El
pecado de la envidia
1 Queridos hermanos no permitan que la
envidia anide en el espíritu de ustedes; porque la envidia es el mayor de los
pecados. 2 Por la envidia el ser humano se hizo
contrario a la Luz; por la envidia Kayin asesinó a su hermano; por la envidia
los sacerdotes de Israel persiguieron a Yehshua, el Hijo de la Luz y lo
entregaron a los paganos para que muriera en la cruz. 3 Por envidia Saúl que fue el primer rey
sobre Yisraeil persiguió y acosó a David y el Padre de la Vida le retiró su
amparo y perdió su cetro sobre Yisraeil.
4 La envidia fue aborrecible del Padre
del Universo desde los tiempos primeros por eso Moshé por inspiración de
Yaho’el, el Mensajero de la Luz que habita en la Luz escribió en la Ley: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni
su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca”. 5 Y en el Pacto de la Suprema
Inteligencia se dice: No envidies los
bienes y pertenencias de tus hermanos, ni los frutos de su inteligencia, ni sus
virtudes, ni ninguna otra cosa o virtud que les pertenezca.
6 La envidia es pecado contra el amor al
prójimo.
La
ingratitud
7 Otro pecado mayor contra el amor al
prójimo y contra el amor a Dios es la ingratitud.
8 La ingratitud nace del orgullo y de la
soberbia. Es negación y olvido de la gracia de Dios. Cuando recibimos debemos agradecer y bendecir
a quien nos ayude. 9 Así lo proclama el profeta en un canto
de alabanzas cuando dijo: “Te doy
gracias, Adonai, de todo corazón y proclamaré todas tus maravillas”. (Alabanzas 9: 10).
10 Dios dio origen a la vida en la tierra;
inició el camino de la evolución de las especies hasta la aparición del hombre.
11 Estas son las maravillas que hizo el
Padre y más, cuando arrancó al hombre de la bestialidad cuando le concedió un
alma a semejanza de la Luz y le dotó de inteligencia, razón y entendimiento. 12 ¿Acaso no estamos en deuda de gratitud
con el Padre de la Vida por estos dones concedidos por gracia?
13 Imploramos del Eterno alguna gracia y
luego no le agradecemos. Aunque Dios siempre está dispuesto a perdonar, nuestra
ingratitud es ofensa a su bondad. Por esto es que el cantor de alabanzas
exclama: “Bendice al Dios del Universo,
alma mía, que todo mi ser bendiga a su
santo Nombre. Bendice, alma mía, al que siempre ha sido, y nunca olvides sus
beneficios”. (Alabanzas
23: 1 y 2)
14 Ragüel agradeció el bien hecho por Dios
a favor de su pariente Tobyah, de librarle de la muerte a la que condenaba el
demonio a quienes se casaran con Sara, hija de Ragüel: “¡Bendito seas, Adonai, con la más pura bendición! ¡Que te bendigan por
todos los siglos! ¡Bendito seas por la alegría que me has dado! No ha sucedido
lo que yo temía, sino que nos has tratado según tu bondad ¡Bendito seas por haberte compadecido de
estos dos hijos únicos! (Tobyah
7: 16-18)
15 También Tobyah mostró agradecimiento a
Rapha’el sin conocer que se trataba de un ángel de la Divinidad, cuando le dice
a su padre: “Padre, ¿cuánto tengo que
darle? Aunque le entregara la mitad de los bienes que él trajo conmigo, no
saldría perdiendo. Él me ha conducido sano y salvo, ha curado a mi esposa, ha
traído conmigo el dinero y te ha curado a ti”. (Tobyah 11; 1-3)
16 Hay a quien la soberbia le extravía y
se dice a sí mismo: “No agradeceré a nadie, porque no pido favores, yo pago por
la ayuda que necesite”; olvidando que no todo puede ser comprado con dinero,
que hay favores que se mueven en el plano espiritual. 17 ¿Quién puede comprar piedad cuando le
llega la desgracia, cuando pierde la salud, cuando la muerte se lleva a un ser
querido?
18 ¿Acaso los favores de Dios pueden
comprarse? 19 Ciertamente, queridos hermanos, hay
aquellos que quieren comprar el favor divino cuando agregan a su petición una
promesa, diciendo: “Si me concedes tal o cual gracia, yo te prometo que haré
tal o cual cosa…”, cortarse el pelo, vestir de penitencia, arrastrarse por las
calles, ofrecerle ofrendas a Dios.
20 Insensatos que no conocen que Dios no
se deja comprar, que nadie puede tentarle; que no reclama promesas por las
gracias que concede. El solo pide que le den gracias, que seamos honestos y
rectos en nuestro proceder.
21 Cuando estamos en trance difícil y
abocados a la perdición, ¿qué dinero, qué promesa podrá comprar nuestra
liberación? Así Yehshua ben Sirac agradece en Sabiduría: “Quiero darte gracias, Padre y Luz del Universo, y alabarte, Dios, mi
salvador. Yo doy gracias a tu Nombre… Y mi plegaria fue escuchada: tú me
salvaste de la perdición y me libraste del trance difícil. Por eso te daré
gracias y te alabaré, y bendeciré el nombre del Padre, Luz del Universo”. (Sabiduría 27: 1, 11-12)
22 Esta es la lección que nos transmite el
Señor en ocasión de librar del demonio al gadareno poseso, porque, como está
escrito: “le rogaba que le dejase estar
con él. Mas Yehshua no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los
tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha
tenido misericordia de ti”. 23 Porque el Señor no pide a cambio,
sacrificios, ni pago por el bien que hace.
24 No obstante, el gadareno en
agradecimiento comenzó a proclamar por toda la Decápolis, la gracia que le
había concedido Yehshua, el Kristo. (Marcos 5. 18-20)
25 Agradecido fue el samaritano a quien
Yehshua le libró de la lepra junto con otros nueve; pero solo él regresó para
darle gracias al Señor. Y preguntó el Señor: “¿No fueron diez los que fueron sanados? ¿Solo este hombre, samaritano
despreciado por los judíos, regresó para agradecer y dar gloria al Dios de la
Vida?” Y le dijo al hombre: “Levántate y vete, por tu fe fuiste sanado, por tu
acción de gracias has recibido la salvación”. (Libro del Bendecido Yehshua
llamado el Mashíaj – Kristo. 18: 8 y 9)
26 Cuando agradecemos a Dios o a cualquier
hermano que nos haga bien, tenemos a Dios de nuestro lado y recibiremos la
salvación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario