CAPITULO 3
Yehshua
recibe la iluminación
1 Cuando Yehshua llegó a la
edad viril, Yaho’el, el mensajero de la Luz que habita en medio de la Luz le
condujo al desierto. Y en la soledad del desierto, la Luz se le manifestó en
todo su esplendor 2 y pudo ver la Luz sin que
sus ojos se cegaran porque El mismo era Luz.
3 Cayendo en éxtasis recibió
el Gran Saber y todo su cuerpo se iluminó con un brillo como el del Sol, y
Yaho’el le instruía.
4 Sama’el observaba a Yehshua
y planeaba el modo de hacerle caer en tentación, porque conocía que si en
Yehshua prevalecía el Todo de la Luz nada podría contra él. 5 Sama’el no puede conocer lo
íntimo de los pensamientos, no puede leer en la mente aunque puede susurrar sus
tentaciones, 6 y confiaba poder vencer el
cuerpo material en que había encarnado la Luz, porque aún Yehshua no había sido
glorificado.
7 El Espíritu condujo a
Yehshua hacia el desierto, hacia un sitio llamado Sekaká, donde había hombres
piadosos que adoraban a la Suprema Inteligencia y formaban una sociedad llamada
Hasidei o de los esenios y eran hombres dedicados a la meditación y al estudio
de la Ley y los profetas. 8 Con aquellos piadosos Yehshua permaneció por dos
años, dedicándose a la meditación y al estudio de las escrituras.
9 Y cada vez crecía en él la
iluminación que descendía del Padre Universal, del Que Es y Siempre Fue, padre
y madre, generador de todo lo existente. 10 Y comprendió Yehshua que su espíritu era de hombre mas
su alma era la propia Luz, emanación de la Suprema Inteligencia, que la Luz
estaba en él y él estaba en la Luz.
Las
tres tentaciones de Yehshua
11 Y fue Yehshua a los montes
para meditar y hacer ayuno y orar al Padre. Ayunó por cuarenta días, bebiendo
sorbos de agua y mordisqueando semillas. 12 Entonces se abrieron sus ojos y vio descender sobre él
la Luz del Universo y encontró su propia realidad. El, como hombre y a la vez,
hijo del Altísimo.
13 Pero Yehshua sentía que su
cuerpo se debilitaba por el ayuno y tuvo hambre. Entonces Sama’el Baalzebut,
príncipe de las huestes de la Sombra se presentó ante él como un viento
suave, y le dijo hablando en susurros: “¿Te
crees el Hijo de la Luz? Si es así, demuestra tu poder y convierte esas piedras
en pan”
14 Pero Yehshua le replicó:
“Más preciada que el pan es la palabra de Yah, la Luz, transmitida por el
Espíritu Santo. El hombre no solo vive de pan sino de la Verdad y esa verdad es
la del Padre que reina sobre todo el Universo”.
15 Sama’el Baalzebut volvió a decirle: “Has de saber que tengo
poder sobre todo el mundo y puedo dar dominio sobre él a todo aquel que se
inclina ante mí. Naciste para reinar, según te lo han revelado tus consejeros,
si te inclinas ante mí y solo a mi adoras te daré todo el poder y tu reino no
conocerá fronteras”. 16 Pero Yehshua le contestó:
“¿Acaso no conoces que está dicho: Solo adorarás a Yah, el Dios del Universo y
solo ante Él te inclinarás?”.
17 Baalzebut insistió: “Si en
verdad eres el Hijo del Dios del Universo, demuéstralo: arrójate por el
barranco sabiendo que se ha dicho que los mensajeros del Padre te tomarán en
sus brazos y no permitirán que tropieces con piedra”
18 Yehshua podía ver lo que a
otros es oculto y contempló la figura de Sama’el. Mirándole de frente le dijo:
“Está escrito: No tentarás a Dios porque el Padre no puede ser tentado. Apártate
de mí grigori de los abismos”.
19 Se alejó entonces Baalzebut
de Yehshua esperando otra ocasión para tentarle.
20 Vagó Yehshua por los cerros
y un hombre santo hasidei le acogió y le dio pan y miel para que recuperara
fuerzas. 21 Aquel hombre le habló de un
profeta nabí, es decir, inspirado, que predicaba en la rivera del Jordán cuyo
nombre era Yojanán y que anunciaba la llegada del Bendecido de Yah.




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