La
Suprema Inteligencia. ENCUENTRO, capítulo XI
Onán y Tamar
1
Hubo en el territorio que Yehoshúa entregó a la tribu de Judá, un hombre
llamado Yehudah que tenía tres hijos y había enviudado. 2 El hijo mayor de
Yehudah, su primogénito llamado Er, era un hombre sin energías y enfermizo; el
segundo de sus hijos, de nombre Onán, era todo lo contrario, robusto y lleno de
salud. El menor aún era un niño y su nombre era Zhela.
3
Decidió Yehudah que su primogénito debía casarse antes que su salud se agravara
y no fuera capaz de dejar descendencia; así es que buscó una mujer de su tribu
que gozara de excelente salud y fuera robusta y sencilla. 4 Entre las
pretendientes eligió a una joven de nombre Tamar que era mujer de gran belleza.
5
Tamar era codiciosa y muy astuta y no le agrada ser mujer de un hombre
enfermizo que quizá no podría asegurarle una vida holgada; pero su padre y
Yehudah habían acordado el matrimonio y ella no se pudo negar a ser dada en
matrimonio a Er, hijo de Yehudah.
6
Er apenas era capaz de cumplir sus deberes maritales y Tamar se desesperaba.
Cuando ya se cumplía un año de matrimonio, aún Tamar no había concebido. 7
Temerosa de que su marido muriera sin dejar descendencia, una noche embriagó a
Er y fue y se acostó con él para tener relaciones, 8 pero Er no pudo soportar
el esfuerzo y su corazón se paralizó y murió sobre el cuerpo de Tamar.
9
Se levantó ella y fue a la tienda de su suegro y le dijo: “¡Qué desgracia,
padre! Tu hijo, el que tú y mi padre me eligieron como marido, acaba de morir a
mi lado, y humillada he sido pues no me hizo concebir. 10 Ahora todos se
burlarán de mí y dirán que soy estéril”.
11
Yehudah le dijo entonces: “Hija mía eres ahora porque fuiste entregada como
esposa a mi hijo. 12 Pero tu humillación no durará mucho porque te daré como
mujer a Onán y podrás darle descendencia a Er, tal como está escrito en la
Ley”.
13
Fue Yehudah ante su hijo Onán y le dijo: “Te casarás con Tamar, viuda de Er, y
le darás descendencia a tu hermano, porque así debe ser”. 14 Pero Onán se
negaba diciendo: “No me interesa Tamar como esposa y no quiero que los hijos
que yo engendre sean hijos de mi hermano y sobrinos míos”.
15
Yehudah le dijo: “Ha de ser así porque así lo ordena la Ley”. Entonces Onán le
dijo: 16 “¿Cuál Ley es esa? ¿Cómo pueden obligarme a engendrar hijos para otro?
Ahora soy tu hijo mayor y me corresponde el trato de primogenitura”.
17
Furioso respondió Yehudah: “Los derechos de progenitura le corresponde ahora al
primogénito de tu hermano que tú le engendrarás, porque es ley de Moshé dictada
por boca de Yahvahé. 18 De lo contrario, humillarás mi nombre y tu nombre, y te
escupirán la cara, y nuestra casa será denominada casa del descalzado, porque
así lo ordena la Ley”.
19
Y Onán contrajo matrimonio con Tera, pero yacía con ella en el lecho sin
tomarla. Cuando pasaron algunos días sin que Onán poseyera a su mujer, Tamar le
increpó: 20 “¿Acaso eres menos hombre que tu hermano Er, que era enfermizo pero
me poseía?”
21
Como Onán era robusto y lleno de vigor no pudo continuar despreciando a Tamar
en el lecho, entonces cada noche la poseía, pero 22 cuando llegaba a la
satisfacción se separaba de ella y vertía el semen sobre la cama, 23 porque
decía: “No es justo que yo de hijos a mi hermano y no tenga parte en la
herencia. Los hijos que yo engendre, hijos míos han de ser y no hijos de otro,
aunque sea mi hermano”.
Muerte de Onán
24
Entonces Tamar, molesta porque no engendraría un hijo con los derechos de
progenitura que le concedía Yehudah asegurándole una vida acomodada, 25 fue
ante su padre lamentándose y le dijo: “Onán el hombre que se me ha dado por
marido se niega a procrear conmigo para su hermano y dirán todos que soy
estéril. 26 Grande es su pecado porque derrama su semilla sobre el lecho y no
en mi interior”.
27
El padre de Tamar fue a ver al Yehudah y le reclamó: “Tu hijo Onán ha humillado
a mi hija y pecado contra Moshé porque se niega a engendrar en Tamar mi hija.
Sea él castigado y pase mi hija a tu hijo Zhela”.
28
Yehudah y el padre de Tamar buscaron a Onán que estaba en el campo y le dijo
Yehudah: “¿Qué es esto que me cuenta el padre de Tamar que te niegas a hacerle
concebir sin depositar tu semilla en su interior? 29 Está cometiendo un pecado
contra Moshé y contra la voluntad de Yahvahé y debes pagar por tu falta”.
