantiles. Para que fuera palabra de Dios, lo que se hubiera recogido en el Génesis, Dios habría dicho: “Yo di inicio a las fuerzas que formaron el sol, la tierra, la luna y las estrellas”, sin decir que la luna y el sol fueran luminarias para alumbrar a la tierra; pudo haber dicho: “Yo di movimiento a la tierra para que hubiera día y noche sin necesidad de decir: “…y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche”; dicho esto el primer día, antes que se hablara de que al cuarto día de la creación, haría “lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años (…) y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra”.
Pudo haber dicho Dios, para que se escribiera en el libro: “Yo cree ─ ahora sí, dicho correctamente, crear ─ la vida, y surgieron todas las especies de vegetales y animales, y elegí al hombre para que fuera mi imagen, conforme a mi semejanza”.
Con esto hasta aquí dicho, alguien pueda acusarme de blasfemo. De ningún modo. La blasfemia, y una de las mayores, es presentar a Dios hablando sandeces sobre el origen del universo y la vida con desprecio a su Suprema Inteligencia. Una blasfemia tan grande que haciendo a la tierra el centro del universo, a muchos sabios se les condenó a morir en la hoguera de la Inquisición y obligar, esa Inquisición, a Galileo a retractarse de sus descubrimientos.
El otro mito del Génesis está en el relato del huerto maravilloso del Edén y en la entrada del pecado en el mundo por la desobediencia. Por la desobediencia el hombre se condenó a la muerte, esta es la tesis del relato; ¿y quién provocó la desobediencia del hombre? ¡la mujer! Tan tonta que se deja engañar por un ofidio parlante; la mujer que depende del hombre, porque según el mito fue hecha de la costilla del hombre. Sin embargo, Dios que como buen hortelano se pasea por el jardín y se percata que Adán y Eva sienten pena de su desnudez y se ocultan de él, cubiertos sus genitales con hojas de higuera, entonces Dios, convertido en costurero “hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”.
Veamos por paso: Dios puede ser visto directamente por el ser humano. Adán y Eva cuando le sienten paseando por el huerto se ocultan de él; sin embargo, ese primer par de humanos, aunque supuestamente “creados” para ser eternos, no son de la misma naturaleza espiritual de los ángeles, sino cuerpos materiales de acuerdo con el contexto del relato. Esto se evidencia cuando Dios le dice a Adán: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.
Y Adán y Eva pueden ver a Dios porque él tiene figura antropomorfa, es parecido en su cuerpo al ser humano, tal y como en Grecia y Roma eran sus dioses. Figura de hombre y ciertamente con muchos defectos humanos, es Dios celoso, es capaz de arrepentirse de lo creado por él; en ocasiones hasta se enfurece y es vengativo pues carga “la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian”.
Esto no puede ser palabra de Dios, sino la elaboración judaica de un dios tribal que se asemeja a los dioses paganos de los pueblos vecinos de Israel, que castigan, condenan y exigen que se les tema.
Por otra parte, todo el concepto del bien y el mal que adquieren la pareja del Edén se encuentra en su desnudez. “¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” le dijo Dios a Adán. “…del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás”.
Preguntémonos: Los pueblos primitivos que habitan en la selva amazónica ¿desconocen el árbol de la ciencia del bien y el mal? No hay que dudar que estos pueblos tienen conciencia de lo que es bien y lo que es mal; por eso tienen sus propias leyes, y sin embargo, están completamente desnudos, sin vergüenza por mostrar sus genitales.
La desnudez por sí misma no es pecado, sino una condición de la vida natural del hombre. La mojigatería de los redactores del texto bíblico, con mente torcida la hicieron pecaminosa y convirtieron a la costura y confección de ropas en el más antiguo de los oficios.
El pudor en las sociedades civilizadas, no surgió en la era paradisiaca, sino que fue conformándose paulatinamente despues que los humanos comenzaron a cubrirse con pieles de animales para librarse del frío en la última era glacial cuando el hombre se hizo humano.


IV
Revisemos ahora el capítulo 12 de Génesis. Abraham ha ido a Egipto y como la belleza de su esposa podría encender la pasión de los egipcios, quiso evitar  que le mataran por causa de ella. Entonces le ordenó que mintiera diciendo que era su hermana. Como era una hermosa mujer se la llevaron al nesu, es decir al faraón, para que la tomara como concubina. Gracias a su mujer, Abraham obtuvo ventajas pues el nesu le regaló “ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos”. Todo hasta que el nesu descubrió que le habían engañado y que Sara la mujer de Abraham no era su hermana como había dicho que era, dícese que el engaño fue revelado porque Dios “hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas”, por causa de la mujer de Abraham.
