1
Quiso la Luz que el Hombre tuviera existencia eterna. Y la Luz hizo su plan
para rescatar al Hombre de la muerte, 2 porque Él había acortado la vida del
Hombre para que las sombras no incitaran su soberbia y se creyera igual a la
Luz. 3 La Luz conocía que la mente finita del Hombre jamás podría comprender en
toda su magnitud el misterio de la Suprema Inteligencia.
4
El Hombre podía acercarse a la Luz solo por instinto, el instinto que le había
transmitido el Gran Saber cuándo le concedió la capacidad de pensar.
5
Y encargó el Gran Saber a sus mensajeros que prepararan el camino del rescate
del hombre y lo apartara del camino de la Sombra.
6
Y el mensajero mayor, Yaho’el, el que sirve a la Luz en medio de su luz eligió
a un hombre de Ur, de la tierra de Caldea, donde se adoraban a los dioses y a
las imágenes. 7 Y el nombre de aquel hombre era Abram, hijo de Terah de la
descendencia de Noaj. 8 Y Abram era creyente en un único Elokhin, Ahuramazda,
la Luz, la Suprema Inteligencia, sobre la mayoría de dioses, y era poderoso en
ganados y cabeza de familia y hombre honesto pero rudo. Abram era de edad madura y no tenía hijos
porque su mujer Sara’i era estéril.
9
Entonces el mensajero que sirve a la Luz se presentó a Abram en forma de
llamarada y le dijo: “Escucha Abram: Yo soy el poder del Inefable que puso sus
nombres en mí. Abandona Harán la ciudad donde habitas y ve a la tierra del sur
que te he de mostrar. Allí habitarás hasta que yo te diga”.
10
Y Abram se postró ante el mensajero de la Luz pues se dijo a sí mismo: “He
visto a Elokhin y todavía vivo”. Y tomó todas sus cosas, a su mujer, a sus servidores y su ganado y partió con su
sobrino Lot hacia el sur, hacia la tierra habitada por cananeos adoradores de
dioses. Y Abram llegó hasta la región de Sikhen.
11
Y estando Abram en tierra de cananeos se le presentó el mensajero envuelto en
llamas y llamó a Abram y le dijo: “Estas tierras donde ahora habitas como
extranjero será dada como herencia para tus descendientes. 12 Y tú serás
llamado padre de naciones. 13 Los que te bendigan serán benditos; los que te
maldigan serán aborrecidos, 14 y por ti serán bendecidos todos los hombres de
todas las naciones aún hasta de los pueblo que no existen ahora. 15 Así
cumpliré la promesa que se le hiciera a tu antepasado Noaj”.
16
Entonces Abram, como era costumbre en tierras de Ur, construyó un altar y
sacrificó y quemó una oveja como homenaje al Elokhin que le anunciaba Yaho’el.
17
Fue luego Abram a tierras de Egipto, porque había una gran sequía y no había
suficiente pasto para alimentar a su ganado, y allá adquirió una mujer esclava
para servicio de su mujer Sara’i y el nombre de la esclava era Agar. 18 En
Egipto Abram se estableció por un tiempo y aprendió mucho de la cultura de
aquellas tierras.
19
Volvió Abram a la tierra de Canaán junto con su sobrino Lot y decidieron
separarse porque no había espacio suficiente para que pudieran habitar juntos. Entonces
Lot eligió dirigirse hacia el este a la región baja del Jordán. Así se separaron el
uno del otro: 20 Abram permaneció en Canaán, mientras que Lot se estableció
entre las ciudades de la región baja, poniendo su campamento cerca de Sadom. Pero los habitantes de Sadom eran perversos,
adoraban dioses falsos y ante ellos hacían sacrificios de infantes.
21
Unos bandoleros atacaron a Lot, sobrino de Abram y le saquearon sus bienes y
apresaron a Lot. 22 Entonces Abram ardió de furor y persiguió a los bandoleros
y les hizo batalla cuando amenazaban a la ciudad de Salem donde estaba el
asiento del gran sacerdote de Elokhin Hashem, llamado Malki-zédek.
23
Y Malki-zédek llevaba en su espíritu el espíritu de la Luz que había asumido
cuerpo humano cuando la Luz se introdujo en los genes de una pareja hija de la
tierra.
24
Y derrotó Abram a los bandoleros e hizo gran matanza de ellos. Y cuando
regresaba victorioso llevando en libertad a Lot su sobrino, salió a su
encuentro el Sacerdote de Salem quien le ofreció una ofrenda de pan y vino,
como señal de vida y gloria. 25 Y bendijo Malki-zédek a Abram diciendo:
“Bendito seas Abram del Elokhin que generó todo lo que existe”. 26 Entonces
Abram se inclinó ante Malki-zédek y le entregó el diezmo de todo el botín que
le había arrebatado a los bandoleros.
27
Cuando Abram se retiraba alzó Malki-zédek los ojos hacia las alturas y bendijo
el nombre de la Luz y se sintió satisfecho del hombre escogido por el mensajero
de la Luz. 28 Y Malki-zédek desde ese momento desapareció pero sabiendo que
tendría que regresar para traer la enseñanza y la esperanza del mensaje de la
Luz.
29
Después de esto Yaho’el el mensajero de la Luz que habita en la luz se presentó
a Abram en una visión y le dijo: "No te asustes al verme, Abram. Yo soy el
Ángel de la Luz y tu protector. Grande será tu recompensa”. 30 Abram le
replicó: “¿Qué recompensa puedo esperar si ya entro en mis años de anciano y no
tengo hijos que me hereden? Quizá sea un siervo de mi casa quien me herede”.
31
Yaho’el le respondió: “Te equivocas. Tu heredero será un hijo tuyo. Observa el
cielo y si puedes cuenta las estrellas. Tu descendencia será tan numerosa como
numerosos son los astros del universo que puedes ver”. 32 Abram dijo entonces:
“Me llenas de esperanzas y creo en tu palabra, Ángel de la Luz”.
33
Cuando atardecía, Abram pensando en la promesa que había recibido se fue aparte
para meditar. 34 Entonces cayó en éxtasis y escuchó la voz del Padre de la Vida
que le decía: “Abram, Abram, ten por seguro que muchos de tus descendientes
serán inmigrantes en tierras extrañas. Allí sufrirán bajo servidumbre y por
cuatrocientos años serán tratados con crueldad; 35 más Yo les daré un caudillo
que les libere y fundarán un pueblo bajo mi palabra. 36 Tú vivirás largos años
y morirás en paz y no emprenderás nuevos ciclos de vida porque has sido fiel a
mi palabra”.



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