lunes, 28 de julio de 2014

ENCUENTRO II


Moshé ante el nesu

1 Moshé y Aharom obtuvieron audiencia ante Ahmoses, nesu de Egipto, porque el soberano tenía curiosidad por conocer a aquel que había sido educado en la casa de su abuelo. Inclinado ante el faraón habló entonces Moshé.
2 “Vive por siempre Señor de Egipto. Traemos para ti un mensaje que nos ha transmitido el Dios único al que adoran los descendientes de Yisra’el: Permite que mi pueblo, ha dicho Yah, vayan a glorificarme en el desierto”.
3 Ahmoses contestó: “Hijo soy del dios Amón y no reconozco otro dios que no sean los dioses de mi imperio. Si quieren rendir pleitesía a un dios vayan e inclínense ante los nuestros”.
4 Aharom replicó entonces: “Vive por siempre nesu, pero solo existe un dios viviente y es el Padre del Universo y solo ante él inclinaremos nuestras cabezas. Si no accedes a nuestro pedido nuestro Dios descargará plagas sobre todo Egipto”.
5 Ahmoses contestó a Aharom diciéndole: “¿Por qué ustedes, Moshé y Aharom, se empeñan en apartar a los israelitas de sus tareas? No trastornen a la gente. ¡Vuelvan al trabajo que les ha sido impuesto!, luego  ordenó que expulsaran a los dos israelitas de su presencia.
6 Moshé entonces le dijo al nesu: “Para mostrarte el poder del único y verdadero Dios, te juro, nesu, que mañana heriré las aguas del río y se convertirán en sangre”.

Las aguas del Nilo se tiñen de rojo


7 El Dios de la Luz, Yahvahé, estaba con Moshé; así que cuando Moshé tocó su bastón el agua del Nilo, quiso el Padre que aquellas aguas se tornaran de un rojo como sangre derramada. Y hubo espanto en todo Egipto. 8 Mas el nesu no se conmovió con el prodigio y ordenó aumentar las cargas sobre los hijos de Yisra’el.
9 Ese mismo día, el nesu dio a los capataces y a los inspectores del pueblo las siguientes instrucciones: 10 “No sigan entregando a esa gente la paja para hacer los ladrillos, como lo hicieron hasta ahora. Que vayan a juntarla ellos mismos. 11 Pero exíjanles la misma cantidad de ladrillos que fabricaban antes, sin descontarles ni uno solo, porque son unos holgazanes. Por eso gritan: ¡Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!”
12 Pasados seis días el nesu había ido a inspeccionar la construcción de un templo en Tebas y Moshé aprovechó para pararse ante él y reclamarle: “Escucha soberano de Egipto, el Dios del Universo te exige que dejes ir a su pueblo para que le adore en el desierto, de no hacerlo hará que toda la tierra se llene de ranas, y estarán en todas las viviendas y hasta en tu propio palacio”.
9 Pero el nesu ni siquiera le prestó atención y se alejó del lugar con su séquito.

La plaga de ranas

10 Aharom inspirado por Yaho’el extendió su vara sobre el río y sus aguas borbotearon y comenzaron a salir innumerables ranas del río, de todos los canales y hasta de las charcas. Todo el país se llenó de ranas. 11 Ordenó Ahmoses que llevaran a Moshé y a Aharom ante su presencia, y le dijo a Moshé: “Si con tu magia haces que no suframos más con las ranas permitiré que salga tu pueblo a rendirle honores a tu Dios”.
12 “Mañana mismo oraremos al Dios del Universo para que las ranas se alejen de ti y de tu palacio y vuelvan a las aguas de donde salieron”, dijo Moshé. Y así lo hicieron Moshé y Aharom y las ranas murieron.
13 Pero tan pronto el nesu se vio libre de las ranas olvidó su promesa y volvió a oprimir a los hebreos.

La plaga de mosquitos


14 Yaho’el inspiró a Aharom para que con su vara tocara los remansos del Nilo y cuando así hizo Aharom, de todas las aguas de Egipto, del río, de los charcos, de las albergas y hasta de los pozos, se levantó una espesa nube de mosquitos que molestaba furiosamente a todos en Egipto y a todas las bestias de trabajo.
15 Los sacerdotes egipcios hablaron con el nesu y le dijeron: “Nesu, vive por siempre, esta plaga de mosquitos que sufrimos proviene de un dios poderoso, que nuestros cánticos logran aplacar”. 16 Pero el nesu ni siquiera prestó oídos a los sacerdotes de Isis, de Amón, de Horus y de los dioses más adorados por los egipcios.