Algo similar le ocurrió a Yitzchak (Isaac) hijo de Abraham estando en Gerar. Esto se cuenta en el capítulo 26 de Génesis: “Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto”. ¿Palabra de Dios? Abraham miente por miedo sobre su relación con su esposa; lo mismo hace su hijo; pero Abraham se aprovecha de la unión de su esposa con el faraón y obtiene ganancias. ¿Es acaso este un relato ejemplarizante, digno de encontrarse dentro de un texto considerado sagrado? ¿Cómo puede calificarse la actitud de Abraham?
Continuemos revisando la historia de Abraham que la Biblia presenta como ejemplar. Primero preguntémonos, ¿qué es fornicar? Según el diccionario fornicar es tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio.
Capítulo 16 de Génesis. Sara, que entonces se llamaba Sarai, le dice a Abraham, cuyo nombre en aquellos días era Abram: “Ya ves que Dios me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi esclava; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai (…) Y él se llegó a Agar, la cual concibió…” Permitido por su propia mujer pero fornicación de hecho. ¿Palabra de Dios?; ¿condena Dios la fornicación de algunos y, en cambio, no condena la fornicación cometida por alguno de sus “elegidos”? Dios no solo omite castigar el pecado de Abraham sino que también le premia en el hijo que le anuncia que le nacerá de Sara, diciéndole que establecería su pacto con Yitzchak.
En el Capítulo 21 ¿Qué hace Abraham? Sara está molesta con el primogénito de Abraham, Ishma’el (Ismael) y le pide: “Echa a esta esclava y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo”. Abraham acepta expulsar a su hijo: “Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba”.  Esto es crueldad; pero se lee en el libro que Abraham aceptó expulsar a la esclava y al hijo de él al desierto porque Dios, conversando directamente con él le dijo: “No te parezca grave a causa del muchacho y de tu esclava; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia”. Dios entonces hace acepción de personas, rechaza al hijo de Abraham nacido de una esclava.
Vuelvo a decirlo. Poner en un libro sagrado un acto tan miserable con la anuencia de Dios, que perdona el egoísmo de Sara y la debilidad de Abraham, es una blasfemia contra él y contra su justicia y bondad. Esto no puede ser Palabra de Dios.

V
Analicemos el segundo libro de la Biblia, Éxodo. De acuerdo con el Capítulo 21, aparece que Dios no condena la esclavitud, quizá la suaviza con respecto a un esclavo hebreo al que exige se le conceda la libertad de gracia a los seis años de su sometimiento; además, aclara, que si el amo le hubiera dado una mujer, cuando se le concediera la libertad, los hijos que hubiera tenido se quedarían bajo el dominio del amo: Cap. 21: 4: “Si su amo le hubiere dado mujer y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo”. ¿Palabra de Dios o justificación y bendición de hombres para hacer sagrada la esclavitud?
¿Qué decir de este mandato bíblico?: “Y si alguno hiriere a su esclavo o a su esclava con palo, y muriere bajo su mano, será castigado; mas si sobreviviere por un día o dos, no será castigado, porque es de su propiedad” (Ex. 21: 20 y 210). Si no se muere de inmediato el esclavo, no hay castigo porque ese esclavo o esclava es una cosa, algo que se posee en propiedad. En el éxodo la esclavitud supuestamente es bendecida por Dios.
¿Es esto una promesa que nos hacen los que aspiran crear una teocracia bajo la “iluminación” bíblica?
El Dios del Éxodo es tan detallista en sus leyes que hasta ordena condenar a muerte por lapidación a un toro que acornee a alguno. ¿Tenemos que tomar esta idiotez como palabra de Dios?
En el Capítulo 22, el Dios legislador del Éxodo es bastante moderado con el estupro o violación, así nos regala esta pieza divina de ley penal: (versículos 16 y 17) “Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes”. La dignidad de la mujer se mide por una transacción comercial. ¿Palabra de Dios?
¡Pobre de los infieles! El Dios del Éxodo es intolerante, así dice en el Capítulo 22: 20: “El que ofreciere sacrificio a dioses excepto solamente a Yahvé, será muerto”. Esto no es lo ordenado por un Dios de Piedad, uno que a sí mismo se llama “misericordioso” (Ex. 22: 27); es la mano de un fanático la que escribió esas líneas haciéndolas aparecer como mandato divino.
El Dios del Éxodo es inclemente, no siente piedad ante la ignorancia que algunos pueblos tienen de él, no busca convertir a esos pueblos, solo arrasarlos, acabar con todos, con hombres, mujeres, niños y ancianos, como lo promete en el Capítulo 23, versículo 23: “…mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo los exterminaré”. Y agrega con más fuerza: (ver. 27) “Sembraré delante de ti mi terror; llenaré de turbación a todos los pueblos donde llegues; y haré que todos tus enemigos huyan ante ti”.
