1 Jubiloso por las victorias obtenidas en
Yériho y Ai, Yehoshúa convocó al pueblo al monte Ebal para dar gracias a Dios,
erigiendo un altar para hacer holocausto y sacrificio de animales. 2 Pero el Padre del Universo no bendijo
aquellas ofrendas, porque eran ofrendas de sangre.
3 Después hechas las ofrendas y mientras
humeaban, Yehoshúa le habló a los hebreos allí reunidos en Ebal diciendo:
“Moshé, nuestro padre me dictó estas leyes que yo les comunico ahora, en ellas
les declaro las bendiciones y las maldiciones: La bendición sobre el Monte Gerezim
y la maldición sobre el Monte Ebal. Maldito el hombre que haga ídolo o imagen
de fundición, abominación a Yahvahé, obra de las manos del artífice, y la erige
en secreto y no cumpla con la ley del anatema. Maldito el que no confirme las
palabras de esta ley, poniéndolas por obra y el que no muestre obediencia a los
conductores del pueblo”.
La
astucia de los gabaonitas
4 Los gobernantes de Gabaón se enteraron
de los hechos de Yehoshúa en las plazas de Yériho y Ai y conocían que su mano
no temblaba para quemar ciudades, apoderarse de sus riquezas y dar muerte a
todos sin importar si fueran guerrero o mujeres, o ancianos o incluso niños. 5
Y sintieron temor, porque su ciudad era grande en riquezas y estaba en el
camino por el que debían avanzar los hebreos.
5 Entonces decidieron recurrir a la
astucia. Reunieron provisiones para el viaje, tomaron alforjas viejas para sus
asnos y unos odres viejos, rotos y vueltos a coser; 6 se calzaron sandalias viejas y
remendadas, y se vistieron con ropa gastada. Todo el pan que llevaban como
alimento estaba reseco y reducido a migajas, todo ello para hacerles creer a
los hebreos que Gabaón era una ciudad empobrecida y que venían de muy lejos.
7 Así fueron hasta el campamento de
Yehoshúa, en Gilgal y le dijeron, a él y a los hombres de Yisraeil: “Venimos de
un país lejano; porque deseamos que hagan alianza con nosotros y de este modo
hacemos amistad por siempre”.
8 Uno de los oficiales de Yehoshúa le
respondió a aquellos jivitas: “Tal vez ustedes habitan por aquí, en el camino
que debemos andar. ¿Qué interés podemos tener en hacer una alianza con ustedes?”
9 Pero los astutos heveos le dijeron a
Yehoshúa: “Nosotros somos tus servidores”. “¿Quiénes son ustedes?, les preguntó
Yehoshúa, ¿de dónde vienen?”
10 Ellos le respondieron: “Nosotros, tus
servidores, venimos de un país muy lejano, atraídos por el renombre de tu
pueblo y la grandeza de tu nombre. 11 Por
eso el consejo de ancianos y todos los habitantes de nuestro país nos dijeron:
Provéanse de víveres para el camino, vayan a su encuentro y díganles: somos sus
servidores, hagan por lo tanto una alianza de perdurable amistad con nosotros. 12 Mira el pan que traemos, pan de cebada:
todavía estaba caliente cuando nos proveímos de él en nuestras casas, el día en
que salimos al encuentro de ustedes; ahora está reseco y convertido en migajas.
13 Contempla nuestros odres de vino: eran
nuevos cuando los llenamos, y ahora están aquí, todos rotos. Y mira nuestro
calzado todo gastado por el largo camino que hemos recorrido hasta llega a tu
encuentro”.
14 Entonces los hombres de Yehoshúa
comieron de las provisiones que les presentaban los gabaonitas, convencidos de
que aquellos mensajeros de Gabaón les decían la verdad y gozosos de sus
palabras aduladoras.
