La Biblia muestra a un Dios severo,
cruel; a un Dios legislador que impone castigos terribles contra los pecadores
y los infieles; a un Dios que exige temor. El tema de la justicia terrible de
Dios queda bien establecido en los libros del Pentateuco: Éxodo, Levítico,
Números y Deuteronomio y en el libro Josué (Yehoshúa).
En contraste, el libro La Suprema Inteligencia, muestra un
Dios, benevolente, paciente, dispuesto al perdón ─ No me impongo y siempre estoy dispuesto al perdón ─ que da al ser
humano el libre albedrío para decidir qué camino escoger (La Luz concedió voluntad propia al Hombre y el Hombre debe saber
escoger entre la vida o la muerte); un Dios que en lugar de imponer
mandamientos, expone enseñanzas (“Mi
enseñanza es perfecta porque da aliento de vida. Siempre fiel es mi mensaje
porque puedo hacer sabio al de corazón sencillo”); un Dios que no exige
temor: “No busco que los humanos me
teman. Temor no quiero sino amor, fidelidad y veneración y respeto”.
Dios en La Suprema Inteligencia, no es un legislador y claramente declara
que sea el propio hombre quien con su inteligencia y saber dicte las leyes por
las cual regirse en sociedad: “Yo no soy
legislador y no dicto leyes (…) El
hombre se gobernará por sus leyes que según los tiempos y las circunstancias su
saber les dicte (…) Mis mandatos se
fundan sobre tres pilares: justicia, derecho y amor”.
Por su justicia, Dios no carga la culpa
de los padres sobre su descendencia, arrastrando todos un “pecado original”
desde el nacimiento. En La Suprema
Inteligencia, Dios declara: “El
Hombre nace libre de culpas como nace sin culpas el animal”.
El segundo libro o sección de La Suprema Inteligencia, se denomina Encuentro y recoge, desde un punto de
vista teológico diferente, las tradiciones bíblicas que aparecen en los libros
bíblicos, Éxodo y Josué. El mismo título de Encuentro, ya plantea una
diferencia sustancial con el relato mítico-histórico de la conquista de las tierras
de Canaán por los hebreos invasores. Dios, en Encuentro, tiene un propósito que
se expone a lo largo de la sección: crear una nación espiritual, como la que
deberá existir luego del Tiempo de los Tiempos. Los hebreos, según la intención
divina, deberían fundirse pacíficamente, encontrarse con los pueblos de su
mismo origen y no combatirlos y arrasarles.
El relato de la huida de Egipto hacia la
tierra prometida, donde mana la leche y la miel, está planteada en La Suprema Inteligencia, como la
formación futura de una comunidad universal de fieles, la liberación humana del
pecado y el futuro paradisiaco donde ya no habrá muerte, ni enfermedades ni
envejecimiento. “Todo conforme al plan
previsto para los tiempos previstos, el plan formado en la Suprema Inteligencia
cuando le dijo a sus ángeles: “Rescataré a mi pueblo, aquellos que me son
fieles y cumplen con mis enseñanzas, y le conduciré a un mundo nuevo”.
Dios no predetermina los elegidos, los
que ya han sido llamados para la salvación: “No predetermino a los elegidos. Solo uno es mi elegido y ese es aquel
que forma parte de mí mismo, que es parte de la Luz del Universo y que es Luz”.
Sin embargo, Dios puede seleccionar a hombres para llevar adelante el proyecto
que ha formado. De esta manera, el ángel Yaho’el, por encargo de la Suprema
Inteligencia, eligió a Moshé, con sus virtudes y sus defectos, para iniciar el
rescate de los descendientes de Ya’acov (Jacob) de la servidumbre en Egipto.
Moshé será el antecedente de Yehshua. Moshé libera de la esclavitud, de la
servidumbre; Yehshua será el rescate, el liberador de muchos, de la esclavitud
del pecado para conducirles a la sagrada dimensión universal de los justos.
