1 Y
Yisra’el emigró a Egipto
porque grande era la sequía en toda la tierra de Canaán, y el hambre amenazaba
a todos.
2 En tierra de Egipto Yisra’el
encontraría a su hijo Joseph que daba por muerto; y Joseph ocupaba un alto
cargo como administrador en la corte del nesu, rey del Egipto.
3 Siendo aún muy joven, Joseph se había
ganado la envidia de sus hermanos, los hijos de Yisra’el, quienes le habían
vendido como esclavo a unos mercaderes de las tierras de allende el Jordán que
comerciaban perfumes, bálsamo y mirra con Egipto. 4 Esto lo habían hecho porque sentían
envidia por Joseph que era el preferido de su padre Ya’acov, Yisra’el.
5 Yaho’el condenó aquel acto fratricida.
Y el mensajero de la Luz que le sirve en
medio de la Luz quiso dar protección a Joseph y le susurraba al oído lo que
debía decir.
6 Joseph se convirtió en visionario e
intérprete de los sueños. 7 Sucedió entonces que el nesu, soberano
de Egipto, tuvo una visión en sueños que le inquietó vivamente. Soñaba Seth, el
nesu, que se encontraba de pie a la orilla del río Nilo, y que del río salían
siete vacas, muy hermosas y gordas y pastaban entre los juncos. Detrás de
aquellas vacas salieron del río otras siete vacas, pero estas eran feas y
enjutas y se colocaron al lado de las primeras. Luego las vacas flacas
devoraron a las vacas hermosas y gordas.
8 Despertó sobresaltado por aquel sueño
el nesu rey de Egipto, pero volvió a quedar dormido. Tuvo entonces un nuevo
sueño. Soñó que veía siete espigas de trigo llenas y muy hermosas que crecían
en un solo tallo. Detrás de aquellas espigas vio el nesu que salían otras siete
espigas, pero secas y quemadas por el soplo del desierto y estas mustias
espigas ahogaron la las siete espigas fértiles.
9 Comprendió Seth que se trataba de una
visión lo que había visto en sueños y quiso conocer su significado. Ordenó
entonces que se presentaran los augures de sus dioses, de Isis, de Amón, de
Osiris y todos los que se tenían por sabios en Egipto. Cuando todos estuvieron
frente al nesu este les relató su sueño y les ordenó que se lo revelaran; mas
ninguno fue capaz de explicarle su significado.
10 El jefe de los coperos del nesu le dijo
que conocía de un hombre hebreo que era famoso por interpretar sueños y vivía
en cautiverio.
11 Hizo el nesu que condujeran a Joseph
ante su presencia. Cuando vio a Joseph, el nesu le contó sus dos sueños: “Dime
si eres capaz de interpretar el sentido de mis sueños”, le preguntó el nesu a
Joseph. “Eso no depende de mí ─ le contestó Joseph ─, pero el Supremo Saber, el
Dios de todo el Universo podrá decirle al nesu su interpretación”.
12 Contó el nesu los dos sueños y Joseph
se puso a meditar. Yaho’el, que siempre le acompañaba le susurró al oído la
solución del enigma. 13 Y habló Joseph al nesu: “Escuche el Señor
de Egipto cuál es la interpretación de los dos sueños. Los dos sueños son uno
solo y es que la Luz del Universo le anuncia al nesu lo que habrá de ocurrir
para que esté preparado.
14 Las siete hermosas vacas son siete
años, lo mismo que las siete hermosas espigas. Las siete vacas flacas y las
siete espigas quemadas por el sol son otros siete años. Esto quiere decir que
Egipto sufrirá siete años de escasez. Es un mismo y único mensaje que el Gran
Saber te quiere revelar. 15 Sucederán siete años de abundancia y
luego se producirán siete años de gran escasez. La abundancia de los primeros
siete años será olvidada porque las malas cosechas arruinarán las tierras de
Egipto. Como tú, gran señor, tuviste el mismo sueño dos veces quiere decir que
esto se producirá bien pronto. Así lo ha visto la Suprema Inteligencia y así se
lo anuncia al nesu de Egipto”.
16 Entonces Joseph aconsejó al soberano de
Egipto: “Bueno será que el nesu busque un hombre inteligente y sabio que se
encargue de la tierra. Que haya gobernadores que vayan por todo el país que
recolecten la quinta parte de lo que se coseche durante los siete años de
abundancia. Deberán almacenar todo el trigo bajo el control del nesu y lo
guarden como alimento para el pueblo y la gente no muera de hambre cuando
llegue la escasez”.
17 Vio el nesu como bueno lo que proponía
Joseph y le dijo a Joseph: “En ti está la Luz de tu Dios. Te harás cargo de mi
palacio y todo el pueblo obedecerá tu voz como si fuera pronunciada por mí.
Desde este momento te nombro gobernador de todo Egipto”.
18 Y lo que Joseph había vaticinado se
cumplió exactamente, porque la Suprema Inteligencia le había escogido para el
cumplimiento de su proyecto: Fundar un pueblo en la Verdad.
19 Joseph adquiría conocimientos de los
arcanos del Dios del Universo, porque siempre tenía a su lado la luz del
Paráclito. Y Joseph vio en sueños la Luz que bajaba del centro del universo y
comprendió que solo había un Elokhin. 20 En
secreto Joseph adoró a la Luz y no se inclinó ante los ídolos de los egipcios.
21 La fama de Joseph como alto
administrador de los recursos de Egipto se había extendido y Yisra’el conoció
que en Egipto no había escaseces porque su administrador era sabio y lleno de
iluminación. 22 Entonces Yisra’el envió a sus hijos a
la tierra del nesu diciéndoles: “Vayan a esa tierra y hagan comercio con ese
hombre sabio que administra en Egipto, quizá podamos conseguir de él granos y
pan”.
23 Los hermanos de Joseph viajaron a
Egipto pero la gente del lugar desconfiaba de ellos y querían expulsarles de la
tierra. 24 Entonces Yaho’el hizo que Joseph
tuviera un sueño, y en ese sueño Joseph se veía a sí mismo en medio de un
círculo de hombres criadores de ovejas y él tenía un hermoso manojo de trigo y
de pronto aquel manojo se elevaba sobre los manojos que sostenían los hombres,
y vio como los manojos de los hombres se inclinaban ante el manojo de Joseph. Y
en el sueño vio Joseph que las espigas de los hombres, después de inclinarse
ante la de él se juntaban y formaban un gran manojo.
25 Al despertar Joseph se sentía intrigado
por aquel sueño y no podía entender su significado. Entonces Yaho’el le
interpretó aquel sueño: “La espiga que tú sostienes es el poder que te ha
concedido la Suprema Inteligencia, y las espigas de los hombres que se humillan
ante tu espiga significa que tus hermanos vendrán a implorarte y pedirte perdón
por haberte vendido como esclavo. 26 Tú
deberás perdonarles y recibirles, porque de ellos y de ti surgirá una gran
nación como se juntan los manojos de ellos con tu manojo para hacer uno solo y
grande”.
27 Emitió órdenes Joseph a sus
subordinados de que no molestaran a los hijos de Yisra’el y les trajeran ante
su presencia.
28 Y Joseph recibió a sus hermanos cuando
acudieron a Egipto en busca de alimento y les perdonó sus faltas, porque había
visto la decisión del Padre del Universo, de glorificar a su pueblo.


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