30
Onán le dijo al padre: “Padre, escúchame. No he pecado contra Yahvahé, porque
te pedí que no me obligaras al matrimonio con Tamar, a la que no amo, y no me
impusieras que mi semilla le diera descendencia a mi hermano, 31 que nunca lo
hubiera podido hacer porque era débil y enfermizo y no tenía energía para
cubrir a una mujer”.
32
Entonces tomándole por el cuello le arrastraron y llamaron a los sirvientes
para apedrear a Onán hasta morir.
33
Yehudah le dijo al padre de Tamar: “Ahora mi casa se ha librado del pecado,
porque Ounán ha sido castigado. 34 Será bueno que lleves tu hija contigo como
viuda hasta que Zhela, mi hijo menor, tenga edad para casarse y poder tomar a
Tamar como esposa”. 35 Esto lo dijo Yehudah diciéndose en lo interior: “Por si
acaso muere también Zhela, lo mismo que Er y ahora Ounán”.
Tamar engaña a Yehudah
34
Tamar fue a vivir como viuda en casa de su padre cerca de Gelilot y allí
permaneció por muchos días, pensando qué hacer para ganar la herencia de
Yehudah, cuando alguien vino a decirle que Yehudah estaba en la zona para
trasquilar a sus ovejas. 35 Entonces como todavía Zhela no tenía edad para
casarse, Tamar ideó un plan para engañar a su suegro.
36
Se quitó las ropas de viuda cubriéndose con un velo y salió hacia el camino que conducía a
Gelilot. Y sentándose a la vera del camino aguardó sabiendo que Yehudah debía
pasar por allí.
37
Cuando pasó Yehudah por su lado se
maravilló con la hermosura de su cuerpo sin siquiera verle la cara. 38
Tomándola por una ramera se acercó a ella y le dijo: “Quiero acostarme
contigo”. Ella le preguntó: “¿Qué me darás por estar conmigo?”
39
Yehudah le prometió que le mandaría un cabrito si aceptaba acostarse con él.
Ella le dijo: “Dame algo en prenda de que cumplirás tu palabra” Aceptó él y
ella le pidió: “Entrégame tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano”.
40 Así lo hizo Yehudah y fue y se acostó con su nuera, sin saber quién era en
realidad. Luego ella volvió a cubrirse con las ropas de viuda y se marchó a la
casa de su padre.
41
Yehudah cumplió su promesa y envió el cabrito con uno de sus servidores y
rescatar la prenda que había entregado; pero el sirviente no pudo encontrar a
la mujer que buscaba a pesar de que estuvo indagando por ella entre los del
lugar. 42 Entonces el servidor fue donde Yehudah y le dijo: “No he encontrado a
esa mujer y todos me han dicho que allí no ha habido ninguna ramera”.
43
Yehudah se encogió de hombros y dijo: “Pues que se quede con la prenda. Ya
viste que he cumplido con lo acordado de enviarle el cabrito, y tú no la has
encontrado”.
44
Ahora bien, como a los tres meses aproximadamente, Yehudah recibió este aviso:
“Tu nuera Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a
consecuencia de ello”. Entonces Yehudah ordenó: “Busquen a la pecadora y que
sea quemada”.
45
Cuando llegaron hasta donde se encontraba Tamar, ella dijo a los hombres:
“Antes vayan ante Yehudah y díganle que he concebido del hombre que es dueño de
estas prendas. Díganle que examine este sello, este cordón y este bastón”.
46
Yehudah reconoció las prendas y dijo: “Ella tiene más razón que yo, porque la
verdad es que no la di por mujer a mi hijo Zhela que ahora ha muerto también”.
La sentencia de Uri’el
47
Entonces salió a buscarla para llevarla con él, pero estando en el camino se
presentó ante él, el divino mensajero de la Luz, Uri’el. 48 Y el mensajero del
Dios de la Vida le dijo: “Yehudah, de la tribu de Judá, tal cual has hecho así
pagarás. Condenaste a la muerte a tu hijo Onán que no había pecado contra ti y
finalmente te amancebaste con tu nuera como con prostituta”.
49
Y sentenció Uri’el: “Mal hizo Onán humillando a su esposa cuando no la cubría
en totalidad; pero culpa mayor está en la ley por hombre dictada, que no por
voz de la Suprema Inteligencia; porque la unión de un hombre con su mujer ha de
ser dictada por amor y no por conveniencias o por lujuria. 50 La sangre de Onán
clama desde la tierra y pide justicia, porque su pecado no era merecedor de
muerte”
51
Y dijo más: “Condenado estarás a no dejar descendencia; dos de tus hijos han
muerto por enfermedad, y el otro por tu mano homicida. 52 Ahora bien, Tamar ha
concebido mellizos pero morirán tan pronto nazcan, y tú no podrás tomarla por
mujer, porque si a la Ley te atienes y juzgas de acuerdo con ella, no puedes
levantarle descendencia a tu primogénito con ella y has fornicado con tu nuera,
mujer que fuera de Er y de Onán”.
53
Y las palabras de Uri’el se cumplieron y los mellizos murieron a las pocas
horas de nacidos. Yehudah entregó sus bienes a parientes suyos y fue a vivir
lejos, llorando siempre la muerte de sus hijos.



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