Moshé es un hebreo que creció en la Casa
Grande del nesu egipcio; pero educado por su madre, que ocultando su identidad.
le servía de nodriza; se sentía y se identificaba como hebreo; por eso, no duda
en asesinar a un egipcio que maltrataba a un hebreo. Dios, por esta muerte no
le condena y lo elige de todas maneras porque comprende que es un nacionalista
decidido a defender a su pueblo. Sería pues, el conductor ideal para liberar a
los hebreos de la esclavitud y conducirlos por los desiertos de Palestina.
En Encuentro, el libro La Suprema Inteligencia narra la
obstinación del nesu Ahmoses negándose a autorizar que los hebreos abandonaran
Egipto y las plagas que se desataron
sobre el país; pero en Encuentro solo se relatan cinco plagas y no se
menciona la muerte de todos lo primogénitos egipcios dictada por el despiadado
Yahvahé como se menciona en la Biblia. Dios actúa para apoyar a Moshé y por eso
desata las plagas; pero el Dios de La
Suprema Inteligencia no castiga a los inocentes, y se concluye diciendo: “Muchos prodigios asombrosos hicieron después
Moshé y Aharom para hacer que Ahmoses permitiera salir a los hebreos”.
El nesu o faraón del Éxodo no lo
identifica la Biblia pero en La Suprema Inteligencia se le identifica con
Ahmoses o Amoses, fundador de la Dinastía XVIII del Imperio Nuevo, tomando en
cuenta la fecha en que se supone se produjo la llegada de los hebreos a las
tierras de Canaán, alrededor de 1550 a 1525 a.C, años en los que gobernó
Ahmoses; además, muchos historiadores afirman que durante su reinado fueron
expulsados de Egipto los hicsos y creen ver una identificación de estos con los
hebreos del Éxodo.
Los hicsos o “soberanos de países
extranjeros” solo tenían de común con los hebreos el que eran procedentes de
Canaán y más exactamente según, algunos historiadores, amalecitas. Pero los
hicsos se impusieron en el Bajo Egipto hasta la llegada de Ahmoses al trono.
En Éxodo, Moshé se presenta como un
hombre que actúa por inspiración, sin mayores iniciativas y actuando como si se
tratara de un mago, accionando su vara mágica para obtener sus propósitos o los
propósitos inducidos por Yahvahé. En La Suprema Inteligencia, Moshé, sin dejar
de ser el inspirado es también un hombre con decisiones propias y práctico. De
este modo, en el Éxodo no queda claro cómo podían los hebreos combatir a los
enemigos que se le enfrentaban en su paso por Sinaí. Si eran esclavos no
podrían tener armamento; pero ellos combatían y vencían.
Tras la muerte de todos los primogénitos
de Egipto, según Éxodo, el nesu llamó a Moshé y a Aharom y les dijo: “Salgan de en medio de mi pueblo ustedes y
los hijos de Yisra’el, y vayan, sirvan a Yahveh, como han dicho”.
Autorizándoles también que tomaran sus ovejas y sus vacas. Luego los hebreos
fueron donde los egipcios y les reclamaron “alhajas de plata, y de oro, y
vestidos”. (Ex. 12: 31 y 32, 35)
Despojaron a los egipcios de alhajas, de
oro y vestidos; pero no se dice de donde tomaron las armas que en el Capítulo
13, vers. 18 se dice que “subieron los
hijos de Yisra’el de Egipto armados”
Toda esta explicación suena falsa. Luego
de las plagas desatadas sobre Egipto y la intolerancia del nesu, lo más seguro
es que este ordenara la captura y ejecución de Moshé y de Aharom; pero en el
Éxodo se insiste en un relato mágico donde el rey de Egipto se humilla
autorizando la salida de los hebreos y permitiéndoles que saquearan, por las
buenas, a todos los egipcios. En Encuentro, la tesis es más realista. Los
sacerdotes y oficiales del nesu le piden que ordene la captura y ejecución de
Moshé y de Aharom, pero estos siguen el consejo dado por el ángel Gavri’el “de salir en secreto, en medio de la noche,
llevando con todo el pueblo, todo el ganado que pudieran colectar y con
alimentos para la jornada”. Moshé, además, organiza un grupo de jóvenes que
pone bajo el mando de Yehoshúa para que roben todas las armas que les fuera
posible y salir armados en la noche.
