1 Así lo proclamó Ieshaiá que fue vidente
e iluminado por la Suprema Inteligencia
2 ¿Quién ha medido las aguas con la palma
de su mano, y abarcado entre sus dedos la extensión de los cielos? ¿Quién metió
en una medida el polvo de la tierra? ¿Quién pesó en una balanza las montañas y
los cerros?
3 ¿Quién puede medir el alcance del
espíritu del Dios del Universo, o quién puede servirle de consejero? 4 ¿A
quién consultó para ilustrarse, y quién le enseñó el camino de la justicia?
¿Quién le impartió conocimiento o le hizo conocer la senda de la inteligencia?
5 A los ojos de la Suprema Inteligencia,
las naciones son como una gota de agua en un balde, como una brizna de polvo en
una balanza. El Dios de Luz pesa las islas como si fueran polvo fino. 6 Todas las naciones no son nada en su
presencia; no tienen para él valor alguno.
7 ¿Con quién compararán a Dios? ¿Con qué
imagen lo representarán? 8
Al ídolo un escultor lo
funde; un joyero lo enchapa en oro y le labra cadenas de plata. Pero Al Padre
del Universo ¿quién podrá representarle cuando Él no tiene imagen? 9
¿Acaso no lo sabían ustedes? ¿No se habían enterado? ¿No se les dijo desde el
principio? ¿No lo entendieron desde la fundación del mundo?
10 Él gobierna sobre el cosmos que rodea
la tierra, cuyos habitantes son como langostas. Él extiende el cosmos como un
toldo, y lo despliega como carpa para ser habitada 11 Él anula a los poderosos, y a la nada reduce a los gobernantes de este
mundo.
12 Escasamente han sido plantados, apenas
han sido sembrados, apenas echan raíces en la tierra, cuando él sopla sobre
ellos y se marchitan; ¡y el huracán los arrasa como paja! 13 “¿Con quién, entonces, me compararán
ustedes? 14 ¿Quién es igual a mí?”, dice el Santo.
Alcen los ojos y miren a las alturas: ¿Quién ha forjado todo esto? El que
ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre.
¡Es tan grande su poder, y tan poderosa su fuerza, que no falta ninguna de
ellas!
15 ¿Por qué murmuras, Ya’acov? ¿Por qué
refunfuñas, Yisraeil diciendo: “Mi camino está escondido del Padre de la Vida;
mi Dios ignora mi derecho?” 16
¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso
no te has enterado? La Luz es el Dios eterno, creador de los confines de la
tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es insondable.
17 Él fortalece al cansado y acrecienta
las fuerzas del débil. 18 Aun los jóvenes se cansan, se fatigan,
y los muchachos tropiezan y caen; 19
pero los que confían en el Dios del Universo renovarán sus fuerzas; volarán
como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.
Ieshaiá: Isaías


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