miércoles, 16 de julio de 2014

ENSEÑANZAS DEL MAESTRO VIII


El árbol de la Vida
1 He aquí que en medio de las multitudes he plantado el árbol de la vida, para que alimente a mi pueblo y a todos los que me son fieles ─ Así ha dicho El que Siempre Será ─. 2 ¿Acaso podrá ser visto por los hijos de la tierra?
3 Yo les invito a que coman de sus frutos y se recuesten bajo su sombra. Su sombra es reconfortante y anima al alma. 4 Sus frutos son hermosas luminarias que alumbran en la oscuridad. 5 Dulce es el sabor de su carne. Quien se alimente de su fruto tendrá la vida eterna.
6 Sus ramas se elevan hacia las alturas y sus hojas nunca palidecen, siempre verdes y bañadas de rocío. 7 Sus ramas son sabiduría, humildad, misericordia, fe, paciencia y entrega 8 y su rama central es la culminación del Todo, la Luz generadora de todo lo que existe, materia y espíritu.
9 Quien a sí mismo se conoce y sabe mirar en su interior es capaz de encontrar el árbol que he plantado. Quien se funde con la energía que mana del universo puede encontrar el camino que conduce hasta el árbol de la vida.
10 Si tu alma brilla, su luz te guiará hasta donde crece con toda hermosura el árbol florido de la vida.

Virtud
11 Desde tiempos antiguos yo inspiré a los sabios para que revelaran la virtud y le explicaran a los hombres como se alcanza y se sostiene.
12 La virtud está en embrión en el alma de los humanos; pero el hombre ha de hacerla crecer con cuidado y constancia. La sabiduría es el agua y el alimento de la virtud. 13 Como el atleta que logra sus mayores éxitos requiere de constantes ejercicios, así el hombre ha de ejercitar la virtud, 14 porque la práctica de la virtud requiere de la voluntad, del deseo de hacer lo bueno.
15 Quien practica la virtud encuentra la felicidad. Cuando practicas la virtud creces en sabiduría porque ella alimenta tu discernimiento. 15 Solo los virtuosos están llamados a beber la savia nutricia del árbol de la vida.
16 Practica la justicia que es el primer paso para alcanzar la virtud. 17 Conócete a ti mismo que es lo que te permite ejercer la justicia. 18 No prejuzgues; es mejor ser moderado en tus juicios que condenar por apariencias. Es preferible aparentar ignorancia que juzgar con precipitación. 19 No juzgues en aquello que no conozcas. La Luz de la Sabiduría aclarará tus juicios.
20 Se generoso, no niegues tu ayuda a quien la necesite ni la ofrezca a quien por sus vicios no la merezca. Rechaza al codicioso y al inicuo. 21 Siempre se misericordioso y por tanto dispuesto al perdón y a practicar la amabilidad. 22 Juzga con bondad los defectos y los errores de tus hermanos. 23 Aconseja al que yerra ayudándole a encontrar el camino de rectificación sin imponerte sobre él.
24 Se prudente, porque la prudencia es componente de tu virtud. 25 Se siempre cuidadoso en tus palabras, hablando con claridad y sin engaños. 26 No pienses que siempre tienes la razón en tus juicios, busca consejo en los sabios y pide la ayuda del Paráclito para que juzgues con equidad. 27 Piensa con calma lo que vayas a hacer, no vaya a ser que hagas lo malo creyendo que haces lo bueno.
28 Ten fortaleza de ánimo y confía en la Suprema Inteligencia para enfrentar las penalidades y las adversidades. 29 Ruega que el Espíritu de Luz aumente tu fe. 30 Con la fe eres poderoso; la fe es la roca sobre la que asientes tus pies. 31 Recuerda que Yo, la Suprema Inteligencia soy tu baluarte, que Yo soy tu liberador; que Yo soy tu sustento.
32 Con la fortaleza de tu fe puedes resistir las tentaciones, rechazar los vicios que destruyen el alma, evitar que te atrape la duda. 33 La paciencia ante los trastornos, ante las ingratitudes, y la perseverancia en tu amor por la verdad, nacen de la fortaleza de tu ánimo; 34 por tanto se fuerte y encontrarás el camino a la perfección.
35 Tu virtud brillará ante los hombres y ante los ángeles cuando sepas dominar tus pasiones empleando tu razón y tu fortaleza espiritual, nacida del conocimiento de la verdad y del amor a tu Dios. 36 Practica en todo momento la templanza, porque así te coronas con la totalidad de la virtud.
37 No te dejes llevar por la cólera, por el sentimiento de odio, por los deseos que te inspiran los sentidos, no cedas a la envidia ni te dominen los celos y el temor.

38 Justicia, prudencia, fortaleza y templanza sean tus galas para avanzar por los senderos que te conducen al disfrute de los frutos del árbol de la vida. 

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