En La Suprema Inteligencia, a diferencia
de la Biblia, Dios rechaza la creación de una casta sacerdotal, tal cual la
establecida por Moshé y por Aharom. Cuando Gavri’el en Encuentro se queja ante
la Suprema Inteligencia de Moshé por crear sacerdotes, diciendo: “Los sacerdotes harán tropezar a muchos y
vendrán a ser dominadores de las conciencias de los humanos y serán como los
grigori de los primeros tiempos que impusieron su tiranía sobre los humanos”.
Dios le responde: “No haré tropezar a
Moshé por erigirme sacerdocio que yo no necesito, porque el plan de salvación
que he trazado está dirigido al futuro. El
humano ha de encontrar la verdad y el camino que le conduce a mi gloria, pero
tendrá que enfrentar contradicciones y deberá aprender a diferenciar lo que
viene de mí de lo que viene de juicio de humanos, lo cierto, de lo que es
erróneo; tendrá que escoger entre los profetas de la verdad y los profetas de
los errores. Este es el arcano que los humanos por la Sabiduría tendrán que
resolver”.
Dios tiene un plan salvífico con los
hijos de Yisra’el y por eso los conduce a la tierra prometida; pero el ser
humano posee el libro albedrío concedido por el mismo Dios y tiene capacidad de
elegir y actuar según sus criterios y al mismo tiempo, la Sombra actúa para
estorbar el plan de la Suprema Inteligencia. Dios habla en Encuentro diciendo:
“Yo
nutrí hijos y los hice crecer, pero ellos se rebelaron contra mí. Elegí a
Abraham porque era justo y recto (…) Cuando
Yisraeil era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Escogí a Moshé para
que guiara a los hijos de Yisra’el hacia el nuevo Edén donde mana la leche y la
miel, pero los hijos de Yisra’el no acataron mi voz y me expulsaron por vez
segunda del Edén que yo quería crear dentro de sus espíritus (…) cuanto más los llamaba, más se alejaban de
mí (…) Mas soy fiel a mi promesa y
les daré una segunda oportunidad. La Luz irá a habitar entre ellos. (Para) rescatar a muchas de sus ovejas
descarriadas. Porque, como en tiempos remotos,
siempre que el bien decaiga extinguiéndose poco a poco, y en su lugar
predomine la maldad y el orgullo, mi Espíritu se manifestará en forma humana
sobre esta tierra”.
El propósito de Dios era un encuentro de
paz entre los hebreos, recién llegados de Egipto y los pueblos que ya habitaban
en las tierras de Canaán; por eso advierte: “No levanten sobre ustedes cabezas elevadas que les conducirán al desastre.
Busquen la paz y el acuerdo y no lleguen como fieras del desierto devorando los
bienes ajenos. Si así no hicieran no conocerán la paz, su pueblo combatirá con
otros pueblos y otros pueblos les combatirán a ustedes, y sufrirán invasiones y
serán borrados como nación. Así ustedes mismos marcarán su karma. Entre ustedes
levantaré profetas que les anuncien el futuro y les adviertan corregir sus
pecados. Escúchenlos”.
En La Suprema Inteligencia, Dios nos
advierte de dos peligros para la libertad espiritual de ser humano y para ─
redundancia válida ─ su espiritualidad. Primero, Dios rechaza las castas
sacerdotales, o este rechazo se expresa en la queja de Gavri’el: los
sacerdotes, aquellos dedicados profesionalmente al culto religioso, “harán tropezar a muchos” y dominando las
conciencias de los humanos.
Yehshua no estableció sacerdotes; él
mismo no ejercía como sacerdote; no puso a ninguno de sus discípulos sobre los
otros. Cuando dice de Kefa “sobre esta roca edificaré mi congregación” está
refiriéndose a lo dicho por el apóstol cuando declaró refiriéndose a Yehshua: “Tú eres el Mashíaj, el Hijo de Dios vivo”.
