CAPITULO 2
Joseph
se traslada a Egipto
1 Como hiciera su antepasado Yisra’el,
Joseph se dirigió al Egipto buscando amparo para su familia: Mariam, el pequeño
Yehshua y sus hijos. 2 Se asentó la familia en las cercanías
de Alejandría, donde eran protegidos por la comunidad hebrea que allí había. 3 Pasaron dos años viviendo en aquella
comunidad, cuando Gavri’el se presentara a Joseph en sueños diciéndole: “Joseph
es tiempo que regreses a tu tierra, pues Yehshua está llamado a crecer en Galilea
para contradicción de los judíos. Nada debes temer para regresar, pues Herodes
que pretendía la muerte del niño ha muerto”.
4 Y Joseph regresó a su tierra, a
Natzeret regresó, y en su aldea crecía el niño Yehshua en vigor y sabiduría, 5 pues Yaho’el siempre le acompañaba y le
instruía en los mensajes de la Luz, para que fuera abriéndose a la comprensión
de sí mismo.
Yehshua
en el Templo con los maestros de la Ley
6 Cuando había cumplido doce años, sus
padres peregrinaron a Jerusalén para la fiesta del Pesaj y con ellos iba
Yehshua. Entonces Yaho’el le abrió la mente y fue que, en aquel día, comprendió
que era la misma Luz, una esencia de la Luz, la Luz que había tomado carne para
habitar entre los hombres. 7 Y se abrió su entendimiento y los
arcanos de la Luz a él se le revelaron.
8 Cuando concluyó la celebración del día
más sagrado de los hebreos, cuando Joseph y Mariam regresaban, Yehshua se había
quedado en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. 9 Pensaron que Yehshua iba entre los
parientes, Hicieron un día de camino, pero luego, al buscarlo entre los
parientes y entre los conocidos, no le encontraron. Así que regresaron a
Jerusalén para buscarlo allí.
10 Vagaron por toda la ciudad, la ciudad
consagrada al Dios del Universo y desesperaban. Mas Gavri’el inspiró a Mariam y
la guió hasta el templo. 11 Mariam fue quien encontró a Yehshua,
sentado entre los maestros de la Ley de Moshé que le escuchaban y le hacían
preguntas admirados de la sabiduría que se encerraba en las respuestas del
adolescente.
12 Mariam sorprendida le escuchaba hablar.
Entonces le dijo: “Hijo mío, ¿por qué has hecho esto de quedarte en el templo
sin nosotros saberlo? Te hemos estado buscando llenos de angustia”. 13 Yehshua, sonriendo le contestó a
Mariam: “¿Por qué me buscaban? ¿Acaso no saben que debo ocuparme de los asuntos
de mi Padre?”
14 Sin embargo sus padres no entendieron
qué les quería decir, pues aún él no se había revelado como el Bendecido de la
Luz.
15 Y los escribas y los fariseos dijeron a
Mariam: “¿Tú eres madre de este niño?” Ella respondió: “Lo soy”. 16 Y ellos dijeron: “Bendita eres entre todas
las mujeres, porque Dios ha bendecido el fruto de tus entrañas. 17 Nunca antes hemos visto ni oído tanta
gloria, tanta virtud, tanta sabiduría, ni siquiera en hombres maduros e informados
en las enseñanzas de la Torá”.
18 Entonces Yehshua regresó con sus padres
a Natzeret, donde vivió obedeciéndoles y creciendo en sabiduría; y daba muestras
de su elevación espiritual que Mariam observaba y guardaba en su memoria,
porque eran destellos que brotaban de su alma como luz que era parte de la Luz
del Universo. 19 Más todavía su divinidad no se había
manifestado.
Natzeret:
Nazaret

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