1 Hubo un pueblo de
ganaderos que buscaba a Dios y recibió la inspiración de la Luz y creyeron que
una sola y única presencia eterna, a la que llamaron Elokhin, prevalecía sobre
otros dioses menores. 2 Y adoraban al Elokhin
y rendían veneración a los dioses menores. 3 Su conocimiento de la Luz era imperfecto y creyeron
que la Sabiduría era celosa y premiaba o castigaba.
4 Al Elokhin desconocido
le ofrecieron holocaustos buscando calmar su furia y ganar su favor.
5 Los mensajeros de la
Sabiduría se comunicaban con aquellos hombres y les instruían; pero la Sombra
intentaba separarles de la Luz y les conducía a lo imperfecto. 6 Se hicieron violentos
y sus manos se mancharon de sangre y muchos comenzaron a adorar fantasías y a
entregarse a excesos carnales. 7 Robaban y se
enriquecían con el dolor de los más humildes y ninguno tenía piedad por los
otros.
8 Un hombre llamado Noaj
vivía con su familia separado de los otros hombres. Adoraba al Elokhin y los
mensajeros de la Luz se acercaban a él; pero él les veía como hombres sabios y
capaces de prever el futuro. 9 Fue entonces que un
mensajero de la Luz se le apareció a Noaj mientras este dormía.
10 “Noaj, le dijo, soy
Gavri’el y te quiero advertir. La muerte acecha a todo el territorio. Pero tú
has encontrado gracia delante de la Luz Suprema. Reúne a tu familia, tus hijos
y sus mujeres y huye a lo más alto porque sucederá una gran calamidad y lloverá
por muchos día, el mar se lanzará sobre la tierra y todos en el territorio
perecerán”.
11 Entonces Noaj
construyó una embarcación y en ella encerró a todos sus hijos, a sus mujeres y
cargó su barca con parejas, las más fuertes, de su ganado.
12 Las aguas del mar
crecían incansablemente y las playas quedaban sumergidas y el mar fue tragando
tierras, pero los hombres no se percibían de su amenaza. 13 Entonces, en aquel
territorio comenzó a llover intensamente y se hincharon los ríos y sus aguas se
salieron de sus cauces y se estremeció el fondo de los mares y una ola inmensa
se arrojó sobre la tierra. 14 Y se produjo la
inundación anunciada por el mensajero de la Luz, pero Noaj logró llegar con su
embarcación a salvo a la ladera de un alto monte. 15 Allí esperó que
descendieran las aguas. Todo estaba desolado. Todos habían perecido.
16 Entonces Noaj clamó al
Elokhin, pidiendo que no descargara de nuevo su furia sobre la tierra.
17 Pero el Supremo Poder
no había maldecido a la humanidad que era su obra; mas Noaj pensó que aquel
desastre había sido voluntad del Elokhin para castigar a los violentos y a los
corrompidos por las perversiones sexuales.
18 Por intermedio de
Gavri’el le habló a Noaj la Suprema Inteligencia, y le dijo: “Porque fuiste
justo y celoso del Padre del Universo, yo te pongo como ejemplo del justo, y
procuré salvar a tu familia para que repuebles esta tierra. 19 Te protegeré contra
tus enemigos, porque has sido bautizado con el agua de la tormenta”.
20 “Pon como ley lo que
ahora te digo: El que le quite la vida a uno de los humanos, Yo, el Padre del
Universo le reclamaré por su sangre y por su respiración, 21 porque le concedí al
hombre que su alma fuera hecha como semejanza mía”.
22 Y Gavri’el le dijo:
“Mira Noaj y aprende de este desastre. No es el Padre el que desata la furia de
la naturaleza contra el hombre, porque él ama la obra que forjó; 23 pero en las
adversidades, cuando haya peligro para la existencia el librará de la muerte a
los justos y a los que clamen su ayuda. Siempre habrá un resto que será salvado
por el amor del Padre de Luz a los hombres de buena voluntad”.
