sábado, 30 de agosto de 2014

DANY’EL 3


Capítulo III

La estatua de oro de Nabu-kudurru-usur

1 El rey Nabu-kudurru-usur hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. 2 Luego mandó reunir a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas, magistrados y a todos los jefes de provincia, para que asistieran a la dedicación de la estatua que había erigido el rey Nabu-kudurru-usur.  

3 Entonces se reunieron los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas, magistrados y todos los jefes de provincia, para la dedicación de la estatua que había erigido el rey Nabu-kudurru-usur. Y se pusieron de pie ante la estatua erigida por el rey.   

4 El heraldo proclamó con fuerza: “A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: 5 Apenas escuchen el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de todo clase de instrumentos, ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabu-kudurru-usur. 6 El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente”.  

7 Por tal motivo, apenas todos los pueblos oyeron el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron para adorar la estatua de oro que había erigido el rey Nabu-kudurru-usur.  

Los amigos de Dany’el se niegan a adorar la estatua de oro

8 En ese mismo momento, se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos. 9 Tomando la palabra, dijeron al rey Nabu-kudurru-usur: “¡Viva el rey eternamente! 10 Tú, rey, has ordenado que todo el que oiga el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, tiene que postrarse y adorar la estatua de oro; 11 y que todo el que no se postre para adorarla, debe ser arrojado dentro de un horno de fuego ardiente. 12 Pero hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia: esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que tú has erigido”.  

13 Entonces Nabu-kudurru-usur, lleno de indignación y de furor, mandó traer a Sadrac, Mesac y Abed Negó. Cuando esos hombres fueron traídos ante la presencia del rey, 14 Nabucodonosor tomó la palabra y les preguntó: “¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? 15 ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá salvarlos de mi mano?”

16 Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabu-kudurru-usur, diciendo: “No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. 17 Nuestro Dios, Yahvahé, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. 18 Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido”. 19 Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual 20 y que después ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente cuando amaneciera.

El sueño de Nabu-kudurru-usur


21 Entonces Yaho’el influyó un sueño en la mente de Nabu-kudurru-usur mientras estaba durmiendo. Y soñó el rey que los tres jóvenes con sus mantos, sus calzados, sus gorros y toda su ropa, fueron atados y arrojados dentro del horno ardiente 22 y como el horno estaba muy encendido, la llamarada mató a los hombres que habían llevado a Sadrac, Mesac y Abed Negó.

23 En cuanto a estos tres, Sadrac, Mesac y Abed Negó, en su sueño les vio cayendo atados dentro del horno de fuego ardiente. 24 El rey Nabu-kudurru-usur quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, preguntó a sus cortesanos: “¿No eran tres los hombres que debían ser  atados y arrojados dentro del fuego?” Ellos le respondieron, diciendo: “Así es, rey”.  

25 El replicó: “Sin embargo, yo vi cuatro hombres que caminaban libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses”.

Nabu-kudurru-usur detiene la ejecución de los tres jóvenes

26 Entonces Nabu-kudurru-usur comprendió que había tenido una visión y fue hasta donde los guardias esperaban para arrojar al horno de fuego ardiente a Sadrac, Mesac y Abed Negó y, tomando la palabra, dijo: “Sadrac, Mesac y Abed Negó, servidores del Dios altísimo, vengan porque no les condenaré”. Y Sadrac, Mesac y Abed Negó salieron de donde les habían encerrado antes de arrojarles al horno.   

27 Una vez reunidos los prefectos, los gobernadores y los cortesanos del rey, comprobaron que el fuego no había tenido poder sobre el cuerpo de aquellos hombres, que sus cabellos no se habían quemado, que sus mantos estaban intactos y que ni siquiera el olor del fuego se había adherido a ellos. Sin conocer que Nabu-kudurru-usur les había perdonado.

28 Nabu-kudurru-usur tomó la palabra y dijo: “Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y me hizo ver en visión que ellos tienen amparo de su Dios y ha salvado a sus servidores, que confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, estuvieron dispuestos a entregar su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera Yahvahé. 29 Por eso, yo doy este decreto: “Todo pueblo, nación o lengua que hable irreverentemente contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, será cortado en pedazos y su casa quedará reducida a un basural, porque no hay otro dios que pueda librar de esa manera”.   

30 Entonces Nabu-kudurru-usur hizo prosperar a Sadrac, Mesac y Abed Negó en la provincia de Babilonia.  


31 “El rey Nabucodonosor, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan sobre toda la tierra: ¡Tengan ustedes paz en abundancia! 32 Me ha parecido bien publicar los signos y prodigios que ha realizado en mi favor el Dios Altísimo: 33 ¡Qué grandes son sus signos! ¡Qué poderosos sus prodigios! ¡Su reino es un reino eterno y su dominio dura de generación en generación!”

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