sábado, 26 de julio de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 7


Yehshua enseña en la sinagoga de Kapurneum
1 Estando en Kapurneum, Yehshua fue con sus discípulos a la sinagoga y comenzó a enseñar a los que allí estaban. 2 Y Yehshua dijo: “El que busca no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo; mas cuídense de los falsos maestros que son como guías ciegos que les dicen: ‘Ahí está el reino, en el cielo’. Si en el cielo estuviera el reino, las aves ya se les habría adelantado; mas el reino no está en el cielo. Y si les dijeran, está en el mar, entonces los peces le precederían a ustedes. 3 No se engañen; busquen dentro de ustedes, porque el reino está dentro de ustedes y al mismo tiempo, fuera de ustedes. 4 Conócete a ti mismo; mira a tu interior, entonces cuando te hayas conocido te darás cuenta que eres hijo del Padre de la Vida y el Padre les arrancará el corazón de piedra que late en ustedes y les dará un corazón de carne.
5 Y les decía: “Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto”.
6 Y todos quedaron admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como hacen los escribas.

Yehshua y el poseso

7 Cuando salían de la sinagoga se presentó ante Yehshua un hombre que estaba poseído por espíritus inmundos. El hombre puesto delante de él gritaba: “¿Qué tienes contra nosotros, Yehshua de Natzeret? ¿Acaso vienes a destruirnos? Sé muy bien quien eres, el bendecido de Dios”.
8 Entonces Yehshua le ordenó con voz poderosa: “¡Cállate y sal de ese hombre, porque su alma pertenece solo al Padre de la Vida!”
9 En ese mismo momento, aquellos espíritus de la Sombra, zarandeando al hombre salieron de él profiriendo un horrible grito.
10 Y se quedaron todos estupefactos, de modo que se preguntaban entre sí diciendo: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva enseñanza es ésta? Manda con autoridad incluso a los espíritus inmundos y estos le obedecen”.
11 A partir de este momento la fama de Yehshua se extendió por toda Galilea. Enseñaba en las sinagogas y sanaba a enfermos. Su fama se extendió por toda Siria; y le traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, y a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba.
12 Y Yehshua le dijo a sus discípulos: “Ustedes echaban las redes al mar para tener pesca abundante. A partir de  ahora serán pescadores de hombres y las redes de ustedes serán rebosantes”.

Yehshua sana a la suegra de Kefa

13 Kefa invitó a Yehshua a ir a su casa para que comieran todos y recobraran la energía del largo viaje que habían hecho desde Natzeret. La casa de Kefa estaba cerca de la sinagoga y él vivía en compañía de su suegra que le ayudaba en la casa pues él era viudo.
14 La suegra de Kefa estaba acostada con fiebre y una muchacha de la casa les dijo que llevaba varios días con fiebre y se la veía muy debilitada. 15 Yehshua se acercó al lecho de la anciana. Tomó de la mano a la mujer y dijo: “Que tu dolencia desaparezca y cese la fiebre”. Al instante le desapareció la fiebre y levantándose llena de energía se puso a servirles.
16 De madrugada, todavía muy oscuro, Yehshua se levantó y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. 17 Salió a buscarle Shimón Kefa y los que estaban con él y cuando lo encontraron, le dijeron: “Todos te buscan, porque han escuchado de ti y quieren oír tus enseñanzas y que sanes a algunos enfermos”; 18 mas Yehshua les replicó: “Vayamos a las aldeas próximas y a las ciudades, para que predique también allí, pues para esto he venido”.

Yehshua sana a un leproso

19 Yehshua por dondequiera que iba anunciaba el reino del Padre del Universo y reclamaba la conversión de las gentes. Sucedió cuando iban en camino. 20 Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: “Si quieres puedes limpiarme”. 21 Y Yehshua se compadeció de aquel doliente, extendió la mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”.
22 Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. Entonces le ordenó al hombre diciéndole: “Mira, no lo digas a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación las ofrendas que ordenó Moshé, para que testifiquen que libre estás de la lepra”. 23 Sin embargo, una vez que se fue, aquel hombre comenzó a pregonar y a divulgar la noticia de su curación, hasta tal punto de que Yehshua ya no podía entrar abiertamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera, en lugares apartados porque eran demasiado los que acudían a él de todas partes, buscando sanación para sus males.

Conocer al Padre
23 Varios días después estaba Yehshua a orillas del lago Kinéret y la gente lo rodeaba apretujándolo porque su fama se había hecho grande y todos querían verle, escucharle y tocarle. Shimón había estado haciendo su labor de pesca. 24 Al ver la barca de Shimón que llegaba a la orilla, Yehshua se subió  en ella y comenzó a hablarle a la gente: 25 “¿Quieren conocer al Padre? Cuando vieras, si pudieras ver, a uno no nacido de mujer, al que no es ni varón ni hembra, al que es Luz sobre toda la luz, póstrense sobre el rostro y adórenlo: Ese es el Padre”.
26 “Hay hombres fuego y hay hombres hielo. Hay hombres que llevan la Luz y otros que solo son sombras”.

La pesca milagrosa
27 Y Yehshua les enseñaba con palabras que nunca habían oído. Luego le pidió a Kefa: “Lleva el bote a aguas profundas y lancen las redes para pescar”. Pero Kefa le contestó: “Rabbi, mira que toda la noche estuvimos trabajando y nada pescamos. Pero si tú lo dices, lanzaré las redes”.
28 Volvieron al mar y Shimón hizo tirar las redes. Y el agua burbujeaba con el salto de los peces y atraparon tantos peces en las redes que tuvieron que hacer señales a otras barcas para que les ayudaran. 29 Y fueron llenando tanto las barcas que amenazaban con hundirse de tanto que era el peso.
30 Shimón Kefa exclamó entonces: “¡No es posible, no es posible! ¿Cómo pudo conocer que habría tal abundante pesca que nosotros, pescadores de oficio ya habíamos desistido?”

31 Es que él y todos sus compañeros se llenaron de asombro por la gran pesca que habían hecho. Entonces Kefa se arrodilló ante él y le decía: “Apártate de mí, Señor que soy un pecador y tú, en verdad eres el hijo de la Luz”.

32 Sonrió Yehshua y levantando a Shimón le dijo: “No te asombres Kefa, cosas mayores verás; como antes les dije ahora serán ustedes pescadores de hombres 33 y como la pesca que han hecho donde pensaban que no había peces, así será la labor de ustedes en el mundo. Sí. Serán ustedes pescadores de hombres y sus redes serán henchidas”. 

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