Ante esta respuesta dice Yehshua, admirado: “esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que
está en el cielo”. (Mat. 16: 16-18). Aquella respuesta de Pedro tenía el
poder de una piedra de fundamento, y es precisamente sobre ese fundamento que
Yehshua edificaría su congregación. Así, en La
Suprema Inteligencia en el Libro del
Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo, Yehshua le dice a Kefa: “Bendito seas Kefa, porque lo que has dicho
no te lo inspiró ni tu mente ni tu entusiasmo, sino mi Padre que reina en la
expansión del Universo. Bien he dicho que tú eres piedra de fundación y sobre
la verdad que te ha sido revelada construiré mi congregación de santos”.
Fue Paulo, por su influencia farisea,
quien dio inicio a la creación del sacerdocio dentro del cristianismo nombrando
ancianos, y obispos, para establecer la iglesia que, a veces chocaba con las
predicaciones de los diferentes apósteles. Luego surgió como respuesta natural
el clero y las distintas categorías sacerdotales. En el Siglo XV, Lutero rompe
con el papado y comienzan a aparecer diferentes iglesias organizadas bajo las
directrices de grupos seleccionados de “inspirados” que consagraban ancianos,
obispos y pastores. Cada iglesia interpretando los escritos según los criterios
de sus líderes, cargaron sobre sus fieles numerosas cargas y obligaciones.
Todos, dedicados profesionalmente al culto y a la divulgación de su supuesta verdad
y su particular interpretación de la Palabra.
El segundo peligro contra el cual Dios
nos alerta es el caudillismo: “No
levanten sobre ustedes cabezas elevadas que les conducirán al desastre”. Esta
expresión no se encuentra en los libros del Tanaj, pero en La Suprema Inteligencia
se emplea para expresar el rechazo de Dios a aquellos a quienes reciben el
acatamiento que les dieran los jefes hebreos a Yehoshúa diciendo: “Nosotros haremos todas las cosas que nos has
mandado, e iremos adondequiera que nos mandes (…) Cualquiera que desobedeciera tus órdenes, y no acatara tus palabras en todas las cosas que les
mandes, será condenado a muerte; solamente te pedimos que te esfuerces y seas
valiente” (Jos. 1: 16 y 17).
Esto es el caudillismo. El caudillo es
un conductor supremo (una cabeza elevada) ante el cual se rinden las
multitudes, alzándole a la condición de ídolo, considerado infalible y todo
poderoso; por su parte, el caudillo, embriagado por la influencia que ejerce
sobre sus adoradores se considera a sí mismo con el poder divino. Su palabra no
puede ser discutida ni puesta en duda; él es la verdad.
El caudillo, de hecho, es un instrumento
de la Sombra, como lo fuera Yehoshúa. En La Suprema Inteligencia, se ve como el
príncipe de las huestes de la Sombra, Sama’el busca atraerle: “Sama’el le susurró al oído: Yehoshúa hijo de
Nun, levántate, pues tú serás cabeza de tu pueblo. Nadie te podrá hacer frente
en todos los días de tu vida, porque tendrás mi protección por siempre…”
Luego de la victoria de Yehoshúa sobre Yériho
y Ai y haber condenado a ambas ciudades al anatema y a la destrucción total,
Mija’el se presentó ante el caudillo para advertirle: “…he venido para darte advertencia. Has desenvainado la espada y la
espada estará por siempre desenvainada en las tierras que tú, por tu brazo,
dominarás y repartirás entre la descendencia de Yisra’el. No olvides esta
verdad que te anuncio: Cada causa trae su efecto y cada efecto genera nuevas
causas y así hasta lo insondable. Del modo como hoy actúes así será tu futuro.
La Suprema Inteligencia ya ha visto el futuro de Yisraeil; pero tú puedes
cambiar ese futuro por otro diferente. Cada minuto es al mismo tiempo pasado,
presente, y futuro. Piensa en esto que hoy te anuncio”.

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