Moshé
ante el nesu
1 Moshé y Aharom obtuvieron audiencia
ante Ahmoses, nesu de Egipto, porque el soberano tenía curiosidad por conocer a
aquel que había sido educado en la casa de su abuelo. Inclinado ante el faraón
habló entonces Moshé.
2 “Vive por siempre Señor de Egipto.
Traemos para ti un mensaje que nos ha transmitido el Dios único al que adoran
los descendientes de Yisra’el: Permite que mi pueblo, ha dicho Yah, vayan a
glorificarme en el desierto”.
3 Ahmoses contestó: “Hijo soy del dios
Amón y no reconozco otro dios que no sean los dioses de mi imperio. Si quieren
rendir pleitesía a un dios vayan e inclínense ante los nuestros”.
4 Aharom replicó entonces: “Vive por
siempre nesu, pero solo existe un dios viviente y es el Padre del Universo y
solo ante él inclinaremos nuestras cabezas. Si no accedes a nuestro pedido
nuestro Dios descargará plagas sobre todo Egipto”.
5 Ahmoses contestó a Aharom diciéndole:
“¿Por qué ustedes, Moshé y Aharom, se empeñan en apartar a los israelitas de
sus tareas? No trastornen a la gente. ¡Vuelvan al trabajo que les ha sido
impuesto!, luego ordenó que expulsaran a
los dos israelitas de su presencia.
6 Moshé entonces le dijo al nesu: “Para
mostrarte el poder del único y verdadero Dios, te juro, nesu, que mañana heriré
las aguas del río y se convertirán en sangre”.
Las
aguas del Nilo se tiñen de rojo
7 El Dios de la Luz, Yahvahé, estaba con
Moshé; así que cuando Moshé tocó su bastón el agua del Nilo, quiso el Padre que
aquellas aguas se tornaran de un rojo como sangre derramada. Y hubo espanto en
todo Egipto. 8 Mas el nesu no se conmovió con el
prodigio y ordenó aumentar las cargas sobre los hijos de Yisra’el.
9 Ese mismo día, el nesu dio a los
capataces y a los inspectores del pueblo las siguientes instrucciones: 10 “No sigan entregando a esa gente la
paja para hacer los ladrillos, como lo hicieron hasta ahora. Que vayan a
juntarla ellos mismos. 11 Pero exíjanles la misma cantidad de
ladrillos que fabricaban antes, sin descontarles ni uno solo, porque son unos holgazanes.
Por eso gritan: ¡Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!”
12 Pasados seis días el nesu había ido a
inspeccionar la construcción de un templo en Tebas y Moshé aprovechó para
pararse ante él y reclamarle: “Escucha soberano de Egipto, el Dios del Universo
te exige que dejes ir a su pueblo para que le adore en el desierto, de no
hacerlo hará que toda la tierra se llene de ranas, y estarán en todas las
viviendas y hasta en tu propio palacio”.
9 Pero el nesu ni siquiera le prestó
atención y se alejó del lugar con su séquito.
La
plaga de ranas
10 Aharom inspirado por Yaho’el extendió
su vara sobre el río y sus aguas borbotearon y comenzaron a salir innumerables
ranas del río, de todos los canales y hasta de las charcas. Todo el país se
llenó de ranas. 11 Ordenó Ahmoses que llevaran a Moshé y a
Aharom ante su presencia, y le dijo a Moshé: “Si con tu magia haces que no
suframos más con las ranas permitiré que salga tu pueblo a rendirle honores a
tu Dios”.
12 “Mañana mismo oraremos al Dios del
Universo para que las ranas se alejen de ti y de tu palacio y vuelvan a las
aguas de donde salieron”, dijo Moshé. Y así lo hicieron Moshé y Aharom y las
ranas murieron.
13 Pero tan pronto el nesu se vio libre de
las ranas olvidó su promesa y volvió a oprimir a los hebreos.
La
plaga de mosquitos
14 Yaho’el inspiró a Aharom para que con
su vara tocara los remansos del Nilo y cuando así hizo Aharom, de todas las
aguas de Egipto, del río, de los charcos, de las albergas y hasta de los pozos,
se levantó una espesa nube de mosquitos que molestaba furiosamente a todos en
Egipto y a todas las bestias de trabajo.
15 Los sacerdotes egipcios hablaron con el
nesu y le dijeron: “Nesu, vive por siempre, esta plaga de mosquitos que
sufrimos proviene de un dios poderoso, que nuestros cánticos logran aplacar”. 16 Pero el nesu ni siquiera prestó oídos a
los sacerdotes de Isis, de Amón, de Horus y de los dioses más adorados por los
egipcios.
La
plaga de granizo
17 Entonces, el divino mensajero de la
Luz, Gavri’el se presentó ante Moshé y le dijo: “Moshé, duro de cerviz es
Ahmoses, rey de Egipto. 18 Se niega a que los israelitas salgan de
Egipto porque ellos, con sus cargas y su trabajo en la construcción de los
templos a los dioses falsos de Egipto, imágenes de los maldecidos grigoris,
liberan a su pueblo de las cargas pesadas y pueden dedicarse a los cultivos.