24 Y más le dijo
Gavri’el: “De tus genes saldrá un pueblo que será incontable y de él nacerá el
que la Luz del Universo ha escogido para que ante él se inclinen todas las
naciones. 25 Cuando el hombre en su
soberbia ponga en peligro la existencia llegará el escogido para rescate de los
justos al igual que ahora tú y tu familia fuiste rescatado de las aguas
torrenciales”.
26 Y Gavri’el agregó: “Solo
hay un Dios y a Él te debes. No existen otros dioses. Así es que deberás
destruir los ídolos que guardan entre ustedes y no rendirles adoración”.
27 Y los hijos de Noaj
tuvieron mucha descendencia y fundaron ciudades y unos se quedaron en la tierra
donde habitaba Noaj 28 y los descendientes de
Shem, hijo de Noaj salieron para tierras al norte y se asentaron a orillas del
río Eufrates. Allí fundaron una ciudad a la que dieron por nombre Ur.
29 Y en las tierras
bañadas por el Eufrates, la Luz se manifestó con su nombre de Ahuramazda a un
profeta que le había entrevisto y su nombre era Zarathushtra. 30 Y Zarathustra predicó
la existencia de un único Elokhin forjador del Universo que era la Luz. 31 Y adoró Zarathushtra a
La Luz, sin todavía alcanzar la exactitud de la Suprema Inteligencia.
32 Y el mensaje de
Zarathushtra iba contra la adoración de los falsos dioses, imágenes de los
grigoris diabólicos. Y escribió cantos de alabanza a Ahuramazda, el Dios que es
Luz, y sus doctrinas fueron acogidas por el rey Guhtasp. Y fueron dichas estas
palabras: 33 “Cuando Te percibí. Oh
Ahuramazda, como el Primero y el Último. Como el más Adorable, como el Padre
del Buen Pensamiento, como creador de la Verdad y de lo Justo, como el Señor
Juez de nuestros actos en la vida, entonces hice un lugar para Ti en mis
propios ojos”.
34 Pero el Dios del
Universo escondía aún su revelación.
35 Hubo en Ur un hombre
llamado Terah, de la descendencia de Shem que era tallador de ídolos. 36 Tenía Terah un hijo
llamado Abram que estaba casado con una
mujer de nombre Sara’i que no le había dado descendencia. Terah encargó a su
hijo que atendiera su tienda mientras él tenía que resolver algunos encargos.
37 Abram se burlaba de
los ídolos que Terah adoraba y tallaba, porque había conocido las enseñanzas de
Zarathushtra y las llevaba en su conciencia. 38 Una mujer se presentó en la tienda con una vasija
llena de harina y le rogó a Abram que le permitiera ofrendarla a los ídolos. 39 Abram aceptó y cuando
la mujer se marchó, tomo un bastón y comenzó a destruir las imágenes y puso
luego el bastón en la mano del ídolo más grande.
40 Cuando Terah regresó
vio el destrozo y le pidió a Abram que le explicara lo que había ocurrido.
Entonces Abran le dijo: “Padre, hubo una pelea entre los ídolos por la harina
que una mujer les ofrendara y Nanna, el mayor de ellos, destruyó a los más
pequeños”.
41 Terah le dijo a Abram
con voz fuerte: “¿Por qué te burlas de mí? Estas imágenes no tienen
razonamiento ni pueden moverse”. Abram le contestó: “¡Escucha lo que tú mismo
dices! Son dioses falsos que no ven, que no hablan, que no escuchan. Solo hay
un Elokhin: La Luz”.
42 Otro hijo tenía Terah,
que era viudo y que le había dado un nieto de nombre Lot. Al morir su hijo
primogénito, padre de Lot, Terah decidió viajar hacia el sur llevando con él a
su hijo Abram, su nuera Sara’i y su nieto Lot y se asentó en la ciudad de Harán
y allí entregó su espíritu.


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