El
Nuevo Edén
1 La Suprema Inteligencia preparó el
camino para el Nuevo Edén, el Paraíso rechazado por los hombres cuando se
dejaron tentar en su vanidad por los mensajeros de la Sombra. Así eligió a un
hombre como parangón humano, Abraham.
2 El Padre le prometió a Abraham que su
descendencia sería incontable y heredaría la tierra donde manaba la leche y la
miel. Somos la descendencia espiritual de Abraham y se nos ha prometido una
gloriosa herencia: habitar en la esfera de la inmortalidad. 3 Y Moshé fue elegido para rescatar al
pueblo oprimido bajo servidumbre en Egipto y conducirlo a la tierra prometida a
Abraham; 4 del mismo modo Yehshua es el nuevo
Moshé, aunque mayor que este en gloria y santidad, quien conducirá a su pueblo
a la gloria del Padre y a la vida eterna luego de rescatarle por el precio de
su sangre de la esclavitud del pecado.
5 Porque los hebreos padecían bajo la
esclavitud en Egipto, como hemos estado nosotros en la esclavitud del pecado; 6 pero la Suprema Inteligencia, la Luz
del Universo, nos ha enviado a Yehshua para que por medio de su palabra y de su
sangre seamos liberados del pecado y conducidos a la nueva tierra prometida, la
divina dimensión donde encontrarán paz los justos.
V
La
fe
1 Amados míos, tengamos fe, pues la fe
nos da fuerzas y podemos resistir los embates de la vida. 2 Quien tiene fe tiene esperanza y confía
en el poder benéfico de la Suprema Inteligencia; en el infinito amor que por
nosotros siente el Hijo de la Luz, Yehshua, el llamado Kristo y en la
magnanimidad que nos concede el Paráclito para educarnos en la sabiduría.
3 Pero de qué vale la fe si no está
acompañada por el bien hacer. La fe sin obras es también egoísmo y el egoísmo
es despreciado por la Suprema Inteligencia y canal que abre el Ahriman para
conducirnos a la ambición desmedida, al abandono de la piedad y al ansia de
gozar el disfrute de los bienes materiales por sobre el gozo de los bienes
espirituales.
4 Por la fe cumplimos solo una parte de
la palabra del Padre, amar a Dios y confiar en él. Pero el Padre no solo quiere
ser amado sino que también se ame a su obra, esto es, el total de la naturaleza
5 y se ame sin diferencias al que es
nuestro prójimo, al que no está dominado por Sama’el y sus grigori; al pobre,
al humilde de espíritu, al ignorante, al descreído que no comete injusticias ni
está entregado a las fuerzas de la Sombra, al que pone su corazón en la
esperanza de otra fe porque solo el Padre es el único que puede juzgar quien le es grato en su adoración.
6 Por las obras ponemos en evidencia
nuestro amor por la humanidad y por toda la obra que levantara el Padre de la
Vida.
7 Además junto a la fe y a las obras
debemos sentir compasión por los pecadores y por nuestros enemigos y ser
capaces de perdonar, como Yehshua no condenó, sino libró a los que estaban
poseídos por espíritus inmundos; como Yehshua fue capaz de pedir el perdón para
aquellos que le condenaron y clavaron en la cruz.
8 Seamos capaces de sentir conmiseración
por los pecadores, por los dominados por vicios que destruyen el alma; por
aquellos que nos persiguen compadeciéndonos de sus males y 9 estar dispuestos a la misericordia para
darle ayuda a los que demuestran arrepentimiento.
10 Por la fe somos justificados ante la
Suprema Inteligencia; por las obras somos agradables al Padre de la Vida; por
la misericordia y la conmiseración somos llamados seguidores de la Luz; 11 por la fe junto con nuestras buenas obras, la
misericordia y la conmiseración, podremos ser salvados.
12 La fe nace de la Sabiduría, porque la Sabiduría
ilumina nuestra razón y nos abre la senda hacia la Verdad. 13 La Sabiduría se obtiene por la meditación
y la concentración. Por la meditación nos elevamos a los planos más alto de la espiritualidad


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