sábado, 26 de julio de 2014

Comentarios III


El pecado de la envidia
1 Queridos hermanos no permitan que la envidia anide en el espíritu de ustedes; porque la envidia es el mayor de los pecados. 2 Por la envidia el ser humano se hizo contrario a la Luz; por la envidia Kayin asesinó a su hermano; por la envidia los sacerdotes de Israel persiguieron a Yehshua, el Hijo de la Luz y lo entregaron a los paganos para que muriera en la cruz. 3 Por envidia Saúl que fue el primer rey sobre Yisraeil persiguió y acosó a David y el Padre de la Vida le retiró su amparo y perdió su cetro sobre Yisraeil.
4 La envidia fue aborrecible del Padre del Universo desde los tiempos primeros por eso Moshé por inspiración de Yaho’el, el Mensajero de la Luz que habita en la Luz escribió en la Ley: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca”. 5 Y en el Pacto de la Suprema Inteligencia se dice: No envidies los bienes y pertenencias de tus hermanos, ni los frutos de su inteligencia, ni sus virtudes, ni ninguna otra cosa o virtud que les pertenezca.
6 La envidia es pecado contra el amor al prójimo.

La ingratitud
7 Otro pecado mayor contra el amor al prójimo y contra el amor a Dios es la ingratitud.
8 La ingratitud nace del orgullo y de la soberbia. Es negación y olvido de la gracia de Dios.  Cuando recibimos debemos agradecer y bendecir a quien nos ayude. 9 Así lo proclama el profeta en un canto de alabanzas cuando dijo: “Te doy gracias, Adonai, de todo corazón y proclamaré todas tus maravillas”. (Alabanzas 9: 10).
10 Dios dio origen a la vida en la tierra; inició el camino de la evolución de las especies hasta la aparición del hombre. 11 Estas son las maravillas que hizo el Padre y más, cuando arrancó al hombre de la bestialidad cuando le concedió un alma a semejanza de la Luz y le dotó de inteligencia, razón y entendimiento. 12 ¿Acaso no estamos en deuda de gratitud con el Padre de la Vida por estos dones concedidos por gracia?
13 Imploramos del Eterno alguna gracia y luego no le agradecemos. Aunque Dios siempre está dispuesto a perdonar, nuestra ingratitud es ofensa a su bondad. Por esto es que el cantor de alabanzas exclama: “Bendice al Dios del Universo, alma mía,  que todo mi ser bendiga a su santo Nombre. Bendice, alma mía, al que siempre ha sido, y nunca olvides sus beneficios”. (Alabanzas 23: 1 y 2)
14 Ragüel agradeció el bien hecho por Dios a favor de su pariente Tobyah, de librarle de la muerte a la que condenaba el demonio a quienes se casaran con Sara, hija de Ragüel: “¡Bendito seas, Adonai, con la más pura bendición! ¡Que te bendigan por todos los siglos! ¡Bendito seas por la alegría que me has dado! No ha sucedido lo que yo temía, sino que nos has tratado según tu bondad  ¡Bendito seas por haberte compadecido de estos dos hijos únicos! (Tobyah 7: 16-18)
15 También Tobyah mostró agradecimiento a Rapha’el sin conocer que se trataba de un ángel de la Divinidad, cuando le dice a su padre: “Padre, ¿cuánto tengo que darle? Aunque le entregara la mitad de los bienes que él trajo conmigo, no saldría perdiendo. Él me ha conducido sano y salvo, ha curado a mi esposa, ha traído conmigo el dinero y te ha curado a ti”. (Tobyah 11; 1-3)
16 Hay a quien la soberbia le extravía y se dice a sí mismo: “No agradeceré a nadie, porque no pido favores, yo pago por la ayuda que necesite”; olvidando que no todo puede ser comprado con dinero, que hay favores que se mueven en el plano espiritual. 17 ¿Quién puede comprar piedad cuando le llega la desgracia, cuando pierde la salud, cuando la muerte se lleva a un ser querido?
18 ¿Acaso los favores de Dios pueden comprarse? 19 Ciertamente, queridos hermanos, hay aquellos que quieren comprar el favor divino cuando agregan a su petición una promesa, diciendo: “Si me concedes tal o cual gracia, yo te prometo que haré tal o cual cosa…”, cortarse el pelo, vestir de penitencia, arrastrarse por las calles, ofrecerle ofrendas a Dios.
20 Insensatos que no conocen que Dios no se deja comprar, que nadie puede tentarle; que no reclama promesas por las gracias que concede. El solo pide que le den gracias, que seamos honestos y rectos en nuestro proceder.
21 Cuando estamos en trance difícil y abocados a la perdición, ¿qué dinero, qué promesa podrá comprar nuestra liberación? Así Yehshua ben Sirac agradece en Sabiduría: “Quiero darte gracias, Padre y Luz del Universo, y alabarte, Dios, mi salvador. Yo doy gracias a tu Nombre… Y mi plegaria fue escuchada: tú me salvaste de la perdición y me libraste del trance difícil. Por eso te daré gracias y te alabaré, y bendeciré el nombre del Padre, Luz del Universo”.  (Sabiduría 27: 1, 11-12)
22 Esta es la lección que nos transmite el Señor en ocasión de librar del demonio al gadareno poseso, porque, como está escrito: “le rogaba que le dejase estar con él. Mas Yehshua no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. 23 Porque el Señor no pide a cambio, sacrificios, ni pago por el bien que hace.
24 No obstante, el gadareno en agradecimiento comenzó a proclamar por toda la Decápolis, la gracia que le había concedido Yehshua, el Kristo. (Marcos 5. 18-20)
25 Agradecido fue el samaritano a quien Yehshua le libró de la lepra junto con otros nueve; pero solo él regresó para darle gracias al Señor. Y preguntó el Señor: “¿No fueron diez los que fueron sanados? ¿Solo este hombre, samaritano despreciado por los judíos, regresó para agradecer y dar gloria al Dios de la Vida?” Y le dijo al hombre: “Levántate y vete, por tu fe fuiste sanado, por tu acción de gracias has recibido la salvación”. (Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo. 18: 8 y 9)

26 Cuando agradecemos a Dios o a cualquier hermano que nos haga bien, tenemos a Dios de nuestro lado y recibiremos la salvación.

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