PROEMIO
1 Antes de todos los tiempos estaba el
Procreador, y con él estaba la Palabra, y la Palabra era el Supremo Dios.
2 Y la Luz que habita en la Luz y es
consustancial a la Suprema Inteligencia tomó cuerpo humano siendo El mismo,
Padre y Luz del Universo. 3 El habitaba en Dios y era Dios; mas se
hizo hombre para rescate de los hombres. 4 Su
palabra tendría fuerza pero solo sería escuchada por los humanos de buena
voluntad.
5 Tanto amaba el Padre al mundo y a los
hombres que eran su obra más acabada que se hizo carne para que los humanos
rectificaran su conducta y sus almas no fueran condenadas.
6 Todo el que crea en el hijo del Padre
encontrará el camino de lo eterno, 7
pero aquellos que rechacen al Hijo serán echados a un lado y se obligarán a
emprender numerosos ciclos de vida.
8 La Suprema Inteligencia no envió al
Hijo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
9 Él era la Palabra, el Logos, y la
Palabra existía antes de que se formara el universo; todo fue hecho por la
Palabra; sin Él nada de lo existente se habría hecho y 10 Él era la Vida y esa vida era la Luz
que habita entre los hombres de buen proceder.
11 El nombre del Padre, empero, es el
Hijo. Es Él quien en el Principio dio un nombre al que brotó de sí, que era Él
mismo y al que engendró como Hijo. 12 Le dio su nombre, el que le perteneció;
es aquel al que le pertenece todo lo que existe en torno al Padre. Suyo es el
nombre; suyo es el Hijo. 13 Es posible para éste verlo. Pero el
nombre es invisible porque sólo él es el secreto del Invisible que viene a los
oídos que están completamente llenos de él por él. 14 Porque, realmente, el nombre del Padre
no es conocido, sino que se revela por medio del Hijo.
15 Él es quien juzga las cosas secretas y
nadie puede pronunciar palabras vanas frente a él, porque es el Elegido ante la
Suprema Inteligencia, según su voluntad.
16 No buscó a los ricos y a los poderosos.
Le habló a los humildes, a los pobres. Llamó a los desesperados, consoló a los
afligidos. No vistió ropas finas, ni se sacudió el polvo para hablarles a los
pobres de la tierra.
17 La Luz habló por su boca y su voz parió
a la vida. Él les dio el pensamiento de sabiduría, de misericordia, de
salvación, del Espíritu de poder, desde la infinidad y la bondad del Padre. 18 Él abolió castigo y tormento, porque
fueron la causa de que muchos, necesitados de misericordia, se extraviaran de
su rostro en confusión y esclavitud. Y con poder él los perdonó y los humilló
en conocimiento.
19 El sería el Supremo Sacerdote del
Pueblo de Dios, de la estirpe de Malki-zédek, no de la estirpe de Leví, pues
por siempre fue consagrado; 20 de sus labios fluiría la sabiduría y de
su boca el pueblo encontraría la nueva Ley, la ley del amor y de la piedad,
porque es mensajero supremo del Dios de la Vida y el mismo Dios.
CAPITULO 1
1Cuando
se cumplió el tiempo, en el momento en que la Gran Sabiduría lo había previsto;
cuando el pueblo estaba atravesado de discordias y los adoradores de sombras e
ídolos dominaban sobre la tierra decidió la Luz lo que ya desde los tiempos
antes de los tiempos había decidido, que la luz se hiciera entre los hombres.
2 Estaba anunciado que la Luz se haría
carne, pero los hombres no la verían.
3 La Luz estaba en el Universo y él era
la Luz encarnada, la Luz que brotaba de la Luz del Universo. La Luz se hizo
carne y se hizo palabra; pero los hombres no le escucharían hasta que llegara
el momento en que su palabra se hiciera fuerza.
4 Engendró la luz en el seno de una mujer
virgen y se hizo lo imposible, lo que no cabe en la mente de los hombres. 5 Aquella doncella era Mariam, hija de
una mujer piadosa de Natzeret llamada Hannah que había enviudado; y Hannah
arregló los esponsales de su hija con un hombre de oficio carpintero llamado
Joseph. 6 Joseph era mayor y viudo y con hijos. Y
Joseph aceptó desposarse con Mariam.
7 No había Joseph recibido a Mariam como
esposa cuando Gavri’el se apareció a Mariam, envuelto en una luz potente, para
anunciarle que había sido elegida por la Suprema Inteligencia para llevar en su
seno el fruto bendito de la Luz. 8 Y
dijo Gavri’el a Mariam: “Salve Mariam. La Luz del Universo te ha bendecido
entre todas las mujeres y bienaventurada serás por todas las generaciones”.
9 Mariam quedó impresionada ante la
luminosa aparición y ante aquel saludo, y dijo: “Escucho, señor, ¿quién soy yo
para recibir tal saludo?” 10 El mensajero de la Luz le dijo
entonces: “Desde antes de los tiempos fuiste elegida para que de ti naciera
aquel anunciado por el Paráclito para redención de los hombres. 11 Plena eres de gracia. Concebirás en tu
seno a un varón al que le pondrás por nombre Yehshua y él será Luz en las
tinieblas”.
Mariam dijo: 12 “¿Cómo puede esto ser posible si ni
siquiera he conocido hombre alguno?”. Y dijo Gavri’el: “La Luz del Universo te
ha cubierto y engendrarás sin el concurso humano, sino por gracia divina”. 13 Mariam inclinó su frente y contestó:
“¡Hágase pues la voluntad del Dios de la Vida!”