Yehoshúa
pacta con los gabaonitas
15 Yehoshúa les recibió con agrado y
formuló un pacto con los de Gabaón de conservarles la vida; 16 Yehoshúa y sus hombres por su vanidad
cayeron en el engaño, para descubrir, tres días después que los gabaonitas eran
un pueblo que vivía en las proximidades del campamente hebreo. 17 Enfurecidos por el engaño levantaron
sus carpas, y en tres días llegaron a las ciudades que ellos habitaban. Estas
eran Gabaón, Hac-Quefirá, Beerot y Quiriat-Jearím. 18 Sin embargo Yehoshúa no destruyó
aquellas ciudades de la confederación de Gabaón ni asesinó a sus poblaciones
por causa del juramento que les habían hecho; pero toda la comunidad hebrea
murmuró contra sus jefes.
19 Los jefes declararon a la comunidad en
pleno: “Nosotros les hemos prestado un juramento por Yahvahé, el Dios de
Yisraeil, y ahora no podemos tocarlos. 20
Haremos con ellos lo siguiente: los dejaremos vivir para no atraer sobre
nosotros la ira de Yahvahé, a causa del juramento que les hemos hecho. 21 ¡Qué vivan! Pero nos darán esclavos al
servicio de la comunidad como leñadores y aguateros”. Y la comunidad obró de
acuerdo con lo que habían dicho los jefes.
22 Yehoshúa hizo venir ante él a los
gobernantes de las ciudades de Gabaón y les dijo: “¿Por qué ustedes nos han
engañado asegurando que vivían muy lejos de nosotros, cuando en realidad viven
aquí, en las inmediaciones? 23 Ahora ustedes serán castigados por
haberse burlado de nosotros y quedarán obligados ante el Dios de Yisraeil a
proveernos de esclavos para que sirvan como leñadores y aguateros en la Casa de
mi Dios”.
24 Ellos respondieron a Yehoshúa:
"Nosotros estábamos perfectamente informados de que tú Yehoshúa pretendes
apoderarte de todos los territorios de Canaán y exterminar a todos los
habitantes que encontraras a tu paso. Ante la presencia de ustedes, temimos
mucho por nuestras vidas, y por eso hemos hecho esto. 25 Ahora nos tienes en tus manos; trátanos
como te parezca más conveniente, pero respeta la vida de nuestros pueblos por
el juramento que en nombre de tu Dios Yahvahé hiciste”.
26 Desde aquel día, Yehoshúa los tomó como
aliados y puso guarniciones en sus ciudades.
La
alianza de los cinco reyes
27 Como Gabaón estaba muy cerca de
Jerusalén, Adoni-zédeq que gobernaba en la ciudad supo de la alianza concertada
entre las ciudades de Gabaón y Yehoshúa. Esto le causó gran preocupación porque
Gabaón era una ciudad muy grande y rica y sus habitantes eran aguerridos. 28 Adoni-zédeq conocía también las
victorias de los hebreos en Yériho y Ai y como había asesinado a sus reyes y
asolado esas ciudades a fuego y sangre, y Gabaón era más grande que Ai.
29 Envió entonces mensajeros a los reyes
amorreos, de Hebrón, Iarmut, Laquis y Eglón para pedirles una alianza contra
Gabaón, diciéndoles: “Gabaón se ha aliado con los hebreos de Yehoshúa y se han
convertido en una amenaza para nuestros reinos. 30 Les
convoco a que se unan a mí para derrotar a Gabaón y librarnos de la fuerza de
su alianza con Yehoshúa”.
31 Una vez reunidos, los reinos Amurru con
Jerusalén marcharon con sus tropas, acamparon frente a Gabaón, y se dispusieron
a atacarla.
32 Entonces los gabaonitas pidieron ayuda
a Yehoshúa, que estaba en el campamento de Gilgal: “Ven en nuestro auxilio lo
antes posible. Ayúdanos, porque todos los reyes amorreos que habitan en la
Montaña se han reunido contra nosotros y amenazan con destruir nuestra ciudades”.
33 Yehoshúa partió desde Gilgal con todos
sus hombres de guerra y Sama’el le habló a oído: ‘No temas a los amorreos, tú
puedes derrotarlos yo estaré a tu lado; ¿acaso no eres la lanza de tu Dios?”