La plaga de granizo

17 Entonces, el divino mensajero de la Luz, Gavri’el se presentó ante Moshé y le dijo: “Moshé, duro de cerviz es Ahmoses, rey de Egipto. 18 Se niega a que los israelitas salgan de Egipto porque ellos, con sus cargas y su trabajo en la construcción de los templos a los dioses falsos de Egipto, imágenes de los maldecidos grigoris, liberan a su pueblo de las cargas pesadas y pueden dedicarse a los cultivos.
19 Ahora, escucha estas mis palabras: “Bien temprano en la mañana, preséntate ante el nesu y le dirás: “Escucha nesu, rey poderoso sobre la tierra ¿hasta cuándo te empecinarás en no escuchar al Dios de la Vida y te niegas a permitir que su pueblo salga a rendirle adoración en el desierto? 20 Si mañana a esta misma hora no has liberado a Yisra’el, guarda tu ganado, tus esclavos y tu pueblo bajo techo, porque verás caer una lluvia de granizo como jamás viste antes”
21 Ante la negativa del nesu, Moshé por inspiración de Gavri’el extendió sus manos hacia las alturas y de inmediato se oscureció el cielo con enormes nubes negras y comenzó a tronar con fuerza y cayeron rayos sobre la tierra y comenzó a llover granizos. 22 El granizo y el fuego que formaba remolinos en medio de él, se precipitaron con tal violencia, que nunca hubo en Egipto nada semejante desde que comenzó a ser una nación. 23 El granizo mató a todos los hombres y animales que se encontraban al aire libre en el territorio de Egipto, arrasó toda la vegetación de los campos y destrozó todos los árboles. 24 Pero donde habitaban los israelitas no hubo lluvia de granizos.
25 Y dijo el nesu a Moshé y Aharom: “No insistan en lo que piden. No ha sido el Dios de ustedes quien lanzó el graniza sobre la tierra, 26 más fue el dios Seth, furioso porque no se ha levantado su templo como le habíamos prometido”.

La plaga de langostas

27 Y respondió Moshé: “Escucha, ¡oh nesu! Para que veas que el Dios de los hijos de Yisra’el tiene poder sobre la tierra y es más poderoso que lo dioses falsos de Egipto, mañana caerá sobre todo Egipto una plaga de langostas tan poderosa que cubrirán la superficie del país, de tal modo que ni podrá verse el suelo. 28 Las langostas devorarán todo lo que quedó libre del granizo y no quedará nada verde en pie. 29 Llenarán tus casas, las casas de todos los egipcios, como nunca vieron tus padres, ni los padres de tus padres, desde el día en que existieron sobre la tierra hasta el día de hoy”.
30 Y la plaga de langosta se abatió sobre todo Egipto, arrasando con todo lo verde. Cuando la nube de insectos se alejó de la tierra, el nesu se mantuvo en su posición y aun con más fuerza continuó  negándose a permitir que los hebreos salieran de Egipto.
31 Muchos prodigios asombrosos hicieron después Moshé y Aharom para hacer que Ahmoses permitiera salir a los hebreos, pero el nesu no permitió que los hijos de Yisra’el abandonaran Egipto. 32 Los servidores del nesu y los sacerdotes de sus dioses fueron ante Ahmoses y le reclamaron diciendo: “¿Hasta cuándo ha de ser este hombre causa de nuestra ruina? Él nos humilla con su dios y nuestros dioses se disgustarán contra ti, ¡oh, nesu! Si tú no lo detienes y le envías a la muerte”.

El ejército del nesu persigue a los israelitas

33 Ante tanto empecinamiento del nesu, y ante la amenaza que pendía sobre él, Moshé siguió el consejo que le diera Gavri’el, que se le había presentado como uno de los jefes de los israelitas, de salir en secreto, en medio de la noche, llevando con todo el pueblo, todo el ganado que pudieran colectar y con alimentos para la jornada. 34 Así mismo Moshé reunió un fuerte grupo de hombres jóvenes y los puso al mando de uno llamado Yehoshúa. 34 Entonces Moshé le dijo a Yehoshúa: “Ustedes serán los que defiendan al pueblo si fuera necesario. Reúnan todas las armas que puedan tomar de los egipcios y las llevarán con ustedes”.
35 Bajo el amparo de Gavri’el, los descendientes de Ya’acov abandonaron Gesem y se dirigieron al oriente.
36 Cuando llegó el día los egipcios encontraron abandonado el campo hebreo y dieron aviso a los oficiales del nesu de que los hijos de Yisra’el habían huido llevándose con ellos ganados de los egipcios. 37 Ordenó el nesu que se movilizara su ejército en persecución de los israelitas ordenando que capturaran a Moshé y a Aharom para ser ejecutados como ejemplo en Gesem.
38 El ejército del nesu perseguía a los israelitas y estos estaban a punto de ser copados. El jefe del ejército del nesu al ver a la multitud en medio del desierto, con elevados montes cerrándoles el paso, exclamó: “Encerrados están en la tierra; el desierto los ha encerrado”.
39 Pero el mensajero de la Luz cuyo nombre es Mija’el le mostró a Moshé el camino que debían seguir entre los montes. Y tenían delante el mar.

El paso por el mar

40 Moshé imploró ayuda y un viento tormentoso agitó e hizo retroceder a las aguas dejando al descubierto un ancho camino que había bajo el agua.
41 Moshé condujo a todo el pueblo por aquel camino y pronto llegaron a la otra orilla.

42 El ejército del nesu quiso cruzar por el puente de tierra, pero las aguas retrocedieron y todo el ejército del rey de Egipto que perseguía al pueblo pereció ahogado en el mar.

Institución del Pesaj

43 Entonces, Moshé le dijo a la multitud que había escapado de Egipto: “Acuérdense de este día cuando el ángel de nuestro Elokhin, mostrando todo su poder nos sacó de Egipto donde vivíamos como esclavos. En conmemoración de este día celebrarán todos los años el Pesaj, es decir el paso, porque pasamos de esclavos a seres libres”.

44 Entonces Gavri’el inspiró a Moshé para que dijera: “Para conmemorar este día, tomen en cada familia un cordero que asarán. Comerán la carne asada al fuego; la comerán con panes sin levadura y con verduras amargas. Se ha de comer en una misma familia; 45 no sacarán nada de la carne fuera de la casa, no le quebrarán ninguno de sus huesos. 46 Y ofrecerán como víctima propiciatoria ese cordero para redención de los pecados”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Vistas de página en total