La
duda de Joseph
14 Al conocer Joseph que Mariam estaba
embarazada se escandalizó porque no había cohabitado con ella; sin embargo
dudaba en su corazón repudiar a la doncella. 15
Pero Gavri’el se presentó ante él en apariencia de peregrino y le dijo: “¿Qué
amarga tu corazón, Joseph y qué te llena de dudas? La mujer con la que te has
desposado ha sido cubierta por la Luz para traer al mundo al hijo del Dios de
la Vida, 16 así es que no te angusties y recibe a
Mariam como tu esposa porque ella es virgen y bendecida por el Altísimo”.
17 Comprendió Joseph que un mensajero de
la Luz le había hablado, y confiado en la palabra de Dios, recibió a Mariam en
su casa.
18 Entonces en la tierra donde se conocía
el nombre de la Luz, su nombre Adonai, reinaba un vasallo de los extranjeros
dominantes y su nombre era Herodes y no pertenecía a la estirpe del pueblo que
la Luz había escogido para hacer cumplir sus planes. Herodes había reconstruido
el templo donde se adoraba a la Luz.
Los
sabios caldeos y la estrella anunciadora
19 Hubo unos sabios caldeos de más allá
del Jordán que exploraban los astros y vieron una estrella brillante, enorme,
una llamada supernova, 20 y comprendieron que había nacido un
Rey, que sería como un sol y que su tiempo sobre la tierra sería breve.
21 Consultaron sus cartas y dedujeron que
el Rey habría nacido en la tierra que había sido la tierra de Canaán y los
romanos llamaban Palestina. Y quisieron rendirle reverencia al rey que
brillaría como el sol.
22 Y se presentaron ante Herodes indagando
por la residencia del nuevo rey; mas Herodes se sintió alarmado y su corazón se
llenó de pavor, entonces indagó entre sus servidores y los sabios le dijeron
que estaba anunciada por los profetas la llegada del ungido que reinaría sobre
la tierra de Yisraeil, del linaje de David que fue rey poderoso de todo Yisraeil.
23 Y los sabios le citaron las palabras
del profeta Mikah: “Pero tú, Belén
Efrata, tan pequeña entre las familias de Judá, de ti ha de salir el que será
Señor en Yisraeil; sus orígenes se
remontan al inicio de los tiempos, a los días de la eternidad”. 24 Y le explicaron que se trataba del
nacimiento de un caudillo guerrero que se convertiría en rey de las tierras de
Canaán.
25 Herodes pidió que los caldeos se
presentaran ante él y cuando ellos estuvieron en su presencia les interrogó
diciendo: “¿Qué signo han visto con relación al rey que acaba de nacer?” 26 Y los caldeos respondieron: “Hemos
visto que su estrella, extremadamente grande, brillaba con gran fulgor entre
las demás estrellas, y que las eclipsaba hasta el punto de hacerlas invisibles
con su luz. Y hemos reconocido por tal señal que un rey había nacido en Yisraeil,
y hemos venido a homenajearle”.
27 Herodes entonces le dijo a los caldeos
que se adelantaran hasta Belén y luego
iría él mismo a rendirle honores al futuro rey. Pero en su interior Herodes
planeaba asesinar al recién nacido.
Los
sabios caldeos rinden homenaje al recién nacido
28 Llegados a Belén los caldeos no
encontraron señal de que allí hubiera nacido el rey que la estrella les había
anunciado. Consultaron a los astros y la Luz les mostró el camino. En una gruta
dedicada a establo encontraron a un recién nacido durmiendo sobre un pesebre.
29 Al ver al niño exclamaron: “Para rey
este niño ha nacido; pero una espada atravesará el corazón de su madre. Será
piedra de escándalo y su palabra tendrá la fuerza de los truenos. Él tiene la
Luz y por Él se manifestará la Luz”.
30 Mariam, la madre escuchaba maravillada
las palabras de los caldeos y las guardó en su memoria.
31 Y aquellos hombres sabios le hicieron
una ofrenda en oro y especies al niño y retornaron por el camino al que les
condujera el mensajero de la Luz, Gavri’el y ellos no volvieron ante Herodes.
La estrella, por impulsos del Gran Poder les mostraba el camino de retorno. 32 Y la misma energía que brotaba de la
estrella infundió en Joseph, esposo de Mariam, un sueño que le advertía huir
para salvar al recién nacido, porque Herodes había decidido darle muerte.
33 Para cumplir con la Ley, Joseph condujo
al niño y a la madre a Jerusalén para circuncidar al que darían por nombre
Yehshua.
Plegaria
de Shimón ante el recién nacido
34 Había entonces un hombre justo que
habitaba en Jerusalén que había implorado al Gran Saber que le concediera poder
ver al esperado del Gran Universo. La Luz le había expresado en sueños que no
moriría sin antes ver al que sería el ungido de la Luz que era la misma Luz en
cuerpo humano.
35 Aquel hombre se llamaba Shimón, esto
es, el que escucha al Elokhin, y recibió inspiración de ir al templo. Al ver al
niño, Shimón se sintió iluminado por el Paráclito, y tomó en sus manos y clamó
a la Suprema Inteligencia, diciendo:
36 “Ahora, Gran Poder del Universo, se ha
cumplido tu promesa y ya puedo morir en paz; porque me has concedido el poder
ver con mis ojos a aquel que lleva la Luz y su Luz traerá salvación para todos los
pueblos y gloria para tu pueblo”
37 Admirados quedaron el padre y la madre
con lo que había proferido el anciano. Entonces Shimón les bendijo y le dijo a
Mariam: “Este niño está destinado para que en la nación muchos caigan o se
eleven. Por muchos será rechazado y las intenciones de quienes le rechacen
quedarán al descubierto y reconocida la maldad de sus corazones. 38 Escucha mujer, todo esto será para ti
como una espada que atraviese tu corazón y te haga bendita por todas las
generaciones”.



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