Dios con tachas humanas es el Dios del Éxodo. Es indeciso, duda de su obra. En el Capítulo 32:9 y 10 se ve la indecisión divina: “Y dijo Yahvahé a Moshé: Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore…” Por suerte para los hebreos, Moshé, un mortal, le convence para que no destruya al pueblo, porque Moshé podía ver y conversar directamente con Yahvahé y Yahvahé tenía forma humana y masculina. ¿Esto es Palabra de Dios? Yojanán, el Apóstol diría en su libro de la Buena Nueva: “A Dios nadie le vio jamás; el Unigénito hijo, que está en el seno del Padre ─ es decir, Yehshua ─, él nos lo declaró.     
Sin embargo, poco más adelante, Capítulo 33:20, le dice Dios a Moshé: “Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo”.         
VI
¡Pobres, Nadab y Abihú, porque el Dios de la Torá, del Antiguo Testamento no admite errores humanos! En Levítico 10: 1 y 2, estos hijos de Aharom (Aarón), cometieron el error de  poner en sus incensarios  fuego y echar incienso encima; pero “ofrecieron ante Yahveh un fuego profano, que él no les había mandado. Entonces salió de la presencia de Yahveh un fuego que los devoró, y murieron delante de Yahveh”. Por supuesto, nada se dice en el texto para aclarar cuál fue ese fuego profano; en qué consistía. Dios no admite errores; loe errores se pagan con la muerte inmediata. ¿Dónde está la piedad y el amor del Dios del Antiguo Testamento? ¿Es esto Palabra de Dios o pura fantasía de un escritor que pretende que a Dios, como dios tribal se le tema profundamente?
¿Para qué enumerar las leyes recogidas en Levítico sobre la inmoralidad, sobre la santidad de los sacerdotes, casi todas las faltas recogidas bajo estos epígrafes, muestran a un Dios legislador, extremadamente severo, inapelable, que impone la pena de muerte hasta por los actos de escasa peligrosidad aunque sí inmorales o tenidos por inmorales por los israelitas del siglo VI antes de Cristo.
La blasfemia, un pecado que los extremistas musulmanes pretenden que se recoja como delito en todas las naciones, no es tratada con moderación por el dios de Moshé. Así en el Capítulo 24 de Levítico, versículos 14 – 16, se dice: “Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. Y a los hijos de Yisraeil hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad. Y el que blasfemare el nombre de Yahvahé, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera”.
Terrible se presenta el Dios que se inventaron los redactores del Levítico, para castigar la desobediencia de las leyes mosaicas. Las represalias pudieran ser: “terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma (…) heridos por los enemigos (…) la tierra no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto (…) envío de bestias fieras que arrebaten los hijos de los desobedientes, y destruyan su ganado, y les reduzcan en número, y sus caminos sean desiertos”. Si se reincide en la desobediencia entonces, el dios del Levítico amenaza diciendo: “yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados. Y comeréis la carne de vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas”. (Lev. 26: 28 y 29)
VII
Del Pentateuco, es decir, los cinco primeros libros de la Biblia, aunque hay en ellos destellos de inspiración, la mayor parte de su cuerpo no constituye palabra de Dios sino aportes humanos presentados como divinizados para justificar los prejuicios y la crueldad de la época en que estos cinco libros fueron redactados.
Si revisamos los sucesivos libros del Antiguo Testamento, veremos que carecen de una inspiración clara de Dios. El libro de Josué, en realidad, es una recopilación de leyendas sobre la conquista de Canaán, un relato mítico redactado posiblemente durante el reinado de Yoshiyah (Josías) y bajo la conducción del profeta Yirmiyahu (Jeremías) quien fue también el autor de lo libros de Reyes.  
La crueldad con que actúa Yehoshúa (Josué) se presenta como juicio de Dios contra los pueblos considerados impíos, los que debían ser entregados al holocausto total, como en Yériho (Jericó) y en Ai.
La ignorancia de los israelitas de la época de Yoshiyah sobre el universo no puede concebirse ni aceptarse en un Dios sabio y creador del mundo. Ellos creían que el sol giraba alrededor de la tierra y que la tierra era el centro del universo. Así, bajo esta creencia, formularon el mito de la obediencia del sol al mandato de Yehoshúa de que se detuviera.  Este  relato aparece en el Capítulo 10: 12 y 13: “Josué habló a Yahveh el día en que Yahveh entregó al amorreo delante de los hijos de Yisraeil, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero”.
Como inspirados, aunque algunos con las fantasías propias de la edad antigua, pueden considerarse los libros de Dany’el (Daniel), los Salmos, Eclesiastés, Sabiduría y los libros de los Profetas, los restantes simples leyendas ejemplarizantes pero careciendo de aquellos que puede considerarse como Palabra de Dios a partir del concepto de que Dios, es Dios de amor, es Dios infinitamente sabio, pleno de bondad sin faltar a la justicia y carente por completo de las deficiencias humanas.
Dejo para otra ocasión hacer un análisis sobre los libros del Nuevo Testamento, en especial el Evangelio de Loukás, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Paulo y con más detalle en el Apocalipsis.


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