19 Ahora, escucha estas mis palabras:
“Bien temprano en la mañana, preséntate ante el nesu y le dirás: “Escucha nesu,
rey poderoso sobre la tierra ¿hasta cuándo te empecinarás en no escuchar al
Dios de la Vida y te niegas a permitir que su pueblo salga a rendirle adoración
en el desierto? 20 Si mañana a esta misma hora no has
liberado a Yisra’el, guarda tu ganado, tus esclavos y tu pueblo bajo techo,
porque verás caer una lluvia de granizo como jamás viste antes”
21 Ante la negativa del nesu, Moshé por
inspiración de Gavri’el extendió sus manos hacia las alturas y de inmediato se
oscureció el cielo con enormes nubes negras y comenzó a tronar con fuerza y
cayeron rayos sobre la tierra y comenzó a llover granizos. 22 El granizo y el fuego que formaba
remolinos en medio de él, se precipitaron con tal violencia, que nunca hubo en
Egipto nada semejante desde que comenzó a ser una nación. 23 El granizo mató a todos los hombres y
animales que se encontraban al aire libre en el territorio de Egipto, arrasó
toda la vegetación de los campos y destrozó todos los árboles. 24 Pero donde habitaban los israelitas no
hubo lluvia de granizos.
25 Y dijo el nesu a Moshé y Aharom: “No
insistan en lo que piden. No ha sido el Dios de ustedes quien lanzó el graniza
sobre la tierra, 26 más fue el dios Seth, furioso porque no
se ha levantado su templo como le habíamos prometido”.
La
plaga de langostas
27 Y respondió Moshé: “Escucha, ¡oh nesu!
Para que veas que el Dios de los hijos de Yisra’el tiene poder sobre la tierra
y es más poderoso que lo dioses falsos de Egipto, mañana caerá sobre todo
Egipto una plaga de langostas tan poderosa que cubrirán la superficie del país,
de tal modo que ni podrá verse el suelo. 28 Las
langostas devorarán todo lo que quedó libre del granizo y no quedará nada verde
en pie. 29 Llenarán tus casas, las casas de todos
los egipcios, como nunca vieron tus padres, ni los padres de tus padres, desde
el día en que existieron sobre la tierra hasta el día de hoy”.
30 Y la plaga de langosta se abatió sobre
todo Egipto, arrasando con todo lo verde. Cuando la nube de insectos se alejó
de la tierra, el nesu se mantuvo en su posición y aun con más fuerza
continuó negándose a permitir que los
hebreos salieran de Egipto.
31 Muchos prodigios asombrosos hicieron
después Moshé y Aharom para hacer que Ahmoses permitiera salir a los hebreos,
pero el nesu no permitió que los hijos de Yisra’el abandonaran Egipto. 32 Los servidores del nesu y los
sacerdotes de sus dioses fueron ante Ahmoses y le reclamaron diciendo: “¿Hasta
cuándo ha de ser este hombre causa de nuestra ruina? Él nos humilla con su dios
y nuestros dioses se disgustarán contra ti, ¡oh, nesu! Si tú no lo detienes y
le envías a la muerte”.
El
ejército del nesu persigue a los israelitas
33 Ante tanto empecinamiento del nesu, y
ante la amenaza que pendía sobre él, Moshé siguió el consejo que le diera
Gavri’el, que se le había presentado como uno de los jefes de los israelitas,
de salir en secreto, en medio de la noche, llevando con todo el pueblo, todo el
ganado que pudieran colectar y con alimentos para la jornada. 34 Así mismo Moshé reunió un fuerte grupo
de hombres jóvenes y los puso al mando de uno llamado Yehoshúa. 34 Entonces Moshé le dijo a Yehoshúa:
“Ustedes serán los que defiendan al pueblo si fuera necesario. Reúnan todas las
armas que puedan tomar de los egipcios y las llevarán con ustedes”.
35 Bajo el amparo de Gavri’el, los
descendientes de Ya’acov abandonaron Gesem y se dirigieron al oriente.
36 Cuando llegó el día los egipcios
encontraron abandonado el campo hebreo y dieron aviso a los oficiales del nesu
de que los hijos de Yisra’el habían huido llevándose con ellos ganados de los
egipcios. 37 Ordenó el nesu que se movilizara su
ejército en persecución de los israelitas ordenando que capturaran a Moshé y a
Aharom para ser ejecutados como ejemplo en Gesem.
38 El ejército del nesu perseguía a los
israelitas y estos estaban a punto de ser copados. El jefe del ejército del
nesu al ver a la multitud en medio del desierto, con elevados montes
cerrándoles el paso, exclamó: “Encerrados están en la tierra; el desierto los
ha encerrado”.
39 Pero el mensajero de la Luz cuyo nombre
es Mija’el le mostró a Moshé el camino que debían seguir entre los montes. Y
tenían delante el mar.
El
paso por el mar
40 Moshé imploró ayuda y un viento
tormentoso agitó e hizo retroceder a las aguas dejando al descubierto un ancho
camino que había bajo el agua.
41 Moshé condujo a todo el pueblo por
aquel camino y pronto llegaron a la otra orilla.
42 El ejército del nesu quiso cruzar por
el puente de tierra, pero las aguas retrocedieron y todo el ejército del rey de
Egipto que perseguía al pueblo pereció ahogado en el mar.
Institución
del Pesaj
43 Entonces, Moshé le dijo a la multitud
que había escapado de Egipto: “Acuérdense de este día cuando el ángel de
nuestro Elokhin, mostrando todo su poder nos sacó de Egipto donde vivíamos como
esclavos. En conmemoración de este día celebrarán todos los años el Pesaj, es
decir el paso, porque pasamos de esclavos a seres libres”.
44 Entonces Gavri’el inspiró a Moshé para
que dijera: “Para conmemorar este día, tomen en cada familia un cordero que
asarán. Comerán la carne asada al fuego; la comerán con panes sin levadura y
con verduras amargas. Se ha de comer en una misma familia; 45 no sacarán nada de la carne fuera de la
casa, no le quebrarán ninguno de sus huesos. 46 Y
ofrecerán como víctima propiciatoria ese cordero para redención de los
pecados”.






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