Yisraeil
derrota a los cinco reyes
34 Después de marchar toda la noche desde
Gilgal, Yehoshúa cayó sobre ellos sorpresivamente desde las alturas de
Beth-Jorón. 35 Tal fue la arremetida de los hebreos
que los amorreos huyeron despavoridos y cuando estaban en la bajada de
Beth-Jorón los gabaonitas que aguardaban en lo alto hicieron caer sobre los
amorreos un alud de rocas causándoles muchas muertes. 36 Luego los hebreos los persiguieron
hasta Azecá y Maquedá en el valle de Ellah, haciendo en ellos un gran
exterminio.
37 En una de las numerosas cuevas que hay
cerca de Maquedá los cinco reyes amorreos buscaron refugio, huyendo de la
matanza que hacían los hombres de Yehoshúa. 38 Sin
embargo una partida hebrea les descubrió y mandaron aviso a Yehoshúa de que los
tenían bajo custodia.
39 Ordenó entonces Yehoshúa: “Hagan rodar
unas piedras bien grandes hasta la entrada de la caverna, y dejen allí
apostados a unos cuantos hombres para que los vigilen. 40 Pero ustedes no se detengan: persigan a
sus enemigos y córtenles la retirada, para impedirles que entren en sus
ciudades. Porque hoy Yahvahé se los ha entregado”.
Yehoshúa
ordena la muerte de los cinco reyes
41 Cuando las fuerzas hebreas y gabaonitas
aniquilaron por completo a los guerreros amorreos. Yehoshúa ordenó: “Despejen
la abertura de la caverna, hagan salir a esos cinco reyes, y tráiganlos aquí”.
42 Así lo hicieron: sacaron de la caverna
a los cinco reyes amorreos 43 y una vez que los tuvieron afuera, se
los llevaron a Yehoshúa. Este convocó a todos sus hombres de guerra y dijo a
los oficiales que lo habían acompañado: “Acérquense y pongan sus pies sobre la
nuca de estos reyes”. Ellos se acercaron y les pusieron el pie sobre la nuca. 44 Esto lo hizo Yehoshúa porque quería
humillarles y luego exigirles obediencia a acatamiento a su mando; pero
entonces Sama’el le susurró al oído: 45 “No
pretenderás perdonarles la vida porque ellos son enemigos de tu Dios. Ellos no
alzaron su espada contra Gabaón, lo hicieron contra Yahvahé que es tu Dios.
Adoradores de ídolos de Egipto y de Canaán y, por tanto, merecen la muerte. Así
harás con todos los que tienen otros dioses delante de Yahvahé”.
46 Dijo entonces Yehoshúa a los hebreos: “No
tengan miedo ni se acobarden; sean fuertes y valientes, porque Adonai hará lo
mismo con todos sus enemigos, contra los que adoran dioses de Egipto y de
Canaán contra ellos que ustedes tengan que luchar”.
47 Después de esto, Yehoshúa los mandó
matar y los hizo colgar de cinco árboles. Allí quedaron suspendidos hasta la
tarde, 48 y a la puesta del sol, Yehoshúa mandó
que los descolgaran de los árboles. Luego los arrojaron en la cueva donde
habían estado escondidos, y a la entrada de la misma, pusieron grandes piedras.
48 Yehoshúa conquistó toda la región: la
Montaña, el Néguev, la Shefelah y los declives de la Montaña, con todas sus
ciudades. No dejó a nadie con vida, sino que consagró al exterminio a todos los
seres vivientes, como Sama’el le había sugerido fingiendo ser la voz de la
Suprema Inteligencia. Y conquistó desde Cades-Barné hasta Gaza, y toda la tierra
de Gosen hasta Gabaón.
49 Finalmente, Yehoshúa regresó al
campamento de Gilgal, acompañado de todo su ejército. Y reinició nuevas
campañas, atacando y destruyendo a las ciudades de Maquedá, de Libná, de Laquís
a la que sitió y atacó despiadadamente, a la ciudad de Eglón, a la de Hebrón y
la de Debir y en todas ellas pasó a cuchillo a sus habitantes, y asesinó a sus
reyes. 50 Aquella furia de sangre, Yehoshúa la
dedicó a Yahvahé porque en su ceguedad
creía que así complacía a la Suprema Inteligencia. 51 La sangre de aquellos que por el celo a
Yahvahé hizo derramar Yehoshúa clamó desde la tierra y ascendió hasta el plano
donde preside la Luz del Universo, el Padre de la Vida.



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